ene 6 2014

No se lo digas a nadie: Una joya que pasó desapercibida

Por más que me pregunto por qué hay películas estupendas que pasan desapercibidas, por más que busco respuestas aquí y allá; no soy capaz de entenderlo. Las distribuidoras no apuestan por nada que no esté realizado con mucha pasta y venga precedido de una promoción colosal. Aunque eso, por lo que se juegan los cuartos, sea una auténtica bazofia; lo importante es lo bonito del cartel y lo atractivo del trailer. Así les va, claro. El público no es tonto y hasta el peor de los aficionados no traga con cualquier cosa. Además, hoy con esto de la internet, las opiniones se difunden con rapidez. El problema, el gran problema, es que esas opiniones llegan si la película se distribuye, si llega a las salas. Si los aficionados no saben que algo existe poco pueden hacer para evitar engaños o por difundir un buen trabajo.
No se lo digas a nadie (Nes les dis à personne) es de esas películas que no se han visto en España. Al menos, no se distribuyó más que en cuatro sitios. Ahora, se puede ver en internet (por ejemplo, iTunes la tiene incluida en su catálogo de venta y alquiler). Una pena lo primero y una oportunidad esto último. Porque es una película estupenda.
Se trata de un thriller dirigido, muy bien, por Guillaume Canet; adaptación de la novela de Harlan Coben (el propio director es el guionista acompañado por Philippe Lefebvre). Con un montaje excelente en el que se superponen acciones de diferentes tiempos, con el que se logra un tempo justo por su tranquilidad en el que no sobra un minuto, nos cuentan lo que le sucede a Alexandre Beck, un reconocido pediatra, cuando pierde a su mujer. Desde esa pérdida al momento elegido para desarrollar la trama, el director inserta una elipsis que está llena de interrogantes y que irá llenando de contenido a medida que la trepidante acción se va desarrollando.
La trama se redondea con giros argumentales muy sólidos por estar justificados y por aportar un grado de verisimilitud altísima al relato. El guión se hace absorvente y se remata muy bien, como sólo podría ser después de un desarrollo estupendo. Sin estupideces de última hora, sin prisas, sin atropellos. La tensión que se genera desde el principio deja pegado al sillón hasta llegar a un final conmovedor.
No se lo digas a nadie se acerca al Vértigo de Hitchkock, a ese romanticismo que flirtea con la necrofilia. Y a El fugitivo cuando percibimos la persecución del que creemos inocente.
Sin duda, la película funciona, entre otras cosas, porque François Cluzet se empeña en ello. Él es el que defiende el papel protagonista. El reparto al completo se esfuerza, disfruta. La dirección de Canet con los actores es una maravilla. Hasta la banda sonora se apunta al excelente nivel.
¿Por qué las películas de esta categoría quedan en el olvido? ¿Por qué no se les da ni una oportunidad? No hay respuestas lógicas. El mundo de la cultura es, eso, falta de lógica en los últimos tiempos. La pena es que nos siguen metiendo gato por liebre pensando que somos algo tontos. Y, luego, se quejan de tener los cines vacíos por el dichoso IVA. Señores, es por el IVA, por el precio con el que quieren ganar más de la cuenta y porque nos dejan ver mucha basura. Es por todo ello. Alguien debería reflexionar sobre el asunto. Aunque sólo fuera un ratito. Les iría mejor.
© Del Texto: Nirek Sabal


jun 10 2012

Alrededor de la medianoche: Alrededor de la buena música


¿Le gusta el jazz? ¿Le gusta el cine? Si ha contestado sí a todo, eche un vistazo a la película Alrededor de la medianoche. Si duda al contestar, mejor ni lo intente.
El director Bertrand Tavernier intenta (sin exceptuar una sola escena de la película) que la música de Herbie Hancock evoque la secuencia que acompaña. Lo simbólico de la imagen, su significado más íntimo. Y que cada imagen dibuje el sonido trazando contornos de lo que se ve, o no, desde la música. En esta película, la música se funde con la imagen sin enseñar fisuras.
Otra cosa es que guste más o menos. Es lenta y los actores (en su mayoría) son músicos. Por ejemplo, el gran Dexter Gordon interpreta el papel de un músico en horas bajas (Dale Turner, protagonistas de la trama) y, desde el principio, el espectador sabe que se interpreta a sí mismo. La música como única posibilidad de entender el mundo; Turner como única posibilidad de entenderse a sí mismo. Esto hace de la película una cosa rarita. Extraña. Pero, al mismo tiempo, deliciosa, entrañable y muy acogedora.

Por la pantalla desfilan contrabajistas (el gran Ron Carter), guitarristas (el no menos grande John McLauughlin) o el mismísimo Martin Scorsese en un papel menor. Y una niña (Gabrielle Haker) que luce una sonrisa de la que entre fusas puedes quedarte prendado por siempre jamás.
Dale llega a París y entabla una extraña amistad con un dibujante (François Cluzet). Este cree estar en deuda con el saxofonista porque ha sobrevivido a un desastre personal gracias a su música. Cuida de él para compartir un nuevo rumbo en su vida. Turner, bebedor y perdedor incansable, terminará ocupando el lugar que él cree tener reservado para poder seguir siendo.
Aunque sólo fuera por cerrar los ojos y escuchar, volvería a sentarme delante de una pantalla de cine en la que pudiera verse Alrededor de la medianoche.
© Del Texto: Nirek Sabal


mar 15 2012

Intocable: Una historia amable

Hay películas que sin presentar en su propuesta grandes profundidades dejan un estupendo sabor de boca. Por su amabilidad con el espectador que quiere olvidarse de sus problemas durante un rato y creerse que el mundo es delicioso; por una puesta en escena elegante; por su honestidad al contar sin artificios innecesarios lo que quiere; por arrancar sonrisas y más sonrisas.
Una de estas películas es la aplaudida Intocable. Cine francés. Un enorme éxito en taquilla allá donde llega. Está dirigida por Eric Toledano y Olivier Nakache. Y no es de extrañar que esta comedia triunfe porque es limpia y sigue el patrón que ya apuntó algún profesional sobre el cómo debe plantearse un trabajo de estas características. El guión presenta distintos planos contrapuestos en lo social, racial o físico. Cada elemento que vamos conociendo tiene su contrapunto. El guión (una comedia salpicada de elementos trágicos. Como ya hacían los griegos, vaya) enseña partes menos amables de los personajes aunque tiende a la zona más amable. Algunos diálogos son puro chiste y frases incisivas alejadas de las profundas ideas que nos puede sugerir un problema como el de la invalidez. El resto es pura conversación que no hace crecer al personaje puesto que la apuesta recae casi en su totalidad en la interpretación de François Cluzet y Omar Sy. Pero todo el mundo ríe incluidos los personajes. Se trata de eso y es lo que se consigue. Porque no se trata de nada más. Se lo aseguro. Esto es una comedia ligera. Punto. Y espero que sea lo que pretendían sus directores porque de no ser así esto sería un desastre. Es una película muy entretenida, hace pasar un rato de lo más agradable, pero hay se queda la cosa.
Los actores principales (Cluzet y Sy) están muy bien dirigidos por lo que resultan convincentes. Parece que se divierten con su trabajo y eso se nota. Philippe (Cluzet) es un tetrapléjico muy rico. Driss (Sy) es un hombre de raza negra y sin futuro cierto. El primero contrata a este para que le atienda en su día a día. Y el encuentro resulta ser extraordinario. Driss aprenderá una vida imposible y Philippe una vida intocable. Porque ambos personajes son intocables. Hay más personajes. Destacan Magalie (interpretada por una bellísima Audrey Fleurot) e Ivonne (Anne Le Ny).
La fotografía es notable y la banda sonora estupenda (mezcla de diferentes tipos de músicas que acompañan la acción sin estridencias salvo cuando es necesario). Puesta en escena muy cuidada y peluquería perfecta.
Desde luego, tal y como está el patio, es una muy buena opción para pasar la tarde en el cine. Un rato alejado de la realidad es impagable.
Vayan al cine. Esta les gustará.
© Del Texto: Nirek Sabal


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