feb 20 2011

Un día en el cine: Quiero matar a alguien

Ayer estuvimos viendo la magnífica Enredados. Pero como ya se ha dijo todo lo que era necesario sobre la película en este blog, hablaré de la vergüenza que pasé en la sala de proyección.
Ciné Cité. Méndez Álvaro. Sala cinco. Sesión numerada. Seis y media de la tarde. Las taquillas hasta los topes. Y las dos (sí, dos) máquinas en las que se pueden recoger las entradas reservadas a través de internet, hasta los topes también. Me quedo esperando mi turno mientras mi mujer va a intentar comprar palomitas y refrescos. Yo tardo veinte minutos en llegar a las máquinas dichosas. Ella y los niños no logran comprar palomitas. Un solo mostrador (el resto sin servicio), cientos de personas. Convencemos a los críos que, aburridos, acceden a entrar en la sala sin palomitas, sin agua y cansados de esperar.
He dicho sala cuando debería haber dicho estercolero. Palomitas en los asientos, en el suelo. Vasos en los asientos, en el suelo. Cada pisada era un chof. No sabría decir si se pisaban restos de comida, de comida o restos humanos. Una madre (en la fila anterior) dice a sus hijos que no apoyen la cabeza en el asiento mientras se queja de lo asqueroso que está todo. Nos sentamos con cara de asco y nos preguntamos sobre el paro en España. En ese cine caben unos cuantos desempleados. Faltan personas en los mostradores, en el servicio de limpieza y algún acomodador (de los antes) que ponga orden. Porque lo peor está por llegar.
Comienza la película. Entran tres maleducados (sus niños ya están sentados con las mamás) cargados de palomitas y refrescos. Se pasean por su fila diez minutos. Sí, diez minutos repartiendo la compra. Y no crean que se agachaban o algo. No, no. Como si estuvieran en su casita. Tranquilos. Cuando se sientan, el tipo que hay detrás ¡¡hace una llamada desde su teléfono!! Increíble, pero cierto. Cinco minutos. Un niño con un catarro de mil demonios no para de toser durante toda la proyección (¿no estaría mejor en la camita?), si los niños hablan allí no hay un padre que les invite a estar en silencio. Un auténtico desastre. Y, todo esto, entre porquería y soportando un olor a ñu que jamás olvidaré.
Desde luego, no volveré a pisar ese cine. Pero, además, se me están quitando las ganas de ir a cualquier otro para soportar como comentan la película los de la butaca de al lado, para escuchar cómo suenan las patatas fritas al crujir, para soportar la mala educación de los bobos que no saben guardar las formas durante hora y media. Es vomitivo, de verdad. Luego dicen que ya no vamos al cine. ¿A quién le gusta acudir a lugar de irritación?
Aunque (estás son las buenas noticias) a pesar de estar rodeado de chusma, disfrutamos de una película encantadora, entrañable, divertida, inquietante, una película que aporta a uno de los personajes más malos de la historia de la animación, de una excelente banda sonora. No se pierdan la historia de Rapunzel. Es extraordinaria.
© Del Texto: Nirek Sabal


feb 16 2011

Enredados: El cuento de Rapunzel

Cuando alguien a quien quieres demasiado te dice es que nadie quiere verla conmigo, no sé por qué, si es que soy bueno o agradecido con quien debería serlo, acabo diciéndole a esa persona que le acompaño. Claro que, cuando se trata de una peli de animación de una factoría Disney que ya no es la que era, una empresa que se ha quedado desfasada en su discurso con productos bastante estúpidos en la última década (ahí quedan para la posteridad Chicken little, Zafarrancho en el rancho o Descubriendo a los Robinsons o Hannah Montana, auténticas obras de culto para gente con muy mal gusto), lo quiera uno o no, te hace vacilar a la hora de tomar una decisión. Sobretodo con lo caro que está el cine. Y aún más, si se trata de una versión edulcorada del cuento de los Hermanos Grimm, Rapunzel. Y aún más si sigues con resaca. Y más si llueve.
Voy a ser cristalino como el agua, nunca me han gustado los cuentos de princesas ni principitos, ni siquiera en la literatura, donde la temática es más cruel de lo que muchos piensan. Esas historias donde prácticamente es todo perfecto, salvo el hechizo en cuestión que lanza la típica bruja malvada que hace que conseguir el amor de la mujer amada sea todo un jodido reto. O viceversa. No me gustan esos relatos. Y Disney, a lo largo de su periplo animado, ha desvirtuado muchísimos cuentos clásicos (no voy a dar nombres de más princesas pero todos sabemos cuantas hay en dicha factoría), y con ello han conseguido que el subconsciente colectivo prácticamente olvide las obras que tenían como base y (moraleja) asustar a las muchachitas, alejarlas de un mundo exterior donde las pasiones podían llegar a crear vicios nocivos, quitar la inocencia, y finalmente la virginidad. Si, aunque suene a broma, era así. Más de uno/a se asustaría al leer la fuente original, lo macabro de su mensaje.
Pero de todas formas, acepté ir a ver Enredados. Da la casualidad de que me tuve que tragar mis palabras, mis malas expectativas se esfumaron, y es que hay que dejar ciertos prejuicios atrás. John Lasseter (llegado desde Pixar) es el culpable de ello ya que desde que cogió el timón de las producciones de la factoría, no ha hecho más que intentar introducir cambios en la forma de realizar y de hacer animación, y antes que todo eso, dar nuevos aires a una fábrica de sueños que se estaba quedando estancada en productos de dudosa calidad. Así, en este film asistimos a una revisión modernizada del famoso cuento de la chica de cabellos rubios y extensos con el don de curar cualquier enfermedad o herida, encerrada en una torre por una malvada mujer que la quiere para ser eternamente joven, donde el humor y la aventura primará por encima de cualquier cosa, pero sin olvidar la parte grotesca y adulta que todo cuento de Disney tiene de fondo. Esa ambigüedad de todos sus relatos, donde lo realmente malo es casi una pesadilla salida de alguna mente alucinógena, todo ello enmascarado con bellas canciones de tono infantil y contenido a analizar. Aún así, la gracia de la propuesta es ridiculizar y parodiar muchos de esos cuentos, algo que ya hizo Shrek en su momento, presentándonos una gama de personajes secundarios a cada cual más excéntrico, desde un caballo olfateador que le gusta la camorra a una especie de camaleón parecido a un Pepito Grillo que no habla, pero que con solo una mirada o gesto sabemos qué piensa y qué dice, o unos guerreros vikingos que son unos sensibleros en el fondo, pasando por una revisión actualizada de la figura del héroe. Ahora no es un príncipe el protagonista, sino algo más actual. Un ladronzuelo muy pillo, con afán de protagonismo, pícaro como solo él sabe serlo, egocéntrico hasta decir basta, perseguido por muchos y odiado por otros tantos, pero de noble corazón que, cuando se encuentre con Rapunzel, empezará a entender que hay cosas más importantes en la vida que pensar en uno mismo.
Técnicamente la película es sublime, preciosista, un portento de la animación y de la expresividad, y es que Disney ha dado con la clave del éxito a la hora de presentar humor, música, romanticismo y terror a partes iguales en un producto que se nos presenta fresco, atrevido, que rompe un poco con la línea que había tomado últimamente, y aunque sea la misma historia de siempre que acaba en final feliz, no aburre, para nada. Es más, te dan ganas de vivir en ese cuento, en esos mundos, llenar tu vida de cierta fantasía. Y lo suscribe un servidor que en este blog se dedica a hablar de films del temática violenta donde salen a relucir todo tipo de defectos humanos, que habla de la realidad y lo patética que puede llegar a ser. Por eso pienso que siempre es conveniente darle una segunda oportunidad a esas cosas que tenemos juzgadas de antemano sea cual sea el motivo. Probablemente me esté haciendo viejo, o quizás me esté ablandando. Quizás estoy empezando a ver la parte buena de las cosas. Y es que ella lo vale (y les dejo con el interrogante de si es Rapunzel o la preciosa mujer que me acompañó). La vida no siempre tiene que ser un círculo de grises.
© Del Texto: Gwynplaine Thor

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