feb 11 2013

La sombra de la noche: Cuando el desenlace es eterno

Cuando una película es prescindible tenemos un problema. Si esa película trata de ser una narración que se mueve sobre el suspense, el problema es muy serio. Si, además, el desenlace (que intuimos a los diez minutos) se alarga y ocupa tres cuartos del metraje, sin justificación alguna, el cabreo del espectador puede llegar a ser morrocotudo. ¿Puede ser la cosa peor? Pues sí. Porque puede ser que la película sea una remake, casi exacto, de otra. Esto es La sombra de la noche.
El reparto de la película no está nada mal. Todos jovencitos que han terminado siendo famosos (Nick Nolte ya lo era y no tan jovencito). Ewan McGregor, Patricia Arquette, Josh Brolin, John C. Reilly y el mencionado Nolte. Estos son los principales actores. Correctos excepto Arquette que está horrible. Le ponen ganas y entusiasmo (Nolte algo más soso que los demás), pero con tan poca cosa entre manos que es difícil que la cosa funcione.
Ewan McGregor. Como ya pasaba en El vigilante nocturno, está dibujado desde el exceso. Puede ser una cosa u otra a la vez. Eso es algo que debería estar justificado absolutamente si queremos que sea creíble y, por supuesto, de justificación nada, ni rastro. Su amigo (el personaje de Brolin) es otro que puede ser sospechoso desde el principio, que puede ser un idiota o un héroe. Explicación para que esto sea posible: ninguna. El personaje de Nolte es un desastre absoluto. Se quiere disfrazar de incongruencia con un pasado que resulta más incongruente todavía. En fin, un desastre. El ritmo narrativo va de más a menos. Y las lagunas son inmensas. Además de una dilatación excesiva en el desenlace que aburre a las ovejas, hay cosas difíciles de explicar. Para ser más exactos, imposibles de explicar. Hay un momento en que Martin ve una serie de rastros de sangre, Los sigue y al final de esos rastros hay un cadáver. Avisa y, al poco tiempo (muy, muy poco) el cadáver está en su sitio (encima de una camilla que está lejos), todo está limpio como la patena y el que ha realizado todos los movimientos con el cadáver y la limpieza (luego lo sabemos) ha hecho todo esto quedando en perfecto estado de revista, como si saliera de la Pasarela Cibeles. Por otra perte, cuando el asesino (ya sabemos quién es) es descubierto en un piso durante una de sus faenas (matando meretrices y sacándoles los ojitos) deja que se escape el testigo y, como es normal en estos casos, se queda tranquilamente terminando el trabajito. De estas hay varias.
Prescindible. Mediocre. Pueden ahorrarse el esfuerzo. No perderán nada.
© Del Texto: Nirek Sabal


abr 26 2010

El vigilante nocturno: Otra vez lo mismo



Diana Krall – the Days of Wine and Roses

Prácticamente al final de la película Martin (personaje principal) le dice a su amigo que si eso (lo que ha pasado) fuera una mala película de cine se llamaría El Vigilante Nocturno. Martin tiene toda la razón del mundo. Lo malo es que, efectivamente, eso que nos han contado es una mala película y se titula El Vigilante Nocturno. Un pestiño.
El argumento es previsible, muy previsible. Es verdad que es algo que arrastra desde siempre el género de suspense en cine. Se ve venir quién es el asesino y esas cosas. Pero, aunque muchos han defendido esta película desde que se estrenó, el danés Ole Bornedad (director) no logra disimular ni un elemento que pudiera dar pistas al espectador. El escenario en el que se mueven los personajes pasó en su momento (la película se estrenó en 1994) por ser asfixiante y gélido, el mejor de los posibles. Creo yo que un depósito de cadáveres, pasillos oscuros y las luces apagadas no son nada del otro mundo. Los personajes se perfilan desde lo inverosímil que es justo de lo que huye cualquiera que hace cine o literatura. También se dijo que el principal (Martin) era capaz de ser valiente y vulnerable, cuerdo y loco. ¿No es mejor utilizar dos personajes para presentar eso? Me parece un error presentar a un tipo soberbio y humilde. Se es una u otra cosa. Y los experimentos suelen ser un desastre.

Lo mejor de la película es el arranque. Un vigilante entrado en años deja su puesto por razones que no aparecen claras para que Martin lo ocupe. Todo queda en el aire. Esa es la única forma de tratar un tema como este. Contar todo es un error. Por tanto, la película va de más a menos. Crea unas expectativas que no se cumplen en ningún caso. Lo peor que puede pasar en una trama.
No merece la pena decir más. Es posible que si alguien decide echar un vistazo a la película pueda pensar que soy excesivamente crítico. Pero es que cuando se ha visto cine y te cuentan, una y mil veces, la misma cosa, te terminas aburriendo. Y lo que cuenta Bornedad ya me lo sabía desde que vi las primeras películas en el cine de barrio. Sólo otro punto de vista original y que aporte algo especial sirve. Lo de este danés no es el caso.
© Del Texto: Nirek Sabal