abr 2 2012

Mulholland Drive: Sueñen, por favor

Desde que el hombre es hombre, desde que ha tenido que explicarse las cosas, los temas que se manejan en los relatos han sido los mismos. Se les han dado un millón de vueltas, tal vez más, pero son siempre los mismos. Esto significa que todo está contado. Leemos La Odisea y allí está todo. ¿Qué es lo que nos sigue llamando la atención? El punto de vista por un lado. Por otro, el poder conocer la psicología de un personaje. Si el punto de vista es el del personaje del que podemos conocer la consciencia, el interés crece. Porque lo demás, sea como sea que nos lo enseñen, ya lo sabemos.
Pues bien, David Lynch es uno de los autores que mejor manejan esos dos ingredientes al hacer sus películas. Desde luego, sus trabajos son difíciles de entender y no gustan a todo el mundo; entre otras cosas porque son muchos los no se enteran de nada. Más que nada porque las exigencias en las salas de cine funcionan mal. Todo lo que tiene que ver con el sueño del personaje, con la zona psicológica, hace que la comprensión sea un reto. Salvo que todo sea evidente (y esto es lo que se conoce por chapuza narrativa, guste o no guste a los que las realizan pensando que el espectador o el lector es imbécil) la mente del personaje es un puzzle muy difícil de componer encajando las piezas en su sitio y no en uno parecido al bueno.
Mulholland Drive habla del desamor y de sus consecuencias. Es una excelente película dirigida por Lynch. Es una excelente película interpretada por Naomi Watts, Laura Elena Harring y Justin Theroux entre otros. Es una excelente película que habla de un asunto más que tratado en otras obras utilizando una historia sencilla aunque relatada (casi en su totalidad) desde la zona onírica de uno de los personajes, desde las obsesiones ocultas. Y no es que Lynch se limite a dar una vuelta de tuerca a la trama, no, da muchas más y con gran acierto.
Antes de continuar, un aviso para todos aquellos que no conozcan esta película y tengan intención de verla: a partir de aquí se pueden desvelar zonas muy importantes de la trama y se intenta dar una explicación al relato. Dejen de leer si no quieren saber cosas que deberían averiguar ustedes frente a la pantalla.
En Mulholland Drive se cuenta la historia de una joven actriz (sin suerte, sin grandes dotes artísticas, sin casi nada que le pueda hacer triunfar) que acaba de dejar a su pareja (otra mujer) por estar locamente enamorada de una actriz con mucha más suerte, más dotes y un novio director de cine que la puede hacer triunfar. Para nuestra joven actriz esa nueva relación es seria, importante. Para la otra parte es un juego, una frivolidad más. Esta anuncia su próximo matrimonio con el director de cine. Y nuestra joven fracasada decide enviar a un asesino a sueldo para que la liquide. Así es y el arrepentimiento es tan fuerte que la muchacha se salta la tapa de los sesos cuando no puede resistir más. Ni más ni menos. El resto son detalles en los que se apoya un argumento que no tiene más. Pero todo esto lo sabemos al final de la película. Cuando un personaje vestido de vaquero le pide a nuestra chica que se despierte. Todo lo anterior es un sueño, forma parte de la zona onírica del personaje. Un sueño en que están todos los personajes que aparecen, finalmente, y forman parte de la realidad de la chica. Lógicamente, tres cuartos de la película lo configuran los deseos de la muchacha, una vida que debería ser de un modo idílico aunque no es así. Y es cuando despierta cuando todo toma sentido. cada escena, cada palabra, explotan dentro del espectador que comienza a colocar las piezas donde corresponde.
Desde el principio, Lynch avisa de lo que está sucediendo. Escenas en las que aparecen cosas que no encajan (la primera muestra un concurso de baile y a la protagonista que parece haber ganado algo, pero con un vestuario que no corresponde, junto a unos ancianos que aparecen un poco más adelante en actitud, al menos, extraña). Hay situaciones que son hilarantes y a la vez increíbles. Por ejemplo, la escena en la que el sicario comete tres crímenes seguidos metiendo la pata hasta el fondo (este es el deseo de nuestra protagonista; el asesino es el que ella ha enviado a matar a su amor y quisiera que todo fuera mal por puro arrepentimiento). Los mafiosos que llegan a la productora de cine y representan los intereses oscuros, resultan patéticos y hacen que comience una situación desastrosa del director de cine que se casará con el amor de la chica. Un casting en el que nuestra protagonista deja boquiabiertos a todos (claro reflejo de lo que ella quiere que ocurra alguna vez). En fin, un sueño que nunca se hará realidad porque la realidad es la que es. Sólo en el último tramo de la película, comenzamos a entender todo esto. El espectador, también, ha estado soñando con esa realidad ficticia dentro de la cabeza de la protagonista.
Todo es sencillo y, al mismo tiempo, tremendamente difícil de encajar. Podríamos seguir con más ejemplos, pero creo que ya sería excesivo.
Mulholland Drive es, sencillamente, magnífica. Porque el guión es inteligente. Pero, además, las actrices principales defienden sus papeles con gran credibilidad (especialmente Naomi Watts); el montaje es de una astucia poco común; los encuadres son los adecuados y la mano de Lynch se nota presente cada segundo (esto es como tener un cheque en blanco en la mano). De paso, para que todo sea perfecto, la banda sonora resulta de lo más agradable puesto que acompaña la acción sin estridencias, cumpliendo el papel que una banda sonora debe tener en buena parte de las películas: matizar la imagen.
No se la pierdan. Y dejen que la historia les arrastre. Sueñen.
© Del Texto: Nirek Sabal


abr 22 2011

Scream 4: Trastorno de personalidad histriónica

‘’¿Mis amigos? ¿En qué mundo vives, Sidney? Yo no necesito amigos, necesito fans, ¿no lo entiendes? Nunca se ha tratado de matarte a ti, se trata… de convertirme en ti. […] Es la nueva cordura, tú has tenido tus quince minutos de fama, ¡¡YO QUIERO LOS MÍOS!! ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Ir a la universidad? ¿Hacer un postgrado? ¿Trabajar? Mira a tu alrededor, ahora toda nuestra vida es pública, todos estamos en Internet, ¿o cómo coño crees que se hace la gente famosa? No tienes que conseguir nada de nada, sólo tiene que ocurrirte una desgracia. De modo que tienes que morir, son las reglas. Nueva película, nueva franquicia.’’
Ghostface


Estas palabras tan significativas y dichas por el asesino en el punto álgido de la trama (y cuya personalidad no voy a revelar), nos sirve para entender qué es lo que nos ofrecen nuevamente Wes Craven y Kevin Williamson tras una década de silencio en la que se creía que esta famosa saga se quedaría en trilogía. El argumento nos sitúa de nuevo en el pueblo donde se cometieron los asesinatos originales, en la localidad de Woodsboro, Gale Weathers (Courtney Cox) y Dewey (David Arquette) se han casado y mantienen un aburrido y tranquilo matrimonio en dicho pueblo, mientras tanto, Sidney Prescott (Neve Campbell) vuelve al pueblo justo en el décimo aniversario de la ola de crímenes para promocionar su libro, que no son más que las memorias de lo que de verdad sucedió. Este hecho marcará una nueva serie de asesinatos que pondrán de nuevo a nuestro trío de protagonistas en entredicho, pues estamos en una nueva generación y eso conlleva nuevas reglas.

Un film donde se retrata la desvirtuación de los mass media como no se había hecho antes en la saga, una crítica feroz a la falta de intimidad como consecuencia de las nuevas tecnologías, las redes sociales y sobre todo a los nuevos valores demostrados en los medios, donde lo que impera es convertirse en famoso a costa de lo que sea y de quien sea (eso lo tenemos nada más abrir la televisión, y ver la de personajillos que salen, por poner un ejemplo inmediato). Y por qué no, todo ello ha contribuido a crear una generación de sujetos con trastornos de personalidad histriónica, esto es, el egocentrismo y el afán por ser el centro de atención, cuando en el fondo lo que implica no es más que falta de seguridad en sí mismos, y esto es una realidad que vivimos, pero no vemos y muy pocos lo notamos. Kevin Williamson en su más que consabido metadiscurso refleja también la falta de ambición de Hollywood, es decir, una década de remakes y revisiones de antiguos clásicos del terror, a cada cual más nefasto, así como el lanzamiento indiscriminado de secuelas y secuelas que no aportan nada a la versión original (en ataque a Saw, de la cual se mofa desde el prólogo), consiguiendo junto a la dirección del tío Wes, un tono clasicista que ya se echaba de menos en una cinta de estas características.

Técnicamente sin grandes artificios, sencilla y clásica; con un desarrollo de personajes lo suficientemente convincente para un slasher, aunque flaqueando en lo que se refiere al trío de protagonistas original y con un ligero decaimiento en el segundo acto aunque con un acto final absolutamente brutal; una fotografía estupenda de Peter Deming, en la línea de sus trabajos con David Lynch (Carretera perdida o Mulholland drive) más que en sus anteriores esquemas dentro de la misma saga; y unos ambientes y decorados que como todo reboot (relanzamiento, nueva visión, parecido a lo que ya hiciera Nolan con Batman), muestran cierta nostalgia y complicidad con el espectador más freak, al repetirse ciertos escenarios o tener características parecidas a las de la cinta original. A destacar la actuación de la bella Haydn Panettiere, o Ninco Tortorella (que recuerda al actor Anthony Perkins haciendo de Norman Bates, Psicosis), o Emma Roberts (sobrina de Julia Roberts, por cierto). En definitiva, estamos ante una nueva entrega de este gran psychokiller, que tiene pinta de reabrir otra serie de matanzas con la consecuente moralina social de los tiempos que vivimos. La pena es, que quien vea en Scream solo muertes, sangre y adolescentes sin entrar a profundizar en nada, se quedará en una mera superficie, como la gran mayoría del público que no ve más allá de lo que hay cuando se trata del género de terror, ah, una de miedo, si, muere mucha gente y tal, una basura, palabras textuales de un snob gafapasta. Una lástima.
Y es que tal y como dice Dewey, la tragedia de una generación es la burla de la siguiente. Así nos va.
© Del texto: Gwynplaine Thor

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nov 22 2010

Marchando otra de castañas

Wasteland

Un tal Lucy Walker firma un documental que retrata la vida de un artista brasileño llamado Vik Muniz, cuyas obras se realizan reciclando materiales, y esta vez ha decidido irse al mayor vertedero del mundo, el cual es un islote por el que solo se puede llegar a través de un puente y que está en Río de Janeiro. Todo muy bonito, los ecologistas están de enhorabuena, pueden sacar el champán. Los snobs y cantamañanas también. Pero yo no soy tonto, tal y como rezaba la promoción de una importante franquicia de hipermercados tecnológicos. Es un documental tramposo, hipócrita, falso, y todos los sinónimos que queráis encontrar del mismo estilo. Vale, lo admito, me salí a los 50 minutos, pensé en algún momento si aquello era de verdad una campaña ecologista, incluso tuve esperanza. Pero no, esta obra no es más que un despropósito egocentrista para hacer lucir y promocionar al llamado artista Vik, haciéndose pasar por mártir, creyendo que va a cambiar la vida de la gente que vive hacinada entre montañas de basura, posando para cámara mientras sus congéneres le hablan como si lo hicieran a una pared, un tal Vik que me la suda si es bueno haciendo su trabajo, porque lo único que quise en los 50 minutos que aguanté en la sala fue darle una buena paliza a ese hombre de sonrisa fría, falsa, estúpida. Lo dicho, ecologistas y snobs, seguid premiando este despropósito en festivales como Sundance, pero para mí, esto no es la realidad, es una publicidad de casi dos horas.
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The Temptation Of St. Tony

El argumento nos sitúa en la vida de un hombre que poco a poco lo va perdiendo todo, pero que a pesar de ello, intenta no perder su dignidad, un viaje hacia el infierno donde lo intentarán seducir pecados como la gula o  la lujuria. Una obra basada y estructurada en el Infierno de Dante (La Divina Comedia) llena de metáforas y paradojas sobre nuestra sociedad, una película que nos habla sobre la crueldad del ser humano, de cómo sucumbimos rápidamente a los distintos placeres, una crítica a la falta de moral, todo visto a través de nuestro protagonista que poco a poco se va derrumbando y sumiendo en una locura sin fin, donde las personas que lo rodean están aún peor y lo pondrán entre la espada y la pared. Una historia sobre la pérdida del amor, la frialdad de los sentimientos, pero también de la falta de la lógica, de la razón. La de un mundo sin valores y principios. Ciertamente, tengo sentimientos contradictorios con esta película ya que tiene momentos realmente buenos si vemos las escenas por separado (incluso brillantes, gracias a la música, muy grande ese tema musical y que podéis escuchar en el trailer, y la excelentísima fotografía), pero que en conjunto acaba resultando espesa al espectador menos avispado; y por otro lado, es claramente un ejercicio de rollo yo solo me lo guiso y yo mismo me lo como que encantará a bohemios y demás estamentos sociales pseudoculturetas que parece que solo han visto cine de Haneke y Lynch, y que le van estas películas checoslovakas como digo sarcásticamente a este tipo de películas que no conoce ni Dios. Ni Buda. Ni siquiera Espinete, joder.
© Del texto: Gwynplaine Thor
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