jun 28 2011

Repentinamente: Cine negro, pero negro de verdad


Suddenly es un pequeño pueblo de Estados Unidos. El presidente de ese país parará de forma inesperada para sus habitantes en la estación de ferrocarril con el fin de visitar la finca de un conocido. Pero un maleante a punto de morir ha dado la alarma. Alguien intentará asesinar al presidente en Suddenly. En el pueblo no ha pasado nada especial desde cuarenta años atrás. En un solo día ocurrirá todo.
Asesinos a sueldo, policias duros, el FBI, una mujer bella e inocente, un niño, su abuelo, héroes y armas. Ingredientes exactos para construir una película del género negro. Una forma de narrar que extrae desde lo cotidiano todo eso que tiene que ver con el pesimismo y con un ser humano descreído. Da igual si el final es feliz o no. Porque durante todo el relato lo que emana de los diálogos y de la sicología de los personajes es oscuro. Repentinamente es una película que guarda dentro ese espíritu. Lewis Allen se encarga desde el principio de ir marcando fronteras que acotan con exactitud los territorios.
Un sicario que fue héroe de guerra. Pero que lo fue porque era capaz de matar sin compasión, porque disfrutaba con cada disparo. Una mujer frágil (por ser mujer) que acabará entre los brazos del héroe del relato. Maldad a raudales por parte de los malos. Y algo de maldad para compensar esa por parte de los buenos. Un niño sin sitio en la sociedad pensada por los adultos. Y un asesinato gratuito que sólo beneficiará al que lo comete haciéndole millonario.
Frank Sinatra es el asesino. Sin que le acompañe el físico (excesivamente delgado y pequeño como para aparentar tanta locura) logra una interpretación creíble. Sterling Hayden es el policía de Suddenly. Un papel de tipo duro que rebosa machismo por los cuatro costados que defiende Hayden con acierto. Nancy Gates es la chica. Más machista que todos los demás juntos. La dirección de actores normalita. Se percibe un clara influencia de la escuela teatral en las interpretaciones de todo el elenco como en todo el cine que se hizo en esa época..
Los diálogos tienen más zonas claras que oscuras. Van perfilando a los personajes con fuerza según avanzan. Y es esto lo más importante de la película puesto que técnicamente no se puede destacar gran cosa.
La película ha envejecido más que bien y puede verse en la actualidad como si se hubiera filmado hace unos meses.
Muy entretenida y algo inocente. Pueden verla entera (en versión original) en el vídeo que tienen más abajo. Disfruten de hora y media de puro cine negro.
© Del Texto: Nirek Sabal


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jun 12 2011

Pequeñas mentiras sin importancia

Todos para uno y uno para todos
Muchas son las películas que tienen como protagonistas a un grupo de amigos y sus aventuras o circunstancias, o lo que sea que les suceda durante la duración del filme. Y normalmente suelen ser comedias superficiales o vacías, un trozo arrancado de la vida de algunos sin principio o final definido, algunas más fantásticas que otras, que durante noventa minutos te hacen reír mientras zampas unas palomitas, pero en el noventa y uno vuelves a estar como antes de entrar a la sala. Además dicen que las francesas son las peores, que nuestros vecinos del otro lado de los Pirineos no saben hacer comedias buenas y que siempre se quedan a medias. Con excepciones, claro.
Pequeñas mentiras sin importancia es una de ellas. No solo porque es una comedia, sino una comedia dramática, que rompe con este esquema ya descrito. Aunque no deja de ser un trozo de la vida de algunos, encontramos en dos horas y media de película algún trozo de la nuestra. De título original Les petits mouchoirs (pañuelos pequeños según la traducción literal), es un cofre de emociones que hace reír a carcajada limpia o derramar alguna lagrimilla, porque dos horas y media de emociones dan para mucho.
Un grupo de amigos desde la adolescencia decide irse de vacaciones a la playa, como tienen por costumbre todos los años, a pesar de que ese año uno de ellos se queda ingresado en el hospital tras sufrir un accidente. Aún así toman la decisión de hacer el viaje, pero acortarlo unos días para volver antes. Los integrantes de este grupo son todos de su madre y de su padre: algunos ya casados y con hijos, el vive la vida en plenos treinta y cinco, el inseguro que ha perdido a su novia, la chica dura que está para y por todos menos para sí misma, la esposa comprensiva pero dominante, su obsesivo marido, el deportista zen, el viejo lobo marino que a todos tiene algo que enseñar… La construcción de personajes es más sólida sólo en algunos, pero todos y cada uno de ellos representa algo y tiene un mensaje para el espectador, al igual que para ellos mismos.
Y es que 15 años de amistad entre 10 personas no pasan en balde. El tiempo pasa, las personas evolucionamos, y con ello arrastramos pequeños pedazos de nuestra vida que no pueden quedarse atrás por los motivos que sean, pero se hacen más llevaderos cuando sabemos que tenemos a alguien a nuestro lado en quien confiar. Aunque todos tenemos nuestros pequeños secretos, nuestras dos caras, nuestras ganas de fingir en determinados momentos para escapar del dolor porque compartirlo es a veces más doloroso todavía. Sin embargo no es más que una mera contención de sentimientos que, tarde o temprano, tienen que salir a la luz. Para desahogarse, para hacer un lavado de conciencia, para dar las explicaciones que nunca se dieron… llamémoslo X, acaba doliendo igual.
Sin embargo, podemos reírnos de ello y si eso, después lloramos un poquito. Así nos lo enseña Guillaume Canet, conocido más como actor que como director, pues Pequeñas mentiras sin importancia es su tercer largometraje, y con él ha conseguido nada menos que alcanzar los cuatro millones y medio de espectadores en Francia. Una cifra totalmente justificada puesto que esta película es un acercamiento a la vida real de todos aquellos que vivimos la vida sintiéndola en cada paso que damos. Y si la acompañamos de una buena banda sonora es más llevadero. Con temas de músicos como Damien Rice, Ben Harper, David Bowie, Janis Joplin, y la emocionante adaptación de Nina Simone del My way de Frank Sinatra, Pequeñas mentiras sin importancia es una máquina de carcajadas atronadoras y lágrimas con significado, sin pretensiones, sin caer en el tópico, capaz de mantener un ritmo constante de empáticas emociones y de cobrar más fuerza al final, cuando parece que hay una bomba haciendo tic-tac, a punto de estallar. La bomba de la vida.
© Del Texto: Coletas


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abr 4 2011

Manhattan: Los intelectualoides contra Tracy

Esta es la historia de una ciudad que dejó de ser ciudad para convertirse en la protagonista de una película. Que se llevó todos los premios como decorado perfecto y que vigiló a un grupo de intelectualoides snobs entre sus avenidas blancas y negras bajo el efecto de un eterno Rhapsody in blue.
Entre los intelectualoides, una estudiante atolondrada e inexperta incapaz de llegar al nivel de sus amigos y que es excluida por hablar como el ratón de Tom y Jerry y por no entender muy bien las abstracciones de Jackson Pollock, la profundidad emocional de William Faulkner o la pronunciación exacta de alegórico y didacticismo.
Los amaneceres en el Central Park con un perro salchicha como sustituto del pene, La educación sentimental de Flaubert, la novelización de las cartas de Tolstoi, los besos en el planetario bajo constelaciones y cometas, el segundo movimiento de la Sinfonía Júpiter, los amantes mezclados con los cónyuges, Kierkegaard, las ex mujeres que se vuelven lesbianas de la noche a la mañana y se dedican a publicar los chismes autobiográficos de su pasado hetero, Groucho Marx, Louis Armstrong, las relaciones amorosas con principiantes, las manzanas y peras de Cezanne, Marlon Brandon y Frank Sinatra, las ansias por la superioridad intelectual y por la imitación, y la madurez abandonada de la mano de dios son, yo creo, el carácter de esta raza tan encantadora y tan cargante a la vez que forman los snobs, ese grupo estupendo de eruditos monotemáticos y charlatanes que no tienen bastante con pulverizarse sus propios sesos que nos lo pulverizan a todos con un arsenal de sabiduría del que se jactan a nuestra costa.
Yo esto no lo confundiría con la cultura, no veo paralelismo posible. Creo que todos tenemos un gran almacén de experiencia y conocimiento, y que, incluso, la intuición más imbécil tiene un juicio y razonamiento.
Y así terminó esta bonita película. Dándole toda la razón a Tracy, una inexperta estudiante que resultó ser el único personaje sensato e inteligente de toda esta historia.
Y, ahora, no puedo evitar recordar una aguda cita de Wittgenstein que dice que de lo que no se puede hablar hay que callar y que yo terminaría así: …y de lo que se puede hablar también. Agradezco mucho el silencio.
© Del Texto: Sonia Hirsch


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oct 9 2010

Casablanca: Siempre nos quedará volver a ella

¿Hay alguien que esté harto ya de ver Casablanca y que no quiera volver a verla nunca más? Dejen sus firmas abajo por favor, me da curiosidad, porque yo nunca me canso de volver a verla.
No sé cuántas veces he visto Casablanca. Infinitas. Seguramente ustedes también, no en vano es “la película más querida por todo el mundo en todo el mundo”. “The most loved film ever”, eso dicen. De modo que con seguridad ustedes ya saben todo sobre Casablanca, ya saben todo sobre el Rick’s café, las varias historias que se cuentan en la película, (hasta seis), los personajes atrapados por la guerra y sobre esa historia de una mujer enamorada de un hombre y devota de la obra de otro.
¿Qué falta por contar de Casablanca? Muy poco. Casi todos saben que el guión se basó en la obra teatral “Everybody comes to Rick’s”, que se rodó en poco tiempo, (algo más de dos meses), que el final fue poco menos que improvisado, que el papel de Rick se le concedió a Bogart por ser el hombre más deseado por las mujeres de Warner (se había pensado en Ronald Reagan pero estaba comprometido con las Fuerzas Aéreas)… que está repleta de diálogos sublimes, (Ugarte: “me desprecias verdad?” –Bogart: “si llegara a pensar en ti…. probablemente”) y que frases como “Los alemanes iban de gris, tú ibas vestida de azul”, “Siempre nos quedará París” o “Creo que éste es el principio de una bella amistad” están dentro de las cien frases más famosas de la historia del cine, y que junto con otras tres, hasta un total de seis, convierte a Casablanca en la película con mayor número de frases en esta lista. (Luego diré cuál de las seis es mi favorita).
Dicen que los guionistas introdujeron diálogos que hacían referencia a no saber cómo iba a acabar la película, y que Ingrid Bergman había comentado desesperada que no sabía de qué hombre tenía que enamorarse. También hay otras teorías que afirman que fue el director, Michael Curtiz, quien les hizo creer tal cosa para que su desconcierto en cuanto al final fuera el mismo que sentían los personajes frente a sus destinos en la historia que les ocupaba.
No he leído sin embargo en ningún sitio, y eso me agrada porque es mi pequeña aportación personal, algo que llama poderosamente mi atención siempre que veo Casablanca. Y es que encuentro que nadie, nadie en la historia del cine de todos los tiempos ha llenado tanto de luz una pantalla como Ingrid Bergman cuando entra la primera noche vestida de blanco en el Café de Rick. Ingrid Bergman solo tenía 26 años cuando interpretó a Ilsa, parece increíble que una chica tan joven pudiera aportar tanta profundidad al personaje.
Sobre la mítica escena del avión, una pequeña curiosidad que quizá no sepa todo el mundo. El avión era una maqueta, y para darle veracidad y que pareciera que estaba lejos se utilizaron enanos como actores (esos pequeños hombrecitos que se ven al fondo, alrededor del avión, figurando mecánicos del aeropuerto).
Son muchas las anécdotas acerca de Casablanca, rumores sobre el rodaje, muchas las teorías sobre la elaboración del guión y algunas contradicciones. También hay grandes acuerdos, como la afirmación de que es una película irrepetible que como los buenos vinos mejora con el tiempo y la certeza de que si Bogart e Ilsa hubieran acabado juntos, Casablanca no se habría convertido en leyenda.
En cuanto a mi frase favorita… “De todos los garitos del mundo en todas las ciudades del mundo, ella entra en el mío”
“Of all the gin joints in all the towns in all the world, she walks into mine”
Y es que para vivir una gran historia, a veces hay que entrar en el lugar más recóndito, el más insólito, el más inimaginable.
© Del Texto: pyyk

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jun 25 2010

La batalla de Hadiza: Desde Hadiza con amor

Me senté a ver La Batalla de Hadiza después de sufrir un golpe en la cabeza. Nada serio, pero si lo suficiente como para que me doliera y condicionara el día convirtiéndolo en momento de reposo. Debió de ser producto de este porrazo por lo que abandone mi tendencia a ver películas pastelosas. Esta vez, bélica, Iraq.

Y ahí me pregunto yo ¿Quién me mandaría a mí meterme en semejante vergel? La película de Nick Brooomfield adopta la forma casi de un documental. El argumento de la misma es un hecho verídico sucedido en Hadiza (Haditha – Iraq), en concreto la matanza ocurrida el 19 de noviembre de 2005. Aquel día los insurgentes iraquíes colocaron una bomba en la cuneta de una carretera por la que tenía que transitar un convoy de marines estadounidenses. La colocación de la bomba, a los márgenes de una carretera que cruzaba el pueblo de Hadiza hizo que sus moradores observaran la colocación de aquel artefacto y que nadie, de aquella población civil, hiciera absolutamente nada por salvaguardar su integridad física. Temían denunciar este hecho a los propios insurgentes y ser acusados de colaboracionistas, con las consiguientes torturas por parte de los suyos, y temían avisar a los soldados americanos y ser acusados de insurgentes. Al final, el artefacto explotó provocando la muerte de un soldado americano y graves heridas al resto de ocupantes de uno de los vehículos del convoy. A partir de este momento, los Marines inician una acción de represión contra la población civil, que termina con la muerte de veinticuatro personas, casi todas mujeres y niños.

La película no me gusta por tendenciosa. Es cierto que escoge muy bien cada uno de los momentos en que se desarrolla las acciones, que separa muy bien, la intervención del bando americano del de los propios iraquíes. Que intenta retratar sus personajes. Pero no me gusta. Sé que la finalidad de la película era mostrarnos que, en el día a día, en el cuerpo a cuerpo, es difícil separar la línea de lo que es la defensa de los intereses de una nación, de lo que es salvar la propia vida o la de los que tienes a tu lado o a tu cargo. Que una cosa son las guerras vistas desde los despachos, a cientos de miles de kilómetros y otra muy distinta, vivirlas a pie de calle.

Pero como digo no me gusta por tendenciosa. Los americanos son malos, muy malos, tontos, imberbes, maleducados y los iraquíes son buenos, buenísimos, incluso cuando ponen una bomba que puede matar no sólo a los americanos, sino a los suyos que pasen en aquel momento por allí. Por eso no me gusta. Porque estoy segura de que el mensaje que Broomsfield quiere transmitir es el de  la existencia de una inmediatez brutal en la guerra que puede desatar, de una manera irracional, la fiereza del ser humano, con independencia de que lo que defienda sea muy o poco legítimo, pero lo transmite fatal. O eso me parece a mí.

El inicio de la película deja claro este mensaje cuando el cabo Ramírez (Elliot Ruiz) dice que su aspiración es llegar vivo cada noche a su barracón, que ignora en realidad cual es el motivo por el que está en Iraq.

Las guerras al final se convierten en algo individual. El insurgente iraquí, el que coloca la bomba, como un amante padre de familia, donde pone de manifiesto que tras estar más de un montón de años en el ejercito, no le quedaba otra que jubilarse con una pensión ridícula y se suma a la Guerra Santa. Un soldado americano, que tras sufrir unas gravísimas lesiones en una anterior estancia en Iraq se reengancha al servicio porque sólo le queda una paga de  300 dolares USA. La situación de Iraq, de sus habitantes, del país, es lo de menos. Lo que mueve a los que están sobre el terreno son cuestiones bastantes más domésticas.

No acostumbro nunca a recomendar nada. Hagan lo que quieren, si quieren ver una película donde a uno se los tacha de tontos muy tontos, y a otros de buenos, buenísimo pues aquí la tienen. Una película bélica, con un formato de documental que, por mí, pueden tirar al cubo de la basura por muchos premios que se le hayan concedido, entre ellos, (información para forofos de los premios) la Concha de Plata del festival de San Sebastian.
© Del Texto: Anita Noire


may 12 2010

El experimento: Como la vida misma


Frank Sinatra and Celine Dion – All The Way

“Se busca gente para un estudio, gane 4000 marcos por participar en un experimento de 14 días en una cárcel simulada”. Con este anuncio se pone en marcha un experimento sociológico en el que dos grupos de personas adoptarán los roles de presos y guardias respectivamente. Los presos deben cumplir un buen número de reglas. A los guardias, en cambio, lo único que les dicen es que deben garantizar el orden y hacer que se cumplan esas reglas, evitando usar la violencia.
Pero hay muchos tipos de violencia.
Lo peor de todo es que esto fue real y, al parecer, el experimento hubo que abortarlo mucho antes que el de la película. Si lo piensas bien, pasa lo que tiene que pasar. Es una vieja historia la del tonto del barrio al que le dan el poder y machaca a todo el que le rodea. El poder es adictivo y humillar al prójimo es la mayor demostración de poderio.

Al principio del experimento vemos a los guardias bromeando con los presos, de buen rollito, y en menos de una semana los vemos meando sobre su cabeza.
Un periodista infiltrado entre los presos es el que nos introduce en esta historia de humillación. Humillar para que te respeten, sembrar terror para recoger respeto.
Y es que esto es la vida real: políticos, ejércitos, bancos… Todos mean sobre nuestras cabezas. La pregunta que yo me hago es la siguiente: si yo estuviera en su lugar, ¿también mearía sobre tú cabeza? Quiero creer que no, pero eso sería otro experimento.
© Del Texto: Atolladero