jul 2 2012

Besos Robados: Definitivo Truffaut

Fabienne Tabard, Fabienne Tabard, Fabienne Tabard, Fabienne Tabard, Fabienne Tabard,Fabienne Tabard, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Christine Darbon, Christine Darbon, Christine Darbon, Christine Darbon, Christine Darbon, Christine Darbon, Christine Darbon, Christine Darbon…
…se repetía Antoine Doinel en pijama azul frente al espejo del baño en una indecisión absoluta entre un futuro de calma total y tranquilos desayunos en la cama con Christine y otro de mujeres maduras e intrigantes de las que acostumbran a dejar mensajes anónimos y corbatas de seda bajo la puerta. Señora, desde hace una hora contemplo estas corbatas que jamás me atreveré a llevar… Era la respuesta de Antoine a Fabienne en un comunicado urgente que vemos atravesando la ciudad, desde la oficina de correos pasando por un complejo recorrido de conducto subterráneo hasta llegar a manos de la señora Tabard, que, indiferente al telegrama, corre a colarse en la habitación de estudiante de Antoine prometiéndole que jamás se volverían a ver.
El currículum vitae de Antoine Doinel continúa su curso normal y previsto ya en aquellos años de Los 400 golpes. Invalidado en el ejército, comienza un recorrido laboral dónde va perdiendo un trabajo tras otro. El desarraigo de la infancia da paso a la desilusión, la búsqueda por alguna autoridad, no de cualquier tipo, sino exclusivamente afectiva y la necesidad de estrechar unos lazos duraderos dónde poder echarse a descansar.
Las dudas y titubeos en su relación con Christine son evidentes desde el principio. La madurez con que se enfrenta a esta relación, que, más que por amor parece motivada por la necesidad de un futuro de paz y sosiego, estalla en pedazos más adelante, en Domicilio conyugal, cuando se ven incumplidos todos sus fines matrimoniales.
Antoine Doinel parece seguir creciendo sin rumbo. Con la misma emoción que desea las cosas las termina desechando. Con esta fuerza contradictoria la probabilidad de satisfacción se hace imposible. La felicidad muy corta, la insatisfacción, eterna.
Durante toda la película un misterioso personaje de sombrero y gabardina persigue a Christine descaradamente por la ciudad. En la escena final, este personaje aborda a la pareja en un banco del parque dónde le confiesa a Christine que la ama desesperadamente. La pareja lo escucha perpleja. Pero esta perplejidad de la escena no radica en el contenido de la confesión, sino más bien en sus formas. El personaje hace su declaración de amor tal y como si recitase las páginas de un drama romántico, como un intruso recordándonos con su tono y su artificialidad que la bonita historia que hemos seguido durante casi 90 minutos es pura y únicamente ficción. …los demás son provisionales. Yo soy el definitivo asegura a Christine mientras ésta murmura al oído de Antoine, el provisional por excelencia: Debe estar mal de la cabeza…
Los protagonistas se alejan por una senda perfecta de árboles alineados mientras Charles Trenet tararea la lista de recuerdos que quedaron de los amores muertos. …fotos viejas, cartas en abril, besos robados…
Y estas son las líneas definitivas que subrayaba en rojo fuerte esta mañana muy temprano del definitivo Truffaut: El film del mañana será rodado por aventureros. El film por venir se me aparecería más personal aún que una novela, individual y autobiográfico como una confesión o como un diario íntimo. Los jóvenes cineastas se expresarán en primera persona y nos contarán lo que les ha ocurrido: eso podrá ser la historia de su primer amor o del más reciente, su toma de conciencia ante la política, el relato de un viaje, una enfermedad, su servicio militar, su matrimonio, sus últimas vacaciones, y eso gustará casi obligatoriamente porque será verdadero y nuevo. El film del mañana no será realizado por funcionarios de la cámara, sino por artistas para los que el rodaje de un film constituye una aventura formidable y exaltante. El film del mañana se parecerá a aquél que lo ha rodado y el número de espectadores será proporcional al número de amigos que posee el cineasta. El film del mañana será un acto de amor.
© Del texto: Sonia Hirsch


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jul 4 2011

Los 400 golpes: De quién estuve enamorada

Esta es la historia de un hombre marcado por el recuerdo de una niñez atormentada, que llegó a ser el crítico más atrevido de París y el autor más sensible del cine contemporáneo (Dominique Fanne, 1972).
No he podido evitar cerrar mi libro y dejar por aquí algún rastro de esta película cuando he leído que Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud) sufrió severas crisis depresivas provocadas por la muerte de François Truffaut. No he podido evitar que me afectase. ¿Hasta qué extremo de identificación puede llegar un actor con su personaje y con su autor para caer enfermo de tristeza tras su desaparición? ¿Acaso es posible crecer en la vida y en la pantalla y morir igualmente fusionado sin remedio a un personaje de ficción basado a la vez en su autor?
François Truffaut franqueó la fosa que separa al cinéfilo del cineasta con esta película dedicada a André Bazin y profundamente autobiográfica en la que detalla una infancia atormentada y carente de afectos, basada en los hechos, los libros y las películas que formaron parte de ella. Aquí nace Antoine Doinel que interpreta al niño que era Truffaut, para luego representar su juventud en Besos robados o su matrimonio en Domicilio conyugal. Antoine Doinel es Jean-Pierre Léaud y a la vez François Truffaut. François Truffaut es Antoine Doinel  y a la vez Jean-Pierre Leaud. Las mismas miserias que vivió Truffaut en vida las vivió Antoine Doinel en pantalla. A la misma edad fumaron los mismos cigarrillos, sufrieron los mismos castigos, robaron exacta Olivetti… El mismo travelling los persiguió en su misma carrera desesperada hacia el mar. El mismo objetivo congeló sus rostros en la orilla. Los dos renegaron de la sociedad, la familia, la educación. Leyeron los mismos libros, vieron las mismas películas.
Este triste cuento urbano sirvió de impulso definitivo a la nouvelle vague, dónde las panorámicas, los travellings, la cámara en mano y, en general,  un subrayado espíritu artístico unido a una interesante propuesta temática, se llevaron el premio a la mejor dirección en el festival de Cannes de 1.959.
La curiosa empatía existente entre François Truffaut y Jean-Pierre Léaud fue única en la historia del cine.
Jean-Pierre Léaud adopta a Antoine Doinel en Los 400 golpes para no abandonarlo jamás. Para Truffaut la vida era la pantalla y la muerte también.
Con su banda sonora, esa que escucho ahora, pero que ya me hubiese gustado escuchar en París en 1.950, retomo mi lectura sobre las severas crisis depresivas de Jean-Pierre Léaud sin dejar de preguntarme: ¿De quién estuve realmente enamorada todos estos años? ¿François Truffaut? ¿Antoine Doinel? ¿Jean-Pierre Léaud?
© Del Texto: Sonia Hirsch


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