abr 7 2012

Vértigo (De entre los muertos): Fobias y necrofilias

Me encuentro en el ático del edificio Metropol de Sevilla. Hay un agradable restaurante y unas vistas preciosas de la ciudad. Pero ni las delicatessens en la terraza ni la perspectiva a vista de pájaro podrían superar el chute onírico y alucinógeno del escenario. Aquí el blanco resulta más turbador que nunca por la combinación de las claras estructuras que sostienen barandillas, pasadizos y cubiertas, con el mobiliario del restaurante y el cielo celeste medio despejado de algunas nubes que vienen y van, desplegando toda la gama de blancos, los 30 tipos de blanco que sólo podría distinguir un esquimal. Mientras, no dejo de pensar en Vértigo, en Alfred Hitchcock, en Salvador Dalí…  Me acuerdo de aquél  chiste tonto que Hitchcock contaba a Truffaut sobre las dos ovejas que se  están merendando los rollos de una película basada en un best  seller  y una oveja le dice a la otra : Yo prefiero el libro.
En el caso de Vértigo no he tenido el gusto de leer la novela de Boileau y Narcejac (De entre los muertos) que parece escrita especialmente para él, ni tampoco me atrevo a asegurar que mi opinión coincidiese con la de aquella oveja, aunque yo suela estar generalmente más de parte del libro que del film y según he leído, en el libro predomina más la sorpresa que el suspense, y hasta sus últimas páginas no nos percatamos de que Madeleine y Judy son la misma mujer. Sin embargo, en la película, Hitchcock nos hace cómplices de la doble identidad manteniendo el suspense en la siguiente interrogación: ¿Cómo reaccionará James Stewart cuando descubra que ella le ha mentido y que es efectivamente Madeleine?
Los esfuerzos de Stewart por recrear una mujer a partir de la imagen de una muerta, lo sexopsicológico de la situación fundamental de la película: cuando  lleva a Judy a una modista  que, en vez de vestirla como Madeleine, parece desnudarla poco a poco hasta descubrirla como Madeleine, le dan cierta atmósfera necrófila a la película de resultado perfecto.
Uno de los detalles curiosos en la escena dónde Judy sale del baño, vestida y peinada exactamente como Madeleine mientras Stewart la espera con ojos casi llorosos, es el uso de un reflejo de luz verde proveniente del anuncio de neón del Empire Hotel de Post street, residencia que eligió Hitchcock por asemejar ese reflejo de neón verde a los filtros de niebla utilizados en las primeras escenas en el cementerio, cuando Stewart seguía a Madeleine. Este juego de neones  verdes  y  parpadeantes  le permitió crear el mismo  efecto de misterio sobre Judy en el hotel. Cuando vuelve del baño recompuesta de Madeleine vuelve realmente de entre los muertos. Es entonces cuando Stewart comprende que han jugado con él.
Toda esta trama de fobias y necrofilias concluye con la escena final del campanario. Otra vez, como siempre, se desbarata la idea de crimen perfecto porque al asesino nunca se le ocurrió que un miedoso a las alturas fuese capaz de escalarlas hasta el final. Este, según Hitchcock, es el fallo del relato. Y este plano final, la imagen de Stewart mirando la caja de escaleras en espiral del campanario, el mayor acierto, según mi opinión. Este efecto de distorsión de escaleras basado en una borrachera de Hitchcock en el Albert Hall de Londres, fue una maqueta puesta en horizontal sobre el suelo y tomada en travelling-zoom que le supuso algo más de diecinueve mil dólares. No quedó mal.
Quizá Vértigo, la película que Hitchcock define como ni un éxito ni un fracaso, sino como la película que cubrió gastos, sea una de las poquísimas películas que, de merendarme el libro como la oveja del chiste, yo diría: Yo prefiero la película. Quién sabe.
© Del Texto: Sonia Hirchs


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may 15 2010

Call Northside 777: Mis ideas que nunca tuve

Meta en una coctelera Chicago años 30, la Ley Seca, una trama policial corrupta, un sistema judicial con grietas, un periodista inasequible al desaliento, lo agitan para que todo quede bien ligado y ya tienen una película. Si además el que realiza la mezcla es un director de cine como la copa de un pino, ya tienen ustedes una gran película. Esto es lo que consigue Henry Hathaway con su película “Call Northside 777”, que fue el nombre original de la película “Yo creo en ti”.
Esta película una buena película que invita a la reflexión sobre el sistema judicial y policial en los EEUU de los años 30.
Chicago año 1932, un policía es asesinado y tras una investigación que deja mucho que desear y de un juicio no falto de garantías, un pobre diablo, Frank Wiecek (Richard Conte), es condenado a 99 años de prisión. A los 11 años de cumplimiento de la pena, el condenado sigue afirmando que es inocente. Nadie le cree salvo su madre y su ex esposa. Un periodista escéptico (James Stewart), del Chicago Times, retoma la investigación del caso, a partir de la publicación de un anuncio colgado en la prensa en el que la madre de Wiecek ofrece una recompensa de 5.000 dólares al abogado que consiga liberar a su hijo de la prisión. La tenacidad del periodista y el desarrollo de la investigación modificarán la visión escéptica del reportero hasta convertirlo en un acérrimo defensor del condenado. Miles de contratiempos y cortapisas no impedirán que finalmente la verdad salga a la luz.

Creo que se puede afirmar que estamos frente a una de las mejores películas de cine negro de los años 40. Con una interpretación excelente de sus protagonistas, James Stewart y Ricard Conte. La combinación de imágenes reales, libres de ornamentaciones prescindibles, nos sitúan frente a un film que, en algunos momentos, bien parece un documental del Chicago de mitad del siglo XX.
La película está basada en hechos reales, a principios del año 1932, y se utilizaron fotografías reales. En su día, dado el contexto en que la misma se filmó y la trama que desarrollaba se consideró una película atrevida pues entraba, como se ha dicho, en los mecanismos del sistema judicial y policial estadounidense.
Los medios empleados para dar con la “verdad” hoy nos pueden parecer de lo más ridículos, detectores de mentiras, ampliaciones fotográficas manuales, rotativas antiquísimas y unas máquinas de escribir que hoy en día no podríamos ni pulsar.
El ritmo de la película es bueno, salvo su desenlace, demasiado precipitado y con demasiadas lagunas sin cerrar, entre ellas, ¿qué ocurre con el otro condenado, Tomek Zaleska, que también era inocente? ¿Un error judicial y policial como el cometido se compensa con 10 dólares, ni que sean de la época? ¿Por qué mintió la única testigo Wanda Siskovich? .
Esta película nos invita a la reflexión sobre las apariencias, sobre las ideas preconcebidas, y de la opinión que se puede llegar a considerar como propia a base de repetirla, aún cuando no se tiene ni idea de cómo se ha llegado a la misma, ni lo que la misma supone.
Si quieren pasar una buena tarde, intriga periodística al frente, no se olviden de esta película y, si les place, busquen una respuesta a las incógnitas que Hathaway no desvela.
© Del texto: Anita Noire


abr 18 2010

Historias de Filadelfia: Todo se hace mayor



scott joplin – ragtime

Cada uno con sus debilidades. Una de las mías, el cine americano de los años 40 y 50. Eso no es nada significativo. Mañana puedo darme un atracón de Nouvelle Vague y decirles que no puedo resistirme al cine francés, que Alain Resnais, Jean-Luc Godard y François Truffaut son la Santísima Trinidad y si pasado me doy un paseo por el panorama nacional soy capaz de jurar que no hay nadie mejor que Luis Escobar, Alfredo Landa y Gracita Morales.
Pero si bien no es significativo, si que puedo decir que “Historias de Filadelfia” es una de mis películas favoritas. Lo tiene todo, una historia que me divierte, unos actores que lo bordan y la capacidad de dejarte un buen sabor de boca sin empalagar.
La trama se centra en 1939, durante el transcurso de 24 horas, en una mansión señorial de Filadelpia (Pensilvania). Narra la historia de Tracy Lord (Katharine Hepburn), hija de una familia acaudalada, muy conocida en la ciudad, divorciada de C.K. Dexter Haven (Cary Grant). Tracy es indómita, caprichosa, vanidosa, con un fuerte temperamento. Trascurridos dos años del divorcio de su primer marido C.K. Dexter, está a punto de contraer matrimonio con George Kittredge (John Howard), un hombre oscuro, aburrido y mediocre.
El hilo conductor de la película lo conforma el carácter obstinado de Tracy y las ganas de desquitarse de Dexter que, para fastidiar a su exesposa, se pondrá de acuerdo con una revista del corazón (“Spy”), para que un periodista Macauley “Mike” Connor (James Stewart), junto con la fotógrafa Elizabeth “Liz” Imbrie (Ruth Hussey), tengan acceso a la mansión de Tracy, el día antes de la boda.
A lo largo de esa única jornada que discurre en la mansión de Tracy Lord, comienzan las situaciones confusas en las que la protagonista llegará a creer que tiene que elegir entre un novio del que no está enamorada, un admirador entrañable y un exmarido que la irrita con sus desaires pero del que en el fondo sigue enamorada.
Estamos frente es una comedia romántica basada en la obra de teatro del dramaturgo Philip Barry “The Philadelphia Story” escrita en el año 1939. Esta película le valió a James Steward el primero de los dos Oscars que recibió a lo largo de su carrera. Por otro lado, Katherine Hepburn (la mejor) bordó su papel de millonaria caprichosa e indolente en apariencia.
A modo de anécdota contar que Howard Hughes, compró los derechos de la pieza teatral como regalo para su amiga Katherine Hepburn, para que pudiera interpretar un papel lo suficientemente femenino que la ayudara a deshacerse de su fama de mujer poco femenina y descaradamente osada. K. Hepburn intentó desde un principio “colar de rondón” a sus amigos Clark Gable y sobre todo a su querido Spencer Tracy, pero finalmente recayó el papel en Gary Grant, por imposibilidad de agenda de los anteriores, lo cual, en realidad, fue una gran suerte para la propia película.
En este sentido puedo decir que la estrategia de Hughes falló estrepitosamente. Para mi la Hepburn siempre será esta mujer encantadoramente descarada en la que mirarse. La fuerza, personalidad y genio que trasmite esta actriz ha sido pocas veces superada. Nada voy a decir en cuanto a su fama de mujer poco femenina pues, posiblemente, eso obedezca a los cánones de las épocas, pero siempre he pensado que nadie como ella lució unos pantalones de talle alto y una camisa de hombre. Si no me creen busquen sus fotografías en Internet tienen miles) y verán como terminan dándome la razón.
La película es una comedia romántica de enredo, en la que desde el inicio se intuye la lucha de sexos y crítica social a ese grupúsculo ocioso que conforma la alta sociedad americana de la época.
En la primera escena del film, el punto y final del matrimonio de Tracy y Dexter. La primera rompiendo, en la puerta de la mansión, un palo de golf de Dexter y éste, irritado, la empuja hasta tirarla al suelo. Hoy en día, esta imagen no pasaría el filtro de lo políticamente correcto, por aquello de la violencia sobre la mujer. Sin embargo, pese a ello (quizás porque no soy nada correcta políticamente hablando), es muy buena por lo graciosa que resulta y porque no deja de ser el reflejo de lo que en aquellos momentos podía hacerse y hoy en día continuamos deseando hacer cuando se monta la marimorena matrimonial. No pasa nada.
Sin embargo, es cierto que el tiempo no pasa en balde para nadie, ni siquiera para las películas y lo que en su momento podía parecer desternillante, a la vista de hoy puede no parecerlo. No nos resulta extraño que actualmente tenga un carácter fuerte e indómito de una mujer, que eso nada tiene que ver con la feminidad. Pero en los años 40, cuando se rodó el film, estas circunstancias no acostumbraban a ser lo habitual.
Hepburn, con su personaje y en definitiva con su vida (vale la pena empaparse de su historia junto a Spencer Tracy), demuestra que los convencionalismos sociales sirven de poco cuando uno es como es. A eso me apunto, aunque a veces tenga que hacer grandes esfuerzos para ello.
Por último, destacar la música de este film, en concreto a Franz Wazman con “Main Title”, “MGM Fanfarria” y”The True Love”. Añade 2 canciones ajenas (“Lydia, The Tattooed Lady” y “Over The Rainbow”) y la marcha nupcial de Mendelssohn.
Si quieren ver una buena película, de cine clásico, con una trama no sólo inteligente, sino bien resuelta, no dejen de ver esta película. y si quieren conocer a una actriz como la copa de un pino no olviden leer y ver, todo lo que puedan de mi adorada Katherine Hepburn.
Que la disfruten.
© Del Texto: Anita Noire