may 15 2011

The Omega Man: Estereotipos sociales desfasados

Un hombre viejo y solitario recorre las calles de la ciudad Los Ángeles, una urbe aparentemente muerta, desierta cuando, de repente, detiene su bólido rojo, saca una ametralladora del asiento del copiloto y dispara a lo que vislumbra como una sombra huidiza entre las ventanas de un edificio. El hombre es el coronel y científico Robert Neville, un tipo que vive sus últimos días intentando sintetizar una vacuna que él mismo creó tiempo atrás, pero que, tras el azote de la plaga que convertía a los seres humanos en otra cosa, no ha podido volver a crearla por falta de recursos y medios. Un día, por casualidad, se encuentra con una mujer llamada Lisa; a partir de entonces Neville descubrirá que no está solo y que hay más como él en un mundo en el que apenas quedan esperanzas.

Interesante propuesta y primer remake de El último hombre sobre la Tierra de Vincent Price, que se basa en la novela Soy Leyenda de Richard Matheson (de la cual se hizo una versión hace un par de años, con Will Smith, y que podríamos definir como el segundo remake), el director Boris Segal en trabajo conjunto con los hermanos Corrington al guión, consiguen un estrafalario y delirante film que surge como una burla a todo el movimiento alternativo, que no contracultural,  que surgió, vivió y murió en la década de los 60: los hippies. Y entiéndase estrictamente contracultural como al acto de aislamiento de todo tipo de civilización y sistema, una utopía en sí mismo, pues el hombre generalmente tiende a socializarse, y por ese proceso de socialización, el hombre adquiere cultura. Por lo tanto, utilizaremos el término alternativo para denominar a los hippies, y entiéndase como alternativo a un movimiento contra el sistema, pero que vive bajo el sistema. Porque eso ha sido el movimiento hippie, y se ha visto con el paso de los años, no era más que una forma más de llamar la atención, promulgar unos valores (¿hedonismo? Ja, ¿paz? Ja, ¿amor y libertad? Ja), generar un movimiento, y en consecuencia, como todo, ganar dinero. Muchos de esos hippies, hoy, son grandes empresarios que dominan el mercado y hacen lo mismo que las personas contra las que luchaban en esos años. Hipocresía barata y de manual. Y luego están los supuestos iconos rebeldes, pero que mueven masas ingentes de dólares, sea Pink Floyd, sea John Lennon, sea Jefferson Airplane. Hoy, los podemos llamar pseudo-rebeldes. ¿Qué rebeldía hay cuando se establece todo un mercado de merchandising, esto es, tener tu banderita de Bob Marley, una camiseta con el Che Guevara, tu taza con la imagen de Jimi Hendrix, o tu chapa de Bob Dylan?
De hecho, una de las primeras paradas de Neville es un cine donde se proyecta el archiconocido festival de Woodstock, donde un hippie sale en pantalla y dice Vaya, esto es realmente hermoso, pues, ¿sabe?, tiene que darse cuenta del cambio experimentado en los últimos tres días, sólo hay que ver, hay que comprender, hay que comprender lo que es realmente importante, la imagen que vemos es la de un Neville solitario en el cine, viendo masificaciones de gente bebiendo, drogándose, divirtiéndose de una forma hedonista mientras repite las últimas frases en un tono de sarcasmo, por lo pueril y banal de todo aquel movimiento alternativo.

Por eso no es de extrañar, que los infectados, en sus más que múltiples diálogos terrenales y primitivos, condenen aquel hombre estudioso, ilustrado, con juicio crítico propio. Pues, como todo movimiento, hablamos de masas, y las masas promulgan discursos, valores y luego se hace todo lo contrario, porque todo movimiento lo que quiere es hacerse con el poder, de una forma u otra. Como dice el líder de los infectados en un momento dado del film, donde atrapan a Neville: Apesta a combustible, está envuelto en el olor de los cables eléctricos, es un inútil, aquí ya no hay sitio para él. A lo que todos los súbditos responden al unísono con un . La ironía de todo ello, es que los infectados se denominan a sí mismos como La familia, y el hecho de condenar a Neville a la hoguera con un capirote, dice mucho de la visión que ya se tenía en el 71 de lo que era el movimiento hippie: una forma más de negar la individualidad y el conocimiento, el pensamiento propio a favor de un pensamiento homogéneo y colectivo. Sin embargo, a medida que transcurre el film, se nos demuestra que un nuevo futuro es posible para las nuevas generaciones, que no todo está condenado a ser una masa hipócrita sin cerebro, ya que Neville cuando es conducido por Lisa hasta un refugio, sólo encuentra niños y niñas a la espera de una esperanza que les ayude a seguir adelante en un mundo loco, incomprendido, salvaje, un mundo que ha sucumbido por sus errores. A destacar también ese temor de la época entre el bloque soviético y el occidental, estamos hablando de la Guerra Fría en todo su apogeo (y del que se alude en momentos del film).

A pesar de lo estrambótico y desquiciante del asunto, la película hace estragos en el desarrollo de personajes y situaciones, y es una montaña rusa con sus bajadas y subidas que no acaba de cuajar del todo, ni siquiera en ese final ultra-religioso con un Neville con alardes de Jesucristo que salva a la humanidad gracias a su sangre, aunque inevitable. Siguiendo con el guión, está lleno de frases lapidarias cojonudas aunque desternillantes, con unos infectados que son los que son, hippies chutados de LSD hasta las trancas, y un Charlton Heston como protagonista que llena la pantalla con su sola presencia y mala leche. Técnicamente normalita, levantando las expectativas en sus primeros minutos, no así en el resto del film donde decae hasta límites insospechados, con una fotografía que no llama nada la atención, salvo por el tono gris constante, no llegan a terminar una historia que en manos de un guión más cuidado y una mejor dirección hubiera sido una película más grande que la serie b que tenemos entre manos.

En conclusión, Robert Neville (o Charlton Heston, como prefieran) descubre que estaba tan solo como también lo pensó Robinson Crusoe. Y cuando vio lo que le rodeaba, prefirió morir. No me extraña nada, yo también lo haría a estas alturas con tanto snob, gafapasta, pseudo-rebelde que va de rebelde, pseudo-intelectuales que van de dioses sobre la Tierra, perro-flautas y demás entes sin personalidad que van de una cosa, piensan otra diferente, y hacen todo lo contrario. El movimiento hippie no es más que una farsa, lo mismo que los góticos, punks, metaleros y muchos más; todos están en el sistema, no contra el sistema. Hoy más que nunca, vemos sus efectos, sus incomprensiones, sus contradicciones. Así nos fue, y así nos va. Solo hay que ver, y comprender.
© Del Texto: Gwynplaine Thor


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feb 15 2011

La semilla del diablo: Las cloacas del alma

El edificio Dakota en Nueva York data de 1.880 y está situado al oeste del Central Park en el número 1 de la calle 72. Originalmente, tenía 65 apartamentos, de 4 a 20 habitaciones cada uno. En el edificio hay ascensores y escaleras para el servicio doméstico. Las habitaciones principales están conectadas unas con otras a la manera tradicional, pero también había un pasillo que permitía el paso desde una habitación a otra. El edificio tiene un gran comedor, algunos de 15 metros de largo con techos de 4 metros de altura. La comida podía ser enviada a los apartamentos por ascensores principales. La electricidad era generada por una pequeña estación eléctrica y en la buhardilla había una zona de juegos y un gimnasio. También había jardín, campo de croquet privado y una pista de tenis.
Allí residió Lauren Bacall, Leonard Bernstein, Judy Garland, Boris Karloff, John Lennon o Sharon Tate, asesinados ambos en el propio edificio.
A día de hoy, sus apartamentos están valorados en millones de dólares, pero su curiosa comunidad de vecinos no deja cerrar una venta sin el consentimiento de cada uno de ellos.
Este es el escenario maldito dónde Roman Polanski rodó La semilla del diablo, un paradigma modélico del cine de suspense y terror. Una película dónde, el terror no radica en escenas violentas ni efectos especiales, sino en una creación atmosférica perfecta de obsesión y paranoia dónde una angustiada Rosemary Woodhouse es víctima de una conspiración satánica por sus vecinos.
Me llaman la atención varios detalles al documentarme sobre la película: que el demonio fue interpretado por Anton La Vey, el fundador de la iglesia de Satán; que el apartamento dónde fue rodada la cinta era el domicilio de John Lennon; que Charles Manson odió tanto la película por divulgar el mensaje demoníaco, que intentó asesinar a Polanski, y al encontrarse éste de viaje, terminó asesinando a su mujer, Sharon Tate y que, parece ser, que Polanski afirmó que no creía en dios ni en el diablo.
Muchos detalles de la película dan a entender la muerte de dios quedando el mundo dominado por los instintos perversos del hombre. La venta de almas al diablo está a la orden del día, la inmoralidad y la chapucería prevalecen sobre todos los principios y fundamentos, y eso, y no los lunáticos armados de hachas, es lo que nos da miedo. El mundo desconocido y secreto del alma humana.
Yo no sé ustedes, pero yo no dejaré de pasarme por el número 1 de la calle 72 cuando me acerque por Nueva York. Ya les cuento.
© Del Texto: Sonia Hirsch


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nov 7 2010

Mr. Nice: Todo lo que sube, baja

Mr. Nice es una película basada en un libro de un tal Howard Marks, en el que cuenta sus memorias, su vida desde que era un simple pardillo, sus primeros flirteos con el hachís y cómo llegó a convertirse en alguien importante para crear del tráfico de drogas todo un imperio y su posterior caída. Hasta aquí, todo normal, parecería un film más que viene a contar la misma historia de otras tantas películas sobre cine negro, mafias y drogas. Pero si hablamos de un tipo que no busca hacer daño a nadie, que solo quiere disfrutar de la vida, un hombre nacido en Gales que tiene impreso en la frente la palabra ‘’buenrollo’’ y es profesor, eso es otra cosa. Un camello que se convierte en un grande, y no hay más. La historia nos narra las vicisitudes de este hombrecillo, su caída al infierno de las drogas; un hombre que se deja llevar por sus amigos y que acaba siendo más rico que ellos; un hombre que a pesar de todo no es un soplón ni un chivato como los demás (como se deja entrever en ciertas secuencias de la película); un hombre que cuida de su familia y hace lo que sabe. Cualquiera de nosotros se puede identificar con dicho personaje, cualquiera de nosotros hemos tenido contacto con drogas, cualquiera ha dicho si y ha hecho de ello una forma de vida, otros han dicho que no, y otros primero dijeron que no y luego un si y acabaron jodidamente mal. Howard Marks pasó por todo eso y triunfó. ¿El cómo? No lo sé. Hay que verlo para creerlo.
El guión a veces se torna irregular, al ser claramente un biopic, con momentos de lucidez cinematográfica y otros que decaen levemente aunque mantiene el nivel en las dos horas que dura la cinta, con una evolución del personaje bastante clara, aunque carente de interés en ciertos pasajes. Notablemente realizada y musicalmente excelente, encontrándonos con temas de los 60 y 70 (cuadro donde se enmarca toda la historia). Vestuario propio de la época, así como todo el apartado artístico. Una dirección de actores bien hecha con un Rhys Ifans muy contenido al frente de todo el relato, secundarios como Luis Tosar o Elsa Pataky (increíble, la primera vez que veo actuar bien a esta damisela), o un loco como David Thewlis (haciendo de irlandés terrorista perteneciente al IRA), y otros como Crispin Glover, Chloë Sevigny, etc.
Poco más que decir sobre esta buena película, la historia de alguien que supo jugar con la justicia y hasta el MI6 con tan solo el único arma que tenía: la palabra. Un charlatán de gran corazón que en ningún momento desea el mal a los demás y que, poco a poco, va descubriendo que lo único que importa en este mundo es el estar con tus seres queridos, los únicos que no te señalarán con el dedo cual Judas, los que te van a seguir hasta el final de tus días. En definitiva, la familia.
© Del Texto: Gwynplaine Thor

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oct 9 2010

Buried (Enterrado) o cómo siempre la cagan los mismos

Rodrigo Cortés ya propuso en su primera película (Concursante) una trama en la que intentaba dejar claro que la gestión del mundo es un horror. Y que pagan el pato los individuos anónimos que andan por el planeta tierra tranquilamente aunque sin ninguna posibilidad cuando la cosa se pone fea. Si alguien espera ayuda del poder establecido, lo tiene crudo porque la cagada es segura. En esa ocasión, la cagó todo el mundo. Incluso él, puesto que la película hacía aguas por todos los lados. Sin embargo, con Buried la cosa se queda en desastre para su protagonista (Paul Conroy al que interpreta Ryan Reynolds) porque la película resulta ser un producto de gran calidad. Técnica e interpretativa. Y esto último (la calidad interpretativa) no deja de ser un milagro que se apunta Cortés en su curriculum, ya que Reynolds es un actor con unos registros muy, muy, limitados y es campeón del mundo en destrozar papeles. El director hace una dirección, con él, sobresaliente. Durante toda la película logra que se contenga, dotando de credibilidad lo que el personaje es.
Con una caja de madera, un tipo dentro (Paul es un contratista civil que trabaja en Irak para una multinacional), y algunos objetos que todos usamos en nuestro día a día, Cortés intenta demostrar que se puede hacer cine. Lo consigue sin despeinarse. El guión de Chris Sparling se va desarrollando entre zonas de intensidad narrativa muy bien resueltas por el actor y las secuencias que el director montó con gran habilidad; entre la introducción de elementos que impiden un bajón en la tensión y las elipsis que dibujan el drama del personaje. Demuestra que es posible hacer cine con poco tiempo y poco dinero, pero, sobre todo, intenta un dibujo trágico en el que la incomunicación humano en agobiante en situaciones límites. Es la misma forma de comunicarse a diario aunque hay momentos en que eso se convierte en un desastre. Una de las conversaciones que se escuchan dentro de esa caja es la que mantiene Paul con el jefe de personal de la empresa para la que trabaja. Aterradora. De verdad que es delirante. Y, encima, creíble.
Entré en el cine pensando que iba a ver una muy buena película o un auténtico tostón. No había puntos intermedios. Hubo suerte y me encontré con lo primero.
© Del Texto: Nirek Sabal

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