jul 31 2013

El lado bueno de las cosas: Sin profundidad y sin casi nada

La propuesta que ofrece David O. Russell en El lado bueno de las cosas podría ser estupenda si no fuera porque él mismo (también es el guionista) termina por colocarse en la zona facilona, olvidando lo importante del planteamiento. Cuenta con un reparto de altura que, si bien no desaprovecha, no puede hacer mucho más con la materia prima de la que dispone. A mitad de película todo se hace prescindible y, casi, estúpido. Una pena, una verdadera pena, porque, sobre todo, Jennifer Lawrence es una mina de oro interpretativo.
Asume cierto riesgo (sobre todo aparente) David O. Russell eligiendo un asunto delicado para soportar la trama. El guión es la adaptación de la novela de Matthew Quick. Y ese libro habla del amor y la locura, es decir, del amor entre personas con algún tipo de desequilibrio. Estas cosas hay que tratarlas con todo el cuidado del mundo, con gran prudencia. Eso lo hace bien el realizador, pero pone tanto cuidado que convierte la película en algo más cercano a un circo amoroso que a otra cosa.
Comienza bien. Nos presenta un personaje que puede dar juego y de posible largo recorrido. Van incorporándose, poco a poco, otros que no interesan en absoluto (la gracia está en que, en realidad, todos están igual de locos aunque el sistema social no lo considera del mismo modo, pero, aunque esa sea la gracia, el resultado es mediocre). Y aparece ella (esto va de parejas) que tiene rasgos interesantes aunque sirve de poco tal y como se desarrolla la acción. Entre diálogos que no aportan lo más mínimo, todo avanza hacía el lugar que ocupan los pastelazos azucarados en exceso.
Bradley Cooper; sí, ese actor que está en todas las películas actuales; no lo hace mal aunque defiende un papel que no permite mucho más de lo que da. Jennifer Lawrence, también con un personaje del montón, logra un resultado muy por encima de lo que cabría esperar. Se defiende con uñas y dientes y logra escapar de un perfil muy gastado. Lo mismo pasa con Robert DeNiro que, con un papel secundario y flojito, llena la pantalla él solito. Para ser justos, el trabajo con los actores del realizador es muy bueno.
La banda sonora, firmada por Danny Elfman, es especialmente agradable y encaja muy bien en el desarrollo de la película. Merece la pena hacerse con ella.
¿Qué tratan de contarnos con esta película? Pues, francamente, poca cosa. Si ese lado de la integración de un enfermo mental en la sociedad, si la injusticia de tratar como verdaderos locos a personas que son parecidas a la mayor parte de los demás (a unos se nos va la cabeza un poco más extravagantemente que a otros aunque todos andamos por la misma senda), si el valor terapéutico del baile y del amor; si esto era el objetivo (no parece que exista otro) queda agarrado con alfileres, se visita como de puntillas. No se profundiza lo más mínimo en el problema y eso hace que los personajes se dibujen con trazo grueso en exceso. El guión busca más el divertimento y la ligereza que el compromiso con el problema planteado. Y eso no funciona ni en cine, ni en literatura, ni en familia.
El lado bueno de las cosas es una película entretenida que no soporta un análisis de cierta profundidad (poca). Si usted busca detrás de lo que se ve en pantalla, si necesita encontrar un sentido a lo que le cuentan, mejor vea otra cosa.
© Del Texto: Nirek Sabal


dic 19 2010

Pesadilla antes de Navidad: Encontrar el sentido de todo esto

Ando de limpieza estos días y, entre las muchas cosas que he encontrado y suponía perdidas y olvidadas, ha aparecido una copia de la película Pesadilla antes de Navidad. Una cinta de animación. Llegó a mis manos a través de un fanático de este tipo de cine y me la entregó, en su día, como si fuera una joya, una verdadera película de culto. Debo decir que en aquel momento era difícil encontrar una copia en DVD y que había removido Roma con Santiago para encontrarla. Un regalo de esos de amigo invisible que he conservado porque quien me lo regaló pretendía convencerme que la Navidad tiene su aquel.
Ayer, antes de decidir que hacer con ella, la volvía a poner en el reproductor de DVD y hasta le he encontrado mucha más gracia que la primera vez que la vi y eso que, sinceramente, ni los musicales, ni el rollo gótico me van. Pero esta cinta tiene algo que la distingue de otras películas de animación. No me preguntes lo que es porque no se lo sabría decir.
Pesadilla antes de navidad es una película prototipo de las de Tim Burton (la idea original fue de este director), dirigida en 1993 por Henry Selick. Película de corta duración, apenas poco más de una hora que, aunque no se lo crean les va a transportar de nuevo al mundo de los niños y sus miedos. No tengo yo muy claro que este tipo de películas que parecen hechas para los niños sean realmente para ellos. No por los monstruos, ni las sombras, ni nada de todo ello, sino porque en el fondo, sin dejar de ser de una sensibilidad pasmosa, tienen bastante más miga que la que parece.
En la ciudad de Halloween viven todos los monstruos que pueblan los sueños y pesadillas de los niños. Jack Skellington es el Señor de Halloween, un esqueleto elegante, encargado de preparar las fiestas más terroríficas del mundo, pero que para su pueblo (hombres lobos, momias, fantasmas, brujas, etc.) son las más alegres y divertidas. Pero Jack, pese a ser el más admirado de Halloween siente un profundo vacío interior. Marcha de la fiesta y va vagando por el bosques mientras va pensando en su insatisfacción por hacer siempre lo mismo y empiezan a aparecer sus miedos. No está contento, necesita encontrar cosas nuevas. En este deambular por el bosque, llegará hasta los árboles que le dan entrada a un nuevo mundo, la Navidad. Entra en aquel mundo que, en contraste con el suyo es luminoso, lleno de color. Jack cree haber encontrado lo que busca.
Mientras Sally una muñeca llena de costurones, sigue en el mundo de Halloween, bajo el dominio de su creador el Dr. Flinkenstein. Quisiera poder marcharse del lado del doctor y hacer su vida pero ella no es como Jack, es mucho más quieta, melancólica.
Cuando Jack vuelve entusiasmado de Navidad, intenta explicarles a todo el mundo que es eso y su propósito de mejorarla. Sin embargo, Jack, sin darse cuenta, sólo consigue transmitir detalles mundanos de regalos, etc.; sin conseguir hacerles llegar los sentimientos que le provocó Navidad. Nadie entiende nada porque todos lo ven todo desde el prisma de Halloween. Sólo cuando les habla de Santos Clavos (Santa Claus) consigue arrancarles cierto interés, cuando les dice que es el Rey de Navidad, lo mismo que el Rey de Halloween.
Jack quiere saber lo que es la navidad, comprenderla y se esfuerza para ello, buscando incluso fórmulas matemáticas, lo que le produce enorme insatisfacción pues no llega a coseguir ningún resultado. Disecciona los regalos de navidad (disecciona un osito), observa todos los objetos de navidad por el microscopio, intenta hacer un copo de nieve gigante.
Mientras Jack anda con sus estudios, Sally intenta fugarse de nuevo saltando por la ventana (no hay problema, es de trapo, cae al suelo se destroza y ella misma se recompone cosiendo). Sally correra hacia Jack que sigue obsesionado con la Navidad y ella, viendo el erróneo camino de su amado, intentará evitar que camine hacia el desastre cuando intenta suplantar, tras secuetrarlo, al propio Santos Clavos, fundiendo en una sola la noche de Halloween y la de Navidad. No va a ser bien recibido y, será entonces cuando se dará cuenta de la estupidez de abandonar su propia personalidad por transformarse en quien no es. A partir de ahí, intentará liberar a Santa de los verdaderos malos de Halloween. Finalmente, tras el rescate, algo maravilloso va a ocurrir, pero eso…, no se lo voy a contar.
La película, toda ella de una estética absolutamente gótica, es muy entretenida y la banda sonora, compuesta de diez canciones expresamente escritas por Danny Elfman, es estupenda y ajustada a cada uno de los personajes que la interpreta dentro de la filmación.
Debo decir que ayer noche, mientras veía esta película, a oscuras y en la pantalla del portátil, me pareció que los personajes terroríficos de la película, me hacían un guiño, se habían convertido en bellos y estupendos. No tenía intención de escribir nada en relación a ella, pero ahora pienso que, aunque pueda parecer una gilipollez y mi texto no consiga que les entren ganas de ver esta película, creo que debía hacerlo. Tal vez por Jack, o por Sally o por mí misma. Alguien debía colgar, en este blog de cine, esta pequeña obra de arte del cine de animación y esa sólo podía ser yo, alguien a quien en Navidad le da por cantar boleros y poner margaritas en su casa.
PD.: He decidido quedármela, la iba a regalar, pero creo que no. Hoy ya le he encontrado el sentido. Véanla, con sus hijos, estamos en Navidad, y no se queden en lo anecdótico, buceen un poquito. Feliz Navidad.
© Del Texto: Anita Noire


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