sep 8 2011

September

September fue un desastre económico. Woody Allen nunca ha sido demasiado querido en su país y le esperan de mala gana. Si la película es un drama teñido, claramente, de ese color que aporta el cine de Bergman, que tanto le gusta al director y que tan poco entusiasma a los americanos, el resultado en taquilla y crítica es demoledor. Aunque tampoco gustó demasiado en Europa. No será la película que pase a la historia del cine como la mejor de Woody Allen.
Es verdad que los diálogos que establecen los personajes toman una dimensión demasiado elevada para lo que se cuenta. Una propuesta sencilla llena de frases excesivas no termina de funcionar. Y es verdad que los personajes se perfilan desde unas relaciones que, o bien se hacen inexplicables (el espectador no entiende lo que pasa cuando le falta una mínima dosis de información que aclare lo que sucede) o bien se presentan desde una perspectiva excesivamente superficial que tampoco ayuda demasiado a comprender. Todo eso es verdad. Tanto como que la lentitud de la película es excesiva. Demasiado interés por el interior de una casa que no termina de acompañar lo que Allen quiere contar.
Sin embargo, la película tiene cosas más que buenas. La fotografía es extraordinaria. Una parte, muy extensa, fue rodada sin apenas luz (una tormenta deja sin corriente eléctrica la casa en la que se desarrolla la trama) y la belleza visual es enorme. Los primeros planos de las actrices buscan destacar los rasgos que den fuerza al carácter del personaje. En fin, un inmenso trabajo fotográfico. La dirección de actores es sobresaliente. Algo habitual en el cine de Allen. Mia Farrow está bien. Aunque son Dianne Wiest y Elaine Strich las que destacan desplegando un lenguaje corporal extraordinario. Ellos; Sam Waterston, Jack Warden y Denholm Elliott; defienden sus papeles con facilidad. Waterston es el que parece menos convencido de ello. Y, por supuesto, la música de September es una delicia. Ya saben jazz clásico que gusta escuchar a cualquiera y que completa todo el conjunto. Títulos conocidísimos y elegidos con muy buen gusto.
Hay quien dice que esta película habla de la soledad, de esa que uno siente a pesar de estar acompañado por un ejército de personas. Yo no lo creo. Francamente, esa lectura me parece simplista y tópica. Quizás por ello la película gusta menos. September habla de la renuncia. Cualquier cosa que tenemos tuvo un precio que pagamos en su momento. Y la renuncia crea una falta, una ausencia de la parte que convierte en otra cosa nuestra vida. Por eso el título. Después del esplendor de la juventud, de la inocencia, llega el declive. El personaje que se contrapone a esta idea es el de la madre. Pero termina resultando que todo es una gran mentira.
September es una buena película. No es una obra maestra. Pero las buenas películas, sin ser comparadas, son eso, buenas películas. Que funcionen bien en taquilla es otro cantar. O que la crítica hable mal de ellas. Una buena tarde de cine con Woody Allen pilotando es siempre una de las mejores opciones.
© Del Texto: Nirek Sabal


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nov 28 2010

Hannah y sus hermanas: lo más normal del mundo en una película

Uno de los errores que cometen con más frecuencia los nuevos autores es creer que necesitan poner su capacidad creativa en funcionamiento para lograr personajes grandiosos por su extrañeza, tramas que toquen de cerca lo extraordinario o escenarios que sólo alguien como ellos podría llegar a imaginar. Y digo que es un error porque , tal vez, tengan a su lado algo que contar sin tanta búsqueda en territorios extraños. Dedicar más tiempo de lo necesario en una búsqueda estéril cuando, por ello, se deja de trabajar, es una forma, como otra cualquiera, de convertirse en un autor sin obra, con mucha obsesión y poco más.
A Woody Allen le han podido pasar muchas cosas, ha podido cometer grandes errores durante su carrera, pero eso no; eso de andar buscando la excelencia lejos de sí mismo (incluso de su propia imaginación) no parece ir con él. Si tuviera que nombrar a un director por su honestidad al trabajar y su claridad de ideas, es posible que le nombrase a él como ejemplo de lo que ha de hacer un profesional.
Imaginen una familia corriente. Alguien me podría decir que la familia que se dibuja en Hannah y sus hermanas está llena de neuróticos, fracasados, engañados, mentirosos, ex drogadictos, ex alcohólicos, hipocondriacos, matrimonios destrozados, matrimonios en la cuerda floja y de problemas. Me lo podrían decir; es cierto. Pero es que en todas las familias encontramos lo mismo que en esa. Otra cosa es que  queremos reconocerlo o no, que podamos hacerlo o no. Bueno, imaginen una familia así, normalita, sin grandes rarezas. Visten con ropa normal, resuelven los problemas normales de una familia, tienen los secretos corrientes de una familia corriente. Imaginen una familia así, en lo que les pasa. Y, voilà, pueden rodar una gran película si tienen el talento, la pasta y las mismas ganas que Woody Allen.
Este director puede gustar o no, pero la inteligencia que desarrolla en cada una de sus películas es asombrosa. Incluso cuando alguna de ellas ha sido una propuesta fallida, la inteligencia no ha faltado (inteligencia digo y no ingenio, que también esta siempre, pero no es la misma cosa).
La capacidad de Allen para desarrollar narrativamente sus ideas es sobresaliente. Siempre encuentra un registro adecuado para hacerlo, con el que matiza y llena de coherencia lo que quiere decir. Puede contar la misma cosa en cuatro o cinco películas distintas y te lo tragas como si fuera la primera vez. Eso es lo que ha hecho desde hace años. Todo hay que decirlo.
En Hannah y sus hermanas apuesta por el cambio del punto de vista para que los personajes vayan apareciendo con la fuerza necesaria y haciendo que las historias de cada uno de ellos se vayan mezclando con coherencia. Para ello integra en el guión monólogos interiores puesto que este es el recurso que nos lleva sin peaje alguno a esa zona de la consciencia del personaje que Allen busca en su película. Si vemos al personaje, si conocemos su evolución, si el director es capaz de presentarnos un mundo en el que nos podamos reconocer a través de él (personaje), todo encaja sin que tengan que obligarnos con artificios narrativos ramplones o haciendo trampa. Apuesta por el cambio del punto de vista alternando cuadros que van modificándose entre ellos y haciéndolos comprensibles. Y apuesta por ventilar un asunto muy concreto, un pasado que aparece como el equipaje obligado y definitivo de cualquier ser humano.
Aparece en la película el psicoanálisis, la religión como alternativa absurda para encontrar el sentido de la vida, la relación entre adultos que forman y deforman parejas, la inmadurez que descubrimos en personas que deberían ser lo más maduro del universo, la muerte, la traición y el remordimiento. En fin, lo que casi siempre está presente en el cine de Allen. Pero esta vez desde lugares diferentes, marcando esa novedad los monólogos a los que me refería y buscando un vínculo de todo lo que pasa con un pasado convertido en carga imposible de abandonar, en el peso de lo irrealizable. Somos lo que fuimos. Peleamos contra ello aunque nada puede cambiar. Esto es Hannah y sus hermanas. Si una zona de la película resume esto, es el momento en que una de las hermanas de Hannah decide convertirse en escritora. En el guión que escribe aparecen unos y otros aunque con nombres diversos. Y se convierte en un auténtico conflicto. Nadie quiere que su pasado se ventile, nadie quiere ser lo que fue, sin entender que es eso y no otra cosa lo que tienen. Su propia realidad.
El guión es inteligente, divertido y, a ratos, delirante por la carga de ingenio. No se pierde intensidad narrativa en ninguna fase de la película. Comienza con el mismo buen tono con el que acaba.
Las interpretaciones (todas) son excelentes gracias a la dirección que Allen realiza con los actores. Michael Caine, Mia Farrow, Dianne Wiest, Barbara Hershey, Max Von Sydow y el propio Allen, llenan la pantalla defendiendo sus papeles con entusiasmo, sin apatías ni exageraciones.
También, como de costumbre cuando se trata de este director, la música es un ingrediente que convierte en fabuloso lo corriente. Fragmentos de la música de Bach (2º Movimiento del concierto en Fa menor) o de Pucinni (Madame Butterfly), por ejemplo, acompañan a los personajes matizando la acción maravillosamente. Y, por supuesto, Nueva York. Siempre la ciudad de Nueva York convertida en un marco único e insustituible.
Woody Allen es un genio. Woody Allen ha logrado películas impresionantes. Hannah y sus hermanas es una de ellas. Si ya la vieron no hagan pereza y vuelvan a ella. Si no es así, sepan que corren el peligro de perderse una excelente película. Corran, corran.
© Del Texto: Nirek Sabal


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