may 4 2013

Casino Royal: De regreso a la esencia

James Bond es un mito. Personaje de las novelas de Ian Fleming y encarnado por varios artistas en el cine, ha tenido distintas caras, distintas formas de pelear, distintas maneras de tratar a las mujeres, distintas todo. Sin embargo, James Bond es James Bond, el de Ian Fleming. Cuando más se han distanciado en el cine del 007 de Fleming peor resultado han obtenido. Bebedor, implacable, irónico, misógino, mujeriego, siempre fuera o en el límite de lo establecido.
Si James Bond es un mito es, entre otras cosas, porque lo creó un escritor. Eso es fundamental. Por ello, es de agradecer que el del cine se parezca al de la literatura.
En Casino Royale, 007 es él. Comete asesinatos sin que le tiemble el pulso, trata a las mujeres como objetos que puede rentabilizar, es un atleta completo; astuto y especialista en forzar las situaciones con los malos y con los buenos. Pero, también, se enamora, sangra, recibe golpes que le hacen tambalearse; es un hombre roto, un solitario que no puede ubicarse de ninguna de las maneras. Este 007 (junto con el que interpretó Timothy Dalton) es el más próximo al de Fleming.
Lo interpreta un excelente Daniel Craig. Magnífico su trabajo. Sin aspavientos, sin grandes alardes, sólo con lo que es necesario para que el personaje tome forma. Ni más ni menos. El espectador tiene la sensación de estar ante el verdadero Bond. Le acompaña una bellísima Eva Green, actriz muy poco valorada para lo que pudiera ofrecer. No es tan explosiva como otras chicas Bond, pero su papel se ciñe a un tipo de mujer y a una relación con el agente secreto que no lo permite. El villano cumple bien como tal y el actor que lo encarna, Mads Mikkelsen, también. Judi Dench defiende un papel corto e intenso con mucha solvencia. El resto son secundarios y están a la altura.
En Casino Royale se vuelve a la esencia de lo que es Bond. Esencia que nunca debió dejarse a un lado. Bond logra su ascenso a doble cero y, así, consigue licencia para matar. Cada persecución es excitante (la primera intentando dar caza a un tipo que se mueve como un felino es espectacular aunque, todo hay que decirlo, es la menos justificada de todas desde un punto de vista argumental); cada coreografía en las secuencias de acción está bien resuelta; el despliegue técnico es abrumador. Las escenas se presentan largas aunque la cámara se mueve con soltura para ofrecer distintas perspectivas y matices alternando planos con rapidez. La historia de amor entre Bond y Vesper Lynd se trata con delicadeza. La ironía se presenta con discreción sin deslizarse hasta el chiste facilón. Se alarga algo más de lo necesario sin hacerse pesada y el realizador, Martin Campbell, aprovecha para presentar a 007 en toda su dimensión.
La banda sonora de David Arnold es magnífica. Bien acompasada con la trama y de una variedad extraordinaria.
Casino Royal ocupa el puesto 21º de la serie y la primera en la que aparece Daniel Craig. Una serie que se reinventa para regresar, que se rescata a sí misma, que protagoniza un mito. James Bond. El personaje de Ian Fleming.
© Del Texto: Nirek Sabal


ene 13 2013

La espía que me amó: 007 capturado por Moore

Roger Moore es el actor que menos ha hecho por el bien de James Bond. Ni fue un buen 007, ni se pareció nuca a él. Quizás, La espía que me amó sea, de las películas que protagonizó, la única en la que Bond-Moore no parece tonto de remate. Bond en manos de Moore siempre fue una parodia.
De todos modos y pase lo que pase, los amantes de James Bond lo son al precio que sea. De la excelencia de Sean Connery, de la inseguridad de George Lazbury, de la frivolidad estúpida de Moore, de la sobriedad de Timothy Dalton o de la profesionalidad de Brosnan o Craig, son capaces de sacar el máximo rendimiento. Lo digo porque soy uno de esos fans.
La espia que me amó fue dirigida por Lewis Gilbert en 1977. Con un presupuesto extraordinario, consiguió una película con grandes lagunas en todos los aspectos. Se trata de una película que, a diferencia de las de Connery, ha envejecido muy mal y vista hoy el sabor anejo no deja disfrutar de lo que se ve.
Lo mejor de la película es el trabajo de Derek Meddings. Sus maquetas y efectos especiales fueron asombrosos en su momento y todavía hoy gustan al verlos. También la música de Marvin Hamlisch (por debajo de las partituras de John Barry) está a buen nivel. El tema principal de la película es extraordinario. Lo interpreta Carly Simon. En el apartado de cosas buenas de verdad entra el diseño de producción de Ken Adam. Francamente, notable.
La espía que me amó es la décima entrega de la serie Bond. Y fue la tercera aparición de Moore como 007. Le acompaña una flojita Bárbara Bach. Guapa, pero sosa y forzada. Desde luego, no le ayuda un guión que presenta a su personaje (Mayor Anya Amosoja, alias xxx) como una mujer meticulosa, valiente, intuitiva y feroz, para dejar que se convierta en una chica Bond más según avanza la trama. Su faceta de profesional del espionaje desaparece en favor de 007. A veces, parece un perrito asustado que depende del agente inglés. Y, desde luego, la idea primitiva es otra.
Los villanos son Curd Jürgens (un loco que quiere provocar una guerra nuclear con el fin de que el ser humano comience una nueva vida en los fondos oceánicos) y Richard Kiel (un secuaz del loco Stromberg que tiene una dentadura metálica, la fuerza de un gorila y la inteligencia de un mosquito; se le conoce como Tiburón). Son villanos, pero menos. La eficacia de Stromberg eliminando enemigos es relativa y la ferocidad de Tiburón es casi cómica (el guionista le utiliza en las fases de autoparodia características de la serie Bond).
Y 007 en manos de Moore. Como en esta película se limita ese humor tan irritante de las anteriores entregas protagonizadas por este hombre, la cosa se hace más llevadera. Pero vaya, que una pelea de este Bond es de risa si la comparamos con alguna de Connery (¿Recuerdan el enfrentamiento de Bond con el villano viajando en el tren (Desde Rusia con amor)?), que una ironía en boca de este 007 apesta a chistecito barato y facilón, que el galán es como de goma-espuma.
Los amantes de los ingenios de la serie pueden disfrutar de varios aunque sobresale el lotus acuático. Está muy logrado y resulta hasta creíble.
La escena de inicio es espectacular a pesar de que el montaje deja mucho que desear. Es una persecución sobre la nieve en la que tan pronto los perseguidores están encima del perseguido o a dos kilómetros para dar algo de recorrido a la escena.
Una última cosa. Forma parte del equipo de los villanos una tal Naomi. Encarnada por Carolina Munro. Siempre pensé que hubiera sido una agente xxx mucho más apropiada.
La espía que me amó es una película entretenida con localizaciones espléndidas y es una excusa de primera para pasar una tarde cualquiera frente al televisor. Y es que es de James Bond. Y eso es muy, pero que muy importante.
© Del Texto: Nirek Sabal


ene 12 2013

Layer Cake (Crimen organizado): Los bajos fondos desde la elegancia

El año 2004, Matthew Vaughn se estrenaba como director con el thriller Layer Cake. Mafia, droga, asesinatos, malos elegantes, malos bobos y malos muy malos.
El arranque de la película es muy prometedor, pero en el desarrollo presenta algunos problemas argumentales que empañan algo lo que podría haber sido un auténtico peliculón. La cosa se queda en un debut más que interesante.
Lo verdaderamente bueno de la película es esa mirada a las estructuras actuales de los bajos fondos. El cine negro nos mostró en sus orígenes un mundo organizado y compacto. Si conocíamos la base llegábamos a lo alto de la pirámide. Pero la realidad, ahora, es otra. Para poder operar con eficacia, una especie de caos estructural es el que abunda en el hampa. Todo está estratificado. Son tantas capas, situadas a diferentes niveles, las que forman el negocio que podríamos desmontar una de ellas y no pasaría nada de nada. Esto nos lo muestra el realizador con acierto. El otro ingrediente es el personaje principal. No conocemos su nombre aunque sabemos que es culto, educado, elegante, prudente, seductor y quiere abandonar el negocio porque sabe que ese mundo le es ajeno. Eso sí, no duda en ser un ser violento cuando se ve en peligro. Es el narrador de la trama y, por tanto, todo nos llega filtrado desde su punto de vista, desde su forma de enfrentar el mundo. El actor que encarna el papel es Daniel Craig. Muy contenido y disfrutando de su trabajo. Las mejores escenas de la película son para él (hay que pensar, por ejemplo, en la que se arrepiente y dedica todos sus esfuerzos en ahogar su penitencia con alcohol y drogas); bien rodada y un trabajo de montaje excelente. Durante toda la película se alternan planos que buscan la vivacidad narrativa y visual (cenitales y contrapicados fundamentalmente aunque los descuadres, también, son frecuentes).
Las interpretaciones son notables y se deja notar una dirección actoral cuidadosa y firme. Sienna Miller, Colm Meaney, Michael Gambon, Kenneth Cranham y Dexter Fletcher, son algunos de los actores más relevantes además de Daniel Craig.
Y hasta aquí las buenas noticias.
El gran problema es (como siempre ocurre en cine) el guión. La idea del guionista, J. J. Connolly, se queda corta y recurre a giros argumentales bruscos y carentes de un sentido y justificación suficientes. Esto hace que se complique mucho la comprensión por parte del espectador. Demasiadas vueltas de tuerca que hacen inverosímil el argumento en su zona final. Si añadimos que lo que se dice no es nada del otro mundo, la cosa se complica y termina siendo algo decepcionante.
La banda sonora no es la mejor. Al menos no está bien distribuida a lo largo del metraje. No molesta, pero ni aclara, ni matiza, ni aporta tonos a la imagen.
En cualquier caso, Layer Cake, es original, muy entretenida y podemos encontrar en ella cosas interesantes. Esos intentos que hace Vaughn rompiendo la linealidad espacio-temporal no dejan de ser atractivos aunque algo confusos en algunos tramos. La fotografía buscando las tonalidades mínimas, casi monocromáticas, aportan cierto brillo visual. Tal vez, al ser una primera película, el realizador se sintió inseguro y acudió a refugiarse en espacios comunes que empañan algo los logros. Lo peligroso de arrimarse a esos espacios tan sobados es que la cercanía con el tópico en grande (¿qué pinta la chica en todo esto? ¿Está porque en el cine negro siempre debe estar o hay otra justificación que se nos escapa?). Pero para ser justo, diré que sería muy bueno quedarse con lo mejor y perdonar lo menos bueno. Ya habrá tiempo de exigir más al autor.
© Del Texto: Nirek Sabal


dic 25 2012

Skyfall: Las ventajas del pasado

Las personas no pueden dejar de ser lo que son y eso quiere decir que no pueden renunciar a su pasado. Las proyecciones del ser humano en forma de personaje arrastran esa misma característica. Además, tal y como está organizado el mundo en la actualidad, el pasado es un refugio excelente para poder sobrevivir. Todo parece aproximarse a los orígenes, todo tiende a camuflarse en lo nuevo, en el progreso, aunque todo necesita conservar lo esencial, lo fundamental de cualquiera de las cosas conocidas.
Sam Mendes es lo que cuenta en Skyfall; desde la confrontación entre lo esencial y lo cosmético, entre lo tradicional y la metamorfosis absoluta que provoca el avance tecnológico. Mendes nos presenta una trama especialmente negra en la que James Bond se aferra a sí mismo para poder continuar. 007 es Daniel Craig, un actor que se crece con el papel, que lo agarra con fuerza y lo vive intensamente en la propuesta que le ofrecen de regresar al pasado para jugar con ventaja frente a la realidad. El villano es un magnífico Javier Bardem que se divierte trabajando y que luce un rubio miedoso y sorprendente. M es Judi Dench que aparece en la pantalla con naturalidad y oficio cuando el papel se alarga y toma una importancia desconocida hasta ahora en la saga. Todos los personajes procuran ser ellos mismos, todos los personajes buscan en el armario con el fin de poder entender lo que son. Mientras, el mundo parece avanzar a velocidad de locos; mientras, el MI6 es una organización desconocida incluso para 007.
La trama es más que interesante cuando comienza a oler a precuela, cuando apesta a final de ciclo al mismo tiempo. Intensa, angustiosa, emotiva y -no pocas veces- profunda y repleta de sentido. Y con ese argumento los personajes crecen y van moviéndose haciendo relevante cada gesto.
Técnicamente, la película es impecable. A pesar del gran alboroto que se produce con las persecuciones y una acción trepidante en algunas fases, Mendes mueve la cámara con elegancia y delicadeza; la fotografía se cuida notablemente, el maquillaje y la peluquería dibujan una ficción creíble y aportan la coherencia necesaria que la imagen está obligada a prestar; y la banda sonora se ajusta pulcramente a lo que reclama la película en su conjunto.
De nuevo, Craig parece que es 007 y, esta vez, uno llega a pensar en Sean Connery. Por fin, 007 se renueva para ser lo que tiene que ser porque sabe que el pasado en un territorio en el que tiene ventaja. Y, por fin, alguien se atreve, sin complejos, a profundizar en lo que interesa dentro una narración que no es otra cosa que en el personaje que aporta sentido a lo que se ve. Eso sí, que nadie se asuste; no faltan inventos asombrosos, tiroteos, satélites, persecuciones y romances que protagoniza el agente secreto.
Excelente película que sorprende por todo ello.


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nov 24 2011

Detrás de las paredes: Allí siempre pasa lo mismo

Ir al cine y encontrarse con una película que ya has visto es una enorme decepción. Te dicen que es un estreno y a los treinta segundos, zas, es una que viste el año pasado, el otro, hace cinco años y un día. La han titulado de forma distinta, incluso han modificado el reparto, pero es la misma. Lo peor es que las copias o son perfectas o son desastrosas. Y suelen ser malas, malísimas copias.
Detrás de las paredes recuerda, sin duda, a la película de Alejandro Amenábar, Los otros. En su primera parte es casi idéntica. Se cuenta de forma ligeramente distinta, pero se cuenta lo mismo, exactamente lo mismo. Que se parezca tanto es una faena para todos. El espectador, por su parte, intuye desde muy pronto lo que va a ocurrir y tiene la certeza, o casi, de que está siendo estafado. En una película en la que la gracia se encuentra, precisamente, en eso, en que el espectador no sepa casi nada, esto que digo supone un desastre. Por otra parte, el guión se desinfla en la segunda escena y el director se queda sin película. Una faena. Todo el mundo perdiendo unos eurillos.
La segunda parte, cuando se resuelve el gran misterio por parte de los personajes (el espectador ya se aburre seriamente porque se lo sabe todo) la cosa cambia. A mucho peor. Los trompicones por querer llegar al final, las prisas descomunales, la falta de capacidad de fabulación del guionista, son o deberían ser causa de despido procedente. Y, claro, todo acaba con un último intento lacrimógeno. Fallido, por supuesto.
La fotografía no está mal. Alguna secuencia es notable (muy pocas). El resto es una ruina. El personaje principal es interpretado por Daniel Craig. Creo yo que, durante el rodaje, le tendrían que despertar entre toma y toma porque se le ve amodorrado y aburrido. Naomi Watts defiende un papel muy secundario. De apoyo a la trama (para que no se desmorone hasta el último ladrillo del edificio). Tampoco es muy entusiasta en su trabajo. La única que se libra es Rachel Weisz. Tal vez le echó ganas para acabar lo antes posible.
La música es aburrida. Todo es aburrido. Una copia nefasta de un millón de películas ya vistas. No se libran ni los efectos visuales. Eso le sale bien a todo el mundo con tanto ordenador suelto. Pero en Detrás de las paredes son escasos y normalitos.
La buena noticia es que pronto se proyectará en algún canal de televisión. Y eso es casi gratis.
© Del TExto: Nirek Sabal


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sep 6 2011

Cowboys & Aliens: Un disparate que no lo es tanto

Me gustan las películas de indios y vaqueros. En esta aparecen muchos indios y muchos vaqueros. Me gustan las películas de marcianos (las sci-fi, que queda más fino). En esta hay unos cuantos. Esta película nace de un cómic escrito por Fred Van Lente y Andrew Foley (con ilustraciones de Dennis Calero). Me gusta el cómic. Así que esta que va de todo a la vez me debería de encantar. Pues no. Me ha gustado el principio y me han dado ganas de levantarme del asiento de mitad de la película en adelante. Qué falta de imaginación para resolver los problemas que los propios guionistas se crean. Montan un castillo que tiran de una patada. Hay que ver lo torpes que son. John Favreau hace lo que puede con lo que tiene a mano, pero como resulta que este no es Buñuel ni Ford, hace muy poco con lo que tiene a mano.
El caso es que la película es divertida en su primera mitad. Hay hasta chistes que no están mal. Daniel Craig y Harrison Ford se empeñan es sacar adelante la cosa. Más creíble Craig que Ford. Si añadimos unos efectos visuales y sonoros de maravilla pues lo pasamos bien. Pero, a partir de ese momento, la cosa se convierte en un topicazo mil veces contado y, por eso, mil veces más aburrido.
Un bandido muy serio (Daniel Craig) y muy malo despierta en el desierto. Nuevo México. Finales del siglo XIX. Lleva en la mano izquierda un brazalete metálico que no se puede quitar y que no sabe ni para qué sirve ni nada de nada. Como es un forajido y ha perdido la memoria (una mezcla poco aconsejable para los que son malos) va hasta un pueblo en el que le esperan con los brazos abiertos. Al calabozo. Cuando le van a trasladar aparece por el pueblo un coronel del ejército retirado (Harrison Ford) que busca a su hijo. El hijo está detenido junto al malo. Pero, este, por tonto. En plena discusión para que suelten al hijo del coronel y para que alguien le pegue dos tiros al malo por ser como es, aparecen unas naves espaciales que destrozan lo que pillan en el camino y se llevan a los habitantes del lindo pueblecito. Y, a partir de aquí, hay de todo.
De verdad que es una pena que nadie haya huido de lo tópico y de lo simplón para resolver la trama. En algunas escenas vemos por allí viejas películas a las que se homenajean (atención a la forma de la nave y a lo que recuerda. Para los más olvidadizos daré una pista: Encuentros en la … fase) sin gran acierto, casi todo se resuelve entre un lío tremendo de imágenes que se solapan entre ruidos de explosiones y carreras frenéticas de humanos y bichos. De hecho, yo pensaba que los hombres deberían haber muerto (todos) poco después de comenzar el gran lío, pero no, el caos no me dejó contar bien.
Son dos horas de cine de entretenimiento. Desde luego no es un paquete, ni un disparate sin pies ni cabeza. Yo diría que sin pies. O sin cabeza. Sin algo, pero con lo otro intacto. Una experiencia eso de ver mezclados los géneros (nada nuevo si repasan algunos títulos no muy antiguos), mezclados a 007 disfrazado de cowboy y a Harrison Ford pilotando un caballo en lugar de una nave espacial. Todo muy raro. Francamente, rarito. Pero al lado de lo que se puede ver hoy día, se salva.
© Del Texto: Federico de Vargas y Expósito


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