sep 2 2013

Glengarry Glen Ross: Alimañas en el puesto de trabajo

Glengarry Glen Ross es una excelente película. Queda dicho desde el principio. Un trabajo que hoy (se trata de una película de 1992) vuelve a tener una relevancia más que importante.
Al que escribe, David Mamet no le pareció nunca una director excepcional, pero sí un guionista de los buenos. Este -que es una obra de teatro y se deja notar- está bien construido, sin altibajos, sin grandilocuencias, sin trampas fáciles, sin una trama innecesariamente enrevesada (sólo al principio parece que la cosa está clara y se pueden observar algunas dudas). El autor se centra en el problema que plantea y se deja de espectáculos. El hombre deshumanizado, adicto al trabajo, capaz de cualquier cosa con tal de triunfar. El hombre humillado por las cifras o endiosado por el oro de su reloj. La importancia desmesurada de lo material ante el resto de las cosas. Todo ello concentrado en una oficina inmobiliaria; pequeña, en la que tenemos el arquetipo de los diferentes tipos de trabajadores (el negativo, la estrella, el que es mayor y sufre o le imponen la decadencia, el pusilánime…), en la que se presentan los diferentes tipos de relación que se establecen en los puestos de trabajo. Todo montado para que la idea de un hombre sumido en el pozo materialista aparezca como un títere que no puede gobernar ni su propia vida.
El director James Foley (tampoco un director excepcional) contó con un reparto de lujo. Jack Lemmon (impresionante, con oficio para dar y regalar), Al Pacino (contundente, creíble, desplegando un lenguaje corporal inmenso que recuerda al Tony Montana de Scarface), Alec Baldwin (sorprendente en su corto papel), Ed Harris (sobrio y seguro), Alan Arkin (aportando sencillez a un personaje difícil), Kevin Spacey (cumplidor y seguro de sí mismo) y Jonathan Pryce (correcto como de costumbre); un reparto que hubiera soportado una mala dirección e, incluso, un mal guión. Y, además de sumar estrellas en su película, dirigió con astucia Glengarry Glen Ross, una película llena de teatralidad que Foley desmonta sacando la trama en momentos justos a exteriores. Con cuatro escenarios sencillos a más no poder logra entregar una película estupenda. La banda sonora (escasa, pero acertada) ayuda y pone el grano de arena que se espera de ella.
El mensaje de la película es claro y contundente: el camino del dinero como único objetivo nos lleva a la autodestrucción como seres humanos. Así de simple y de tremendo. El trabajo, que debería ser algo gratificante con lo que el hombre pudiera crecer como persona, no puede convertirse en una trituradora de personas. Sencillo y muy clarito. Algo que hoy nos debería hacer pensar en la situación que estamos viviendo.
El sistema capitalista criticado sin piedad, la relaciones humanas analizadas para señalar que el débil está en manos del mejor colocado, que alguien desesperado tan sólo tiene la posibilidad de entrar en ese sistema para ser descuartizado.
Una buena película para ver con atención, para reflexionar sobre lo que está pasando y el lugar en el que nos coloca.
© Del Texto: Nirek Sabal


ene 15 2012

Las Horas: Contar la vida y la muerte

La importancia de cualquier narración (de calidad) llega desde su utilidad para el sujeto. Algo no comunicado es algo muerto. Y algo que se narra (de calidad) conmociona, remueve la conciencia (da igual cómo o su intensidad) y modifica algo del cosmos personal de los que han escuchado, leído o mirado. Porque lo hacen suyo. El universo tiene, a partir de esa reacción un nuevo elemento más. Por eso, las grandes alharacas no siempre sirven. Pueden hacer que alguien pierda un par de horas entretenido, pero poco más.
Michael Cunningham escribió una novela (consiguió el premio Pulitzer el año 1999); David Hare adaptó ese texto creando un guión de cine; y Stephen Daldry dirigió la película. Las Horas. Espléndida conmovedora, profunda, emotiva, bella en su factura. Daldry buscó y encontró a Nicole Kidman (irreconocible y maravillosa en su papel); a Julianne Moore (verosímil, tan frágil como pedía el papel); a Meryl Streep (elegante, sin fisuras en su interpretación); a Ed Harris (perfecto en lo breve de su papel) y a John C. Reilly (en un papel muy secundario, pero con el que consigue una de las escenas más emotivas de toda la película). Y Daldry debió pensar que ya puestos a hacer buen cine, necesitaba una partitura sobresaliente. Contrató a Philip Glass y lo consiguió. El resto del despliegue técnico ayudó, sin duda, a que la película terminara siendo una excelente muestra de lo que es el buen cine.
Contar la vida es complicado. Contar la muerte también lo es. Y hacerlo por separado un error de principiante. El mundo es dual. La pregunta no debe formularse como ¿vida o muerte? La cuestión es tener claro que la vida es muerte y la muerte vida. Vida y muerte. Siempre van unidas. Y esto es de lo que trata esta película. La vida. La muerte. Y las diferentes formas con las que determinados personajes son capaces de enfrentarse a ello.
La novela de Virginia WoolfMrs. Dalloway, sirve de nexo entre tres mujeres, tres tiempos, tres vidas distintas con tres muertes añadidas. Un poeta enfermo será el conductor necesario para que el nexo funcione. La locura, la homosexualidad, el fracaso y el éxito, serán elementos que ayudarán a comprender lo que sucede. Toda una hermosa tragedia rodeada de belleza corporal y espiritual.
El guionista plantea cuestiones dolorosas e inevitables para el que mira desde la butaca. Por ejemplo, ¿hay opciones en la vida cuando un sujeto se plantea ser feliz?; ¿existe el perdón cuando no aparece el arrepentimiento? Y lo hace desde la crudeza que impone la realidad que asusta con su terquedad y que ordena nuestra libertad.
Los diálogos de la película son fascinantes. No dan tregua, cada secuencia encierra frases importantes. Las reflexiones de Virginia Woolf (personaje que interpreta Nicole Kidman) son enormes; los silencios (sí, los silencios) de Laura Brown (personaje que defiende Julianne Moore) son conmovedores; las prisas por decir sabiendo que el tiempo se acaba de Clarisa Vaugham (personaje de Meryl Streep) son descorazonadoras. Todo lo que dice Richard Brown (Ed Harris) tiene importancia. Él es la vida y la muerte. Aunque todos lo somos, ese personaje concentra la esencia de esa conjunción entre un lado de la realidad y el otro.
Pero si los diálogos son importantes las interpretaciones y el trabajo de dirección con los artistas lo son del mismo modo. Todo parece exacto, ajustado, pertinente.
Buena fotografía, una puesta en escena elegante; el vestuario, maquillaje y peluquería, impecables. Todo es su sitio. Todo es lo que tiene que ser. Ni más ni menos.
Las Horas es una película que se presenta con un ritmo pausado, algo lento, aunque es lo que requiere un guión de estas características. Las buenas reflexiones apresuradas suelen terminar en desastre. Y con este ritmo narrativo, el espectador está obligado a ceder ante la propuesta o abandonar. El que cede se garantiza una experiencia estupenda entre personajes difíciles de entender, en épocas diferentes, entre vidas y muertes diversas que terminan siendo la misma cosa. Siempre fue así.
Desde luego merece la pena ver la película, dejarse seducir por ella sabiendo que pisamos la zona gris de la existencia. Pero sabiendo, del mismo modo, que nuestro universo será otro distinto.
© Del Texto: Nirek Sabal


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abr 24 2011

Apolo 13: Viaje a ninguna parte

Apolo 13 trata de ser una película sobre la épica del héroe y se queda en una aventura en la que todo se resuelve con tubos de goma y papel higiénico. Apolo 13 quiere demostrar al mundo entero lo que un norteamericano es capaz de lograr y consigue que nos hagamos preguntas sobre su estupidez, sobre cómo se pueden gastar millones de dólares cuando la cosa va de utilizar basura para que los astronautas regresen a casa, sobre lo superficial que puede llegar a ser la gente de ese país. Apolo 13 intenta ser una película espectacular es cada escena y se queda en un conjunto de secuencias llenas de efectos especiales que ni fu ni fa.
A esta película le pasa lo mismo que a la nave espacial que intentaron llevar hasta la luna. Lograrlo debería ser coser y cantar (lograr una buena película con ese presupuesto, llegar a la luna con ese presupuesto) y el camino se convierte en un enorme problema. En la nave no funciona casi nada. En la película ocurre lo mismo. En la nave van encontrando soluciones chapuceras para regresar. En la película se abusa de una dramatización excesiva buscando en el espectador emociones inexistentes, dejando la narración a un nivel y esos excesos en uno muy distinto; es decir, hacen una verdadera chapuza.
Tom Hanks, Kevin Bacon, Bill Paxton, Gary Sinise y Ed Harris forman el elenco (lo principal de él). Ron Howard fue quien intentó dar forma a todo esto y consiguió contar una catástrofe dentro de otra. Intentó enseñar un drama humano y se quedó en poner a llorar a los personajes para conseguir empatía en el espectador; intentó una cosa grande y le salió un churro enorme. El guión es sensiblero, facilón y superficial. No crean que miento si les digo que no sé si incluyeron una banda sonora en la película. Qué trabajo de Mr. Howars. Qué forma de tirar el dinero.
En definitiva, un desastre absoluto. Puede entretener a los chicos una tarde de domingo. Poco más.
© Del Texto: Nirek Sabal


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