sep 23 2012

La zona gris: El precio de las personas

El ser humano no conoce sus límites. Los puede imaginar aunque siempre desde el peligro que supone la equivocación absoluta.
La zona gris es una película que explora esa zona tan desconocida para el ser humano. Puede parecer un disparate, pero si algo está fuera de control son los límites que podemos llegar a cruzar.
El realizador Tim Blake Nelson consigue entregar un producto bien estructurado que no quiere dejar cabos sueltos. La zona más oscura del ser humano existe y puede aparecer en cualquier momento o lugar; hay que mirar a la cara del mal para saber con qué nos enfrentamos; nadie está al margen de la maldad porque todos tenemos un precio. La novela del Dr. Miklos Nyiszli sirve de arranque para que Tim Blake Nelson escriba el guión de una de las películas más difíciles de ver que se recuerdan. Porque eso que cuenta ocurrió, porque eso que cuenta no se evitó por muchas personas que conocían la verdad de lo que sucedía en los campos de concentración alemanes, porque las respuestas a las preguntas que se formulan asustan.
Los sonderkommanders eran los judíos encargados (en el campo de exterminio alemán de Auschwitz-Birkenau) de hacer entrar a miles de personas en la cámara de gas, arrancarles los dientes de oro, despojarles de todo lo valioso, cortarles el pelo después de muertos, introducirles en un horno y tirar sus cenizas a un río. A cambio, esos judíos recibían comida, cierto trato de privilegio y una muerte un poco más allá de la fecha prevista. El penúltimo de esos sonderkommanders es en el que se centra la trama. Porque cuando sus integrantes saben que su propia muerte está próxima deciden rebelarse.
El color azul y gris predomina en todo el metraje. Tan sólo aparece un color vivo cuando la esperanza es cierta. Es decir, cuando llega la muerte. Un enfoque duro y catastrofista que permite tener al espectador un pequeño margen de maniobra ante lo que ve. Muy pequeño. La música multiplica este efecto de forma colosal. La escena en la que los judíos llegados en tren deben entrar en la cámara de gas mientras una orquesta formada por otros judíos (lo que queda de ellos) ameniza la acción es espeluznante. Y si falta la música se escucha el sonido de los hornos funcionando sin descanso, el del gas aniquilando personas. Es un sonido que se lleva puesto cualquiera que ve la película y que difícilmente olvidará. Vestuario, maquillaje y peluquería acompañan con corrección toda la trama.
La dirección actoral es notable. David Arquette, Steve Buscemi, Harvey Keitel, Natasha Lyonne, Mira Sorvino, Daniel Benzali, David Chandler y Allan Corduner se mueven por la pantalla dando vida a personajes sin alma, sin esperanza alguna. Ninguno de ellos las tienen. Sobresale David Arquette. Buscemi y Keitel tienen papeles más secundarios aunque defienden bien el trabajo.
El ritmo es el adecuado y tira del espectador desde el primer momento. Y el director cierra la narración con las pocas opciones que tiene. En ese sentido no se pueden poner pegas. Sin embargo, justo cuando acaba la película, se produce un cambio en el punto de vista que no termina de encajar bien. Con él aparece la poesía (?), una luz de esperanza. Innecesario, traído por los pelos. Estas cosas no suelen funcionar bien.
La zona gris es una buena película. Difícil de encajar, pero que todo el mundo debería ver. Las preguntas que asaltan son terribles y las respuestas que se pueden dar insuficientes. Porque nadie sabe poner precio a su propia vida ni a la de los demás; nadie sabe lo que sería capaz de hacer si.
© Del Texto: Nirek Sabal


Imagen de previsualización de YouTube


abr 22 2011

Scream 4: Trastorno de personalidad histriónica

‘’¿Mis amigos? ¿En qué mundo vives, Sidney? Yo no necesito amigos, necesito fans, ¿no lo entiendes? Nunca se ha tratado de matarte a ti, se trata… de convertirme en ti. […] Es la nueva cordura, tú has tenido tus quince minutos de fama, ¡¡YO QUIERO LOS MÍOS!! ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Ir a la universidad? ¿Hacer un postgrado? ¿Trabajar? Mira a tu alrededor, ahora toda nuestra vida es pública, todos estamos en Internet, ¿o cómo coño crees que se hace la gente famosa? No tienes que conseguir nada de nada, sólo tiene que ocurrirte una desgracia. De modo que tienes que morir, son las reglas. Nueva película, nueva franquicia.’’
Ghostface


Estas palabras tan significativas y dichas por el asesino en el punto álgido de la trama (y cuya personalidad no voy a revelar), nos sirve para entender qué es lo que nos ofrecen nuevamente Wes Craven y Kevin Williamson tras una década de silencio en la que se creía que esta famosa saga se quedaría en trilogía. El argumento nos sitúa de nuevo en el pueblo donde se cometieron los asesinatos originales, en la localidad de Woodsboro, Gale Weathers (Courtney Cox) y Dewey (David Arquette) se han casado y mantienen un aburrido y tranquilo matrimonio en dicho pueblo, mientras tanto, Sidney Prescott (Neve Campbell) vuelve al pueblo justo en el décimo aniversario de la ola de crímenes para promocionar su libro, que no son más que las memorias de lo que de verdad sucedió. Este hecho marcará una nueva serie de asesinatos que pondrán de nuevo a nuestro trío de protagonistas en entredicho, pues estamos en una nueva generación y eso conlleva nuevas reglas.

Un film donde se retrata la desvirtuación de los mass media como no se había hecho antes en la saga, una crítica feroz a la falta de intimidad como consecuencia de las nuevas tecnologías, las redes sociales y sobre todo a los nuevos valores demostrados en los medios, donde lo que impera es convertirse en famoso a costa de lo que sea y de quien sea (eso lo tenemos nada más abrir la televisión, y ver la de personajillos que salen, por poner un ejemplo inmediato). Y por qué no, todo ello ha contribuido a crear una generación de sujetos con trastornos de personalidad histriónica, esto es, el egocentrismo y el afán por ser el centro de atención, cuando en el fondo lo que implica no es más que falta de seguridad en sí mismos, y esto es una realidad que vivimos, pero no vemos y muy pocos lo notamos. Kevin Williamson en su más que consabido metadiscurso refleja también la falta de ambición de Hollywood, es decir, una década de remakes y revisiones de antiguos clásicos del terror, a cada cual más nefasto, así como el lanzamiento indiscriminado de secuelas y secuelas que no aportan nada a la versión original (en ataque a Saw, de la cual se mofa desde el prólogo), consiguiendo junto a la dirección del tío Wes, un tono clasicista que ya se echaba de menos en una cinta de estas características.

Técnicamente sin grandes artificios, sencilla y clásica; con un desarrollo de personajes lo suficientemente convincente para un slasher, aunque flaqueando en lo que se refiere al trío de protagonistas original y con un ligero decaimiento en el segundo acto aunque con un acto final absolutamente brutal; una fotografía estupenda de Peter Deming, en la línea de sus trabajos con David Lynch (Carretera perdida o Mulholland drive) más que en sus anteriores esquemas dentro de la misma saga; y unos ambientes y decorados que como todo reboot (relanzamiento, nueva visión, parecido a lo que ya hiciera Nolan con Batman), muestran cierta nostalgia y complicidad con el espectador más freak, al repetirse ciertos escenarios o tener características parecidas a las de la cinta original. A destacar la actuación de la bella Haydn Panettiere, o Ninco Tortorella (que recuerda al actor Anthony Perkins haciendo de Norman Bates, Psicosis), o Emma Roberts (sobrina de Julia Roberts, por cierto). En definitiva, estamos ante una nueva entrega de este gran psychokiller, que tiene pinta de reabrir otra serie de matanzas con la consecuente moralina social de los tiempos que vivimos. La pena es, que quien vea en Scream solo muertes, sangre y adolescentes sin entrar a profundizar en nada, se quedará en una mera superficie, como la gran mayoría del público que no ve más allá de lo que hay cuando se trata del género de terror, ah, una de miedo, si, muere mucha gente y tal, una basura, palabras textuales de un snob gafapasta. Una lástima.
Y es que tal y como dice Dewey, la tragedia de una generación es la burla de la siguiente. Así nos va.
© Del texto: Gwynplaine Thor

Imagen de previsualización de YouTube


abr 20 2011

Scream 3: El pasado es el origen

‘’Si el asesino regresa, y hablo en serio, hay varias cosas que debéis recordar. Si sólo es una continuación, se aplican las mismas reglas, sin embargo hay un elemento decisivo: Si de pronto surge una inesperada historia del pasado y eclipsa la historia actual, las reglas de una continuación dejan de servir. Porque dejará de tratarse de una continuación, para convertirse en el último episodio de una trilogía.

¡Exacto! Es poco frecuente en el género de terror pero existe, y es una fuerza que hay que tener en cuenta, porque las verdaderas trilogías acaban volviendo al principio, y descubriendo algo que no era cierto. ‘’El padrino’’, ‘’El retorno del jedi’’, todas revelaban algo que pensábamos que era verdad y no lo era. Si es una trilogía, tened en cuenta las siguientes super-reglas de la trilogía:

1) El asesino es sobrehumano, de nada sirve pegarle un tiro ni apuñalarlo. En la tercera entrega tenéis que criogenizar su cabeza, decapitarle o hacerle estallar.

2) Cualquiera puede morir, incluso el personaje principal.

3) El pasado puede volver y patearos el culo. Tenéis que olvidaros del pasado, porque el pasado nunca descansa. Cualquier pecado cometido en el pasado va a estallaros en las narices y os destruirá.’’

Randy

Última película de esta más que brillante trilogía de terror, donde todo lo planteado en las anteriores entregas desemboca en un perfecto acto final no apto para cardíacos. Wes Craven nos sumerge ahora en plena meca del cine, en el corazón de Hollywood, finalizando así su metadiscurso y crítica a la industria para la que él mismo trabaja, una industria que destroza y sumerge en el olvido a muchísimas personas. Sidney Prescott (Neve Campbell), la protagonista, ha acabado aislada en una casa en la montaña, con seguridad extrema, evitando todo contacto humano que no sea su padre, trabajando desde una línea telefónica destinada a la atención a la mujer, acosada por fantasmas del pasado, su madre asesinada. Mientras tanto, un circo se ha montado a su alrededor con las anteriores masacres: películas, reportajes, merchandising, y los supervivientes de la segunda parte completamente desvirtuados por la fama y el dinero de una desgracia que incluso ellos mismos vivieron (la reportera Gale Weathers interpretada de nuevo por Courtney Cox, el sheriff Dewey, interpretado por David Arquette, y Cotton, el que era cabeza de turco en la primera y segunda parte, interpretado por Liev Schreiber). Puñalada 3 es la nueva película de los sucesos de Woodsboro, y de repente, los personajes del reparto han empezado a morir asesinados uno tras otro. Este hecho capta la atención de Sidney, que sale de su escondrijo como un ratón a la trampa con queso, pues el asesino con cada muerte deja una foto de Maureen Prescott (la madre) de cuando era una jovencita, destapando una ola de secretos que se creían más que enterrados, y haciéndole ver a la protagonista que el pasado siempre vuelve de una forma u otra, llegando a descubrir el origen del por qué su madre coqueteaba con todos los hombres con los que podía. Y es que, como en todo, un suceso, por minúsculo e insignificante que parezca, puede crear toda una generación de desgracias ajenas y no ajenas, traumas y complejos que se heredan hasta el inevitable choque donde uno no puede evitar preguntarse ‘’¡¡¿por qué cojones no me dejáis en paz, panda de tarados, psicóticos y esquizoides?!!’’

Un film que refleja de forma extremista cómo se le puede destrozar la vida a la generación venidera por los pecados que uno cometió en su pasado. Porque está más que visto que lo que influye en unos, le seguirá a los otros (y si no, pregúntenselo a un psicólogo), pero el ser humano es tan egoísta por naturaleza que no se preocupa de esas cosas cuando se es joven. Por lo demás, la película sigue el esquema de las anteriores entregas, incluso rozando un tono más burlesco al tratarse de una satirización del Hollywood que no vemos normalmente, ese lado casposo, pueril y frívolo que concierne tanto a actores, como directores y productores. Muchas muertes, sangre, más acción, mucha oscuridad, juegos macabros, guiños al espectador más freak, cameos de Jason Mewes y Kevin Smith como Jay y Bob el silencioso, Carrie Fisher (nuestra querida Princesa Leia de Star Wars que vio como su carrera y vida fue a pique tras esta saga, recuperándola aquí Wes Craven, ya que el tema principal de la película va sobre cómo trata Hollywood a su gente), o el mismo director como visitante al plató de Puñalada 3 con una cámara de vídeo. No es chistoso ni nada. En definitiva, todo es más grande y mejor.

Con este film estrenado en el año 2000, justo al final del siglo XX, Wes Craven y Kevin Williamson daban carpetazo a una etapa, y todo parecía indicar que la pesadilla se había acabado.

Una década después, el silencio ha sido interrumpido por una nueva generación. En unos días os hablaré del estreno de Scream 4, y cómo se ha adoptado un nuevo enfoque a una saga que aparentemente ya no tenía nada que ofrecer.

También te pueden interesar las críticas de:

Scream 1

Scream 2

© Del Texto: Gwynplaine Thor


Imagen de previsualización de YouTube