may 10 2012

Una noche en la ópera: La mejor de las referencias

Hacer reír a otro, no sólo sonreír, sino provocarle una sonora carcajada no es algo sencillo y menos en los tiempos que corren. El humor inteligente que excluye el gesto grosero, el insulto o la exaltación de las carencias de otro, no son fáciles de encontrar. Sin embargo, hubo un tiempo, hubo un modo de hacer cine donde eso fue posible. Las películas de los Hermanos Marx son una buena muestra de ello.
El disparate organizado que fluye desde la desorganización y el caos más absoluto para volverse a organizar y mantenerte en expectante actitud para el próximo gag, eso, era una de las muchas virtudes de Groucho, Harpo, Zeppo Marx y Margaret Dumont. Humor del blanco con una retranca espectacular. Humor que, pese al tiempo que ha transcurrido desde su filmación, continúa manteniendo la frescura que en su día debió tener.
Una noche en la opera es sin lugar a duda una de las películas más famosas de los Hermanos Marx, la primera en la que ya no intervenía Zeppo. ¿Quién no recuerda la famosa escena del camarote en la que de un modo casi imposible se va llenando de personas hasta convertir aquel reducido espacio en un lío de brazos y pierna? ¿O aquella otra, tan famosa o más que la anterior, en la que Groucho con la habilidad de un buen liante se lía con lo de la parte contratante de la primera parte? ¿O la bonita declaración: Todo en ella me recuerda a Ud., excepto Ud.?
El argumento de la película pueden encontrarlo en cualquier página de cine pues, como digo, es casi con toda seguridad una de los clásicos de la comedia de las que más se ha hablado, escrito y publicado al respecto.
Sin embargo, para los que quieran una pincelada sólo apuntarles que la trama se desarrolla entre Milán, un trasatlántico y Nuevas York. Con una compañía de cantantes de ópera que viajarán de Italia en esa travesía marítima para llegar a América donde debe triunfar la compañía. Y todo este periplo dinamitado por surrealistas historias de amor, cómicos encuentros y desencuentros hasta llegar a hilarantes situaciones.
La película además, realizada con una cuidadísima producción tiene una maravillosa fotografía con unos planos exquisitos pese a los cómico que rodea muchos de ellos.
No me cansaré de repetir, una y otra vez, que en el cine clásico tenemos nuestras mejores referencias y que lo bueno, en el cine como en todo, acaba perdurando en el tiempo.
© Del Texto: Anita Noire


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nov 10 2010

Sopa de ganso: Humor universal


A veces creo que tenía que haber nacido en otra época, cuando quizás había menos cosas, la gente tenía menos posibilidades para acceder a todo y, por descontado, el cine era algo fantástico y extraordinario por lo que pocas producciones pueden considerarse malas. Seguramente porque rodar una película era una aventura y no sólo contar con medios económicos, sino con historias maravillosas, de cine. Hoy en día, con la cultura basura, el usar y tirar, encontramos películas de todo pelaje y algunas, muchas, de malísima calidad. Por eso, cuando uno quiere jugar sobre seguro, como ya he dicho en otras ocasiones, no le queda otra.
Necesitaba ver una buena película, nada sesuda, refrescarme por dentro y la encontré. Sopa de Ganso, una gansada de las que han hecho historia. Una película rodada en 1933, en un perfecto blanco y negro, con los famosos Hermanos Marx; Groucho, Harpo, Chico y Zeppo, la inestimable y paciente Margaret Dumont. Un ataque de risa que levanta el humor al más cenizo, eso es la película. Cuentan las crónicas que el estreno fue un auténtico desastre, que no gustó absolutamente nada y que ello provocó que los Hermanos Marx perdieran su contrato con el estudio. No puedo entenderlo, a mí me parece una colección completa de chistes, uno detrás de otro que nadie que tenga un sentido del humor puede pasar por alto. Chistes encadenados que a mí en días como el de hoy, en los que no me apetece nada más que una manta, una taza de té y unas risas, me devuelven la confianza en el ser humano.
El lío, pues se pueden imaginar, Groucho Marx interpretando a  Rufus T. Firefly, el recién nombrado Ministro de una república centro europea, encargado de tratar de evitar la guerra con el país vecino de Sylvania. Mientras tanto los espías Chicolini  (Chico Marx) y Pinky (Harpo Marx) intentarán por todos los medios boicotear las actuaciones de Rufus T. Firefly para, tras cientos de peripecias de lo más descabelladas, acabar uniéndose al país que preside el inestimable Rufus.
Esta película, que tiene una duración de poco más de una hora, es una sucesión de los mejores momentos del humor del cine; cada escena es más disparatada que la anterior. Los monólogos de Groucho Marx no tienen desperdicio. Cómo no recordar aquello de ¿Está usted casada? ¿Tiene mucho dinero?  Responda primero a la segunda pregunta. Momentos estelares de los que fueron los clásicos del humor (ese que no tiene nada de zafio ni vulgar, sino todo lo contrario; inteligente, desternillante y, cómo no, intemporal).
Una sátira sobre la política mundial, sobre el sistema de espionajes, sobre la diplomacia. Una película para partirse de la risa y ver que, aunque han pasado más de setenta años, lo que ridiculiza sigue al orden del día. El tiempo pasa, pero las risas siguen siendo las mismas, los gags no tenían desperdicio entonces, ni lo tienen ahora.
Hoy no era un buen día. Sin embargo, de golpe, a base del blanco y negro más intemporal, un paréntesis nos permite respirar. Menos mal que aún podemos recurrir a los Hermanos Marx.
© Del Texto: Anita Noire


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