mar 6 2011

Piraña 3D: La ira de Dios

Nuevos tiempos, nuevas versiones de viejas películas, esa es la ley que impera en el Hollywood de hoy. En este caso en particular, hablaré sobre el segundo remake de la mítica Piraña que dirige el francés Alexandre Aja bajo producción de los hermanos Weinstein y que llegará a las carteleras españolas en unas pocas semanas.
El argumento nos relata la vida de un pueblo norteamericano que vive una fiesta sin fin, donde la juventud hace de las suyas: mujeres guapas, cuerpos esbeltos, lujuria, culto a la belleza exterior, hedonismo, exhibicionismo, sexo, alcohol, drogas y una acusada falta de respeto a la autoridad son el pan de cada día. De entre esta multitud, que desprende frivolidad y que alardea de no tener ningún valor, surge nuestro héroe particular, un chico tímido, enamoradizo e idealista llamado Jake que tan solo quiere conseguir el amor de una mujer, Kelly. Pero sus primeros intentos son en vano, no tiene seguridad en sí mismo y la mujer prefiere irse con otras personas. De repente, como si de una fuerza divina se tratara, acude a su vida un hombre que dice ser director de cine, pero no es más que un pornógrafo que le ofrece a Jake la oportunidad de pasárselo bien, le promete el oro y el moro, e incluso de una manera sutil atrae a la pobre Kelly. Mientras tanto en el lago que rodea al pueblo, en lo más profundo, se produce una fisura en la tierra que hace resurgir a una especie de pirañas que se creían extintas hace más de dos millones de años. Ellas solitas se las apañarán para sembrar el caos.

Sin lugar a dudas, estamos ante una referencia clara al mito faustico (el de Goethe es mi preferido, qué quieren que les diga), Jake no es más que el prototipo de Fausto intentando persuadir a la bella Gretchen, o Kelly. De ahí que surja el director de pornografía como un Mefistófeles (el mismísimo diablo) que le ofrece al pobre chico todo lo que desea. Sin embargo, Alexandre Aja juega a ser más religioso y conservador de lo que aparenta este film de tetas, culos, sangre y vísceras; utiliza las pirañas como si fuera simplemente la mano justiciera de Dios, una mano que barrerá con todos los pecados capitales de la faz de la Tierra, una mano que será misericordiosa con quien sólo se lo merezca. Una crítica feroz a la juventud actual, sin valores, que han desvirtuado aquel dicho en latín que era Carpe diem por un A bene placito, una visión un tanto aterradora de la realidad a través de una cinta de serie b que ya desde su comienzo nos habla de un relevo generacional en todos los sentidos: No creo que el actor Richard Dreyfuss haya sido colocado sin ton ni son en el detonante del film, Alexandre Aja nos habla ahí de una generación que se está disolviendo, un origen a punto de extinguirse y que evoca al cine más transgresor que haya tenido Hollywood, el de la década de los 70 y en su mayor parte, los 80. Si recuerdan, Richard Dreyfuss actuaba como un pescador un tanto psicótico en la famosa obra que dio pie a toda una serie de subproductos (incluida la original Piraña) y que dirigió nuestro querido Steven Spielberg: Tiburón. El hecho de verlo pescar, bastante viejo, borracho, en medio de la nada y completamente solo y el remolino que se lo traga posteriormente por una abertura en las profundidades no hace más que evidenciar todo lo que he dicho anteriormente. Eso, y la llegada del 3D. Esa cosa que llevan ahora la mayoría de peliculas y que realmente odio, pero que en esta historia me ha parecido más que correcto su utilización.

Film no apto para paladares exquisitos pues contiene escenas de auténtica carnicería y el líquido rojo más famoso, así como todo un desfile de mujeres siliconadas luciendo palmito (bueno, esto último no asusta más que a abuelitas), si obviamos todo eso nos encontraremos con una cinta más que correcta, bastante bien dirigida en lo que se refiere al género del terror, de perfecta duración (hora y media), con un reparto coral de rostros conocidos, empezando por el ya citado Richard Dreyfuss, Elisabeth Shue (como madre sheriff del protagonista),Ving Rhames, Christopher Lloyd (de científico excéntrico, cómo no Doc), Eli Roth, Jerry O’ Connell(el pornógrafo), Steven R. Moqueen (el héroe) o Jessica Szohr (como Kelly). Una música que evoca lejanamente a esas pelis baratas de los 80 a cargo de Michael Wandmacher, así como el uso de temas actuales y fiesteros para las escenas de menor trascendencia. Entretiene sin demasiadas florituras, directa al grano. Los que esperen una obra sesuda que se abstengan, es una pelicula para disfrute, para reírte y poco más. Aún así, y como me encanta el género, diré que es muy grande. GRANDE. Atentos al golpe final de la cinta, todo un cliffhanger que debe tener cualquier historia de terror. No pierden nada por verla.
© Del Texto: Gwynplaine Thor

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ene 17 2011

Leaving Las Vegas: Lo sucio del amor

Remover la zona oscura de la vida puede ser peligroso y, sobre todo, doloroso. Pero esa zona existe y conviene no negarla por sistema. Existe y es donde residen un buen montón de personas de todo el mundo. Existe y es donde estaremos; antes o después, poco o mucho tiempo; los privilegiados que vivimos en el lado amable de todo este lío.
Lo que tiene que ver con la prostitución, el alcohol, el dinero y el juego, forma parte de ese territorio. Pero también se incluye en el paquete el amor, el poder, el dinero, el lujo y alguna cosa más que se considera luminosa. En cualquier lugar encontramos unas cosas mezcladas con las otras.
¿Deja de ser bello el amor mezclado con grandes dosis de alcohol de violencia o de depravación? ¿Es terrible y nauseabundo el amor cuando un alcohólico y una prostituta se enamoran?
Viendo Leaving Las Vegas todas estas preguntas se suceden. Escena tras escena. El estómago revuelto. Al mismo tiempo, un intento de ternura en la punta de la lengua.
Leaving Las Vegas es una película con un guión bastante limitado y una banda sonora notable. Es una película que, sin embargo, crece desde la primera secuencia gracias a la interpretación de Nicolas Cage. Posiblemente, lo mejor que ha hecho en cine. A pesar de que el personaje invita a la falta de contención interpretativa, Cage es capaz de entender a un alcohólico completamente desbocado, en el límite de lo que un ser humano puede llegar a aguantar. Su trabajo es impecable. Su compañera de reparto, Elisabeth Shue, mantiene el tipo con bastante solvencia ante el despliegue majestuoso de Cage aunque no está a la misma altura. El trabajo de dirección de actores a cargo de Mike Figgis (con ambos) es sobresaliente.
¿Dónde se encuentra la línea que separa la posibilidad de una vida en la que existe una normalidad y el infierno en el que se diluye todo lo bueno para convertirse en un horror constante? Esa es la pregunta. La respuesta la encontrarán en Leaving Las Vegas.
Una advertencia. Se trata de una historia muy dura y muy poco digerible. Más por lo que el espectador puede imaginar que por lo que se ve. Si no están dispuestos a pasar un mal rato, es mejor que ni lo intenten. Pero no estaría mal que, de vez en cuando, todos nos asomásemos a ese espacio tan real como odioso. A la zona oscura (esa en la que el amor o cualquier tipo de belleza convive con lo soez, lo vomitivo o lo desagradable), la zona oscura que acecha.
© Del Texto: Nirek Sabal


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