oct 20 2010

El escritor de Roman Polanski o como intentar convertir un juego de niños en algo serio

Decir, a estas alturas, que El Escritor es una película menor en la carrera de Roman Polanski, no descubre nada nuevo.
Decir que para Ewan McGregor esta interpretación no significará mayor reconocimiento tampoco es ninguna sorpresa.  Y que se constatan las limitaciones de Pierce Brosman es algo poco original.
El escritor es una película previsible. Hasta el aburrimiento. Si el espectador ha visto un par de películas de este corte sabrá en el minuto diez (siendo generoso) lo que va a pasar del once en adelante. Está llena de clichés e incluso aparecen cosas ya vistas en otras ocasiones. Debe ser que la novela de Robert Harris (en la que se basa todo este desastre) les gustó mucho a Polanski. Será eso. Sabemos, desde muy pronto, los líos de alcoba que existen, los que existirán los intuimos; que en el manuscrito de la novela hay algo que es importante aunque la apariencia de ese documento sea inofensiva; incluso (los que ya hemos visto alguna película que otra) sabemos que los principios de los capítulos pueden tener un sentido si los unimos (el más casposo de los espías no utilizaría ese método por nada del mundo puesto que se conoce desde hace muchos años; sólo falta en esta película que alguien escriba con agua de limón y que aparezca el mensaje secreto al pasar un mechero por debajo). Los malos parecen malos, los buenos parecen buenos y los tontos son, realmente, tontos. Lo lamentable es que casi todos los personajes pasarían un casting con nota. Para tontos, digo. Pues eso, el guión roza lo estúpido. La fotografía es lo más notable. Más que nada porque el resto es muy limitadito y un buen trabajo parece el mejor de los trabajos. La música intenta acompañar la acción aunque, por ejemplo, si la cosa se pone chunga para los personajes, la música se pone histérica para el espectador. Algo así. Montaje, sonido, vestuario o decorados pasan desapercibidos.
Lo peor de todo es que todavía me pregunto qué es lo que Polanski quería ventilar con esta película. ¿Intentaría decirnos que allá donde miremos encontraremos un espía? ¿Que el poder del lenguaje es extraordinario? ¿Que la política es una mierda? ¿Que los malos son peligrosos? ¿Que los buenos mueren siempre a manos de los malvados? Es que no tengo ni idea y, me temo, que él tampoco. Desde luego, un tema de importancia y en el que se centra la carga narrativa no existe. eso se lo digo yo.
Seré buen fan de Polanski y lo dejaré aquí. Puestos a mirar las cosas cargado de energía positiva, El Escritor es una buena película para ver una tarde lluviosa de un domingo cualquiera. En casita, con la mantita sobre las rodillas, como preámbulo a una siesta de campeonato. Esto no se lo perdono señor Polanski.
© Del Texto: Nirek Sabal

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jun 12 2010

El escritor: Cine y literatura. Mano a mano.

Dice el propio Roman Polanski que “la novela es el guión”. Quizá por eso el novelista Robert Harris no dudó en enviarle su libro El poder de la sombra (The Gosth), después de que fracasara el intento del director de llevar al cine otra de sus novelas. Pompeya.

En alguna otra entrada de este mismo blog se habla sobre la dificultad de trasladar a lo visual, a la pantalla, todo lo que es posible encontrar en un texto escrito. Pues bien, Roman Polanski no sólo lo consigue sino que, en ocasiones, es capaz de transmitir muchísimo más que lo que la novela o guión de origen pueden trasmitir al lector.

Contaba Harris en una entrevista, que trabajar con Polanski en la preparación del guión de cada una de las escenas fue como volver a escribir la novela, pues se detenían en cada una de ellas, las analizaban, las reescribían, las pulían, intentando no perder la propia estructura del libro y desechaban, mejoraban, cada una de ellas, trabajando conjuntamente. Dice Harris que este trabajo tan concienzudo consiguió que la película saliera mucho más reforzada que la propia novela.

Cuenta el novelista, con motivo de la elaboración del guión de esta película, que descubrió que él y Polanski compartían una misma manera de entender la narrativa (en su caso) y la construcción de escenas (en el caso del director),  pues ambos coincidían en entender que frente a la exhibición personal del autor/director  que puede caer en la tentación de crear artificios espectaculares, debe hacerse primar la historia, los personajes y la coherencia entre todo ello.

Me gusta esta manera de pensar, de crear, tanto sea para escribir como para dirigir una película de cine.

Con El escritor nos enfrentamos a una película de tintes propios del cine de Hitchcock. Un escritor (Ewan McGregor) recibe el encargo de terminar las memorias  del antiguo Primer Ministro británico Adam Lang (Pierce Brosnan). En un inicio no le seduce nada la idea, pero acabará aceptando el encargo. Su antecesor fue un colaborador del Primer Ministro que muere en un accidente mientras realiza el trabajo. Él debe trasladarse a la mansión en la que vive Lang junto a su esposa, Ruth (Olivia Williams) y su ayudante personal, Amelia Bly (Kim Cattrall); una isla en la costa este de Estados Unidos, en pleno invierno, con un tiempo absolutamente turbulento. Nada más instalarse en la isla,  un antiguo Ministro del gabinete de Lang le acusará de autorizar la captura ilegal de sospechosos de terrorismo y su posterior entrega a la CIA para que los torture. Estos hechos son crímenes de guerra. La polémica que se genera a partir de la noticia, atraerá a periodistas y manifestantes hasta la isla. El escritor, no se mantendrá ajeno a esta noticia ni a las consecuencias de la misma.

Un interesante thriller político que, algunos han querido ver como un paralelismo con el propio ex -Primer Ministro Tony Blair, pero que el propio escritor de la novela se ha encargado de desmentir, explicando que esa idea bullía en su cabeza desde hacía más de quince años.

Polanski consigue crear un escenario gris, lúgubre que acompaña como nada la sucia trama que nos cuenta. El mal es el centro de este film y el director consigue transmitírnoslo perfectamente. El escritor, ese que no tiene nombre, es un magnífico observador y esa caractarística llega perfectamente al espectador.

Una película técnicamente perfecta. Con un argumento político que, si bien inicialmente puede despistar, engancha desde un primer momento. Y, en el centro de todo, un montón de folios escritos, recogidos por un elástico que, sin quererlo, contiene la cara del mal.

Una buena película. No se les ocurra levantarse de la silla hasta llegar al final. Fíjense bien y ya me dirán quien gana ¿el bien o el mal?

©Del Texto: Anita Noire


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