ene 4 2013

James Bond contra Goldfinger: el mejor villano entre los villanos

Del mismo modo que Sean Connery es el mejor James Bond de la historia, Auric Goldfinger (villano de esta película interpretado por Gert Fröbe) es el personaje más perverso de la serie. Juntos protagonizan la tercera entrega de la saga. Para muchos la mejor de todas hasta el Casino Royale de 2006. Lo cierto es que fue la película que desató las pasiones por el agente secreto. Los martinis se consumieron más que nunca, los Aston Martin se vendieron como churros, y todos querían vestir un smoking blanco como el de Bond tras bucear y destruir el cuartel general de los narcotraficantes. Y lo cierto es que la película es fantástica. Un guión poderoso y bien armado, unas interpretaciones de primer orden, la fotografía exacta (repetía Ted Moore) y una dirección hábil y sin altibajos de Guy Hamilton. James Bond contra Goldfinger acumula casi todo lo que serían las películas de James Bond. La ironía del agente, la confrontación directa entre el bien y el mal (nunca puede vencer este último), la belleza femenina, el valor de los héroes, traiciones engaños. Todo James Bond. O casi.
Visto en la actualidad, podríamos resumir el perfil del personaje diciendo que el personaje de Ian Fleming nació en 1920. Mide 1,83 y pesa alrededor de 75 kilos. Es viudo. Asesinan a su mujer, la condesa Di Vincenzo en la película Al servicio de su Majestad. Fuma de forma complusiva. Sus armas preferidas son la Beretta 950 B y la Walter PPK. Y su coche predilecto es el Aston Martin Silver Birch DB5. Viste en Turnbull & Asser y le gusta comer lenguado a la parrilla, rosbif y ensadala con patatas. Ese es el personaje del autor. El que Sean Connery moldea en cada escena. Y está todo en su sitio en la película.
Las mujeres tienen una importancia extraordinaria en la saga y dejan de ser objetos sexuales para tomar parte en la trama de forma activa e importante; desde ellas llega la iluminación necesaria para descubrir matices nuevos en el agente secreto (de Bond sabemos mucho cuando conocemos su relación con las mujeres). Pero en Goldfinger es, todavía, mayor. La muerte por afixia cutánea de Jill Masterson (una explosiva Shirley Eaton que era el referente erótico de la época) o el cambio en la tendencia sexual de Pussy Galone una vez que conoce a 007 (serenamente bella la actriz Honor Blackman), son algunos ejemplos. James Bond, no sólo corteja a toda mujer que se pone por delante, además, puede cambiar a cualquiera de ellas.
Auric Goldfinger es el villano. Magnífico. Se trata de un hombre impotente, ludópata, obsesionado con el oro, malvado, incapaz de sentir compasión por nada ni nadie. Lo encarna Gert Fröbe de forma magistral. Fue una pena que el actor no pudiera aprender a hablar en inglés puesto que fue doblado en la versión original. Auric Goldfinger crece enormemente durante la película como personaje y termina dibujándose como el malvado de los malvados. Además de acompaña de Oddjob (Harol Sakata), un secuaz tan terrible como el propio Goldfinger, que mata lanzando su sombrero metálico como si fuera un boomerang o a guantazo limpio. Los malos suman esfuerzos.
Por primera vez, Bond dispone de gadgets (ingenios facilitados por la sección Q del MI6) que nunca retornarán en perfecto estado a su punto de origen. Por primera vez, vemos el mítico Aston Martin de Bond. Ametralladoras, cortinas de humo, chorros de aceite, asientos que saltan por los aires con el pasajero incluido. Entre vehículos y transmisores, Bond se convierte en todo un espectáculo.
Aparte de escuchar el tema de la serie, en Goldfinger, Shirley Bassey interpreta el tema principal de la película; una canción compuesta por John Barry que desbancó del número uno de las listas a los mismísimos Beatles. Casi nada.
La película recibió un óscar por los efectos de sonido. Son excelentes. El trabajo que se realizó con, por ejemplo, el rayo láser con el que casi castran a 007 (estamos hablando de 1964) es fantástico.
Casi todo James Bond está en Goldfinger. Y Goldfinger dibujó todo un género. Merece la pena echar un vistazo a la película.
© Del Texto: Nirek Sabal


feb 21 2011

Fuego en el cuerpo: La asfixia del calor humano


Bajo los efectos de una inolvidable melodía de John Barry, Lawrence Kasdan nos cuenta la intensa historia de deseo entre Ned Racine, un abogado vividor y mujeriego de un pequeño pueblo de la costa y Matty Walker, una misteriosa y atractiva mujer casada con un rico empresario al que deciden asesinar para poder disfrutar libremente de su relación, y, de camino, quedarse con la suculenta herencia.
Una calculadora y ambiciosa Matty Walker logra embaucar al abogado Racine, al que arrastra hasta el asesinato, sin contar con que ella también acabaría loca por él. Aún así, Matty no renuncia a sus ambiciones y sigue adelante con su plan, dejando a su amante entre rejas y largándose ella con la fortuna a un país exótico como tenía planeado.
Si bien la trama no se diferencia mucho de otras historias del cine clásico negro, sí me gustaría destacar la agobiante atmósfera  que se recalca constantemente de ese verano tan anormal de exageradas temperaturas, dónde desde el principio aparece el fuego como protagonista cuando, en la primera escena, Racine contempla por la ventana como se quema su pasado, hasta el final, cuando es testigo de la explosión dónde supuestamente muere Matty. Este fuego que rodea a los personajes y que está presente en toda la historia, destacando la escena en que Racine y Matty se conocen durante un caluroso concierto de abanicos junto al mar, es lo que yo creo más significativo de este thriller. Este fuego es el verdadero protagonista de la película. Las distintas formas internas que toma un mismo calor físico, el motor que mueve a cada uno, ya sea sexual o económico. La fuerza de la codicia, de los sueños por cumplir, de las obsesiones.
Herencia, cigarrillos, falsa identidad, pasado oculto, sombrero, John Barry, despacho atestado de humo, descapotable, pueblo en la costa, sudor, campanillas en la terraza, ventiladores en el techo, bañera con hielo y una mujer que sueña con ser rica y vivir en un país exótico. Bonita película y bonito sueño.
© Del Texto: Sonia Hirsch

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