dic 27 2011

Las luces de la ciudad: Cine universal

¿Puede la curiosidad mover a un adolescente a ver cine mudo? Esta misma pregunta me formulaba mientras un crio removía entre los DVD que tengo por casa. Tras observarlo unos instantes, pude contestarme con un rotundo no, y es una pena, de verdad. Entre un buen número de películas a escoger estaba Luces de la ciudad (City Lights), una de las mejores películas de la historia del cine, en blanco y negro, aún mudas (pese a que en el año 1931, año de su rodaje ya existía el cine sonoro).
Luces de la ciudad es una película protagonizada por el inefable Charles Chaplin (eterno vagabundo), la encantadora y desconocida, en aquellos momentos, Virginia Cherrill (la forista ciega) y Harry Myers (millonario borrachuzo y olvidadizo en momentos de sobriedad).  La película está rodeada de mil anécdotas sobre lo difícil que fue la conexión entre los protagonistas (Charles Chaplin y Cherril no se podían ni ver, de hecho estuvo a punto de ser sustituida y fue obligada a repetir la escena de la entrega de la flor casi 300 veces; el plagio de la banda sonora (la famosa Violetera del Maestro Padilla fue utilizada en la película. Charles Chaplin fue demandado y tuvo que incluir entre los créditos de la película que la canción La violetera era de Padilla), etc. Sobre ello podrán leer en los innumerables libros que sobre uno de los mayores genios del cine existen. Porque Charles Chaplin fue no sólo el personaje Charlot, que ha trascendido incluso a su propio creador, sino uno de los mejores directores de cine, uno de los más exigentes, uno de los más controvertidos en su época.
Algunos se preguntarán ¿por qué si estamos en un ciclo de navidad, incluyen una película como Luces de la ciudad? Pues simplemente porque la que suscribe tiene en su apunte de películas navideñas una como esta. Y ¿por qué? Pues porque, como ya se ha dicho en otros textos escritos en la semana de la navidad, durante estos días nos convertimos en melaza pura, no nos importa creer que el mundo es un poco mejor que lo que en realidad es, y porque,  aunque parezca de ilusos, nos apetece pensar que aún existe la bonhomía, la solidaridad, el amor puro. Y esta película, que tiene casi un siglo nos habla, indirectamente, de todo eso.
El argumento una historia de amor, de solidaridad. Un vagabundo  (Charles Chaplin) pobre de solemnidad, cuya misión es dar vueltas por la ciudad, sin finalidad alguna, tropieza en una de sus andanzas con una florista ciega (Virginia Cherril) que desde una esquina vende sus flores a los transeúntes que por allí pasan. El vagabundo se enamora de ella a primer golpe de vista y con el único dinero del que dispone compra un ramito a la florista. Esta, con el roce de las manos, se enamora de aquel hombre al que no ve, pero que intuye rico, millonario y buen hombre. Una confusión provocada por un taxi casual generará esa creencia que se mantendrá a lo largo de todo el metraje. Mientras tanto, el vagabundo, de manera paralela, anda de correrías por la ciudad con un millonario borrachín (Harry Myers) que  lo prohíja durante sus estados beodos, pero al que olvida tan pronto vuelve a la sobriedad. Los encuentros entre los tres, moverán la historia de modo paralelo. El vagabundo enamorado hasta los tuétanos de la florista buscará, de todos los modos posibles (convertirse en boxeador incluso), el dinero para que la dulce muchacha pueda operarse y recuperar la vista. Mientras las miserias del vagabundo se suceden, la mujer seguirá en la creencia de esta enamorada de un millonario que la va a ayudar. Estas peripecias terminarán con el vagabundo en prisión por culpa del excéntrico millonario. Pero todo tiene una finalidad como llegaremos a ver. El vagabundo continuará soñando con la florista. Y así, con el tiempo, una vez recuperada la libertad, en uno de sus infinitos paseos por la ciudad el vagabundo amable, afable, dará con una floristería en la que reconocerá a su amada que, gracias a él, recuperó la visión. El vagabundo, en un gesto de desolación, gastará sus escasas y últimas monedas en comprar unas flores a la mujer que ama. Se reconocerán, uno y otro, no gracias a la vista, sino al tacto y a algo, estoy segura, que se enciende cuando dos personas que están destinadas a amarse se encuentran. Ella le verá con los ojos del corazón.
Puede que sea porque esta película siempre la veo en navidad, puede que porque me gusten los pasteles de amor aunque en este caso vengan acompañados de unas dosis equilibradísimas de dramatismo, fina ironía y genialidad. Pero me encanta esta película.
Las escenas trufadas de una gran sarcasmo y una enorme carga dramática, como sólo Chaplin era capaz de crear, convierten esta película (de un ritmo narrativo que nada tiene que envidiar a ninguna película sesuda de las que corren por ahí), en uno de los mejores exponentes del cine de una época y, por qué no decirlo, de la historia del cine. Un buen ejemplo de cómo sin palabras puede llegar a expresarse todo, absolutamente todo, si uno tiene enfrente a un grandísimo director, a unos más que excelentes actores y una estupenda historia que contar.
No se la pierdan, engañen a los jóvenes para que se sienten con ustedes a ver esta película, no se arrepentirán. Cine de una época, cine universal.
© Del Texto: Anita Noire


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sep 28 2011

El guateque: Risas, pero nada más

¿Puede ser una película más divertida que esta? Creo que no. Las hay parecidas, al mismo nivel, pero más divertida es imposible. Porque está concebida para eso, para hacer reír. Ni más ni menos. Nada de guiones sesudos, ni frases de una inteligencia fuera de lo normal. El Guateque es una sucesión de situaciones completamente disparatadas que arrancan con facilidad una carcajada a cualquiera. El camarero borracho destrozando la fiesta y la paciencia de la anfitriona, es inolvidable. Y el personaje que interpreta Peter Sellers lo mismo.
Hrundi V. Bakshi (Peter Sellers) es un actor indio con muy mala suerte. Todo lo que toca lo destroza. Después de hacer explotar un decorado gracias a su torpeza, es invitado por error a una fiesta en la casa de Fred Cutterbuck (Fay McEnzie) que es el director de los estudios cinematográficos. Llega a la casa y con él el desbarajuste. Cada movimiento se convierte en una situación cómica que se resuelve con algo que provoca un caos mucho mayor. Conoce Bakshi a la chica más guapa de la fiesta (Claudine Longet) y terminan gustándose mientras la dueña de la casa (Kathe Green) se vuelve tarumba, Cutterbuck intenta matar al culpable y todo el personal termina borracho o involucrado en un desastre absoluto. Les aseguro que no hay más. Es así de sencillo. Y, de verdad, muy divertido.
El director fue Blake Edwards. Tal vez sea uno de los realizadores que con menos esfuerzo ha conseguido más apoyo de la crítica y del público. Rodó películas más que sobrevaloradas en una época en la que el espectador quería olvidarse de guerras frías y de los peligros monstruosos que le tocaban vivir. Edwards entregaba entretenimiento y todos lo agradecían. Para ser justo, diré que esta película tiene un poco de eso. Para hacer esta película tomó prestada alguna idea del cine de Jacques Tati con astucia y buscando el apoyo de Peter Sellers. Y los guiños al cine mudo son constantes. Desde un comienzo que es una parodia de una escena muy conocida, al uso de la confusión y el error o la cercanía al cine de Chaplin.
Peter Sellers no defiende su papel con la maestría que lo hace en otras películas. Funciona bien porque el conjunto es lo que es. No exige nada del otro mundo. Incluso, llegado el final, el personaje tiende a difuminarse entre el desastre general en lo que se convierte la trama. Pero no está mal. El resto del reparto si está algo más exagerado en sus papeles. Por la misma razón: el conjunto es lo que es y conviene marcar bien el objetivo aunque sea a base de exagerar algunos aspectos. Insisto en que la película no busca otra como que no sea la diversión del espectador.
La música de Henry Mancini, como de costumbre, bien.
Hay algunos detalles que dicen mucho de este tipo de cine. Por ejemplo, aparece un elefante por allí y nuestro protagonista dice que es el símbolo de la India. No lo es. Es el pavo real. Nadie debió pensar en ello o les daba igual. Otro ejemplo. Parece que una pareja es algo inevitable es estas películas. Pues nada, se mete con calzador acompañando la cosa de un final algo estúpido y estereotipado. En fin, que nadie piense que va a ver un peliculón. Eso sí, se partirá de risa.
© Del Texto: Nirek Sabal


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