mar 2 2011

Ice Cream: Do You Suck?

Este corto, dedicado a William Burroughs, trata de una pareja y un helado. Durante los 8 minutos y 10 segundos de película, una chica lame de forma lasciva-compulsiva un helado mientras un chico se masturba desesperadamente hasta casi agonizar. De sonido de fondo, unos espirituales cánticos que la chica baila en estado de trance y camisola blanca, sin dejar de lamer su helado y una voz en off recitando los versos del poema Ice cream:

Nos mirábamos con ternura.
Mientras arrancábamos palabras imposibles.
Palabras imposibles.
Palabras.
Palabras imposibles.
Ice cream es largo, fino y sensible.
Su piel llena los sentidos.
Siente el calor de un cuerpo dentro del suyo.
Es un cuerpo largo, fino y sensible.
Es un cuerpo inútil.
Siento las manos húmedas.
Siento las manos húmedas y no puedo hacer nada,
nada,
Nada.
El cuerpo se desliza encima del vientre,
Incluso más abajo del vientre.
Aprieto con fuerza los músculos.
Todo es inútil ya.
Ice cream gotea,
Es demasiado tarde.
El acto es largo, penoso,
largo.
El acto es largo,
Penoso.
Estoy mojado.
Los cuerpos se separaron con tristeza.
Los cuerpos se separaron con tristeza.
Ice cream olvidado.
Ice cream olvidado.
Se fundía junto al polvo.

Este lujurioso poema de Antoni Padrós fue filmado en blanco y negro y en cámara de cuerda de 16 mm en 1.970. En principio estaba pensado en plano secuencia, pero debido a las limitaciones de la cámara, que sólo permitía planos de 25 segundos máximo, se rodó en múltiples fragmentos cortos montados de forma que pareciese un único plano.
Me hubiese gustado mucho recopilar más información sobre la realización, pero me ha sido imposible encontrar más información sobre Antoni Padrós y mucho menos sobre cámaras de cuerda en este infinito mundo de Internet. Qué le vamos a hacer.
La película, de atmósfera underground, la aconsejo para hippies y progres de la época. Y, sobre todo, para fanáticos de la generación beat, con su lote de alucinógenos y su inexcusable ración de sexo sucio y pringoso.
Do you suck?
Por supuesto, el chico nunca terminó.
© Del Texto: Sonia Hirsch


jun 13 2010

Sex, Lies and Videotapes: Lo más de lo más en estafas

A principio de los 90 se veneraba esta película como si fuera una obra prototipo de “lo más de lo más”, muy fashion.  El título combinaba elementos tan llamativos como las “Mentiras” (a todos los que tenemos un cotilla preparado para salir, nos atraía con fuerza), el “sexo” (todos ávidos de encontrar algo suculento, novedoso); y, por último, las “cintas de video” (por aquel entonces, era algo modernísimo  y podíamos vacilar de que disponíamos de los sistemas VHS, Betamax y 2000).

Todo muy moderno, todo muy espectacular, todo muy yuppie. Pero como acostumbra a pasar, la perspectiva del tiempo arrasa cualquier cosa y hace que aquello que era rompedor y novedoso, o al menos lo parecía, deje de serlo y que, lo que tanto nos gustaba, llegue a parecernos incluso un poco ridículo.

Eso es precisamente lo que le pasa a esta película. De hecho, es una pequeña estafa, pero no ahora que el tiempo ha transcurrido, sino incluso entonces, cuando se estrenó.

El argumento de la película: La historia de cuatro personajes, a través de los que se nos pretende explicar el quid del voyeurismo. Ann (Andie Mc Dowell) y John Millaney (Peter Gallagher), un joven matrimonio de guapos y triunfadores sociales que apenas mantienen una relación afectiva entre ellos y en la que la esposa recela del sexo con su esposo (él lo solventa con una amante Cynthia (Laura San Giacomo), su cuñada). Un buen día, se instala en casa del matrimonio, Graham (James Spader), amigo de la universidad de John que trabaja en un proyecto (que nunca termina de explicar) y para el que graba las experiencias sexuales de distintas mujeres. A este experimento se unirán Cinthy primero y Ann después, lo cual tendrá consecuencias en la relación que ambas mantienen con John. En este ámbito los protagonistas ser irán desprendiendo de sus inhibiciones y prejuicios, derrotando al único que de todos ellos miente.

Steven Soderbergh, su director, pretende engañarnos con recursos facilones, como es una buena  fotografía (proviene del mundo de la publicidad, no debe olvidarse) y una sorprendente banda sonora, pero el espectador no es tonto y lo que pretende ser una historia deslumbrante, vendida por la prensa hasta la saciedad como “lo más de lo más” no pasa de ser una opereta con pinceladas del morbo que producen las relaciones adulteras y el sexo.

Como curiosidad contar que el guión de esta película fue escrito en ocho días y filmado en Baton Rouge (localidad de origen del director), en otros treinta, con un presupuesto muy bajo. Pese a ello, obtuvo diversos premios internacionales, entre ellos la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes.

Sin embargo y pese a ello, fue la opera prima del director y se nota. Muchas de sus escenas y diálogos no están demasiado bien resueltos. Por poner un ejemplo: la constante intención del director de no mostrar cuerpos desnudos en escena, pese a ser una película que pretende hablar de sexo, hace que termine mostrando planos totalmente forzados y extraños.

Sin embargo, a pesar de todo, no podemos negar que nos encontramos ante una película intimista que nos habla de los sentimientos, de los afectos y de las relaciones interpersonales, lo cual no siempre es fácil.

En conclusión: Una película, en su tiempo alzada a los altares, que hoy bien puede servir para una noche de sábado en casa si no tiene mejor plan.

© Del Texto: Anita Noire

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