jun 27 2013

El hombre de acero: El cine no es un videojuego

Todo aquello que nazca para ser comercial terminará siéndolo. Por ejemplo, en un guión se pueden incorporar buenas ideas, seriedad narrativa, una estructura coherente. Lo que sea. Pero el afán comercial, ese querer vender a toda costa, lo estropea todo. Un buen guión como locomotora comercial es carne de marketing.
El hombre de acero tiene cosas muy buenas. Un guión que quiere tratar al personaje como el mito que es, unos medios técnicos deslumbrantes; una banda sonora muy bien diseñada (Hans Zimmer firma una partitura muy personal en la que sobresalen los graves para apabullar, una partitura que sin saber el nombre del autor se le adjudicaría a él; le acompaña Junkie XL); y un reparto que cumple más que bien (la sosería infinita de Henry Cavill habrá que perdonarla). Pero todo esto se lo entregan a un histérico que quiere deslumbrar moviendo la cámara sin parar (este no es otro que el realizador Zack Snyder) y todo se viene abajo. Todo a todo volumen, todo a toda velocidad. Y todo se reduce a un alarde vacío que termina por arruinar lo que podría ser un excelente trabajo.
El estruendo constante hace que lo demás -que es lo importante- pase a segundo plano. El ruido ensordecedor y la cantidad de puñetazos, explosiones, edificios derrumbados y aeronaves derribados. El final de la cinta es delirante en este sentido. Muy bien los efectos especiales, los visuales y los de sonido. Pero El hombre de acero es una película de cine y no un videojuego. Y tanto alboroto no funciona bien.
Si ven la película comprobarán que faltando el ruido, quedando la cámara quieta unos instantes, pasan muchas cosas en la pantalla. Muchas e importantes. Una pena que el guión de David S. Goyer se quede en menos de lo que podría ser. La historia original fue escrita por este guionista y por Christopher Nolan. Como estarán comprobando, hay mucho nombre y mucho ego para un solo trabajo. Este ha podido ser un problema y de los grandes.
La película es irregular. Al querer dejar justificado y explicado casi todo, se pasa de momentos de gran vértigo a la calma absoluta, de una acción frenética a la reflexión profunda, de no decir nada a querer decirlo todo. Una historia que reinventa el mito de Superman aunque incluye todos los elementos que hacen del superhéroe lo que es.
Henry Cavill se podría haber quedado dormido en cualquier toma. Más parado, más inexpresivo y más soso no se puede ser. De hecho, ni se inmuta cuando aparece por allí Amy Adams que no está mal en su papel, pero que no hace pareja con este chico ni a la de tres. Michael Shannon es el villano. Creíble y contenido cuando su papel invita a todo lo contrario. Russell Crowe y Kevin Costner defienden papeles muy cortos aunque están bien plantados frente a la cámara. Hacen lo que les toca.
El hombre de acero es una película excesivamente larga. Lo que cuenta hubiera podido colocarse en una cinta de cien minutos como máximo. Pero como todo se envuelve con grandiosidad técnica y visual, la cosa se va alargando hasta causar pereza. ¿Es una película entretenida? Sí; los golpes, las explosiones y las naves espaciales que explotan, son muy agradecidas. Pero no deja de ser decepcionante. Las expectativas de muchos no han sido cubiertas en absoluto. Demasiados egos en la misma coctelera. Y, sobre todo, demasiado alboroto en la pantalla.
© Del Texto: Nirek Sabal


jul 24 2012

El caballero oscuro: la leyenda renace

Cuando preparo artículos sobre películas de cine suelo escribir en una cuartilla lo que me ha parecido notable y en otra lo que he recibido como desastroso. Generalmente, uno de los papeles suele quedar lleno de anotaciones y el otro escaso. A veces, en uno está todo y en el otro nada. Hoy, los papeles están completos. Debe ser que El caballero oscuro: la leyenda renace, al ser el final de una trilogía hace que me sienta entre dos aguas; la pena por dejar atrás buen cine, la alegría de saber que esto se acaba y no va a ir a peor. Debe ser que me siento obligado a hablar de cine con seriedad y que, al mismo tiempo, sigo la obra de Christopher Nolan con mucho interés y, tal vez, tiendo a no querer ver los defectos de su cine. Debe ser algo de eso. Porque no es normal que una película te deje clavado en el asiento y, al mismo tiempo, te chirríen cosas por aquí, por allá, por delante y por la espalda. Casi tres horas de proyección en la que se acumulan todo tipo de cosas. Eso sí, tres horas sin dejar de mirar la pantalla.
La película es previsible en su conjunto. Cualquier espectador sabe lo que va a ocurrir. Eso pueden darlo por seguro. Y, mucho peor, cuando no se intuye la acción es porque el giro en la trama es desproporcionado, casi pueril y una vuelta de tuerca que no deja satisfecho a un espectador que necesita una mínima coherencia en la propuesta que le presentan. Por ejemplo (no teman, no pienso desvelar nada) el villano, que durante gran parte de la película funciona muy bien, se diluye gracias a uno de esos malabares en el guión que quieren llenar de luz y de color la película. Se quieren solucionar problemas narrativos con artificios que no sirven para remediar nada de nada. Es este un problema que se arrastra desde el diseño de los personajes (muchos y nuevos en la trilogía) que quedan más bien planos. El sentido, que llega siempre desde ese dibujo del personaje y desde lo que dice o escucha (otro problema de la película son los diálogos) se resiente haciendo que la cosa se tambalee peligrosamente. Pues bien, todo esto convierte la película, por momentos, en cine que se llena de lo que ya sabemos que va a pasar.
El montaje no termina de cuajar. Destroza el ritmo narrativo con acelerones que llevan a paradas excesivas. Las elipsis son muy numerosas e innecesarias. Otro defecto y este es importante.
Como ya digo, los diálogos son excesivamente superficiales. Aunque es casi una buena noticia porque los intentos de profundizar terminan siendo tediosos y el discurso de los personajes se convierte en una clase sobre lo que hablan que resulta un chiste. Lo que quieren los hermanos Nolan (hablo en plural puesto que comparten el guión) es plantear una bajada a los infiernos del que el ser humano no es capaz de escapar y, de paso, intentan mezclar eso con el desastre que vivimos en el mundo real gracias a la especulación. Pero todo queda a medias y tierra de nadie. La fuerza del diálogo no aparece para ayudar en el intento. Una pena.
Un buen número de pegas, como pueden imaginar, que convertirían cualquier película en un fracaso rotundo. Pero hablamos de Batman y hablamos de Nolan. Ahora las buenas noticias.
El espectáculo es fascinante. Y el cine debe serlo.
Se ha dicho que la música es repetitiva y excesiva. Falso. Hans Zimmer hace un excelente trabajo. Muy en la línea de lo que suele presentar. Es verdad que en algunos momentos la resonancia de la partitura no deja escuchar lo que dicen los personajes (afortunadamente), pero eso es un problema de sonido. Acompaña bien la acción y logra algo fundamental en esta película: construye (ayuda mucho) un clima excelente. Esta es una de las fortalezas de la propuesta. Desde el principio el universo se construye sin fisuras. La lástima es que el guión se enrede sobre sí mismo buscando zonas faltas de interés o artificiales.
Vestuario, maquillaje y peluquería, estupendos.
Efectos visuales y especiales grandiosos. Lógicamente, la película se llena de ellos. Más que nada para tapar las faltas que he apuntado. Les garantizo que estos efectos dejan boquiabierto a cualquiera.
Nolan no abusa de movimientos nerviosos de la cámara. En todo momento podemos apreciar lo que pasa. No deja que lo alocado de algunas escenas impidan poder seguir la acción desde las imágenes. Y era algo difícil de conseguir. Hay escenas muy largas y muy complejas que remata con acierto.
La dirección actoral no está mal. No es que sea una clase magistral, pero todos están bien en sus papeles. Christian Bale parece haber entendido que una película de acción es algo muy concreto y se deja llevar para conseguir una buena interpretación. El resto correctísimos. Ahora bien, he de decir que Anne Hathaway está maravillosa. Las Cats anteriores que se vayan buscando otra cosa. Sensual, sexy, guapa e interpretando su papel sin dejarse llevar hasta el histrionismo de una coreografía que hubiera desembocado en él si no fuera por esta mujer.
La puesta en escena es grandiosa. Y la fotografía es muy buena.
Como ven no faltan las buenas noticias. Y son buenas de verdad. Les voy a confesar una cosa: no me importaría volver a ver esta última entrega de la trilogía. Porque es divertida y son tres horas disfrutando del cine. No de una obra maestra, pero de cine.
Una última cosa. El final de la película abre la puerta a más. Ya verán a lo que me refiero. A mí no me importaría en absoluto.
© Del Texto: Nirek Sabal


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abr 22 2011

Scream 4: Trastorno de personalidad histriónica

‘’¿Mis amigos? ¿En qué mundo vives, Sidney? Yo no necesito amigos, necesito fans, ¿no lo entiendes? Nunca se ha tratado de matarte a ti, se trata… de convertirme en ti. […] Es la nueva cordura, tú has tenido tus quince minutos de fama, ¡¡YO QUIERO LOS MÍOS!! ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Ir a la universidad? ¿Hacer un postgrado? ¿Trabajar? Mira a tu alrededor, ahora toda nuestra vida es pública, todos estamos en Internet, ¿o cómo coño crees que se hace la gente famosa? No tienes que conseguir nada de nada, sólo tiene que ocurrirte una desgracia. De modo que tienes que morir, son las reglas. Nueva película, nueva franquicia.’’
Ghostface


Estas palabras tan significativas y dichas por el asesino en el punto álgido de la trama (y cuya personalidad no voy a revelar), nos sirve para entender qué es lo que nos ofrecen nuevamente Wes Craven y Kevin Williamson tras una década de silencio en la que se creía que esta famosa saga se quedaría en trilogía. El argumento nos sitúa de nuevo en el pueblo donde se cometieron los asesinatos originales, en la localidad de Woodsboro, Gale Weathers (Courtney Cox) y Dewey (David Arquette) se han casado y mantienen un aburrido y tranquilo matrimonio en dicho pueblo, mientras tanto, Sidney Prescott (Neve Campbell) vuelve al pueblo justo en el décimo aniversario de la ola de crímenes para promocionar su libro, que no son más que las memorias de lo que de verdad sucedió. Este hecho marcará una nueva serie de asesinatos que pondrán de nuevo a nuestro trío de protagonistas en entredicho, pues estamos en una nueva generación y eso conlleva nuevas reglas.

Un film donde se retrata la desvirtuación de los mass media como no se había hecho antes en la saga, una crítica feroz a la falta de intimidad como consecuencia de las nuevas tecnologías, las redes sociales y sobre todo a los nuevos valores demostrados en los medios, donde lo que impera es convertirse en famoso a costa de lo que sea y de quien sea (eso lo tenemos nada más abrir la televisión, y ver la de personajillos que salen, por poner un ejemplo inmediato). Y por qué no, todo ello ha contribuido a crear una generación de sujetos con trastornos de personalidad histriónica, esto es, el egocentrismo y el afán por ser el centro de atención, cuando en el fondo lo que implica no es más que falta de seguridad en sí mismos, y esto es una realidad que vivimos, pero no vemos y muy pocos lo notamos. Kevin Williamson en su más que consabido metadiscurso refleja también la falta de ambición de Hollywood, es decir, una década de remakes y revisiones de antiguos clásicos del terror, a cada cual más nefasto, así como el lanzamiento indiscriminado de secuelas y secuelas que no aportan nada a la versión original (en ataque a Saw, de la cual se mofa desde el prólogo), consiguiendo junto a la dirección del tío Wes, un tono clasicista que ya se echaba de menos en una cinta de estas características.

Técnicamente sin grandes artificios, sencilla y clásica; con un desarrollo de personajes lo suficientemente convincente para un slasher, aunque flaqueando en lo que se refiere al trío de protagonistas original y con un ligero decaimiento en el segundo acto aunque con un acto final absolutamente brutal; una fotografía estupenda de Peter Deming, en la línea de sus trabajos con David Lynch (Carretera perdida o Mulholland drive) más que en sus anteriores esquemas dentro de la misma saga; y unos ambientes y decorados que como todo reboot (relanzamiento, nueva visión, parecido a lo que ya hiciera Nolan con Batman), muestran cierta nostalgia y complicidad con el espectador más freak, al repetirse ciertos escenarios o tener características parecidas a las de la cinta original. A destacar la actuación de la bella Haydn Panettiere, o Ninco Tortorella (que recuerda al actor Anthony Perkins haciendo de Norman Bates, Psicosis), o Emma Roberts (sobrina de Julia Roberts, por cierto). En definitiva, estamos ante una nueva entrega de este gran psychokiller, que tiene pinta de reabrir otra serie de matanzas con la consecuente moralina social de los tiempos que vivimos. La pena es, que quien vea en Scream solo muertes, sangre y adolescentes sin entrar a profundizar en nada, se quedará en una mera superficie, como la gran mayoría del público que no ve más allá de lo que hay cuando se trata del género de terror, ah, una de miedo, si, muere mucha gente y tal, una basura, palabras textuales de un snob gafapasta. Una lástima.
Y es que tal y como dice Dewey, la tragedia de una generación es la burla de la siguiente. Así nos va.
© Del texto: Gwynplaine Thor

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ene 16 2011

El caballero oscuro: Emoción sin reposo

Sin emoción el cine no es nada. Una película llena de emoción es una experiencia única, inolvidable y el motor (al menos durante unos minutos) de la imaginación del espectador. Por eso una película es grande o se queda en simple pasatiempo.
El caballero oscuro dirigida por Christopher Nolan e interpretada por Christian Bale (algo soso como siempre), Michael Caine (más que correcto como siempre) y Heath Ledger (fantástico como nunca), entre otros; es una excelente muestra de tensión narrativa mantenida sin fisuras de principio a fin, de construcción de personajes a través de un guión bien armado y con el tiempo narrativo medido y ajustado al tempo, de fotografía cuidada (Wally Pfister), una muestra de lo que puede significar para el espectador la construcción de un estado emocional que se mueve como un pendulo entre la inquietud y ese remover la consciencia que se consigue lanzando mensajes claros y contundentes.
Los efectos especiales son magníficos. La banda sonora acompaña la acción como si quisiera acariciar cada imagen con solvencia y delicadeza (la partitura la firman Hans Zimmer y James Newton Howard), la participación de Ledger asombrosa (la de todos los secundarios muy importante puesto que Nolan los utiliza para lo que debe utilizarse un secundario, para iluminar al principal y hacerle crecer. Bale o Batman (si lo prefieren), a pesar de los pesares, en esta película también lo es).
La película se mueve de un extremo a otro buscando la dualidad, el sí y el no que todo contiene, el bien y el mal. No el sí frente al no o el bien luchando contra el mal sino cada cosa ocupando ese lugar que les corresponde y que se hace inevitable puesto que, antes o después, aparecen para equilibrar la balanza.
Distanciándose tanto como puede de la estética del cómic, buscando un registro propio, Nolan consigue la que es su mejor película. No se enreda en tiempos narrativos difusos o fórmulas tremendamente exigentes con el espectador. Ni maneja conceptos que termina equivocando (el director) como le sucedió al firmar Origen (en la que se hace un lío monumental entre lo que es sueño y pensamiento consciente). Con El caballero oscuro se limita a contar una historial casi lineal y a contarla más que bien.

Durante las dos horas y media que mide la película, no hay un momento de reposo, no hay una escena de más, ni una frase que no conduzca a un lugar más allá del que se vive en ese momento.
Y, lo más importante, es que se trata de una invitación a la reflexión, de una enorme pregunta sobre lo que significa lo bueno y lo malo de cada cosa, sobre la posibilidad y la necesidad de una mentira para que el sistema funcione (¿Es malo engañar cuando eso puede representar una estabilidad buscada? ¿Es la verdad la que cambia o se mantiene inmutable? ¿Son los hechos los que se pueden mirar desde diferentes perspectivas para presentarlos de un modo u otro?)
En fin, una excelente película. Una de esas que le gusta a cualquiera. Emocionante e inteligente. ¿Qué más se le puede pedir al cine?
© Del Texto: Nirek Sabal


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ago 9 2010

Origen: Muchos flecos sueltos

Durante muchos años fui abonado en la plaza de toros de Las Ventas del espíritu Santo de Madrid. Estaba rodeado de aficionados con grandes conocimientos taurinos. De modo que aprendí mucho durante los primeros meses. Mucho. Poco a poco, entendí la liturgia de una corrida de toros, cómo y donde debía colocarse el matador frente al toro para lidiarle, la importancia de la mano izquierda o si una estocada estaba en su sitio o no. Lo aprendí todo. Y todo dejó de gustarme porque sabiendo cómo debían ser las cosas, reconociendo un animal bravo, bravucón o manso y las ocasiones perdidas, absolutamente todo era un error. No podía gustarme algo imperfecto. Nada tenía sentido si no se llegaba a ese punto en el que las cosas son exactas. Un buen día un hombre mayor se me acercó, me ofreció un cigarro y comenzó a charlar. Me preguntó por mis cosas, por mis novelas, por mi forma de ver los toros. Bueno, dijo, ya has aprendido todo lo necesario. Sólo falta que te sientes dispuesto a disfrutar de lo que ves, de olor, del sol en la cara. Después de aquella conversación fue cuando comencé a disfrutar del espectáculo. Los peros los discutía tomando una cerveza después de ir a la plaza. Todo tomó un nuevo rumbo.

Dejé de asistir a la plaza hace mucho tiempo. Ya no me interesa nada de todo aquello. Pero eso es harina de otro costal.

Ayer me senté en la butaca del cine preparado para ver un gran espectáculo. Y, al salir, supe que había asistido a eso, a un gran espectáculo, colosal. Esperaba Origen, la película de Christopher Nolan, con ansia y me dejé llevar. Una idea estupenda. Una trama trepidante que no deja respirar al espectador desde el principio hasta el final. Un grupo de actores, de buenos actores (Michael Caine, Cillian Murphy, Ellen Page, Ken Watanabe, Marion Cotillard, Lukas Haas, Joseph Gordon-Levitt, Tom Berenger), moviéndose entre decorados digitales grandiosos. Me dejé llevar y disfruté de la película sin parar a pensar sobre los defectos. Ni me fijé en ellos. Me tragué hasta la última escena sin pestañear, hasta la última nota musical de la partitura de Hans Zimmer. Es ahora cuando toca dar vueltas a lo que vi.

Debe ser que las ideas de Nolan son tan extraordinarias que no le permiten contar las cosas como intuyo que él quisiera. Demasiados flecos sueltos. Y, para resolver esa carencia, hace que la trama se deslice hacia la duda y hacia una realización fallida.

Una posible lectura de la película sería la de entender que todo lo visto forma parte de un sueño. La película sería algo así como muchos sueños incluidos en otro que no nos enseñan. Para eso, entre otras cosas, utiliza Nolan el personaje de Mal (Marion Cotillard, esposa del personaje principal, Cobb, interpretado por Leonardo DiCaprio). Una pena ese desperdicio al tratarse de una buena actriz que se queda apenas sin papel. El tótem girando en la última escena que no terminamos de ver, esa realidad en la que Cobb se mueve perseguido por medio mundo y una frontera sin delimitar entre lo real y lo onírico, podría llevarnos a esa lectura a la que me refiero. Y eso convierte la película en una propuesta casi insultante. Por otra parte, los diálogos son excesivamente explicativos. No llevan a ninguna parte distinta a la siguiente escena que, sin esa explicación, haría derrumbarse todo. Pero lo peor de todo es que, sin diálogos, nos quedamos sin personajes. Ni conocemos sus motivaciones, ni su pasado, ni podemos intuir su futuro. Son personajes que están para iluminar la grandiosidad de los efectos especiales. Cobb es el único que parece tener un porqué aunque no es suficiente lo que nos enseñan. Al tratarse de una película que se adentra en el subconsciente del individuo, el asunto es grave.
Nolan juega a los sueños sin tener claro lo que es el pensamiento y el inconsciente. O lo que es peor, da por hecho que el espectador no lo sabe o le importa un bledo. Otro pequeño insulto. Los personajes piensan o sueñan y el registro es idéntico. Quizás lo peor de la película. Y Nolan juega a los sueños de mentira. ¿Hay algo más intenso que un sueño, es posible que las emociones se puedan expresar con más rotundidad aunque queden difuminadas por el estado inconsciente? Pues jugar a los sueños, pero de mentira, hace que la emoción naufrague a costa del uso del ordenador y su grandeza visual.

Pero también hay cosas muy buenas. El uso de la cámara lenta para que los tiempos narrativos de cada sueño vayan cuadrando es más que notable. Nolan ha conseguido que DiCaprio parezca un actor con personalidad propia (sobre todo un actor que no parece una caricatura de uno de sus ídolos). La partitura de Zimmer es muy efectiva. Los efectos especiales son, verdaderamente, alucinantes. Y es muy difícil que alguien se aburra aún cuando la propuesta se derrumba sin remedio.

Ha mejorado este director con respecto al trabajo de los actores aunque como realizador no termina de cuajar. Ideas excesivas, inmensas, no son fáciles de hacer realidad.

La pregunta que me hago es la siguiente: ¿No se está produciendo un uso alocado de la técnica al hacer películas de cine? ¿No podría parecer que estamos en condiciones de contar lo que sea gracias a esa técnica cuando es incierto y las limitaciones son enormes aunque los ordenadores sean un disparate?

En fin. Vayan al cine y disfruten de la película. De verdad que merece la pena. Y dejen todo esto para después.

© Del Texto: Nirek Sabal




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ago 8 2010

Inception: Recuerdos encerrados

Por fin tenemos en nuestras salas una de las películas más prometedoras del año, Inception (Origen), prometedora por la expectación que ha creado debido a su director Christopher Nolan, autor de obras como Memento, Insomnia, el renacimiento de Batman o en mi opinión, su obra cumbre, El caballero oscuro; y prometedora porque en ella se han volcado una ingente cantidad de medios técnicos sofisticados a la orden de una historia más que interesante.

Dominic Cobb (Leonardo Di Caprio) es un ladrón de secretos. Para ello utiliza una máquina llamada Origen, la cual transporta a los sujetos que la utilizan al mismo subconsciente de la persona. Cobb actúa para grandes corporaciones en la lucha por el poder, y es un fugitivo en muchos países. Su objetivo es ganarse el derecho a volver a casa, de la que fue exiliado por un grave incidente que le dejó con un fuerte sentimiento de culpabilidad y que marca todos sus trabajos: su mujer fallecida y el abandono de sus hijos. Para ello le ofrecerán un último trabajo, el más difícil de todos, en vez de robar una idea de una mente, introducirla, y en su periplo se rodeará de un equipo de personas a cada cual más variopinto. Cobb y sus chicos crearán un plan para introducir una idea en el hijo de un magnate fallecido, el cual está siguiendo los pasos ambiciosos y arrogantes de su padre, para que cambie su percepción de la realidad y sus sentimientos.

Al contrario de otras películas como Matrix o Nivel 13, donde los personajes iban subiendo poco a poco a la auténtica realidad con la base del mito de la caverna de Platón, aquí nos encontramos con un auténtico descenso al ‘’Infierno de Dante’’ (La Divina Comedia, léanlo si tienen lo que hay que tener), pues los sueños se dividen en capas o niveles y el objetivo será crear un sueño dentro de un sueño de otro sueño, y cuanto más profundidad hay, si se muere, queda el sujeto en un estado de coma o durmiendo literalmente durante décadas hasta encontrar la salida, a dicho nivel se le llama Limbo (‘’Purgatorio’’ para la obra literaria de la que hablo). El ‘’Paraíso’’ vendría a ser la catarsis y redención de Cobb. Porque de eso trata toda la película, es la redención de un personaje atormentado por sus recuerdos, es un film sobre lo que no podemos dejar escapar de nuestra mente, de esa persona que quisimos una vez y se fue pero se quedó atrapada en nuestro pensamiento, y de esta manera se distorsiona en nuestro subconsciente viciándonos, y en este caso, aportándonos simplemente un sentimiento de culpabilidad. Decir que Marion Cotillard está espléndida como ‘’Mal’’, la mujer de Cobb, o Ellen Paige como ‘’Ariadne’’, la persona que hará que Cobb esté lo más posible con la cabeza en la tierra y no sucumba ante sus propios recuerdos. También cabe destacar Gordon Levitt como ‘’Arthur’’, mano derecha de Cobb y una de las revelaciones de la cinta que nos ocupa. Y como ya viene siendo habitual en las últimas producciones, Christopher Nolan se rodea de un actor de lujo como es Michael Caine, y que aunque aquí es un simple secundario, su carisma y su sonrisa llenan la pantalla en los pocos minutos que sale.

Ritmo y acción trepidante que no decae ni un minuto de los 150 que dura el film, con grandes escenas que a más de dos y de tres se le quedará grabada en la retina por la espectacularidad visual y sonora que compone el conjunto, mención especial a la música de Hans Zimmer, que auto-plagiándose ya por inercia, logra que nos metamos en la película de lleno, haciendo una banda sonora bastante notable. También destacar la fotografía y el vestuario, bastante sobrio, con esos tonos grises y fríos, propios de un auténtico descenso a la oscuridad de la mente. La idea en sí de la película es bastante compleja, aunque su guión dialogado no es para echar cohetes, uno de los miedos que tenía un servidor era que fuese una paja mental véase el arquitecto de Matrix Reloaded, y películas del estilo donde no hay quien entienda lo que dicen los personajes. Pero no es así, y aprueba con nota.

En definitiva, estamos ante un film sobresaliente en todos sus apartados, que cumple con su cometido que no es más que entretener y que viene a dar una bocanada de aire a una cartelera que de solo mirarla da grima; con una propuesta inteligente, una película que utiliza el pretexto del subconsciente para hablarnos de los recuerdos reprimidos de cualquiera de nosotros, del pasado que no dejamos escapar, de la herencia de una propia personalidad, de la redención que a veces uno necesita para poder ver con claridad… Nolan construye una de sus películas más redondas. Y no hay más.

5, 2, 8, 4, 9, 1…

© Del Texto: Gwynplaine Thor


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