dic 26 2012

El legado de Bourne: ¿A qué viene esto?

¿Ha visto usted la conocida trilogía de Bourne? Da igual la respuesta. Si la vio en su momento tendrá problemas para entender qué pinta Jason Bourne en todo esto. Si no tuvo ocasión de ver esas tres películas no entenderá que pinta Jason Bourne en todo esto. Porque Jason Bourne es una muy mala excusa para poner en funcionamiento a otro superagente -Aaron Cross, se llama- que está inmerso en un programa oscurísimo de la CIA. Se supone que esta nueva trama viene motivada por lo que le pasó a Bourne. Y se supone siendo generoso a más no poder. Usted, que es avispado, ya habrá imaginado que el guión es una auténtica calamidad. Deje de imaginar; lo es.
La cosa de va de carreras, tiros, misiles teledirigidos que lo destrozan todo, pastillas de colores que aportan poderes casi sobrenaturales al que las toma y de tarados que son reclutados por su condición de eso, de tarados.
¿Es entretenida la película? Pues sí. Tenga usted en cuenta que todo a su alrededor parecerá explotar, todo lo que haga podrá ser visto desde un satélite, los malos pasarán corriendo por su salón pegando tiros. Pero no piense. No, no lo haga. Si lo hace se enfadará usted más de lo necesario por perder el tiempo y recibir un insulto a su inteligencia sin rechistar.
Tony Gilroy, el director, debió terminar con agujetas por todo el cuerpo después de perseguir al elenco de un lado a otro. La película se convierte en una montaña rusa de locos. Y no debió sufrir daño alguno en la mente. Al menos no los sufrió pensando en mejorar un guión flojo, previsible y vacío. Rodó, entregó el trabajo al montador para que hiciera lo que fuera posible y poco más. Pero pensar, lo que se dice pensar, me temo que no.
Jeremy Renner parece más un marmolillo que otra cosa. Y no es nueva la cosa. Repite en casi todas sus películas. Continuidad no le falta al chico. Defience el papel protagonista. A puñetazos, tiros y saltos imposibles. Literal.
Rachel Weisz defiende el suyo lloriqueando y echándole un valor improbable que no se creería ni el propio personaje. En una de las escenas, mientras escapa junto con el otro protagonistas sobre una motocicleta, logra dar una lección de equilibrismo y coraje que ya quisiera Rambo. Queda la cosa tan extraordinaria como poco creíble.
Por su parte, Edward Norton aparece en la pantalla para interpretar un papel que todavía me pregunto de qué va. Más que nada porque crece y desaparece sin avisar. Como si tal cosa.
Los efectos visuales y especiales son decentes. Algo es algo. El resto de normalito a penosillo.
Una película más. Ni más ni menos que eso. O lo que es igual: una castaña pilonga que te tragas mientras pasa el tiempo.
Imagine un tipo que toma pastillas para ser más listo y más fuerte. Imagine que en los despachos se ven obligados a acabar con él y con otros que son como él. Ahora pongan a funcionar miles de ordenadores, satélites, aviones espías; espías sin avión, pero con moto; a la policía de medio mundo. Enfrenten al de las pastillas y a su acompañante a este despliegue. Eso es El legado de Bourne. Ni más ni menos. Una cataña. Pilonga, eso sí.
© Del Texto: Nirek Sabal


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may 16 2012

Los vengadores: Épica, humor y acción

No podía ser de otra forma. La película dirigida por Joss Whedon es divertida, está llena de una acción deslumbrante, de algunos diálogos más que notables; y de actores estupendos que se creen lo que hacen, que se les nota disfrutar con sus personajes. Hay momentos en los que la carcajada del espectador no puede reprimirse. No hay que olvidar que un grupo de tipos (alguna señorita también) se visten con unos trajes completamente absurdos, se mezclan con seres interplanetarios que son una especie de dioses y se lían a guantazo limpio con los malos entre los que se encuentran seres extraterrestres. Si alguien quisiera hacer en cine algo serio con esto sería un auténtico loco. Todo se mezcla. Épica, humor y acción. Incluso algún asunto profundo. El diálogo entre la Viuda Negra y Ojo de Halcón es un ejemplo de ello.
La cosa podría parecer sencilla sin serlo. Alguien podría pensar que juntar a un grupo de superhéroes es garantía de éxito. Sin embargo son muchos personajes (hay que sumar alguno que no tiene nada que ver con poderes, martillos o escudos). Y muchos actores. Lo difícil es que alguno no sobresalga sobre otro o que alguno se quede en nada dentro del conjunto de la película. El director es muy hábil y consigue que cada uno tenga su puesto, sus momentos brillantes, sus frases bien construidas y sus chistes de calidad. Si añadimos que este grupo de profesionales se lo pasa bomba al rodar (se nota a la legua), el resultado, como ya he dicho, es fascinante. Lógicamente, no estamos hablando de gran cine aunque sí de muy buen cine.
No desvelaré nada de la trama. Ya saben los buenos son muy buenos, los malos son el mismísimo horror. Y se dan leñazos a base de bien. El final tampoco hace falta que se lo sugiera. Ya lo saben. Eso sí, diré que la historia está muy bien contada. Es posible que los aficionados al cómic partan con mucha ventaja con respecto a otro tipo de espectador. Pero no me parece que sea una película estrangulada en ese sentido. Si bien es verdad que un par de señores mayores aguantaron en la sala quince minutos (ni uno más), también lo es que mis dos hijos pequeños (tampoco han leído cómics de Marvel y son muy pequeños) aguantaron la película boquiabiertos y ya tienen superhéroe elegido para jugar a estas cosas del bien y del mal. Muy entretenida y, sin ánimo de exagerar, con un punto de emoción que no se oculta.
Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Jeremy Renner, Mark Ruffalo, Samuel L. Jackson, Clark Gregg y Tom Hiddleston forman parte del reparto de la película. Están muy bien todos. Algo más torpe con las armas la señora Johansson. Debe ser que no jugaba con ellas siendo niña, pero tampoco está mal. Ni uno de ellos se dedica a perder el tiempo delante de la cámara. Uno llega a pensar que se creen superhéroes en algún momento delante de la pantalla. Y eso es de agradecer. Robert Downey Jr. es el que destaca algo sobre los demás aunque su papel es el más vistoso de todos. Todo hay que decirlo. El caso es que defienden sus papeles con gran credibilidad.
Es evidente que, dado que la película se carga de acción trepidante y luchas sin cuartel, los efectos visuales y especiales son de gran importancia. En este caso son, además, de gran calidad. Entusiasman a cualquiera por su perfección. El espectador, a pesar de la rapidez con la que se desarrolla cada escena, sabe lo que está sucediendo en cada momento. Las escenas son claras y dejan ver los movimientos sin formar barullos.
Maquillaje, peluquería y vestuario muy cuidados. La fotografía también aunque no sea, ni mucho menos, lo mejor de la película (creo que esto ya lo sabía medio mundo que iba a ser así).
Y, tal vez, lo más importante de todo. Aunque en este tipo de películas suele prevalecer la imagen, la puesta en escena (impecable, por cierto) y todo lo que tenga que ver con el espectáculo; el mensaje es especialmente agradable. La amistad, la identidad de las personas, el esfuerzo colectivo, la disciplina, la capacidad de sacrificio y alguna cosa más que aparece de forma tangencial, se manejan durante todo el metraje como elementos fundamentales si se quiere triunfar, si hay que pelear por algo importante. Traído desde los cómics es un mensaje que nunca falta en estas producciones de Marvel y se agradece mucho que así sea.
Más de horas de cine. Más de dos horas de diversión. Una película para todos los públicos. Una opción estupenda para pasar la tarde en el cine. No se la pierdan. Es posible que soporte mucho peor el formato casero.
© Del Texto: Nirek Sabal


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mar 19 2011

The Town. Ciudad de ladrones: El montón que no deja de crecer

Siempre he defendido que el cine ha de ser (entre otras cosas) una forma de entretenimiento. Esto, dicho así, podría entenderse mal. De hecho, se entiende mal por muchos. Por ejemplo, Ben Affleck cree que con muchos disparos, muchas carreras, muchos vehículos destrozados, una pizca de sexo y mucho amor, se consigue que el cine se convierta en ese mecanismo de evasión para cualquiera que se siente frente a una pantalla. Por supuesto, lo que consigue en su película The Town Ciudad de Ladrones es justo lo contrario. Una película aburrida, vacía y extraordinariamente larga desde el minuto tres (más o menos). Y es que no se trata de liar la marimorena en la pantalla a base de mucho mover la cámara de un sitio a otro persiguiendo explosiones y cosas así. La cosa es bien distinta.
El guión de la película es flojísimo. Si alguien intentara subrayar un par de frases con carga expresiva (no mucha, poquita, sólo poquita) se le secaría la tinta de la pluma esperando a encontrar algo razonablemente bien construido o con un mínimo de profundidad. Esto provoca que los personajes dejen de interesar desde el comienzo, que no evolucionen nada. La película es una galería de personajes estereotipados, huecos; que terminan en el mismo lugar en el que comienzan, en ninguna parte. No es suficiente (ni siquiera para entretener) ver a Ben Affleck luciendo tatuajes o a Jon Hamm siendo el agente del FBI de millones de películas. Se salva Jeremy Renner porque es un excelente actor aunque su personaje es otra castaña pilonga.
La cosa va de ladrones que asaltan bancos y de policías que tratan de arrestarles. La cosa va de soy un chico malo porque nací en un mundo hostil, pero conozco a una mujer maravillosa que me hace cambiar. La cosa va de soy una chica normal, pero ante el amor soy capaz de sobrepasar el límite y arrimarme a los malos. La cosa va de lo que ya nos han contado un millón de veces y aburre a las ovejas. Affleck, que es el director de la película y co-guionista, elige narrar lanzando tres o cuatro vehículos por los aires creyendo que eso tapa las enormes carencias de su dirección y de su guión. Y el resultado es aburrido y poco original.
Es una catástrofe para el cine que se desperdicien millones de euros de esta forma. Es una catástrofe que cualquiera escriba lo primero que se le viene a la cabeza y se convierta en una película. Es una catástrofe que se asuma como normal que cualquiera puede hacer dentro del cine lo que le apetezca dependiendo de cómo se llame. Tienes nombre, tienes película.
Yo no perdería el tiempo viendo esto. Hay formas de pasar un buen rato que nada tienen que ver con mirar imágenes en movimiento sin sentido alguno. Todas las cosas que son del montón, cuando hablamos de cine o literatura, sobran. Bastante grande es ya la dichosa pila de mediocridad.
© Del Texto: Nirek Sabal

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