jul 8 2013

La mejor oferta: Peligroso aroma a conocido

La mejor oferta, nueva entrega de Giuseppe Tornatore, recuerda a otras cosas. Y esto la convierte en previsible desde el principio, esto hace que el guión apeste a lo ya contado anteriormente. Incluso la música de Ennio Morricone recuerda peligrosamente a la que se escuchó en la magnífica Once Upon A Time In America.
Que la excelente factura de la película convierta los 124 minutos de proyección en un espectacular despliegue técnico, no libra al trabajo del señor Tornatore de un aprobado y poco más.
La mejor oferta es una lectura moderna y ajustada del Don Pasquale de Donizetti y su libretista Ruffini (no son los primeros aunque, seguramente, los más famosos que enfrentaron este asunto). La vejez como debilidad ante la belleza de todo tipo; la juventud insolente y lejana a la compasión; la burla del joven ante el viejo. Ya estaba contado y es asombroso lo poco que el relato de Tornatore se aparta de lo que ya es sabido. Desde el primer momento, se intuye cada paso que se va a dar. Además, en el desarrollo dramático aparecen demasiadas cosas que vacían de credibilidad el argumento. Por ejemplo, la cena a la que el protagonista invita a su amigo para que permanezca oculto (a pesar de la resolución se hace increíble). Hay algún intento de crear imágenes metafóricas que se quedan a medio camino. Por no ser potentes o por explicitar inútilmente algún asunto que ya está desarrollado. Sirve de ejmplo, también, un autómata que va creciendo al mismo tiempo que el personaje femenino y la relación con el principal masculino (las piezas que se van encontrando, se van ensamblando) y, de paso, sirve para decir al espectador que el aspecto más egoísta y falto de escrúpulos del personaje siempre estuvo (carga de moralina endeble). Metáforas fallidas, innecesarias y estériles.
Todo está muy bien fotografiado por Fabio Zamarion; eso es verdad. Los encuadres son estupendos o necesarios. También es cierto. Las interpretaciones están a muy buen nivel. Sobresale la de Geoffrey Rush que se encarga de soportar el peso del relato. Donald Sutherland defiende bien un papel muy menor. Jim Sturgess y Sylvia Hoeks algo desaprovechados. Pero, aunque todo está en su sitio, el guión hace aguas por conocido, por ser algo pretencioso en fases concretas, por sensiblón, por mirar el mundo del arte desde una superficialidad casi insultante, por excesivo en su medida al intentar contar todo buscando atar todos los cabos. Y todo esto en cine no funciona y es muy peligroso.
En cualquier caso, no hay que dejar de ver La mejor oferta. Las tramas (una romántica y otra buscando un suspense inexistente aunque resultona) pueden entretener durante un par de horas. Tal y como están las cosas, puede llegar a ser suficiente. Ahora bien, están ustedes avisados. Luego no digan que no fueron advertidos.
© Del Texto: Nirek Sabal


dic 29 2012

JFK: Espiral de Ficciones

Contar una historia cualquiera requiere un esfuerzo creativo por parte del que narra y una actitud en el que escucha o ve lo narrado. Eso es algo ya sabido por todos. Lo que ya no es tan popular es cómo se consigue algo así.
Oliver Stone, en su película JFK, intenta el juego creativo y busca el estímulo necesario (en la misma zona narrativa) que vincule al espectador con el trabajo. Monta su película asumiendo riesgos importantes. Y lo hace para que una historia sabida por todos parezca una novedad. Por otro lado, juega con los encuadres, con las escalas y con los puntos de vista para llamar la atención del espectador. Incluso va del blanco y negro al color por el mismo motivo. Se suma a este esfuerzo que el relato (con su estructura y coherencia propia) contiene otro (con su estructura y coherencia propia); y se establecen como dos realidades paralelas. Al buscar la implicación del espectador como clave en el relato, comienza la película y son tres las realidades puesto que se añade a la receta la propia de los espectadores. Y todo esto para contar un hecho histórico.
JFK es una de las películas con mejor reparto que se recuerdan. Y todos, aun en papeles menores, están soberbios. Incluso Kevin Costner se libra, esta vez, de una mala crítica. Esto dicho así está muy bien. Pero utilizar tanto talento pare defender papelitos deja un sabor agridulce, una sensación de desperdicio más que importante. Jack Lemmon, Donald Sutherland, Gary Olman, Joe Pesci, Kevin Bacon o Tommy Lee Jones (que interpreta el papel de Clay Shaw; personaje homosexual y tratado en esta película sin ninguna delicadeza y de forma tendenciosa) son algunos de los que participan en la película.
JFK se recordará por su montaje. Para algunos un desastre en el que la repetición de imágenes es empalagosa e injustificada al igual que lo son las rupturas temporales. Para otros una exhibición de creatividad que soporta la estructura argumental con firmeza. Un juego colosal al que se somenten autor y público. En realidad es un montaje arriesgado en el que se logran cosas importantes y se cometen errores del mismo calibre. Además, hace que algunas cosas fundamentales de la película queden entre dos aguas. Muchos aspectos de la trama quedan oscurecidos por la falta de información. Se podría decir que no deja de ser una propuesta irregular con luces y sombras. La buena noticia es que o importante de esta película no es el montaje como muchos creen. Son los diálogos y las interpretaciones los que convierten en bueno el producto. Los problemas que puede tener el montaje se ven rebajados cuando los personajes crecen, cuando la trama aparece con claridad en cada frase.
La conspiración contra John Fitzgerald Kennedy es una enorme y espectacular excusa para afrontar e tema de la película: la mentira; una mentira de dimensiones extraordinarias; una mentira que afecta al mundo entero y en la que vivimos inmersos; eso que convierte la vida en ficción. La gracia del trabajo de Oliver Stone es que revisando un hecho histórico, nos planteamos hasta qué punto vivimos en una realidad creída o una ficción consentida. Lo mismo que les pasa a los personajes de la película. Y por eso el montaje abusa de la repetición de imágenes. La mentira repetida se convierte en gran verdad. Sea cual sea.  Lo mismo visto desde diferente lugar puede parecer distinto. Lo distinto se puede camuflar cambiando el punto de vista. Un juego al que es sometido el espectador y le puede parecer aburrido de solemnidad o un reto gratificante. Por eso el cambio de encuadres y escalas, por eso la modificación de los puntos de vista, por eso el juego de Stone.
La peícula se acerca al formato documental en muchos momentos. Y no sólo por utilizar imágenes reales. Se aproxima porque el sistema narrativo hace uso de la información pura y dura para poder mantener en píe la trama de la ficción (escasa muchas veces, la información).
Todo esto que digo nos lleva hasta un trabajo muy extenso. Son muchos minutos trabajando ante una pantalla. Ese es otro de los riesgos de la propuesta. No es habitual obligar a un trabajo intelectual tan extenso. Otra justificación más del dichoso montaje; que entusiasma o hace odiar JFK.
Una última cosa. Es algo incomprensible el uso de la banda sonora. Aparece y desaparece sin razón alguna. Ahora aquí sí. Ahora no. Este es un pero incontestable.
Si no lo hicieron en su momento, echen un vistazo a JFK. A ver qué pasa.
© Del Texto: Nirek Sabal


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abr 8 2012

The Italian Job: No pensar en 106 minutos

The Italian Job es una mala película que no trata de parecer lo contrario. Ni es pretenciosa, ni trata de engañar a nadie. Su director, los actores y el equipo técnico saben a lo que están jugando y dejan clara su postura desde el primer momento. Esta es una película de entretenimiento. Poco más. Buenos efectos especiales, acción trepidante, un guión divertido, un buen elenco y un montaje que no deja pensar al espectador en sus problemas. No hay una sola señal durante la película que nos haga pensar que es otra cosa.
Estereotipos. Todo se llena de estereotipos. Pero no crean que se tratan de camuflar entre lo sublime. No. Aquí los personajes, la trama, el desarrollo de la acción o las pocas ideas que se manejan, se presentan como lo que son. Estereotipos. Ladrones malos, ladrones buenos, víctimas tontas, chica guapa, policía lenta. Están presentes todos los posibles que alguien puede llegar a imaginar.
En otros casos, el que escribe estaría resaltando la falta de respeto del director respecto al espectador, la falta de profesionalidad de un grupo de actores que se prestan a este juego del engaño y cosas así. Pero eso sólo ocurre cuando el director o los actores tratan de parecer lo que no son. En esta película todo está claro. Es una mala película para entretener a base de tiros, persecuciones, amores entre chicos guapos y maldades.
Mark Wahlberg, Charlize Theron, Edward Norton, Seth Green, Jason Statham, Mos Def, Franky G. y Donald Sutherland son los actores que se prestan al juego que podríamos llamar Dime tonterías que yo me lo paso bien. Como ven, algunos de ellos son capaces de defender sus papeles con cierta solvencia en distintos trabajos, incluso alguno de ellos es un buen actor. Otros se dedican a hacer siempre este tipo de películas. Pero ninguno pretende en The Italian Job otra cosa que no sea pasarlo bien y hacer que otros se diviertan.
Su director, F. Gary Gray, ha dedicado buena parte de su carrera a gastar el dinero en películas de este corte. Y no parece que le vaya del todo mal porque, de vez en cuando, nos llega uno de sus trabajos para que podamos sentarnos frente a una pantalla y olvidar lo que pasa en el mundo. Pero ya les digo yo que es como su película. Malo. Pero tela de malo. En Be cool, otra de sus trabajos, demostró que no sabía qué hacer con la pareja Travolta y Uma Thurman consiguiendo un desastre sin igual. Esto es sólo un ejemplo. Es muy malo.
El caso es que una banda de ladrones logra dar un golpe casi perfecto. Casi porque uno de ellos les traiciona. Todo el oro que han robado lo pierden gracias al tipejo. Y montan otro golpe, esta vez perfecto, para arrebatar el botín al ladrón malo. Eso es todo. Lo justo para estar sin pensar 106 minutos.
Los actores se divierten sin dar mucho de sí. El director hace lo que sabe que es entretener al que se deja. El resto es normal y corriente.
Ahora, ya saben, pueden echar un vistazo a The Italian Job. No perderán nada. Excepto 106 minutos.
© Del Texto: Nirek Sabal


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