oct 23 2011

No habrá paz para los malvados: Otra vez lo mismo

A mí esto de vender las cosas como nuevas cuando son más viejas que Matusalén me saca de mis casillas. A mí esto de recibir las cosas como si llegase el maná deseado (porque lo dicen un par de críticos de cierta fama y que han demostrado no saber ni lo que dicen en muchas ocasiones) me parece una muestra de la falta de conocimiento grandioso por parte de muchos y muy peligroso para todos.
Una película de cine es el conjunto que se forma con todos sus elementos. Guión, fotografía, escenarios, actores y actrices, peluquería, producción, música y lo que quieran ustedes añadir hasta sumar todos los ingredientes. Para que el producto final sea una obra de arte, todos esos elementos deben estar en su sitio y deben ser exactos. Además, se necesita un punto de originalidad en el uso de todo eso, una forma única de encajar todo el material. De no ser así, ese producto final será más de lo mismo por muy buena factura que encontremos al ver la película.
Y un buen espectador es la persona que se sienta en una butaca y, sin dejarse llevar por lo que ya está dicho sobre el trabajo, es capaz de mirar sabiendo qué es cada cosa, si lo que le presentan pertenece a lo que ya está dicho mil veces o es, en realidad, algo más que la suma irregular de los elementos. El espectador está condenado a tener criterio.
No habrá paz para los malvados es una película dirigida por Enrique Urbizu. Se han dicho de ella cosas fabulosas. Las salas se han llenado de público para ver lo que nos anunciaban como la maravilla de las maravillas. Y es una película con unos problemas más que serios se pongan como se pongan algunos.
José Coronado es el actor principal. Interpreta el papel de Santos Trinidad. Un policía del que no sabemos apenas nada. Urbizu juega a eso de que el espectador imagine. Un juego peligroso, muy peligroso, porque el espectador no tiene que imaginar nada; lo que debe hacer el espectador es recibir la información suficiente y valorar el conjunto. Urbizu juega a que los gestos del resto de personajes, sus silencios, son los que dan la clave para que podamos imaginar ese pasado. Pero no, no es suficiente. Si no sabemos no podemos comprender. Y si no comprendemos todo se viene abajo. O lo que es peor, los personajes se quedan convertidos en estereotipos. En la película de Urbizu todos los personajes, todos sin excepción, lo son. Santos Trinidad es el gran estereotipo. José Coronado hace un trabajo de altura, eso es verdad, pero el actor en cine nunca puede estar por encima del propio personaje. Si la película fuera Santos Trinidad tendría un pase; pero que la película sea José Coronado es un desastre. Y eso es lo que pasa en No habrá paz para los malvados. Que el policía vaya por libre y que intente acabar con la violencia usando violencia ya lo han contado un millón de veces. Que los árabes son malos y traicioneros, más malos y traicioneros que nadie en este mundo, ya nos lo han contado en los informativos un millón de veces. Que una investigación sobre asuntos feos lleva a un callejón sin salida nos lo sabemos de otras veces. Que José Coronado haga un trabajo espléndido no hace de su personaje nada distinto. Porque sin personaje o, lo que es peor, con el personaje de siempre la cosa no funciona.
El guión no es nada del otro mundo. Y la intención de la película tampoco. Los malos son muy malos y los buenos pueden tener muchas caras. Incluida la de los malos. Todos formamos una amalgama de la que salir ileso es casi imposible. Pues qué bien, pero eso ya está dicho.
La estética de la película, eso es verdad, se arrima a lo necesario. El ajuste de tiempo y tempo narrativo es impreciso (esto también es verdad) al querer el director meter con calzador tramas secundarias que explican (es más exacto decir que lo intentan) la principal. Y como lo que cuentan ya lo sabemos, pierde interés todo. Principal y secundarias. Las interpretaciones (siendo la de Coronado excelente) son correctas y poco más. Y el desenlace es ese al que el cine español nos tiene tan acostumbrados. No hay esperanza para nadie.
Decepcionante. Algunos minutos insoportables. El conjunto suspenso. Digan lo que digan algunos que parece que no hayan leído una novela negra en su vida. Para hacer crítica hay que saber de lo que se habla. Y no hay que olvidar que en el cine hay una cosa que se llama guión y eso es una cosa que se escribe. Y si el que escribe cuenta lo de siempre vamos por mal camino.
© Del Texto: Nirek Sabal


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ene 11 2011

La caja 507: Una cierta tendencia del cine español

Una buena trama salpicada con personajes estereotipados, colocada sobre el territorio común de la realidad (no como proyección sino como realidad que no es) o diseñada para que ocupe un tiempo de metraje determinado; termina convertida en una trama desastrosa. Eso es algo que nunca falla.
La caja 507 es una película de Enrique Urbizu. La caja 507 es una película protagonizada por Antonio Resines, José Coronado y Goya Toledo (el personaje de la señora Toledo es muy secundario). La caja 507 es una película muy, muy, flojita. Es verdad que la trama se desarrolla con cierta fluidez, que no se abusan de las elipsis absurdas (cosa muy habitual en el cine actual debido que que el montaje se intenta cerrar como la productora dicta aunque el producto final sea un desastre). Eso es verdad. Pero también lo es que los personajes son un cliché patético, las interpretaciones más que discretas (Coronado se limita a poner cara de malo, Resines se limita a poner cara de tonto, Toledo se limita a poner cara de histérica); también lo es que no hay una sola escena que emocione lo más mínimo; también lo es que el guión es un disparate en el que los cabos quedan sueltos como si no pasara nada. Y que no destaca nada entre tanta mediocridad y disparate narrativo.
Esta película representa, a la perfección, cierta tendencia del cine español que consiste en, por ejemplo, intentar que un actor sea creíble porque habla con la boca llena (Coronado lo hace de maravilla). Esta película representa, a la perfección, cierta tendencia del cine español que consiste en, por ejemplo, mostrar la sonrisa de un niño si la cosa va de qué felices somos o una tormenta espantosa si el personaje está deprimido (en el siglo XIX, los escritores ya intuían que esto funcionaba de otra forma para lograr mayor y mejor tensión narrativa). Esta película representa, a la perfección, cierta tendencia del cine español que consiste en, por ejemplo, escribir guiones sin pensar en una evolución mínimamente coherente de los personajes ( en la película de Urbizu un personaje pasa de ser una cosa a otra porque sí. Eso o se queda como está, pase lo que pase). Esta película representa, a la perfección, cierta tendencia del cine español que debería borrarse del mapa con urgencia.
No pierdan el tiempo. Hay centenares de películas mejores que esta.
© Del Texto: Nirek Sabal


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