mar 28 2013

Hotel Rwanda: las consecuencias de amar y odiar

De 1990 a 2002, una guerra civil desoló Ruanda. Las imágenes de asesinatos, de violaciones, de destrucción sin límite, llegaban a través de la televisión ante la pasividad del mundo occidental. Allí no hay petróleo, ni intereses económicos relevantes para Europa o Estados Unidos. Fue una condena a muerte para cientos de miles de personas.
Eso es lo que cuenta Hotel Rwanda aunque la cinta se centra en lo que ocurrió durante 1994 (un asunto que puede llevar a confusiones puesto que la película dibuja buenos y malos y resultó que los buenos fueron, poco después, tan malos como los anteriores). El realizador Terry George trata de ir más allá de lo puramente histórico (sin mucho éxito). Hace un intento de proponer una película que indague en la dualidad amor-odio. El odio y sus consecuencias. Las heridas mal curadas que llevan hasta el odio. El ansia de poder y de dinero que lo mueven todo. El amor y sus consecuencias. La medicina que supone amar para cualquier herida por profunda que sea. El ansia de amor que lo mueve todo. La misma cosa tratada desde un extremo o desde otro. Amor y odio. Vida y muerte. Y una denuncia social. Occidente mirando hacia otro lado aunque el conflicto fuera de magnitud extraordinaria.
Hotel Rwanda es una buena película aunque con cierta estética de telefilm domingero de la televisión. Algo exagerada en su metraje (duración excesiva motivada, sin duda, por ser una historia real la que sirvió para escribir el guión; suele ocurrir que son muchas las cosas que contar y pocas las ganas de elegir entre ellas para eliminar algunas). Es una buena película, pero no es gran cine. Impresiona más el recuerdo de esa barbarie que la propia cinta. Terry George lo sabe y abusa algo de ese recuerdo. No está mal realizada aunque no enseña nada nuevo; nada conmociona como debería al ser cine.
Don Cheadle es el actor protagonista. Está muy bien. Este actor es una inversión segura porque, aunque austero, no suele fallar. Nada de grandes cosas, pero el trabajo suele ser correctísimo. Nick Nolte y Joaquín Phoenix defienden papeles muy secundarios. Correctos los dos. Sophie Okonendo algo histriónica. La puesta en escena está muy cuidada y es detallista al máximo aunque, al final, el esfuerzo sirve más para colocar personajes secundarios y figurantes que para otra cosa. La fotografía es digna y la música notable.
Pero falta algo. Como siempre, el guión es el problema. Que lo que se cuenta sea un hecho histórico no hace verosímil el trabajo. Esto no es un documental. Hay que buscar con lupa frases que contengan algo de sentido profundo (se trataba de denunciar y de hablar de asuntos muy serios como lo son el amor y el odio; para hacer eso es necesario una reflexión seria y convertirlo en un libreto de calidad). Todo se coloca en lugares que permiten que avance la acción aunque se olvida lo fundamental. El tema que se trata. Por eso decía que Terry George trataba de ir más allá sin mucho éxito. Trató de hacerlo aunque se quedó en la línea de salida o casi.
La película se deja ver y resulta entretenida. Los momentos más crueles, los que podrían estropear la tarde a los espectadores más sensibles, no se muestran de forma explícita salvo una docena de golpes. Lo más interesante, a la vez que doloroso, llega desde la insinuación. Cuando la cámara se centra en algo que se intuye y se vuelve hacia otro lugar es cuando la imaginación se dispara y viaja a zonas terribles. Esos momentos, a decir verdad, son escasos y es una pena.
No vean la película con niños. En pantalla encontrarán a niños como ellos pasando las de Caín y les afectará. Eso es seguro.
© Del Texto: Nirek Sabal


dic 30 2012

El irlandés: Una bocanada de aire fresco

Que en una película aparezcan los narcotraficantes haciendo referencias a Berttrand Russell o Dylan Thomas ya es raro y atrevido. Que el sargento de policía que va tras ellos sea un tipo cultivado aunque lo oculte, también lo es. Que aparezca un agente del FBI norteamericano para atrapar a los malos y tenga que enfrentarse con un enemigo inesperado que se llama cultura diferente no deja de ser sorprendente. Si todo eso se maquilla con una estética pop mezclada con la de un spaghetti western y rellenamos el resultado con diálogos mordaces, irónicos e inteligentes, tenemos un producto algo surrealista, muy divertido, distinto y capaz de entusiasmar.
Esto es lo que ha hecho John Michael McDonagh. Primera película. El irlandés (The guard).
Gerry Boyle es el nombre del sargento de policía. Defiende el papel un estupendo Brendan Gleeson que sobresale sobre los demás al interpretar un papel que parece escrito para que sólo él pueda hacerlo . El agente del FBI lo encarna Don Cheadle; siempre correcto. Uno de los narcotraficantes (hay varios, pero este es el más malo de los malos) es Mark Strong que convence y hace que el villano sea tan malo como corresponde.
El guión es excelente. Irreverente, mordaz, irónico, lleno de guiños. Las conversaciones entre el británico y el norteamericano son dinámicas siempre y van destapando las diferencias que hacen crecer a los dos personajes. Son el nucleo que soporta el entramado narrativo. Porque, aunque la trama principal es policial, todo queda en segundo plano para que conozcamos al personaje, su relación con el mundo y, por tanto, la confrontación entre culturas. El director maneja una subtrama en la que el policía y su madre son los protagonistas que no termina de funcionar bien (todo hay que decirlo). Posiblemente, pensó en buscar una arista al personaje que no termina de encontrar. Tal vez no existe.
Que la trama sea previsible en su desarrollo o que se pliegue al conocido y manido los polis se llevan mal y tendrán que resolver sus diferencias si quieren atrapar a los malhechores pasa a ser anecdótico por la potencia de los diálogos y algunos elementos técnicos más que notables.
Lo importante de esta película es el respiro que da a un panorama cinematográfico algo desolador. Y no sólo por la irreverencia o la socarronería de su propuesta. Los encuadres, el uso de la cámara, lo atrevido de este nuevo director al mezclar conceptos diversos y entrar en el análisis de los tabúes contemporáneos, hace percibir buen cine a la vista. Habrá que seguir muy de cerca a este tipo.
La banda sonora de la película es estupenda y casa bien con el desarrollo de la acción. No excede en protagonismo aunque es imprescindible para que todo funcione sin problemas.
El irlandés es una película que nos enseña un mundo oscuro, helado, cruel, en el que no cabe nada que tenga que ver con lo bonito de la vida si es que existe algo así. Pero lo hace desde la zona en la que nos sentimos cómodos porque todo allí se alivia; desde la fina ironía del que cree que existe la esperanza. Aunque sea en un mundo de ficción.
© Del Texto: Nirek Sabal


Imagen de previsualización de YouTube


sep 3 2010

Iron Man 2: Flotando en un mar de nubes

Subo en un avión tras ingerir una hamburguesa globalizada. No hay otra cosa para tomar en esta terminal. Una vez has entrado en ella ya no cabe la posibilidad de abandonarla ni para ir a la siguiente y comer algo en condiciones.
Tras el retraso anunciado ya estoy dentro del avión. Me agarro a una almohadita, a una manta y empiezo a dormitar. Aviso del Comandante, el dia está despejado. Sigo bostezando mientras una señorita tocada con un gracioso casquete me entrega un programa de películas que, ya me avisa, no  tiene títulos en español, unos auriculares psicodélicos, junto a un tentempié de frutos secos y zumo de manzana. De aquí no puede salir nada bueno. Rumio una especie de garbanzos secos mientras frente a mi aparece una minúscula pantalla y unos flashes terroríficos..
Creo que algo no me ha sentado bien. Veo aparecer unos tipos muy raros con unas corazas extrañas, me parece ver el circuito de carreras de Montecarlo, y a los tipos metálicos que se dan una somanta de palos. Me pregunto si me estaré alienando o es que, simplemente, lo que aparece en la pantalla es una gran mamarrachada. Proyectan Iron Man 2. Disfruto de ella en versión original, no entiendo nada y no por una cuestión del idioma de Shakespeare sino porque es una chorrada tan mal hecha que no hay por donde cogerla. La temática, el tan manido bien contra el mal y, para ello, un gran despliegue de medios técnicos puestos al servicio de la nada. Creo sinceramente que Jon Favreau, su director, se ha lucido de lo lindo con esta película.
Tony Stark (Robert Downey Jr.) es Iron Man, el superhéroe enmascarado. Todo el mundo lo sabe. El Gobierno quiere que dé a conocer al ejercito los secretos de sus armaduras. El bueno de Tony se resiste a ello pues cree que esa información puede ser mal utilizada. Junto a Pepper Potts (Gwyneth Paltrow) y James “Rhodey” Rhodes (Don Cheadle), Tony forja alianzas nuevas y se enfrenta a nuevas y poderosas fuerzas. Justin Hammer (Sam Rockwell), su competencia en la creación de armas, se ha propuesto desbancar a Stark con nuevos ingenios malignos; Vanko(Mickey Rourke) que mientras estaba encerrado en una prisión rusa ha creado su propio traje de batalla que lanza una especie de látigos resplandecientes y devastadores. Hammer y Whiplash aunarán fuerzas para derribar a Tony Stark. Natasha (Scarlett Johansson), que tiene su propio alter ego, Black Widow, es la nueva ayudante de Stark que además de ayudar a eliminar a los malos, creará una bonita tensión sexual en el film
La señorita del casquete grana y labios de fresa me hace bajar la persiana de la ventanilla. No sé si es una invitación a dormir o lo es para dar ambiente al bodrio que se asoma en la pantallita. Tipos que vuelan propulsados dentro de armaduras letales; explosiones por doquier;  guapas y listas salvando al mundo… y yo que me pregunto cuánto dinero debe haber costado hacer esta mierda en la que hasta el apuntador es una estrella de Hollywood.
Los actores, los que ya le hes dicho (Gwynette Paltrow, Robert Downey Jr., Don Cheadle, Jon Favreau, Mickey Rourke, Sam Rockwell y Scarlette Johanson) no es que lo hagan mal, es que son lo peor y yo que no puedo escapar. Unos que quieren salvar el mundo, los otros que quieren acabar con el salvador , y yo, aquí atrapada en un Boeing con una bandeja de comida nauseabunda y una película enfrente más nauseabunda aún.
El bueno, Robert Downey Jr., que con sus manitas crea y lanza esferas luminosas, ejércitos muy raritos; el malo, muy malo, feo y asqueroso, Mickey Rourke, intenta terminar con el buenisísimo. Un bodrio.
Esta película, basada en los cómics de Iron Man, que apareció en el mercado en el año 1963 en la revista Tales of Suspense, deja tanto que desear que hubiera sido muy saludable que no se rodara jamás. Que no se estropeara lo novedoso y fresco que el cómic fue en su momento.
Una vez más queda puesto de manifiesto que ni unos actores de renombre (a veces inexplicablemente renombrados), un presupuesto multimillonario y unos efectos especiales grandiosos garantizan la bondad de una película.
Así que, visto lo visto, consigo desconectar la clavija de los auriculares y me pongo a contemplar el mar de nubes por el que floto. Paso de seguir viendo este bodrio.
© Del Texto: Anita Noire


Imagen de previsualización de YouTube