ago 1 2013

Los últimos días: Pánico al guión

Los últimos días es una película firmada por Alex Pastor y David Pastor. La firman con la inestimable ayuda del fotógrafo Daniel Aranyó, la gran baza de la película. Porque, en realidad, a pesar del esfuerzo técnico, lo que tenemos son unas ganas locas de hacer cine, un despliegue de medios exprimido al máximo, una puesta en escena cuidada y elegante, a José Coronado que se las sabe todas, pero un producto en el que falta arrojo como para apostar por una mayor profundidad narrativa. El cine no puede, ni debe, quedarse en espectáculo visual que se aprovecha para contar cualquier historieta. No, porque puede pasar lo que en Los últimos días, que todo tenga pinta de estar hilvanado y poco más a costa de mostrar lo que se sabe hacer con una cámara. Un detalle sin desvelar nada de la trama: en una escena vemos como un personaje rompe un cristal de la ventana y se asoma desde el borde, luego vemos a cuatro más que lo hacen en otro lugar distinto. Vale. Pero cuando uno de ellos necesita hablar con otra se dedica a golpear el vidrio y gritar como un loco para que le escuche (la otra persona está alejada). Si ya hemos visto que asomarse a la ventana se puede ¿por qué esas criaturas no lo hacen y se dejan de tonterías? Eso sí, hay escenas espectaculares, hay mucha escuela de cine detrás. El caso es que los Pastor nos cuentan cómo una enfermedad ataca a la humanidad entera, una enfermedad que impide salir a espacios abiertos. Agorafobia. Y, claro, la cosa es apocalíptica del todo.
Algunas escenas son francamente buenas. Barcelona en plena desintegración, la vida en los espacios cerrados incluidos los subsuelos (lo del metro está muy bien diseñado). Otras son francamente desastrosas. Por un lado, no vienen a cuento y, por otro, recuerdan en exceso a producciones millonarias que ya habían abordado esto del apocalipsis. Animales sueltos por la ciudad (¿Recuerdan Soy Leyenda o la flojita Fin?), fortalezas construidas para evitar ataques de los más salvajes (¿recuerdan Mad max?). Se suman cosas inexplicables que restan interés. Lo de las ventanas ya esta dicho, pero cómo saber la forma en la que alguien sobrevive meses sin comida, sin agua y embarazada se hace pesado e irritante. Poco guión que se intenta maquillar a base de espectáculo visual y una magnífica fotografía.
Quim Gutiérrez no termina de encajar en su papel. Parece no disfrutar con lo que le toca hacer. José Coronado, sin embargo, aunque sin demasiado ánimo, encaja porque tiene tablas para dar y tomar. No es el papel de su vida, eso no. Leticia Dolera hace un papel muy secundario y se queda en correcta. Y Marta Etura, aunque aparece poco, soluciona algunas escenas con la sonrisa y poco más. Tiene un talento natural muy poderoso esta chica. Con poco consigue mucho.
Esta película me hace pensar en el talento de los profesionales españoles (que no falta) y en cómo se utiliza, en qué lo utilizan. Hay muestras suficientes de buen cine y de originalidad. ¿Por qué andar con productor parecidos a los de Hollywood? ¿Por qué no arriesgar sin buscar tanto el resultado de la taquilla? Lo grande no llega con lo extravagante. Lo grande llega con las grandes ideas y con las apuestas inciertas. Esto es algo en lo que deberían pensar productores y realizadores. Y es la baza que hará despegar al cine español definitivamente.
Los último días es una película más. Sólo eso. Y es una lástima que sea así.
© Del Texto: Nirek Sabal


may 24 2013

El cuerpo: Atar cabos para tener un cabo enorme

En cine o en literatura, nos encontramos con novelas o guiones que tratan de sobrevivir con giros argumentales improbables o increíbles. Naturalmente, el relato o la película que no está instalado sobre una trama sólida o unos personajes bien construidos y desarrollados, no sobrevive con estos intentos desesperados por encontrar una salida digna. Hace falta algo más.
Por otra parte, un guión que deja atados todos los cabos no es, necesariamente, más creíble que otros. Atar cabos, ordenar todo para que encaje, está muy bien; pero si lo que ensamblamos son disparates o tonterías, el resultado final es un enorme disparate o una tontería inmensa.
El cuerpo es una película en la que el realizador y guionista Oriol Paulo procura dejar las cosas en su sitio sin tener en cuenta qué son esas cosas que maneja. Además, los personajes que presenta van de lo superficial a lo prescindible. Si sumamos una dirección actoral espantosa, en la que los actores y actrices terminan ofreciendo un recital de gestos insulsos, el resultado es muy flojo. Casi tedioso en su desarrollo, con un arranque prometedor hacia ninguna parte y un desenlace que resulta estúpido cuando trata de ser una explosión de creatividad narrativa. Y todo gracias a la cantidad de lagunas que nos encontramos en el camino. Para ser más exactos, lodazales que no pueden disimularse con facilidad.
Oriol Paulo monta la película queriendo convertir los flashbacks en fundamentales. Lo que consigue, sin embargo, es ser repetitivo hasta la extenuación. Conocemos que la situación es una y nos la repiten sin saber la razón por la que hacen algo tan aburrido e innecesario. De este modo, el metraje se le antoja excesivo a cualquiera. En noventa minutos o algo menos se puede contar lo mismo. Igual de reiterativa es la banda sonora. Reiterativa y algo violenta con el espectador ya que parece querer obligar a estar en tensión o a sufrir de lo lindo con lo que se ve en pantalla; algo que se debe intentar por otros medios, lógicamente.
José Coronado no pasa del aprobado esta vez. Está muy mal dirigido. Del mismo modo que el guión está lleno de tópicos, su personaje y su actuación están plantados en lugares comunes y sobados. Lo peor de todo es que Coronado no es capaz de escapar de allí. Belén Rueda, desenvuelta y solvente, defiende un personaje absolutamente prescindible. Sin él se podría contar lo mismo. Hugo Silva parece estar dormido, tal lo esté. Y Aura Garrido algo verde.
Demasiadas vueltas sobre la misma cosa, excesivas molestias en minucias. Todo muy previsible incluido un final que se puede ver llegar desde mucho antes. El resultado roza la idea de estar ante una película farfullera, tramposa y sin fondo alguno.
Tendrá que ser en otra ocasión.
© Del Texto: Nirek Sabal


oct 23 2011

No habrá paz para los malvados: Otra vez lo mismo

A mí esto de vender las cosas como nuevas cuando son más viejas que Matusalén me saca de mis casillas. A mí esto de recibir las cosas como si llegase el maná deseado (porque lo dicen un par de críticos de cierta fama y que han demostrado no saber ni lo que dicen en muchas ocasiones) me parece una muestra de la falta de conocimiento grandioso por parte de muchos y muy peligroso para todos.
Una película de cine es el conjunto que se forma con todos sus elementos. Guión, fotografía, escenarios, actores y actrices, peluquería, producción, música y lo que quieran ustedes añadir hasta sumar todos los ingredientes. Para que el producto final sea una obra de arte, todos esos elementos deben estar en su sitio y deben ser exactos. Además, se necesita un punto de originalidad en el uso de todo eso, una forma única de encajar todo el material. De no ser así, ese producto final será más de lo mismo por muy buena factura que encontremos al ver la película.
Y un buen espectador es la persona que se sienta en una butaca y, sin dejarse llevar por lo que ya está dicho sobre el trabajo, es capaz de mirar sabiendo qué es cada cosa, si lo que le presentan pertenece a lo que ya está dicho mil veces o es, en realidad, algo más que la suma irregular de los elementos. El espectador está condenado a tener criterio.
No habrá paz para los malvados es una película dirigida por Enrique Urbizu. Se han dicho de ella cosas fabulosas. Las salas se han llenado de público para ver lo que nos anunciaban como la maravilla de las maravillas. Y es una película con unos problemas más que serios se pongan como se pongan algunos.
José Coronado es el actor principal. Interpreta el papel de Santos Trinidad. Un policía del que no sabemos apenas nada. Urbizu juega a eso de que el espectador imagine. Un juego peligroso, muy peligroso, porque el espectador no tiene que imaginar nada; lo que debe hacer el espectador es recibir la información suficiente y valorar el conjunto. Urbizu juega a que los gestos del resto de personajes, sus silencios, son los que dan la clave para que podamos imaginar ese pasado. Pero no, no es suficiente. Si no sabemos no podemos comprender. Y si no comprendemos todo se viene abajo. O lo que es peor, los personajes se quedan convertidos en estereotipos. En la película de Urbizu todos los personajes, todos sin excepción, lo son. Santos Trinidad es el gran estereotipo. José Coronado hace un trabajo de altura, eso es verdad, pero el actor en cine nunca puede estar por encima del propio personaje. Si la película fuera Santos Trinidad tendría un pase; pero que la película sea José Coronado es un desastre. Y eso es lo que pasa en No habrá paz para los malvados. Que el policía vaya por libre y que intente acabar con la violencia usando violencia ya lo han contado un millón de veces. Que los árabes son malos y traicioneros, más malos y traicioneros que nadie en este mundo, ya nos lo han contado en los informativos un millón de veces. Que una investigación sobre asuntos feos lleva a un callejón sin salida nos lo sabemos de otras veces. Que José Coronado haga un trabajo espléndido no hace de su personaje nada distinto. Porque sin personaje o, lo que es peor, con el personaje de siempre la cosa no funciona.
El guión no es nada del otro mundo. Y la intención de la película tampoco. Los malos son muy malos y los buenos pueden tener muchas caras. Incluida la de los malos. Todos formamos una amalgama de la que salir ileso es casi imposible. Pues qué bien, pero eso ya está dicho.
La estética de la película, eso es verdad, se arrima a lo necesario. El ajuste de tiempo y tempo narrativo es impreciso (esto también es verdad) al querer el director meter con calzador tramas secundarias que explican (es más exacto decir que lo intentan) la principal. Y como lo que cuentan ya lo sabemos, pierde interés todo. Principal y secundarias. Las interpretaciones (siendo la de Coronado excelente) son correctas y poco más. Y el desenlace es ese al que el cine español nos tiene tan acostumbrados. No hay esperanza para nadie.
Decepcionante. Algunos minutos insoportables. El conjunto suspenso. Digan lo que digan algunos que parece que no hayan leído una novela negra en su vida. Para hacer crítica hay que saber de lo que se habla. Y no hay que olvidar que en el cine hay una cosa que se llama guión y eso es una cosa que se escribe. Y si el que escribe cuenta lo de siempre vamos por mal camino.
© Del Texto: Nirek Sabal


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ene 11 2011

La caja 507: Una cierta tendencia del cine español

Una buena trama salpicada con personajes estereotipados, colocada sobre el territorio común de la realidad (no como proyección sino como realidad que no es) o diseñada para que ocupe un tiempo de metraje determinado; termina convertida en una trama desastrosa. Eso es algo que nunca falla.
La caja 507 es una película de Enrique Urbizu. La caja 507 es una película protagonizada por Antonio Resines, José Coronado y Goya Toledo (el personaje de la señora Toledo es muy secundario). La caja 507 es una película muy, muy, flojita. Es verdad que la trama se desarrolla con cierta fluidez, que no se abusan de las elipsis absurdas (cosa muy habitual en el cine actual debido que que el montaje se intenta cerrar como la productora dicta aunque el producto final sea un desastre). Eso es verdad. Pero también lo es que los personajes son un cliché patético, las interpretaciones más que discretas (Coronado se limita a poner cara de malo, Resines se limita a poner cara de tonto, Toledo se limita a poner cara de histérica); también lo es que no hay una sola escena que emocione lo más mínimo; también lo es que el guión es un disparate en el que los cabos quedan sueltos como si no pasara nada. Y que no destaca nada entre tanta mediocridad y disparate narrativo.
Esta película representa, a la perfección, cierta tendencia del cine español que consiste en, por ejemplo, intentar que un actor sea creíble porque habla con la boca llena (Coronado lo hace de maravilla). Esta película representa, a la perfección, cierta tendencia del cine español que consiste en, por ejemplo, mostrar la sonrisa de un niño si la cosa va de qué felices somos o una tormenta espantosa si el personaje está deprimido (en el siglo XIX, los escritores ya intuían que esto funcionaba de otra forma para lograr mayor y mejor tensión narrativa). Esta película representa, a la perfección, cierta tendencia del cine español que consiste en, por ejemplo, escribir guiones sin pensar en una evolución mínimamente coherente de los personajes ( en la película de Urbizu un personaje pasa de ser una cosa a otra porque sí. Eso o se queda como está, pase lo que pase). Esta película representa, a la perfección, cierta tendencia del cine español que debería borrarse del mapa con urgencia.
No pierdan el tiempo. Hay centenares de películas mejores que esta.
© Del Texto: Nirek Sabal


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