mar 10 2013

Argo: El diamante convertido es granito

¿Se puede estropear una película cuando parece que es casi imposible de lograr? Sí. Rotundamente, sí. En el caso de que usted tenga entre manos un proyecto, un excelente proyecto, y quiera dejarlo hecho unos zorros, no lo dude, llame a Ben Affleck y a su guionista. Le harán un trabajo de primera.
Argo presenta un arranque muy prometedor. Con fuerza, con tesión que crece por momentos. A pesar de utilizar un millón de planos que nos hacen ir muy rápido, sin tiempo para saborear el relato, funciona muy bien. Muy bien.
Tras el arranque, aparece Ben Affleck actuando. Malo. Si se hubiera quedado detrás de la cámara todo hubiera ido mejor. Porque no hace un mal trabajo en la dirección.
La trama se va desarrollando con buen ritmo. Aparecen en escena John Goodman y Alan Arkin. Excelentes ambos. Además, son los que más humor le echan al asunto. A estas alturas el guión se va dividiendo en tres zonas. El secuestro de la embajada norteamericana en Irán y sus consecuencias; un drama que se enuncia y nunca termina de desarrollarse mínimamente (el agente de la CIA, su hijo, su vida triste, su desamparo) y la broma constante respecto a Hollywood. La primera zona llena de personajes planos (sobresale Bryan Cranston), la segunda con Affleck como protagonista (un marmolillo de actor y de personaje) y la tercera con Goodman y Arkin (sus personajes no son nada del otro mundo aunque se agradece que estén por allí).
Llega el desenlace. Diez millones de casualidades y, para acabar, un festival de luz y de color patriótico.
Ben Affleck se deja llevar por el amor que siente por sí mismo como actor. Y por un guionista que le debió decir que sin banderas, persecuciones al límite, cierto toque lacrimógeno y un final feliz que no dejara un cabo suelto (de felicidad plena y maravillosa), aquello no sería lo mismo. Affleck dijo amén y Chris Terrio destrozó un guión que podría haber sido de bandera (no de la norteamericana sino de bandera a secas).
La dirección artística es excelente. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con este aspecto de una película. La música elegida por Alexandre Desplat no desentona, la fotografía es muy correcta. Por eso los rasgos tan baratos del guión son una pena y un desperdicio más grave si cabe. Por cierto, el montaje es un desastre por simplón. Sobre todo en las escenas finales.
La película, a pesar de todo, se deja ver. Pero no es tan buena como algunos quieren hacer ver. Una película entretenida, bien dirigida y con cosas muy destacables. Sólo eso. Es lo malo de utilizar tópicos a manos llenas, es lo que tiene dejarse llevar por el ansia de la recaudación, es lo que tiene cambiar la tensión y la intriga por una cadena interminable e inverosímil de situaciones azarosas llevadas al límite.
Affleck tenía una mina entre las manos. Otra que se ha quedado sin excavar. Affleck es un actor mediocre. No es malo como realizador y, si se pone manos a la obra, terminará haciendo algo importante. Mucho más que Argo.
¿Hay que ver Argo? Pues sí. Lo que irrita es la pérdida de posibilidades ciertas a cambio de facturar algo más. Pero hay que verla. Entre otras cosas para saber lo que no hay que hacer nunca cuando el material es estupendo.
© Del Texto: Nirek Sabal


oct 24 2012

El gran Lebowski: Mierda

Si es verdad que la vida es una mierda y si es verdad que estamos de paso en este mundo y nada más, el ministro de cultura debería considerar (seriamente) la posibilidad de hacer obligatoria una nueva asignatura. Los planes de estudio se deberían reducir a eso. Una asignatura única.

Propongo que se llame “Esto es una mierda, yo soy una mierda, y tú lo eres también” o “Vivo en un mundo de mierda, pero no pasa nada porque es lo que hay y no merece la pena quejarse” o “No disfraces este mundo de mierda con ropa de marca de mierda porque no te libras ni de coña”. Nada de libro de texto. Que va. La segunda propuesta es que el alumno se siente tranquilamente, vestido como le dé la gana y, si es su deseo, sin ducharse. Que parezca una auténtica mierda (él). Tercera y última propuesta: ver la película El gran Lebowski tantas veces como sea necesario hasta que entienda lo que le están contando.

Con todo esto garantizaríamos que el alumno aprendiera a tomarse las cosas con tranquilidad, con humor y con la perspectiva de lo efímero (lo estoy diciendo completamente en serio).

Jeff Bridges y John Goodman son los protagonistas de esta película. El primero está muy bien en su papel. Goodman, sencillamente, inolvidable. La trama es una delicia. Los hermanos Coen deberían ser canonizados. Ah, y la señora Julianne Moore una cosa fuera de lo normal. Nunca pensé que podría gustarme una pelirroja.

Quiero ser un tirado como Lebowski, quiero ver las cosas como las ve él, quiero que me importe todo una enorme y maravillosa mierda. Y quiero que mis hijos estudien una asignatura, una sola, que podría llamarse (también) “Bah, si la voy a palmar antes o después, paso de preocuparme, joder”. Y ya está. Si les parece poco lo que digo pidan a la señora Noire que escriba su propio artículo. Yo, ahora mismo, fumando droga y bebiendo, no doy para más. Y, la verdad, me importa un huevo lo que piensen de mí. Qué genial esto del gran Lebowski.

© Del Texto: Nirek Sabal

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