nov 12 2013

Somos los Miller: Gamberradas a medio gas

Algún momento gracioso; pretensiones fallidas de gamberrismo; todos los tópicos habidos y por haber; y una candidatura, más que sería, para poder proclamarse vencedora en cualquier premio a la peor película del año.
El arranque del trabajo es sorprendente por parecer el comienzo de algo que puede merecer la pena. Aunque es eso, un arranque prometedor. Nada más.
Somos los Miller es una comedia más, muy parecida en calidad a todas las que hemos visto (las malas, digo) y que acumula todos los defectos imaginables. La receta de contar con un reparto apañado no funciona por sí mismo; el guión que intenta escapar de las zonas comunes se atasca en sus propias carencias y, además, termina enfangado en todos los tópicos posibles; el humor tosco y facilón sigue sin funcionar. Además, en esta película se intenta colar un mensaje envuelto en moralina sobre la importancia de la familia que está gastado y resulta cargante. Nos lo sabemos de memoria y parece el intento de llenar un vacío absoluto del guión.
Cuando, sea lo que sea lo que se cuenta, nos encontramos entre tópicos, chistes mediocres o situaciones que intentan la transgresión por el camino de la bobada sobre el sexo; no hay forma de encontrar un hueco que merezca la pena. Si existe queda oculto o difuminado por el conjunto desastroso y aburrido.
Jennifer Aniston hace su trabajo. Con oficio y cierta gracia. Pero, en Somos los Miller, esto es como decir que un albañil levanta una pared con maestría colocando ladrillos de papel. Will Pouller está gracioso; Emma Roberts pasa desapercibida y Jason Sudeikis, aunque correcto, tiene problemas para controlarse en algunas escenas. El que interpreta un papel especialmente estúpido de forma especialmente histriónica es Ed Helms. Un auténtico desastre. El director Rawson Marshall Thurber hace con los actores lo que con el resto del trabajo: casi nada. Es verdad que la propuesta es la que es y que no se intenta maquillar de ninguna forma, pero con un poquito de talento, hasta de lo más cutre se puede sacar algo en claro.
Esta es una película que, tal vez, funcione en los formatos caseros. Es posible. Desde luego, como película de cine no pasará a la historia. Como mucho ostentará el premio a lo más flojo del año 2013.
© Del Texto: Nirek Sabal


dic 8 2011

Cómo acabar con tu jefe

Hasta las cosas más disparatadas (si hablamos de cine o literatura) deben ser creíbles. Una propuesta que no se sostenga sobre una base verosímil se queda en nada. Se puede contar cualquier cosa que alguien pueda imaginar, no existen límites en ese sentido, pero se debe hacer teniendo un mínimo de cuidado, respetando las reglas del juego.
De Cómo acabar con tu jefe se han dicho cosas muy buenas. Que es divertida; una película cachonda, gamberra y alocada; que los actores improvisan y eso da un toque de diversión muy auténtico al resultado final. En fin cosas amables. Aquí no se va a decir nada de eso.
Al que escribe no le ha parecido ni graciosa, ni divertida, ni nada que se le parezca. Y eso de la improvisación está muy bien, pero en la sala de montaje se debe cortar todo aquello que rebaja calidad al conjunto (en este caso hay poco qué rebajar, la verdad sea dicha). Si no se hace bien ese trabajo, nos encontramos con los personajes hablando sin ton ni son, atropellándose unos a otros al hablar y diciendo memeces que son completamente prescindibles. El colegeo mejor en el bar. En el plató o en post-producción conviene tomarse la cosa en serio.
Los personajes se vacían de inmediato. Unos por exceso y otros por defecto. Los principales, Nick (Jason Bateman), Dale (Charlie Day) y Kurt (Jason Sudeikis) no serían capaces de correr una aventura como la que cuentan ni borrachos. Y eso, precisamente eso, es lo que deciden los guionistas como justificación: emborracharles. Así creen que cualquier cosa vale. En fin, una baratija inmensa. Los secundarios se derrumban entre tanto exceso. La doctora Julia Harris (una guapísima Jennifer Aniston) aburre pronto. Comienza bien, pero tanta repetición alrededor de un solo rasgo resulta exagerado. El personaje de Colin Farrell es excesivo en todos los sentidos y el actor no sabe contenerse llegando a la sobreactuación. Hace trizas lo poco que ofrece un sujeto cocainómano y medio tarado. Kevin Spacey es el que mejor parado sale de todo esto. También es verdad que es el que más personaje tiene para defender. Es con el que mejor se empatiza puesto que ocupa un territorio muy fácil de reconocer por parte del espectador.
Y, claro, sin personajes no hay nada que hacer. Puedes reírte un par de veces y poco más. El guión es muy flojo; se apoya más en lo superficial de una situación extraordinaria que en la ironía o el buen humor que desprenden algunos momentos. Seth Gordon no arriesga casi nada y, un director que no está dispuesto a poner en juego lo que tiene a mano, está condenado a tener un recorrido muy corto.
Lo que cuenta Cómo acabar con tu jefe es la historia de tres individuos acosados, maltratados y muy infelices en sus puestos de trabajo. Están tan hartos que deciden matar a tres personas. Pero son lo contrario a lo que hay que ser para hacer algo parecido. Piden ayuda a Hijoputa Jones (Jamie Foxx) que les engaña y se ven obligados a buscar ellos mismos la solución. Evidentemente, la película es previsible y podríamos contar el argumento entero, de cabo a rabo, sin que el espectador pudiera pedirnos daños y perjuicios.
¿Se pasa un buen rato? Pues sí. Es entretenida. ¿Aporta algo nuevo al cine la película? Desde luego que no. Y ¿al espectador? Tampoco.
Los niños no deben ver Cómo acabar con tu jefe. El lenguaje es muy inapropiado. La entenderían más que bien y, si se pusieran con ello, lograrían mejorar mucho el producto final. Pero ese lenguaje es excesivo para un niño chico.
© Del Texto: Nirek Sabal


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