jun 14 2011

El nido vacío: Cuando los padres descubren lo que son

Padres y madres son aquellas personas que apuran su tiempo cada día para que sus hijos terminen en la cama recién bañados, para que durante el día tengan todo lo que necesitan. Padres y madres son aquellas personas que se hacen mayores sin darse cuenta porque sólo se fijan en cómo crecen sus hijos. Padres y madres son aquellas personas que un buen día tienen todo el tiempo del mundo, toda una casa para ellos, dinero para sobrevivir sin grandes aprietos, algún capricho que otro. Después de una vida deseando que eso ocurra, padres y madres, se encuentran desplazados por una soledad querida que ahora repudian. Y, de pronto, todo se agrieta, todo aparece con la falta de ruido y ocupaciones.
Daniel Burman filmó el año 2008 la película El nido vacío. Protagonizada por un estupendo Óscar Martínez y una serena Cecilia Roth, nos cuenta ese momento en el que la casa se vacía con la marcha de los hijos, ese momento en que la edad te juega malas pasadas en todos los territorios, esos cambios personales que se producen entre el miedo y la esperanza que proporciona la necesidad de gestionar el tiempo de forma distinta. Lo hace desde la figura del escritor que, desde la ficción, casi desde una postura surrealista, imagina y vive, vive e imagina, confundiendo, a veces, una cosa con la otra. Tal vez sea este el ingrediente más sorprendente de la película. La paternidad es un territorio menos explorado de lo que se cree, una forma de vida rodeada de tópicos y de imágenes que rozan la falsedad. Desde la figura del escritor y desde la vida soñada e imposible por ser descartada. El deber de un padre está por encima de casi todo y sólo la fantasía tiene un hueco para sus alegrías. Aunque, uno de los mensajes de Daniel Burman es muy claro: todas las historias de familia son siempre ciertas. Más que interesante esta exploración por el campo de la ficción.
La partitura de la película es sensacional. Santiago Río es el que la firma (Ravel, reminiscencias del jazz de Evans). Acompaña Jorge Drexler. Y el conjunto es un guante para la imagen. Igual que la fotografía. Especialmente la parte filmada en Israel que corresponde al final de la película.
A pesar del ritmo lento con el que se desarrolla, el espectador no puede aburrirse en ningún momento. Cada escena reserva una pequeña sorpresa, un gesto que nos sugiere eso que está aunque no se deje ver. Es una película que está llena de cosas pequeñitas, de detalles que a los ojos de cualquiera se convierten en imágenes gigantescas. Y no sólo la imagen nos desplaza a esas zonas. Los diálogos están muy bien construidos, escapan de lo fácil y se meten de lleno en la construcción de los personajes que terminan apareciendo en todo su esplendor.
Un viaje que todos los padres tienen que hacer y que todos los hijos deben conocer para llegar mejor preparados a él. No dejen de verla porque merece la pena. Y mucho.
© Del Texto: Nirek Sabal


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abr 4 2010

Diarios de motocicleta: Cada bocanada de aire

Todo el mundo ha sido joven alguna vez. Todos los que dejamos de serlo sabemos que es la peor de las pérdidas personales que se sufren.
Dejar de ser joven es (entre otras cosas, aunque fundamental) perder la inocencia, dejarla atrás definitivamente. Unos la pierden a base de golpes. Los otros a base de tirones. Todos de forma violenta.
Soy de los que piensan que siempre termina extraviada por una o dos razones muy concretas. Algo ocurre y ya nada es igual por siempre jamás.
El viaje iniciático que narra Diarios de Motocicleta es una clara muestra de esto que digo.
Protagonistas. Alberto Granado y Ernesto Guevara. Jóvenes, inteligentes (uno es Bioquímico y el otro está a punto de licenciarse en Medicina). Alberto es vividor, liante y complaciente. Ernesto es honesto y auténtico.
A Ernesto, pasados unos años, se le conocerá como “Che Guevara”.
Un viaje de miles de kilómetros se convierte en un viaje lleno de miles de personas. Campesinos que malviven bajo la opresión de los terratenientes del cono sur americano. Campesinos que no se diferencian de ellos, que son iguales que esos terratenientes. Así lo van sintiendo.
Ernesto escribe un diario durante ese viaje. En él se describe cómo renuncia a lo más convencional de su vida (dinero, familia, novia). En él queda el rastro de lo que será de lucha personal años después.
Que nadie piense que se trata de una película llena de matices políticos. No es así. De lo que está llena es de amistad, de solidaridad y de ternura sin tintes rojos o azules. Rebosa una inocencia que se pierde con cada paso de los protagonistas. El director (muy habilidoso) maneja la imagen evitando que aparezca de forma explícita aquello que el espectador podrá poner o no. “Aquí se cuenta otra cosa, señores” parece querer decir en cada secuencia.
Ernesto afirma que la vida es “luchar por cada bocanada de aire y mandar a la muerte al carajo”. ¿No es eso dejar de ser joven? De esto y no de política habla la película.

El tema “Al Otro Lado del Río” del uruguayo Jorge Drexler es fantástico, un broche dorado; la interpretación de actores y actrices más que buena, la dirección estupenda y el guión (sobre todo lo demás) sobresale para convertir una vida en algo mucho más comprensible de lo que puede aparentar.
No se pierdan detalle alguno del momento en que Ernesto Guevara cruza a nado el río Amazonas. Aún no es el Che Guevara, es “el Fuser” (apodo con el que se refiere a él su amigo). Desde una orilla se le pide que regrese (eso es lo que representa lo convencional, el estudio, la comodidad, lo más alejado a la pobreza). Desde la otra (llena de enfermos leprosos, de marginados, de pobres sin esperanza) le piden que haga un esfuerzo por llegar. Es la zona narrativa de la película más simbólica de todas. Por eso es la que prefiero sin duda.
Perder la inocencia, “dejar la civilización estar más cerca de la tierra”, más cerca de uno mismo porque, al fin y al cabo, de la tierra venimos y en la tierra terminamos de nuevo.
Por favor, no se les ocurra dejar de ver esta película, de volver a verla, de recomendarla a los más jóvenes que tengan alrededor. Si les sirve de algo, sepan que yo la vi cuando había perdido mi inocencia del todo y recuperé algo de ella, algo de esa juventud que nos permite disfrutar de la vida. Al menos sentirnos vivos.
© Del Texto: Nirek Sabal