nov 20 2013

Las brujas de Zugarramurdi: Un aquelarre disparatado

Alex de la Iglesia pretende divertirse con cada uno de sus trabajos. Eso se percibe desde los créditos iniciales. Y para ello, no le importa dejarse llevar por los excesos argumentales o visuales. Incluso escribe guiones (esta vez acompañado por Jorge Guerricaehevarria) que contienen altibajos y zonas faltas de sentido. Pero los trabajos de Alex de la Iglesia suelen traer cosas interesantes y mucha diversión.
Las brujas de Zugarramurdi es un disparate absoluto. Sobre todo en su parte final. El arranque es muy divertido, loco e inquietante; está filmado con mucho acierto. De la Iglesia presenta a sus personajes con ritmo frenético, con diálogos chispeantes y escenas de acción bastante notables. Si estos personajes con los que comienza la película son un monumento al surrealismo, los que se van sumando son otro al delirio total.
Hugo Silva y Mario Casas interpretan bien sus papeles. Ambos han evolucionado mucho y bien como actores, especialmente Hugo Silva. La sensación es que se lo pasan bomba. Macarena Gómez está divertidísima encarnando a una madre histérica y con muy mala leche. Pepón Nieto Y Secun de la Rosa, con personajes muy encasillados en el tópico, hacen lo que deben y lo que pueden. Las brujas, en general, están todas bien. Las famosas y las figurantes. También, el director, no escatima en papeles para los amigos, que aparecen en pantalla para hacer un chiste y ayudar al reclamo en las salas. Pero está muy bien porque todos le echan ganas y muy buen humor. El resultado, como ya pueden imaginar, es estupendo.
El guión es desigual. Va de más a menos. De la contención a cierto desbarajuste. El tramo final es excesivo y se remata con prisas y sin acierto. Los dos minutos últimos son espantosos y prescindibles del todo. Sin embargo, el conjunto no molesta porque, metidos en ese lío, los aciertos tapan los errores.
El asunto de las brujas no se agarra para profundizar. Nada de investigaciones. Es la excusa para rodar una película gamberra y, especialmente, entretenida. Nada de maravillas aunque la cosa queda resultona. Es un espectáculo con el que se pasa un rato excelente. No todo es pensamiento profundo o chapuzas indignantes. En el cine hay un espacio reservado para el cine de entretenimiento que se resuelve con cierto arte. Unos se divierten y otros hacen una taquilla notable que les permite seguir trabajando sin grandes agobios.
Alex de la Iglesia sabe lo que quiere. Los productores saben cómo colocar sus inversiones. Los espectadores saben a lo que se enfrentan. Todo en su sitio.
© Del Texto: Nirek Sabal


may 24 2013

El cuerpo: Atar cabos para tener un cabo enorme

En cine o en literatura, nos encontramos con novelas o guiones que tratan de sobrevivir con giros argumentales improbables o increíbles. Naturalmente, el relato o la película que no está instalado sobre una trama sólida o unos personajes bien construidos y desarrollados, no sobrevive con estos intentos desesperados por encontrar una salida digna. Hace falta algo más.
Por otra parte, un guión que deja atados todos los cabos no es, necesariamente, más creíble que otros. Atar cabos, ordenar todo para que encaje, está muy bien; pero si lo que ensamblamos son disparates o tonterías, el resultado final es un enorme disparate o una tontería inmensa.
El cuerpo es una película en la que el realizador y guionista Oriol Paulo procura dejar las cosas en su sitio sin tener en cuenta qué son esas cosas que maneja. Además, los personajes que presenta van de lo superficial a lo prescindible. Si sumamos una dirección actoral espantosa, en la que los actores y actrices terminan ofreciendo un recital de gestos insulsos, el resultado es muy flojo. Casi tedioso en su desarrollo, con un arranque prometedor hacia ninguna parte y un desenlace que resulta estúpido cuando trata de ser una explosión de creatividad narrativa. Y todo gracias a la cantidad de lagunas que nos encontramos en el camino. Para ser más exactos, lodazales que no pueden disimularse con facilidad.
Oriol Paulo monta la película queriendo convertir los flashbacks en fundamentales. Lo que consigue, sin embargo, es ser repetitivo hasta la extenuación. Conocemos que la situación es una y nos la repiten sin saber la razón por la que hacen algo tan aburrido e innecesario. De este modo, el metraje se le antoja excesivo a cualquiera. En noventa minutos o algo menos se puede contar lo mismo. Igual de reiterativa es la banda sonora. Reiterativa y algo violenta con el espectador ya que parece querer obligar a estar en tensión o a sufrir de lo lindo con lo que se ve en pantalla; algo que se debe intentar por otros medios, lógicamente.
José Coronado no pasa del aprobado esta vez. Está muy mal dirigido. Del mismo modo que el guión está lleno de tópicos, su personaje y su actuación están plantados en lugares comunes y sobados. Lo peor de todo es que Coronado no es capaz de escapar de allí. Belén Rueda, desenvuelta y solvente, defiende un personaje absolutamente prescindible. Sin él se podría contar lo mismo. Hugo Silva parece estar dormido, tal lo esté. Y Aura Garrido algo verde.
Demasiadas vueltas sobre la misma cosa, excesivas molestias en minucias. Todo muy previsible incluido un final que se puede ver llegar desde mucho antes. El resultado roza la idea de estar ante una película farfullera, tramposa y sin fondo alguno.
Tendrá que ser en otra ocasión.
© Del Texto: Nirek Sabal


sep 16 2011

Mentiras y gordas: Una de las peores películas de la historia

Lamentable espectáculo. Y creo que soy generoso diciendo algo así.
Un grupo de muchachos y muchachas se pasean por la pantalla. Vestidos, desnudos, drogados, sin drogar, descubriendo que son gays, bailando, follando. En realidad es lo de menos cómo aparecen o desaparecen. Son un grupo de chicos y chicas estupendos que no interpretan ni en sueños moviéndose al son de un guión completamente vacío. Creo que no hay una sola frase en toda la película que tenga un mínimo de profundidad. Todo es un desastre.
Intenta el director dar un toque moral al final de la película y reparte moralina barata. No sale, ni una sola vez, del territorio de tópico. Es increíble, pero no lo hace ni una sola vez. Los personajes son planos. Eso es muy difícil de conseguir. Ni queriendo le hubiera salido así de mal. Tratándose de una película en la que se muestran varios millones de fiestas alguien podría pensar que la música destacaría. No. Es otro tostón.
De verdad, no exagero. Es de las peores películas que he visto en mi vida. Y lo más indignante es que este producto va dirigido a los jovencitos. Si puedo, intentaré hacer desaparecer la copia para que mis hijos ni se acerquen a semejante bazofia.
Lo dejo aquí. No creo que merezca la pena malgastar ni un minuto más de mi tiempo.
© Del texto: Nirek Sabal


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oct 15 2010

Que se mueran los feos: Tipical de aquí

A estas alturas de la vida, uno se plantea de qué sirven algunas cosas. Por ejemplo, ponerse estupendo y solemne para hablar de algunas cosas. Otro ejemplo, tomarse las cosas en serio cuando, en realidad, no hay más de tres o cuatro cosas que lo merezcan. En fin, a estas alturas de la vida lo que uno se plantea es que conviene pasarlo lo mejor que se pueda. Puede parecer un planteamiento cicatero y simplón. Y lo es. Pero es que hay cosas que son como son aunque las pintemos a rayas de colores.
Que se mueran los feos es una película española. Previsible, llena de tópicos, de frases hechas, de situaciones delirantes, de humor tipical de aquí. Es una españolada del siglo XXI. En condiciones normales, me pondría algo más estupendo para repartir cera a diestro y siniestro. Pero es que no puedo. ¡Me lo he pasado tan bien viendo la película! Sí, qué pasa. Me lo he pasado de coña. Ya sé que más de uno estará pensando que he enloquecido. No le falta razón al que lo haga. Pero es que la vida (a estas alturas) es previsible; está llena de tópicos, de frases hechas, de situaciones delirantes y está vacía (v-a-c-í-a) de humor. Como da la casualidad que me resulta de lo más aburrido lo real, me encanta sentarme a ver cine y partirme de risa (eso es lo que me ha pasado mirando esta película).
El guión es divertidísimo. Un enredo colosal. Javier Cámara, Carmen Machi, Hugo Silva, Ingrid Rubio, Lluís Villanueva, Tristán Ulloa, María Pujalte y Juan Diego (¡cómo puede llegar a divertir este actor¡) están la mar de bien, disfrutando de su trabajo y haciendo disfrutar. Y del resto mejor no decir nada. Me da igual la dirección, el sonido, los decorados o el vestuario. Exactamente igual.
Me he divertido mucho. Y, ahora, prometo solemnemente ponerse profundo, estupendo, sesudo y solemne a partir de mañana. Con Polanski, con Tarkovski o con quien haga falta. Pero mañana.
© Del Texto: Nirek Sabal

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