abr 9 2012

Poderosa afrodita: Lejos de la burguesia y el psicoanálisis

Woody Allen siempre intenta explorar territorios diversos en cada una de sus películas. Suele hacerlo con acierto. Y, algunas veces, con gran solvencia, con mucha gracia y hondura.
En Poderosa Afrodita intenta la tragedia; se agarra a la literatura griega y utiliza sus esquemas sin esconderse. De hecho, forma un coro para hacerlo funcionar de principio a fin. Un coro que, como en los teatros griegos, ayuda al espectador para que comprenda lo que sucede; un coro que reacciona como debería hacerlo el público que asiste al espectáculo. F. Murray Abraham es el que interpreta el papel de corifeo. Para encontrar un nexo más poderoso, Allen utiliza la figura de Tiresias el ciego y Cassandra que profetizan sobre el futuro de los protagonistas. Hay quien ha dicho que este coro es una gamberrada que no aporta nada a la película. No es así. El coro narra el mito de Edipo que tiene grandes similitudes con la historia que cuenta la película; y termina siendo la misma cosa. O casi. El problema de este coro es que puede sacar al espectador de la película (y luego hay que entrar de nuevo, claro) hasta que este se habitua a las apariciones del corifeo y compañía. No es algo normal y quien mira necesita un aprendizaje. En cualquier caso, el coro sustituye a la voz en off de otras ocasiones en los trabajos de este director.
Allen, esta vez, abandona a sus personajes aburguesados que hacen cola en la puerta del psicoanalista. Lo hace para encontrarse con boxeadores idiotas, mafiosos de tres al cuarto y actrices porno. Todos incultos aunque capaces de razonar con cierto rigor desde un punto de vista algo especial. Aunque es excesivamente cariñoso con ellos (nos enseña sólo su lado más amable y divertido) el cambio es agradable y Allen les saca buen partido a todos.
Lenny Weinrich (Woody Allen) es comentarista deportivo. Su esposa Amanda Sloan (Helena Bonham Carter) es artista. Deciden adoptar un hijo. Con el tiempo, Lenny siente la necesidad de conocer a su madre. Comienza la búsqueda y descubre que la mujer es actriz porno y meretriz (Mira Sorvino). El resto mejor que lo descubran ustedes mismos o que lo recuerden si ya vieron la película.
Helena Bonham Carter está sosita en su papel aunque es de sospechar que Allen (él está en su línea interpretativa habitual) la esconde para que sea Mira Sorvino la que se luzca, Esta mujer defiende su papel con fuerza y de forma admirable. El director saca petróleo de esta actriz. El resto del reparto pasa desapercibido puesto que sus papeles son muy secundarios.
La banda sonora es deliciosa. Jazz clásico y de gran calidad. La puesta en escena impecable y el montaje notable.
La película está francamente bien concebida y el guión tiene la chispa que Allen muestra en sus mejores trabajos. Algunos diálogos son extraordinarios. Ya saben que sin diálogo no hay nada que hacer y Allen lo tiene muy claro. Con este de Poderosa Afrodita conocemos el punto de vista del director respecto a las obsesiones humanas, la curiosidad, la falta de seguridad frente al silencio divino que convierte cualquier intento de diálogo, inmediatamente, en un monólogo. El asunto de Dios, ya se sabe, es recurrente en la obra del director norteamericano. Un guión que indaga en estos asuntos con fuerza, con calidad y un ritmo narrativo muy ajustado a las necesidades del relato.
Si quieren asistir a una interpretación estupenda (la de Mira Sorvino), si quieren conocer la periferia social de la mano de Woody Allen, si quieren creer que todas las vidas son iguales aunque la cosmética sea diferente; no dejen de ver esta película. Se divertirán.
© Del Texto: Nirek Sabal


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feb 27 2011

El discurso del rey: Inseguridades

¿Quién no ha temido hablarle a una muchedumbre alguna vez? ¿Quién no se ha quedado en blanco por culpa de eso que llamamos pánico escénico? ¿Quién no la ha cagado a la hora de lanzar un discurso?  Creo que nadie. Todos hemos pasado por esos momentos desde que íbamos a la escuela, era puro miedo el tener que exponer unas ideas, un tema específico o el mero hecho de que estuvieran pendientes de ti cerca de 40 compañeros en un mismo aula, y un profesor también. Terror a caer en el ridículo, o en todo caso, aburrir a los demás. Lo cierto es que muchas veces esos miedos no se van ni siquiera en la madurez, como nos demuestra la historia de esta película basada en una pequeña (y casi desconocida) parte de la vida del monarca Jorge VI de Inglaterra, un hombre que padecía de un tartamudeo feroz y un miedo ininteligible a expresarse en público, o incluso hablar abiertamente de sus sentimientos. Un rey que fue coronado tras la muerte de su padre, Jorge V, y la abdicación de su hermano, Eduardo VIII. Todo ello a marchas forzadas y sin quererlo. Una persona que arrastró gran parte de su vida un absoluto complejo de inferioridad y que logró superar gracias a otras personas, su amada Isabel II (que sería la futura reina madre), y sobretodo, un hombre en la sombra: Lionel Logue, logopeda de profesión. Gracias a estas dos últimas figuras, el monarca inició un viaje en búsqueda de una seguridad y autoridad que necesitaba para hacer frente al poder nazi que se extendía en la década de los treinta y ya con la guerra en los 40; un viaje hacia sus frustraciones más profundas, aquello por lo que se quedaba paralizado y que Lionel libera de manera asombrosa en esta minúscula aunque importante parte de su vida; un viaje de aceptación de lo que realmente es, un hombre más en el mundo.
Es destacable la crítica que, en parte, se hace durante gran parte del film a la aristocracia inglesa, a todo aquello que viene de lo que llamamos sangre azul, ya que todos los personajes de esta clase social se retratan de una manera prácticamente burlesca, con grandes complejos y manías, con demasiados miedos a todo aquello que le rodea y que no responde a su autoridad, de cómo unos hombres con muchísimo poder son, en el fondo, seres inferiores. Para quien la haya visto, le recomendaría que volviera a ver la escena donde Jorge VI y Lionel se ven por primera vez (en la consulta del mismo logopeda), que viene a dar muestra de lo que resumo en líneas anteriores. Cambiando de tercio, lo que el director Tom Hooper nos propone es una película para dejarnos llevar por la ambientación de los años treinta londinenses, de preciosa factura, con unos decorados cuidados al detalle, con una recreación histórica envidiable (trajes, peinados, caracterizaciones), adornado con una planificación compositiva casi perfecta (algunas veces parecerá que estemos viendo lienzos), una música de corte clásico donde primará el piano como instrumento central creada por Alexandre Desplat, y sobretodo, una obra sustentada en todo momento por las magníficas interpretaciones de Colin Firth como el monarca tartamudo y Geoffrey Rush como su asesor y logopeda, dos actores en estado de gracia que hacen que no decaiga una historia con un guión que en manos de otros actores podría llegar al tedio, ya que éste discurso no da para más. Michael Gambon, Helena Bonham Carter o Guy Pearce vienen a completar el reparto.
En definitiva, estamos ante una cinta que podríamos definir como cuento bonito, que no daña la vista ni el cerebro, pero que no viene a contar nada nuevo, es el biopic que toca tragarse todos los años, con un duelo interpretativo soberbio que se llevará muchos premios y que será olvidada este mismo año o en los siguientes. Una pena. Bueno no, no es una pena. Yo me he divertido de lo lindo viendo actuar a Geoffrey Rush, porque ya salga en un castañazo o en una peli de puro entretenimiento, lo borda con su carisma. Otro apunte más: queda terminantemente prohibido verla doblada al castellano, bueno, eso y todas las películas que no sean de habla hispana, las obras hay que verlas tal y como se conciben. Y ya solo me queda decir una última cosa: God save the quee….the King.
© Del Texto: Gwynplaine Thor

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jun 28 2010

Alice In Wonderland: Ni pasen ni vean, por favor.

Alice In Wonderland de Tim Burton es una película mala y grotesca. Yo nunca llevaría a unos niños a verla porque tiene un mensaje bastante negativo, porque aparecen en ella muestras de crueldad escatológica e innecesaria que no creo oportuno que presencien a los menores. Como me parece aburrida tampoco la recomendaría a los adultos que no van a encontrar en ella nada de su interés. Quizás algún adolescente desequilibrado sea capaz de aumentar la perturbación de su mente con este despropósito de historia.
Estéticamente es pobre, oscura, casi gótica y aunque nada tengo en contra de los góticos no me parece que sea el tono adecuado para esta historia. Visualmente es más cercana a un videojuego no demasiado innovador que a cualquier otra cosa. Las únicas partes que no son oscuras, las que pertenecen al mundo de la llamada Reina Blanca son cursis hasta la caricatura y ninguno de los guiños con los que guionistas y director pretenden divertirnos funcionan.
No se salva nada. El trabajo de las actrices no merece la pena ni ser comentado y todo es desacertado hasta la exageración. Anne Hathaway está para quemarla en una hoguera (artística y metafórica, que no se me malinterprete. Yo no soy como ellos) y Helena Bonham-Carter ha encontrado definitivamente su registro como cabezudo malvado.
No merece la pena compararla con las obras que se supone que la inspiran. Todo es una burda utilización comercial y hasta los retazos que quedan de aquellas han sido pervertidos y despojados de su naturaleza.
Es rebuscadamente difícil hacer algo tan mal con tan grandes antecedentes y tan ingentes recursos. Resulta inconcebible cuando son tantas las cabezas que piensan y deciden en una producción de ese tipo. ¿Cómo se habrán convencido unos a otros de lo que estaban haciendo? ¿O será más bien que nadie hizo nada confiando en que los equipos de efectos especiales iban a resolver el desaguisado? Pues hasta la postproducción y los efectos digitales requieren un planteamiento previo y serio.

Una película ínfima. No es de extrañar que estuviera yo solo en el cine. Ni siquiera la reinvención de las tres dimensiones (por cierto que no son tres, son cuatro) le aporta nada.
Es previsible, burda, llena de tópicos sacados de los peores filmes de hadas y con un tufo a mundos medievales desquiciados y mal interpretados. Un totum revolutum infame. Es seria candidata a competir, desde mi humilde punto de vista, en los Razzies 2011 como peor película, peor secuela, peor director, peor guión y peores actores y actrices, protagonistas y de reparto.
Cuando descongelen a Walt Disney le va a dar algo.
Lo único que se salva es la interpretación de Madonna en el papel de Mad Hatter…
¡Ah, que no era Madonna!
Me hubiera ido del cine.
© Del Texto: IVOR QUELCH


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