sep 19 2010

Madres e hijas: Preguntas sobre la ausencia

Rodrigo García Barcha, director de cine, no para de sorprenderme. Tengo aún presente Cosas que diría con sólo mirarla, me quedé colgada de Nueve vidas y, debo reconocer que en mi cabeza aún vaga Madre e hijas. Ando sorprendida, de verdad. Quisiera poder decirles muchas cosas de esta película y no sé si podré hacerlo o si llegaré a transmitir todas las sensaciones, ideas, y majaderías que por mi cabeza cruzaron mientras veía, gozaba y después pensaba en esta película. Quizá porque muchas de ellas son demasiado personales y poco tienen que ver con la cuestión cinematográfica, quizá porque jamás consigo transmitir lo que quiero cuando me pongo a escribir, pero voy a intentarlo.
¿Qué pasaría si mañana descubrieran que no saben nada de su pasado? ¿Si los que creían sus padres no lo fueran? ¿Si su madre les hubiera entregado en adopción cuando nacieron? ¿Cómo le explicarían a su hij@ adoptad@ que no sabe nada de su vida anterior y que eso no importa? ¿Podrían acompañarle en ese sufrimiento sin ser un estorbo para él/ella? ¿Entendería, esa persona, que no importa la biología sino que lo que importa son otras cosas muy distintas, como, por ejemplo, crecer siendo y sabiéndose querido? ¿Podrían vivir sabiendo que entregaron a su hij@ en adopción y que puede estar preguntándose mil cosas que nunca le podrán contar? ¿Qué pasa cuando uno toma una decisión equivocada y ya no cabe el retorno? ¿Qué pasa cuando las cosas no se dicen a tiempo? ¿Se puede querer sin ver, sin tocar, sin nada más que una idea que flota en la cabeza y que se va construyendo a golpe de sensaciones difusas? ¿Se puede parar una bola de nieve que ha empezado a rodar por una pendiente sin fin? ¿Podemos reponernos de los adioses no dichos?
Pues de todo eso es de lo que trata la historia que nos entrega, envuelta de una realidad brutal, alejada de la lágrima fácil, Rodrigo García. He disfrutado esta película. Me emocioné hasta las trancas y salí repitiéndome en la cabeza las preguntas que mencionaba. Preguntas hechas sin que nadie preguntara nada.
Creo que está claro que me pareció una película maravillosa, con mucha miga.
No pienso hablar de cuestiones técnicas, ni de mis cositas personales en relación a las preguntas latentes. Las primeras no me interesan esta vez, y las otras, dudo que a nadie de por aquí le importen. Sólo puede decirles que es una gran película, en la misma línea que las anteriormente realizadas por este director.
Las películas de Rodrigo García siempre están protagonizadas por un elenco importante de mujeres. Repite actrices, una y otra vez, película tras película y las exprime hasta sacarles lo mejor de cada una de ellas. El ritual se repite con Madres e hijas: una película coral. Un grupo de mujeres inmersas en su propio universo en el que los hombres son meros acompañantes sin apenas relevancia; mujeres antes cuestiones y momentos fundamentales de sus vidas, pendientes de resolver; mujeres a las que el azar de un destino trazado de antemano las pone a prueba continuamente. Mujeres que sufren amando y siendo amadas, a veces mucho, a veces poco, incluso nada.
Debo aplaudir la elección de las actrices porque cada una en su papel bordan su personaje. Están todas impresionantes, espectaculares. Tan reales que parece que se las va a encontrar en cuanto salga a la calle.
Elisabeth (Naomi Watts), una mujer de 37 años, adoptada en el momento de su nacimiento por unos padres con los que en ese momento ya no mantiene relación alguna. Es extraordinariamente bella desde su frialdad, tiene la vida montada a su aire, sin compromiso, así no hay expectativas que puedan verse truncadas. Pero la vida, que es tozuda, le da la vuelta a su mundo como si fuera un calcetín. Todo lo que era prescindible se le vuelve fundamental al quedar embarazada a pesar de tener una ligadura de trompas realizada a los 17 años. Karen (Annette Bening, es la personificación del encanto y la belleza de las arrugas que la vida dibuja en el rostro de una mujer madura), una mujer que vive, día a día, la ausencia de una hija que dio en adopción cuando tenía 14 años, siguiendo los consejos de su madre. Día tras día escribe notas con todo aquello que quisiera contar a esa hija que no sabe ni quien es, ni donde está y ni tan siquiera si vive. Sofía (Elpidia Carrillo), la madre que no ha podido perdonarse el haber destrozado la vida de su hija y arrastrará hasta el final de la suya el peso de una decisión que tal vez no le correspondía. Lucy (Kerry Washington), una mujer decidida a tener un hijo, de esos que nacen del corazón porque el vientre está seco. Una decisión tomada en compañía y asumida en la soledad del que pierde a su compañero por el camino por aquello de que la sangre es la sangre. El sufrimiento de la incomprensión y del desengaño.
Una película de ausencias, que se entrecruzan y que, como en la vida misma, te deja sin respiración cuando uno comprende el alcance de lo que le falta.
Una historia para perderse en ella, para pensarla, para pensarnos y para no olvidar que las cosas debemos hacerlas, decirlas, cuando las sentimos porque quizá mañana sea tarde, demasiado tarde.
© Del Texto: Anita Noire

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jul 16 2010

Cosas que diría con solo mirarla: Al llegar a casa dejando el mundo fuera

Si en alguna ocasión he tenido la sensación de ser una voyeur (en el sentido de observar las intimidades de otros que nada tienen que ver con lo erótico festivo) fue viendo Cosas que diría con solo mirarla.
Debo reconocer que llevo varios días pensando en qué escribir sobre esta película y que me muevo por la ciudad, arriba y abajo, con una copia en mi bolso. A día de hoy, no sé por dónde empezar.
Tal vez me he transformado, sin apenas darme cuenta, en un personaje que podría aparecer en esa misma película. Una mujer que llega reventada a su casa y desconecta, de todo y de todos, viendo películas que nadie más quiere ver, que las madura mientras pone la lavadora o el lavaplatos y las escribe en una servilleta de papel de una cafetería cualquiera mientras piensa si debería someterse a un chequeo médico o deja que la naturaleza haga su faena, si visita a un abogado o a un psiquiatra, si lleva a sus hijos de colonias o los deja encerrados en su casa durante semanas, si asesinar a su jefe o  aumentar las filas del paro.  Cosas tan sencillas, como esas, que construyen la vida de la gente corriente.
Transformar lo cotidiano, lo normal o las cosas pequeñas en algo enorme, alejado de los grandes “conceptos”, es lo que ha conseguido Rodrigo García con su opera prima.
Cinco historias de mujeres, unidas por sentimientos de soledad y tristeza y por el barrio en el que discurre la acción. Cinco historias (que tienen un principio y un final) con momentos concretos de la vida de unas mujeres que las transformará, no sé si a mejor o a peor, pero que en todo caso las colocará en un universo que a partir de ese momento va a ser distinto.
No nos mostraran grandes acontecimientos, todo parece muy cotidiano pero es que, en realidad, nada lo es.

En un barrio de Los Ángeles, el Valle de San Fernando, un grupo de mujeres está reordenando sus vidas. Una doctora (Glenn Close) una frialdad aparente como coraza ante una inseguridad afectiva vital. Una solitaria detective de policía busca pistas sobre una tragedia junto a su ególatra hermana ciega (Cameron Díaz). Una madre soltera se siente profundamente atraída por un nuevo vecino del barrio, un hombre nada común. Una directora de banco (Holly Hunter) descubre que está embarazada después de una historia con un hombre casado y tratará su aborto como si de una cuestión de negocios más, hasta que llega el derrumbe. Una pitonisa (Calista Flockahart) que cuida de su pareja que sufre una enfermedad irreversible y reviven a base de relatar su amor.
Creo que una buena película, además de los artificios técnicos, precisa tener algo que contar y que quien nos lo cuente sepa hacerlo. El elenco de actrices que protagonizan esta película no puede ser más variopinto: Glenn Close, Cameron Díaz, Calista Flockahart, Valeria Golino, Elpidia Carrillo, Amy Brenneman, Holly Hunter, pero,a pesar de ser muchas y distintas, desde luego lo bordan. Una fotografía calida, cercana. Una banda sonora (Ed Sheamur)  que acompaña a lo íntimo, estupenda.
Una serie de historias cruzadas, donde los personajes se encadenan unos a los otros a través de sus vivencias, consiguiendo con ello un todo global que da sentido, a su vez, a las historias de cada una de sus protagonistas. Donde las víctimas de unas vidas se convierten en verdugos de las que tienen a su lado.
Una película que consigue contarnos muchas cosas, todas a través de gestos menudos, pequeños sucesos.
No a todo el mundo le gustará, pero ahí radica precisamente su secreto, en las cosas corriente, las que nos pasan todos y en conseguir, a través de todo ello, tocarnos de lleno.
© Del Texto: Anita Noire


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