abr 24 2013

El doble del diablo (The Devil’s Double): Prendido con alfileres

Una de las reglas de oro que no hay que olvidar para poder contar historias es saber qué quieres decir. Esto podría parecer obvio, algo inevitable en cualquier caso. Sin embargo, no lo es. Unas veces por falta de ideas, otras por exceso de ellas; otras más, por desastres o deficiencias técnicas; el objetivo, que es claro, se queda lejos del trabajo del autor y no hay forma de acercarlo al lugar debido.
Eso pasa en El doble del diablo (The Devil’s double) del realizador Lee Tamahori. Tampoco es ninguna sorpresa tratándose de este hombre. Cada, toma, cada escena, se queda en tierra de nadie o, lo que es igual, en la superficie. En la de los personajes, en la de las relaciones de estos, en la de la crítica social, en la de la propia historia. Nada se agarra y se disecciona. Nada. La cosa queda en peliculilla de acción con una buena interpretación del actor principal y poco más. Porque Dominic Cooper lo hace bien y le echa una buena dosis de entusiasmo. El guión hace aguas en sus diálogos y en sus elipsis exageradas que terminan centrando todo en la vida sexual de Uday Hussein (hijo del dictador iraquí). Todo queda prendido con alfileres. Tal vez la primera parte de la película pudiera salvarse del suspenso, pero la segunda es tan desastrosa que tira por tierra lo logrado. Vamos de lo entretenido a lo cutre, a lo desastroso.
La banda sonora no está mal aunque resulta algo repetitiva. Se libra por los pelos. Igual que los efectos especiales. Justitos aunque aprobados.
Además de todo esto, es destacable que durante un momento concreto, todo se desliza hacia la mala caricatura y lo que trata de ser un drama horrible, se convierte en un circo descontrolado. Mucho gemelo, mucha acción que de extravagante parece un chiste.
Tamahori intercala imágenes reales que tratan de ilustrar el momento histórico. Creo yo que busca más decir al espectador que está ante la historia real de Latif Yahia para que se trague todo sin poner pegas. Se intenta apoyar en algo que nunca termina de funcionar salvo que el trabajo sea bueno. El que es malo no se arregla con cuatro imágenes de telediario.
Prescindible. Una posibilidad como otra cualquiera para cubrir una tarde aburrida de domingo. Eso sí, si tiene algo mejor que hacer, ni se lo piense. Ya tendrá tiempo de perder el tiempo con El doble del diablo.
© Del Texto: Nirek Sabal


oct 29 2010

An Education: Ustedes son tontos

El afán por redondear las tramas es algo que nunca comprenderé. Dejar abiertas las narraciones habilita un espacio al espectador que no se valora en su justa medida. Supongo que el aspecto comercial de una producción cinematográfica es fundamental y los guionistas hacen todo lo que pueden para que sus historias encajen en el proceso. Vale, pero ¿no hay nadie que piense en nuevas posibilidades para convertir en comercial todo tipo de guión? ¿Es absolutamente necesario contar todo para que el espectador salga contento de la sala de proyección? ¿Podría ser que, a los que vemos cine, nos gusta poder imaginar lo que sucede a partir de los créditos sin que nadie cierre el asunto (penosamente) por siempre jamás? ¿No será que nos toman por tontitos (muchas veces) y les gusta darnos todo masticadito por si las moscas? ¿Sigue funcionando lo de presentar un final feliz? Esto es algo así como lo que ocurre en la televisión. Emitimos lo que el público demanda, dicen. Pero yo creo que cuando la programación está exenta de porquería, la gente sigue viendo los programas e incluso agradecen la falta de tanta mierda. Pues eso pasa mucho en el cine.
An Education es la última película firmada por Lone Scherfig. Mantiene un puso narrativo notable durante gran parte de la cinta, pero llegado el final la cosa se descompone arrastrando todo lo bueno que tenía. Una propuesta atractiva, algo blandita (eso sí), termina siendo un asombroso espectáculo de felicidad cuando la cosa hubiera sido mucho más verosímil si el guionista hubiera optado por dejar las cosas en su sitio. Resumiendo mucho, lo que nos cuentan es que una chica de 16 años conoce a un tipo mayor que ella. Este la asombra con sus cosas, con su vida, con sus viajes. Ella se enamora locamente, claro. Él termina siendo un mamón. Se separan para siempre aunque ella en un momento arregla todo y lo deja más bonito que un San Luis. ¿A que ya se lo sabían?
Lo verdaderamente notable de la película lo encontramos en la interpretación de Carey Mulligan (esta es la chica enamorada). Francamente bien. Emma Thompson está por allí para hacer bulto junto al resto que no pasan de estar correctos (Peter Sarsgaard, Alfred molina, Rosamund Pike, Dominic Cooper y Olivia Williams).
A lo largo de la trama ocurren cosas que no terminan de casar con lo que luego vamos descubriendo. Por ejemplo, un sujeto que es lo que es ( un crápula de tomo y lomo) difícilmente tendría una actitud parecida a la que nos muestran cuando la pareja se encuentra a solas las primeras veces. Resulta tan patética la escena como descubrir que nos la han jugado ocultando algo fundamental para entender el producto en su totalidad. De verdad que creo que nos toman por idiotas. En fin, una película que podría ser notable se queda en muy poca cosa. En la actriz principal y, no lo he mencionado aún siendo lo mejor de la cinta, la banda sonora. Podrán escuchar On the Rebound de Floyd Cramer, Sous le Ciel de París de Hubert Giraud interpretada por Juliette Greco, A Sunday Kind of Love de Beth Rowley que también canta una excelente versión de You Got Me Wrapped Around Your Little Finger de Ben Castle, Maybe Tomorrow de Bill Fury y algunos temas más que resultan maravillosos entre tanto cine de mentira.
Los amantes de historietas maravillosas que terminan mostrando un mundo que viaja sobre una nube de algodón de azúcar tienen en An Education una excelente oportunidad para disfrutar. Pero el resto, no sé yo.
© Del Texto: Nirek Sabal



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