jun 18 2013

Gangster Squad: Estereotipos a barullo

Salinger leyó a Chéjov; Carver a Salinger. Los autores son lo que han leído. En cine pasa lo mismo. Esto es algo normal e, incluso, bueno. No pasa nada por ser deudor de uno de los grandes salvo que seas muy pequeño y tu obra una burda imitación de lo anterior.
Gangster Squad es una película que debe lo que es a L. A. Confidential y a Los intocables de Elliott Ness. Seguramente a alguna de las películas de los años 40 ó 50. Y esto no sería mejor ni peor si no fuera porque la película de Ruben Fleischer es una fotocopia borrosa de esas otras. En cualquier escena de L. A. Confidential hay más cine que en la película entera de Fleischer. Cualquier escena de Gangster Squad acumula un número de estereotipos abrumador. Ni uno solo de los personajes logra alejarse del cliché o de la imitación ridícula. Una pena puesto que el reparto es estupendo, porque el talento que se derrocha es grande (derrocha en el sentido más peyorativo del término); porque un buen guión hubiera convertido el intento en algo más grande.
En Gangster Squad todo tiene un tufo extraño a conocido; un aroma a semiplagio que termina siendo molesto y desagradable. El villano de siempre, los policías corruptos de siempre, los que son honrados de siempre, la rubia tonta eterna, la guapa que termina en brazos del policía guapo y valiente. La gran diferencia con otros trabajos son las caras.
En el guión de Will Beall -del que sabemos todo desde el principio- escuchamos dos o tres frases bien construidas y con sentido. El resto forma parte de lo que se puede esperar de una película de gangsters. Chascarrillos, frases sobadas y, por tanto, nada nuevo. Diferencias que hagan especial el trabajo de Ruben Fleischer: ni una.
Entre tanto estereotipo, sobresale un personaje. Es la mujer del protagonista -John O’Mara, jefe de los policías honrados y encarnado por Josh Brolin-, un ama de casa que intenta, a toda costa, proteger a su marido. Es un personaje que ya se vio alguna vez, pero lo interpreta Mireille Enos estupendamente. Logra una gran credibilidad en sus escasas y cortas apariciones. El resto, arquetípico. Sean Penn es un villano con pinta de muñeca de cartón piedra, Ryan Gosling está correcto aunque su personaje está muy visto y resulta aburrido, Emma Stone (guapísima) hace de chica boom, Nick Nolte se deja ver un par de veces o tres y nadie se explica por qué (sin estar nada hubiera cambiado). Y etcétera.
Todos son buenos actores y actrices aunque no imprimen carácter particular a sus personajes; entre otras cosas porque no hay personajes que puedan desarrollarse mínimamente. Imposible con este guión.
La música de Steve Jablonsky se soporta sobre buen jazz aunque la partitura original es algo estridente a veces, algo exagerada en los matices. No obstante, es de lo poco que se puede salvar de la cinta.
Gangster Squad no es una película aburrida. Tampoco es una buena película. Un rato de entretenimiento si puede llegar a aportar. Eso sí, no se le ocurra pensar en ella. Un análisis de treinta segundos no lo soporta. Para pasar la tarde de un domingo en casa puede colar.
© Del Texto: Nirek Sabal


feb 25 2012

Rumores y mentiras: Batiburrillo para jovencitos

Rumores y mentiras aporta al cine poco. Más bien nada.
Trata de ser un homenaje al cine juvenil que se hizo en Estados Unidos durante los años ochenta y se queda en un chiste que, si bien es amable y no produce naúseas, forma parte de lo sabido y, por ello, aburrido y prescindible. Nada que ver con el baile de Matthew Broderick en Todo en un día, el puño en alto de Judd Nelson en El club de los cinco o la cortadora de césped de Patrick Dempsey en No puedes comprar mi amor. Aquello era novedoso y marcó un punto de inflexión en el modo de hacer cine para jóvenes. Lo de Rumores y mentiras es un intento de mezclar y servir al espectador que se queda en un batiburrillo algo estúpido.
Lo que cuenta es que una chica siente que no es popular en su instituto. Buena estudiante, recatada al vestir, con una vida sexual inexistente y cosas por el estilo. Sus padres son lo mejor de lo mejor (casi llegan al absurdo porque hasta los padres más extraordinarios muestran algo de sensatez), la chica tiene una amiga que se pone enfrente al ser superada por la protagonista, un grupo de muchachos ultrarreligiosos y horteras hacen la vida imposible a Olive (así se llama la criatura) y bla, bla, bla. Y decide contar a su amiga (la que luego se la lía) que ha tenido un fin de semana de muerte con un chico que ni siquiera existe. Todo se desboca, pero (aquí llega la explosión de luz y de color) nuestra querida protagonista termina con el que siempre fue el hombre de su vida.
Hay algunos momentos de la película que son divertidos. Pocos y poco. Uno sabe lo que va a pasar treinta segundos después. Y del resto se puede decir poco. Emma Stone se mueve con gracia delante de la cámara. Es una chica muy guapa. No se me ocurre nada más.
© Del Texto: Nirek Sabal


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nov 2 2011

Criadas y señoras: Sobre la segregación racial

Sobre la segregación racial en los EEUU se han escrito cientos de novelas y se han rodado otras tantas películas. The Help, traducida de una manera absolutamente horrorosa al español por Criadas y Señoras, no deja de ser una película más al respecto. La edulcorada historia de la segregación racial en un pueblo de la América profunda, Jackson. Un melodrama que a buen seguro se llevará una buena cantidad de Oscars porque es una película bienintencionada y si no, al tiempo.
Dirigida por Tate Taylor, a quien también debemos el guión, Criadas y Señoras, es la adaptación de la novela escrita por Kathryn Stockett, The Helph. Ambos, director y novelista, amigos desde la infancia, vivieron su niñez en el sur de los Estados Unidos y conocieron, de primera mano, las postrimerías de la sociedad que ambos pretenden reflejar en sus respectivos trabajos.
El argumento es sencillo. Blanca sureña, de nombre Skeeter Phelan (Emma Stone), vuelve a casa tras su paso por la universidad. Ya en casa descubre que el mundo que ella ha mamado, plantaciones sureñas, criados negros, es terriblemente injusto y así, mientras combina las partidas de bridge con sus amigas pijas y racistas, entre las que ya no se reconoce, descubrirá el mundo que se esconde tras la negra faz de los que sirven. Acompañándola en este periplo personal, Hilly Holbrook (Bryce Dallas Howard), mala malísima y Elisabeth Leefolt (Ahna O’Relly), ambas bien casadas, con hijos y servicio, negro, por supuesto.
Skeeter, con un inicial trabajo en un periódico redactando las contestaciones a las cuestiones domésticas que le plantean a través de un consultorio; idea escribir un libro sobre lo ingrato que es el mundo de la servidumbre negra en los Estados del Sur, sobre lo mal que viven y sobre las experiencias tan traumáticas por las que pasan las mujeres que sirven en los hogares de los blancos. Para ello cuenta con la ayuda, clandestina, por supuesto, de dos sirvientas Aibileen Clarck (Viola Davis) y Minni Jackson (Octavia Spencer), que, con un poder de persuasión increíble, convencerán a un grupo de sirvientas de Jackson para que relaten a Skeeter las penurias de su existencia. Con todas las historias, incluida la propia, su experiencia con la que fue la criada de su casa, Constantine (Anna Camp), cruelmente despedida en su vejez por su propia madre, hará un libro que se distribuirá por todo el país y que alcanzará un índice de popularidad brutal que no dejará de remover los cimientos de su pueblo.
Pueden encontrar en el mercado cientos de películas sobre el tema racial, tanto desde el punto de vista del negro esclavo, como del blanco miembro o simpatizante del ku klux klan, como de los blancos buenísimos. Por poner un ejemplo: Mississippi burning, Malcom X o cientos más. Pero si quieren ver una buena película sobre el tema, no una versión edulcorada de una de las atrocidades más grandes de la historia, no les recomiendo Criadas y Señoras. Una película que parece hecha para querer quedar bien con todo el mundo. Así encontramos blancos malos malísimos y buenos-buenísimos, y negros- malotes pero menos y negros buenos como el pan bendito. Una dualidad tan edulcorada que da hasta cierta grima.
Sin embargo, contrariamente a lo que pueda parecer a la vista de lo que he escrito en las anteriores líneas, debo reconocer que es una cinta que gustará al gran público, es una película amable, que entretiene y que pese a las dos horas y media de duración no se hace nada pesada. Algunas anécdotas son realmente graciosas (no perderse la venganza de Minny y su delicioso pastel). Si uno no tiene grandes pretensiones, más que pasar una tarde entretenida pues ésta es una buena opción.
Yo, después de lo visto y tras pasarlo por el tamiz de la realidad, de lo oscuro que está todo al salir del cine, me quedo con las preguntas que me han venido a la cabeza lo largo de toda la película ¿Si tanto les odiaban, los blancos a los negros, cómo se explica que su bien más preciado, sus hijos, fuera criados y amados por aquellos sirvientes negros a los que despreciaban hasta el vómito? ¿Y cómo podían aquellos hijos blancos, criados por los negros, olvidar quien les cuidó y fomentar el desprecio por el simple color de la piel? La respuesta es sencilla: el ser humano es gilipollas, por naturaleza, claro.
© Del Texto: Anita Noire


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