ago 30 2013

Memorias de un zombie adolescente: O te comunicas o te muerdo

Jonathan Levine, director de Memorias de un zombie adolescente, nos quiere contar que la comunicación entre los seres humanos es escasa. Nos quiere contar que eso hace que parezcamos más muertos vivientes que otra cosa. Y nos quiere contar que el amor es lo único que puede lograr que todo se modifique para que el mundo se convierta en un lugar agradable en el que merece la pena vivir. Vale, muy bien.
Además, intenta echar humor a la cosa para que el asunto funcione sin problemas. Y, por si era poco, le pone un punto de bestialidad zombie a la trama. Es decir, intenta abarcar todo, todas las esquinas posibles, para que los espectadores (todos, sin excepción) queden contentos y salgan de la sala de proyección agarrados de la manita, hablando de cosas importantes y besándose con ardor.
Debería saber el señor Levine que no se puede agradar a todo el mundo. Debería saber que meter en el mismo trabajo tanta cosa es convertirlo en un desastre seguro.
Memorias de un zombie adolescente arranca bien. Es un chiste enorme, un guiño constante a la serie B. Pero a mitad de la película todo se comienza a derrumbar por previsible, por ñoño, por sabido. Lo único que sale ileso es la banda sonora (Sitting in Limbo; Missing You, Be the Song o Shelter From the Storm, son algunos de los temas que suenan y que encajan bien sin ser invasivas en exceso). La película se convierte en una auténtica tortura.
Nicholas Hoult, Teresa Palmer y John Malkovich, son los actores principales. Hoult (incluido el físico bien trabajado por los maquilladores) está bastante verde, Palmer lo mismo aunque le digan lo contrario y Malkovich no sé qué demonios pinta en todo esto. Hoult es la bestia, Palmer es la bella y Malkovich es el padre de la chica (de verdad, no sé qué pinta en todo esto). La dirección actoral es flojita.
Es una pena tanto desperdicio porque la idea podría servir. Centrando los esfuerzos en lugares concretos, apostando por una cosa u otra, Memorias de un zombie adolescente podría haber funcionado bien. Porque, finalmente, parece que el guión es insípido e insuficiente, los zombies ni son zombies ni nada, el humor se convierte en un montón de chistecillos de tres al cuarto que se olvidan al salir de la sala de proyección y todo se desliza hacia un lugar en el que el poso no existe.
Aunque no es uno de sus mejores trabajos, Javier Aguirresarobe presenta un trabajo limpio que, sin alardes, cumple con lo que la película necesita.
Y ya. No se puede decir nada más de Memorias de un zombie adolescente. Tal vez ya he dicho demasiado sobre tan poca cosa.
© Del Texto: Nirek Sabal


dic 15 2010

Los gritos del silencio

En la historia del cine existen cientos de películas que hablan sobre la guerra de Vietnam, circunscritas a aquel país. Curiosamente, existen infinitamente menos que traten la situación que se vivió en Camboya durante los años setenta. El conflicto en el sudeste asiático no sólo se centró en Vietnam sino que se extendió a todos los países que conformaron la antigua Indochina (Vietnam, Laos, Camboya). La guerra sobre Camboya fue especialmente cruel, la población civil sufrió enormemente con bombardeos continuos a los que les sometieron los vecinos vietnamitas del Sur junto con los estadounidenses. En Camboya, la práctica totalidad de la población vivía en el campo, en la jungla para ser más exactos. La poca operatividad del gobierno camboyano ante los furibundos ataques de los soldados de Vietnam del Sur y los EEUU, dio lugar a la aparición, de nuevo, de los Jemeres Rojos. Camboya se convirtió en un infierno. Aún hoy en día, si ustedes tiene la posibilidad de viajar a aquel país, se les avisará conveniente y repetidamente de la inconveniencia de salirse de las rutas marcadas, el suelo aún hoy, treinta años más tarde, se encuentra poblado de minas que, sistemáticamente, continúan mutilando a la población civil y podrán comprobar cómo la recuperación del país, aún hoy, no ha sido posible.
Una de las pocas películas que nos explican que se cocía en la  Camboya del conflicto bélico de los años 70, fue Los gritos del silencio de Roland Joffé. Esta película se basó en unos reportajes que años antes habían aparecido en el New York Times.
Syd Schanberg (Sam Waterson) es un periodista del New York Times destinado como corresponsal de guerra en Camboya. Desde su llegada trabajará mano a mano con Dith Pran (Haing S. Ngor) un joven camboyano que le hará las funciones de intérprete y de guía. Los contactos del segundo y el conocimiento de lo que se cuece en el país le proporcionan al periodista valiosas informaciones que le permiten enviar  una excelente cobertura del conflicto.  Uno de los hechos que cubren en exclusiva el bombardeo de un poblado por los norteamericanos, un ataque a un lugar equivocado. Los únicos periodistas que presencian la masacre son Syd y Dith Pran. Los ataques terroristas de los Jemeres Rojos empiezan a dominar el país. La relación entre el periodista y el intérprete se irá estrechando a medias que van sufriendo el avance de la guerra. La familia de Pran es evacuada pero él decide continuar junto al periodista para que éste pueda continuar cubriendo la guerra. El asedio de los terroristas convierte a la capital camboyana en un auténtico campo de refugiados para la población falta de toda información. Los periodistas intentan refugiarse en las embajadas. Syd y Dith Pran lo harán en la embajada inglesa donde coincidirán con el fotógrafo estadounidense Al Rockoff (John Malkovich). Una situación completamente desbordada en la que la población civil intenta encontrar refugio en las embajadas sembrará el caos en la ciudad de Phnom Phen. El desastre está servido y cuando empieza la evacuación de los periodistas, las autoridades de ejército revolucionario que controla el país, impedirán que Pran pueda abandonarlo. Las penalidades por las que pasarán uno y otro, terminará con un reencuentro entre los dos que, pese a lo sufrido se reconocerán como amigos.
Una película sobre unos hechos reales, donde lo visual y lo tramado a lo largo de una historia brutal, te mantiene pegado a la silla con la sensación de que el hombre es un animal salvaje que no ha aprendido nada en los miles de años de su existencia. Los actores están soberbios, sobre todo, (Haing S. Ngor), un actor amateur. Es, posiblemente, la mejor interpretación de todo el film, quizá porque el mismo vivió en primera persona los horrores de la guerra y el campo de refugiados. Existen momentos de gran intensidad dramática sin caer en lo folletinesco. Puede considerarse una película fundamental para acercarse, desde el punto de vista cinematográfico, a uno de los conflictos bélicos más sangrantes del siglo XX que se prolongó mediante el régimen del terror de Pol Pot.
La banda sonora compuesta por Mike Oldfield ha pasado a la historia aunque en su momento, por la mezcla entre la música típica camboyana, mezclada con elementos electrónicos, no terminó de gustar a todo el mundo. Al parecer tras esta incursión de Oldfield en el mundo del cine, con sus aportaciones musicales, no le quedaron demasiadas ganas de volver a intentarlo tras las nefastas críticas recibidas. Sin embargo, a mí me parece una banda sonora estupenda, fuera de lo corriente que no ha sido valorada como debía. Si algo debería eliminarse, en cuanto a música se refiere, es el tan manido Imagine de John Lennon; no le hace justicia a una película que huye de los tópicos y (que me perdonen sus fans) Lennon no deja de ser un tópico de aquellos años.
La fotografía es espectacular pero, eso, en Camboya, no es difícil. Las escenas más dramáticas o las que se centran en el conflicto son casi un documental  y, también en este caso, es realmente buena, muy potente
Si les gusta el cine sobre periodismos, conflictos bélicos, relaciones humanas, no dejen pasar esta película; es fundamental, que no les acobarde las más de dos horas de duración, les aseguro que bien vale la pena.
© Del Texto: Anita Noire


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nov 21 2010

Los regalos de la prensa

Los viernes me acerco al quiosco (nunca lo hago salvo si quiero comprar cromos a mis hijos porque lo que dicen los periódicos me da exactamente igual), me acerco y pregunto sobre las películas que acompañan a las publicaciones. A veces merece la pena comprar un ejemplar y, por poco más dinero, llevarte una copia de la película que toca. También, a veces, me llevo el pack completo sin saber lo que me espera. Películas que no he visto y/o de las que sé alguna cosa que he leído aunque me apetece comprobar, por mí mismo, si es cierto o no.
El desastre suele ser monumental. Y la pérdida de tiempo lo más doloroso de esas hecatombes.
Lejos de la tierra quemada es una película escrita y dirigida por Guillermo Arriaga. Es una película previsible repleta de personajes inverosímiles, de situaciones estúpidas e incomprensibles. Es una película ventajista en la que la información se le escatima al espectador para que esa chapuza de guión que escribió este Arriaga aparezca como algo original y preciso (por supuesto que no lo consigue). Charlize Theron está fría y aburrida en su papel. Kim Basinger está sosa y aburrida en el suyo (todo en este trabajo es aburrido). El resto de personajes son pura anécdota o un amasijo de idioteces. Lejos de la tierra quemada no es una película de cine. Es un desastre. La música pasa desapercibida (tal vez por los bostezos que no dejan escuchar nada). La fotografía está algo descuidada y es muy repetitiva. La dirección de actores nula. Cada cual con su talento hace lo que puede. El vestuario es espantoso sobre todo porque el tiempo que separa las distintas escenas es amplio y allí todo el mundo viste de la misma forma. Arriaga cree que descubre el mundo de la narrativa al contar la historia de forma fragmentada y desordenada. Y lo que hace es presentar como algo original un auténtico desastre que ya nos sabemos de memoria. Un petardo de gran calibre.
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Cómo ser John Malkovich es una película que propone cosas muy interesantes. Eso sí, durante los diez primeros minutos. Luego ya no. Spike Jonze se olvida de propuestas y deja la cosa en una comedia de enredo que va de mucho a nada, desconcertante, desordenada y bastante estúpida. Había leído que esta es una cinta inclasificable. Pues nada, ya lo arreglo yo. Es una película fallida en su propuesta, es una estafa y un insulto. No se pueden abrir expectativas y luego olvidarse de ellas como si nadie hubiera dicho esta boca es mía. Rebusca este Jonze en lo superficial para hacernos creer que las cosas importantes son una parida sin pies ni cabeza. Poco más. No me explico el ruido que hizo en los festivales de cine.  John Cusack, Cámeron Díaz y Catherine Keener son los protagonistas de esta cosa tan absurda. Por supuesto, el señor Malkovich está. Todos bien revueltos, ninguno haciendo nada del otro mundo, sin intentar defender sus papeles (creo yo que no creían en el proyecto y por eso dejan ver una desgana insólita). Se habló mucho de Catherine Keener después de esta película. No crean que hace nada especial. Normalucha como el resto. Se lo digo yo. Y lo peor de todo es que, todavía, no sé que es lo que querían contarme. En serio.
© Del Texto: Nirek Sabal


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