feb 11 2014

La última llamada:

No descubro nada si digo que sólo sorprende lo que no se conoce y llega de forma inesperada. Pues bien, algo tan simple no parecen saberlo algunos guionistas de cine. Resulta patético e irritante que alguien se quede tan ancho después de intentar colar una idea vieja y gastada como si fuese la gran novedad cinematográfica.
La última llamada es una película que arranca bien. Muy bien. La primera media hora resulta electrizante, inquietante. Todo funciona a las mil maravillas. Los encuadres son los que tienen que ser, el ritmo narrativo es espléndido, Halle Berry está bien, el guión se mantiene a un nivel más que notable. Pero claro, la imaginación del guionista se queda sin fuelle y eso, en cine, no puede ocurrir. Si el guión se viene abajo todo tiende a desplomarse como un castillo de naipes. En La última llamada llega un momento en que los intentos de giro argumental se convierten en un insulto a la inteligencia por ser previsibles y chapuceros. Del mismo modo que la tensión te ha pegado a la butaca durante un buen rato, las ganas de salir corriendo se hacen irresistibles con esas trampas tan evidentes.
La cámara del director Brad Anderson (excelente en sus series; irregular en la gran pantalla), sigue en un sitio privilegiado, pero da igual; el desastre arrolla todo lo que encuentra a su paso.
La última llamada cuenta cómo viven un par de situaciones terribles en el centro de llamadas de emergencia de la policía. Un tarado, un par de jovencitas y la operadora (Halle Berry), son los ingredientes fundamentales. Lo terrible del argumento en su arranque es angustioso. Hasta que la cosa se convierte en una idiotez. El desenlace es, sencillamente, bochornoso.
Una pena de trabajo porque con un poquito de imaginación todo hubiera sido estupendo.
© Del Texto: Nirek Sabal


ene 23 2013

Muere otro día: Homenaje digital a Bond

Vigésima entrega de la serie Bond. Cuarta y última aparición de Pierce Brosnan interpretando el papel de James Bond. Cine de evasión, de divertimento. 007 enredado en el mundo digital. Una chica Bond de quitar la respiración (aunque si ya te la ha quitado Ursulla Andress el colapso es menor). Unos villanos que, como pasaba en la época de Sean Connery, quieren hacer maldades para poder controlar el mundo entero. Y que son malos de verdad. La momia de Madonna en pantalla. Un palacio de hielo. Un satélite mortífero. Un avión que nunca se cae al suelo. En fin, una película que lleva al extremo todo disparate posible y que, tal vez, funciona por esa misma razón. Si alguien necesita un par de horas de evasión, esta es la película.
Brosnan está mayorcito para el papel. Se le ve elegante y puaperas, pero con unos añitos de más como para andar corriendo esos peligros y ligarse a esas mujeres tan despanpanantes. Interpreta un Bond que roza (a veces) la frivolidad o tontería del Bond de Roger Moore y la oscuridad del Bond de Timothy Dalton en Licencia para matar. En esta película, la venganza mueve al agente secreto aunque, a mitad de la cinta, es la salvación del mundo la motivación principal. Los amantes de la serie pueden quedar algo decepcionados con esta película; quiere ser un homenaje a todos los trabajos anteriores y se convierte en un batiburrillo. Entonces ¿por qué funciona, por qué alguien se la traga sin rechistar? Seguramente, porque el ritmo es frenético, no queda tiempo para pensar ante tanta escena de acción.
Se trataba de hacer que el espectador se quedase pegado al sillón pasando el rato. Y eso lo consigue el director, Lee Tamahori, sin grandes problemas. ¿Es esto suficiente para una película de cine? Claro que no. A decir verdad, este Bond no es el de Ian Fleming, ni el de Connery, ni el actual de Daniel Craig. Y Bond no es un personaje de ciencia ficción (en esta película se roza el género). Tamahori rapta al personaje y lo devuelve hecho unos zorros.
Halle Berry pasa sin pena ni gloria por la pantalla. Salvo esa primera aparición (homenaje al que realizó la señora Andress) no desarrolla un papel que deje poso. Ni se la dan diálogos que hagan crecer al personaje ni la trama se soporta, mínimamente, sobre ella. Más blandita de lo que cabía esperar.
Judi Dench estupenda. John Cleese inadvertido. Toby Stephens cumplidor. El resto aparecen o desaparecen como si nada, Incluida Madonna.
De los guionistas Neal Purvis y Robert Wade hay poco que decir. Toman ideas de otras películas de la saga, las agitan y sueltan lo que se les ocurre en forma de exceso. Eso sí, multiplicado por un millón. Deberían haber explicado a estos chicos que 007 es mortal y que el mundo es el mundo.
La partitura de David Arnold está bien. No es la mejor aunque tampoco es la peor. Acompaña la acción sin estridencias y presenta versiones del tema principal que resultan agradables y muy divertidas.
El cine tiene un componente de espectáculo que nadie puede negar. Muere otro día es espectáculo puro. Aunque se queda en eso y poco más. Ahora bien, si quiere pasar la tarde sentado frente a una pantalla, comiendo palomitas, sin pensar en otra cosa que no sea un agente secreto y sus cositas, Muere otro día es ideal. Nada de guiones magníficos, ni personajes profundos, ni encuadres prodigiosos. Nada más que acción, héroes, villanos y chicas explosivas (Rosamund Pike también está muy guapa).
© Del Texto: Nirek Sabal