ene 16 2011

El caballero oscuro: Emoción sin reposo

Sin emoción el cine no es nada. Una película llena de emoción es una experiencia única, inolvidable y el motor (al menos durante unos minutos) de la imaginación del espectador. Por eso una película es grande o se queda en simple pasatiempo.
El caballero oscuro dirigida por Christopher Nolan e interpretada por Christian Bale (algo soso como siempre), Michael Caine (más que correcto como siempre) y Heath Ledger (fantástico como nunca), entre otros; es una excelente muestra de tensión narrativa mantenida sin fisuras de principio a fin, de construcción de personajes a través de un guión bien armado y con el tiempo narrativo medido y ajustado al tempo, de fotografía cuidada (Wally Pfister), una muestra de lo que puede significar para el espectador la construcción de un estado emocional que se mueve como un pendulo entre la inquietud y ese remover la consciencia que se consigue lanzando mensajes claros y contundentes.
Los efectos especiales son magníficos. La banda sonora acompaña la acción como si quisiera acariciar cada imagen con solvencia y delicadeza (la partitura la firman Hans Zimmer y James Newton Howard), la participación de Ledger asombrosa (la de todos los secundarios muy importante puesto que Nolan los utiliza para lo que debe utilizarse un secundario, para iluminar al principal y hacerle crecer. Bale o Batman (si lo prefieren), a pesar de los pesares, en esta película también lo es).
La película se mueve de un extremo a otro buscando la dualidad, el sí y el no que todo contiene, el bien y el mal. No el sí frente al no o el bien luchando contra el mal sino cada cosa ocupando ese lugar que les corresponde y que se hace inevitable puesto que, antes o después, aparecen para equilibrar la balanza.
Distanciándose tanto como puede de la estética del cómic, buscando un registro propio, Nolan consigue la que es su mejor película. No se enreda en tiempos narrativos difusos o fórmulas tremendamente exigentes con el espectador. Ni maneja conceptos que termina equivocando (el director) como le sucedió al firmar Origen (en la que se hace un lío monumental entre lo que es sueño y pensamiento consciente). Con El caballero oscuro se limita a contar una historial casi lineal y a contarla más que bien.

Durante las dos horas y media que mide la película, no hay un momento de reposo, no hay una escena de más, ni una frase que no conduzca a un lugar más allá del que se vive en ese momento.
Y, lo más importante, es que se trata de una invitación a la reflexión, de una enorme pregunta sobre lo que significa lo bueno y lo malo de cada cosa, sobre la posibilidad y la necesidad de una mentira para que el sistema funcione (¿Es malo engañar cuando eso puede representar una estabilidad buscada? ¿Es la verdad la que cambia o se mantiene inmutable? ¿Son los hechos los que se pueden mirar desde diferentes perspectivas para presentarlos de un modo u otro?)
En fin, una excelente película. Una de esas que le gusta a cualquiera. Emocionante e inteligente. ¿Qué más se le puede pedir al cine?
© Del Texto: Nirek Sabal


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ago 8 2010

Inception: Recuerdos encerrados

Por fin tenemos en nuestras salas una de las películas más prometedoras del año, Inception (Origen), prometedora por la expectación que ha creado debido a su director Christopher Nolan, autor de obras como Memento, Insomnia, el renacimiento de Batman o en mi opinión, su obra cumbre, El caballero oscuro; y prometedora porque en ella se han volcado una ingente cantidad de medios técnicos sofisticados a la orden de una historia más que interesante.

Dominic Cobb (Leonardo Di Caprio) es un ladrón de secretos. Para ello utiliza una máquina llamada Origen, la cual transporta a los sujetos que la utilizan al mismo subconsciente de la persona. Cobb actúa para grandes corporaciones en la lucha por el poder, y es un fugitivo en muchos países. Su objetivo es ganarse el derecho a volver a casa, de la que fue exiliado por un grave incidente que le dejó con un fuerte sentimiento de culpabilidad y que marca todos sus trabajos: su mujer fallecida y el abandono de sus hijos. Para ello le ofrecerán un último trabajo, el más difícil de todos, en vez de robar una idea de una mente, introducirla, y en su periplo se rodeará de un equipo de personas a cada cual más variopinto. Cobb y sus chicos crearán un plan para introducir una idea en el hijo de un magnate fallecido, el cual está siguiendo los pasos ambiciosos y arrogantes de su padre, para que cambie su percepción de la realidad y sus sentimientos.

Al contrario de otras películas como Matrix o Nivel 13, donde los personajes iban subiendo poco a poco a la auténtica realidad con la base del mito de la caverna de Platón, aquí nos encontramos con un auténtico descenso al ‘’Infierno de Dante’’ (La Divina Comedia, léanlo si tienen lo que hay que tener), pues los sueños se dividen en capas o niveles y el objetivo será crear un sueño dentro de un sueño de otro sueño, y cuanto más profundidad hay, si se muere, queda el sujeto en un estado de coma o durmiendo literalmente durante décadas hasta encontrar la salida, a dicho nivel se le llama Limbo (‘’Purgatorio’’ para la obra literaria de la que hablo). El ‘’Paraíso’’ vendría a ser la catarsis y redención de Cobb. Porque de eso trata toda la película, es la redención de un personaje atormentado por sus recuerdos, es un film sobre lo que no podemos dejar escapar de nuestra mente, de esa persona que quisimos una vez y se fue pero se quedó atrapada en nuestro pensamiento, y de esta manera se distorsiona en nuestro subconsciente viciándonos, y en este caso, aportándonos simplemente un sentimiento de culpabilidad. Decir que Marion Cotillard está espléndida como ‘’Mal’’, la mujer de Cobb, o Ellen Paige como ‘’Ariadne’’, la persona que hará que Cobb esté lo más posible con la cabeza en la tierra y no sucumba ante sus propios recuerdos. También cabe destacar Gordon Levitt como ‘’Arthur’’, mano derecha de Cobb y una de las revelaciones de la cinta que nos ocupa. Y como ya viene siendo habitual en las últimas producciones, Christopher Nolan se rodea de un actor de lujo como es Michael Caine, y que aunque aquí es un simple secundario, su carisma y su sonrisa llenan la pantalla en los pocos minutos que sale.

Ritmo y acción trepidante que no decae ni un minuto de los 150 que dura el film, con grandes escenas que a más de dos y de tres se le quedará grabada en la retina por la espectacularidad visual y sonora que compone el conjunto, mención especial a la música de Hans Zimmer, que auto-plagiándose ya por inercia, logra que nos metamos en la película de lleno, haciendo una banda sonora bastante notable. También destacar la fotografía y el vestuario, bastante sobrio, con esos tonos grises y fríos, propios de un auténtico descenso a la oscuridad de la mente. La idea en sí de la película es bastante compleja, aunque su guión dialogado no es para echar cohetes, uno de los miedos que tenía un servidor era que fuese una paja mental véase el arquitecto de Matrix Reloaded, y películas del estilo donde no hay quien entienda lo que dicen los personajes. Pero no es así, y aprueba con nota.

En definitiva, estamos ante un film sobresaliente en todos sus apartados, que cumple con su cometido que no es más que entretener y que viene a dar una bocanada de aire a una cartelera que de solo mirarla da grima; con una propuesta inteligente, una película que utiliza el pretexto del subconsciente para hablarnos de los recuerdos reprimidos de cualquiera de nosotros, del pasado que no dejamos escapar, de la herencia de una propia personalidad, de la redención que a veces uno necesita para poder ver con claridad… Nolan construye una de sus películas más redondas. Y no hay más.

5, 2, 8, 4, 9, 1…

© Del Texto: Gwynplaine Thor


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