mar 25 2013

Tú y Yo (An affair to remember): El romance universal

Hay películas que gustan a cualquiera y en cualquier momento. Tú y yo (An affair to remember) es una de ellas. Una grandísima historia de amor, inocente (la infidelidad, por ejemplo, se trata desde la falta, casi absoluta, de dolor), bien contada, salpicada de momentos muy divertidos, llena de emociones universales; en la que se pueden escuchar frases llenas de chispa, llenas de inteligencia narrativa. Es una de esas películas clásicas que lo son porque son redondas.
Un vividor, Nicolo Ferrante, viaja a Nueva York para encontrarse con su futura esposa. Es el personaje interpretado por Cary Grant. Una cantante de club nocturno, Terry McKay, hace lo mismo para encontrarse con su prometido. Es el personaje encarnado por Deborah Kerr. Se conocen, se enamoran. Pero el destino parece no tener piedad y el encuentro definitivo parece imposible.
La película está dirigida por un exquisito Leo McCarey que, además, es coguionista y coautor del libreto original. Alarga el tiempo narrativo tanto como es necesario para que crezca la tensión de la trama y para que los personajes se desarrollen al límite. Dirige de forma notable el trabajo de los protagonistas buscando detalles en el lenguaje corporal que convierten los trabajos de Grant y Kerr en ejemplo de interpretación. Los gestos quedan por encima de las palabras.
La fotografía de Milton Krasner se centra en mucho en espacios abiertos y en el preciosismo o grandiosidad de los lugares. Es destacable el empeño por no mostrar a la protagonista sobre la silla de ruedas. Eso y no ocultar lo malos que son los cuadros que ha pintado el protagonista.
La partitura es otra cosa. Incluye un buen tema central, pero, además, unas cuantas canciones espantosas y aburridas. Lo del coro de niños es algo terrible. Esto produce una ruptura en el ritmo que podría haber arruinado la película entera.
La puesta en escena es sobria aunque eficaz. El montaje sencillo, como corresponde a la época, deja la historia dentro de una linealidad absoluta.
An affair to remember es un remake de la película que rodó este mismo director en 1939. En esa ocasión los protagonistas fueron Charles Boyer e Irene Dunne. Incluir el color, el scope y a Grant junto a Kerr eran las novedades. Sin desmerecer la primera de las películas, esta la supera.
Es un melodrama estupendo que, con sus fallos, siempre gustó y siempre gustará.
© Del Texto: Federico de Vargas y Expósito


may 24 2012

Vivir para gozar: el perpetuo éxito de lo clásico

En los últimos meses, han sido muy pocas las ocasiones en las que la cartelera me ha ofrecido algo novedoso, sorprendente y de mínima calidad. La decepción que arrastro con el tema cinematográfico es tan grande que -puedo confesarlo sin rubor- he decidido dejar de asistir al cine hasta que las ranas críen pelo o me dé un ataque de apoplejía y sea arrastrada hasta una sala sin mi consentimiento. Pero como mi vida se nutre de historias fantásticas que otros recrean he hecho acopio de ingentes películas en DVD que devoro, en mis noches de insomnio, como si el espíritu de los hermanos Lumière se hubiera apoderado de mí.
En ese navegar errante entre películas antiguas, películas raras, rescaté, por el mero gusto de gozar de una comedia de las de verdad, Vivir para gozar, originariamente Holiday dirigida en el año 1938 por George Cukor, uno de los mejores directores de todos los tiempos, y protagonizada por los siempre deliciosos y sofisticados Cary Grant y Katherine Hepburn, y junto a ellos Lew Ayres, Doris Dolan y Edward Everett Horton.
En la línea de Historias de Filadelfia, Cukor nos adentra en la alta sociedad neoyorkina y nos sirve en bandeja de plata y grandes dosis de sentido del humor, el estallido de una historia que pone en tela de juicio la conveniencia o la necesidad de sujetarnos a sueños de estatus, posición, triunfalismos vanos en una sociedad absolutamente convencional, tan convencional como la sociedad norteamericana de finales de los años 30. Una crítica sutil a las aspiraciones que todo ciudadano medio podía tener engarzada bajo el hilo conductor de una historia de amor.
Johnny Case (Cary Grant), un hombre alejado de los círculos mundanos de Nueva York se enamora de una mujer perteneciente a la alta sociedad, de Julia Seton (Doris Nola). Su entrada en esta nueva vida de relumbrón, pese al intento por adaptarse a su nueva realidad, chocará frontalmente con sus ganas de vivir. La vida aburrida, convencional se disipará con la presencia de Linda (Katherine Hepburn), hermana de su prometida, una mujer entusiasta con ganas de vivir. Dos personas absolutamente deseosas de vivir para gozar y frente a eso la disyuntiva de escoger entre una vida de comodidad y convencionalismos a costas de la pérdida del entusiasmo o, renunciar a lo material, a una vida próspera por vivir junto a quien comparte la misma filosofía y siente la existemcia a flor de piel.
Vivir para gozar es una de las mejores comedias de finales de los años 30; fresca, con un guión estupendo, una química espectacular entre sus protagonistas y unos inmejorables diálogos que, de modo alguno, puede ser minimizada por pertenecer al género cómico. Pues tras la aparente frivolidad de la historia subyace algo tan fundamental como la libertad de decisión del hombre.
Una acertadísima elección para un día cualquiera en que busquen el lado amable de la vida. Y es que no me canso de repetir, en el cine, los clásicos, pocas veces defraudan. Y si son en blanco y negro, menos todavía. Palabrita de superfan de Katherine Hepburn.
© Del Texto: Anita Noire


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dic 8 2010

Con la muerte en los talones: Espías en el país de las maravillas

Una confusión, por pequeña que sea, puede cambiar la vida de cualquiera. En realidad, la vida sigue su curso entre millones y millones de pequeñas o grandes confusiones. Todo es confusión en un universo que queremos ordenar y nos lleva ventaja en todas las ocasiones.
Esto podría ser excusa para grandes discusiones sesudas y eternas o, por el contrario, convertirse en una de las mejores películas de suspense de la historia. Alfred Hitchkock se decantó por la segunda de las opciones afortunadamente para todos. Con la muerte en los talones es una película fantástica por su ironía, por su ritmo, por lo bien contada que está; por las interpretaciones de Cary Grant, Eva Marie Saint (a decir verdad, algo sosita) y James Mason; por uno de los mejores guiones escritos para una película de suspense (lo firmó Ernest Lehman huyendo de las trampas, de escatimar información y esas cosas que se suelen hacer en este tipo de películas y son un insulto a la inteligencia del espectador) y por ser uno de los rodajes mejor diseñado de la historia del cine.
La dirección de actores de Hitchkock es soberbia. Logra que Eva Marie Saint pase desapercibida (insisto algo sosita) y eso es todo un éxito. De la interpretación de Cary Grant saca petróleo (este actor tenía unas limitaciones muy importantes al defender cualquier papel que se le diera).
La elección de los escenarios aportan una grandeza a la película que no tendría (seguramente) si se hubiera rodado con otros diferentes.
El punto de vista, como siempre fue en las películas de Hitchkock, es el exacto.
En fin, todo en su sitio. Brillantez.
Un ejecutivo del mundo de la publicidad se ve envuelto en una trama peligrosa por una confusión. Alguien le reconoce como un agente de la CIA que, ni siquiera, existe (el agente porque, desgradiadamente, la CIA existe y mucho). Esto le lleva a huir acusado de robo, de asesinato y de cualquier delito que ocurra cerca de él. En esa huida conoce a una mujer bellísima, sosísima y misteriosísima, que será fundamental en el desarrollo de las peripecias del pobre ejecutivo. Y a los malos. También va conociendo malos que quieren acabar con su vida. Kilómetros de escapada, intentos de asesinato, asesinatos terminados, agencias de inteligencia, aviones estrellados o una persecución por el Monte Rushmore, son algunos de los ingredientes de la trama.

La película es, entre otras cosas, una sátira sobre ese mundo tan oscuro y peligroso que protagonizan los espías y las personas sin escrúpulos que desean ganar dinero a costa del bienestar mundial. Con Hitchkock todo eso se convierte en un desastre absoluto, el territorio perfecto para enamorarse, en una ridiculez. Algo sin pies ni cabeza.
El guión se salpica de inteligencia en su conjunto, de ingenio para que se luzca Cary Grant, de nostalgia sobre la que se construye el personaje femenino y de maldad en la que se rebozan los forajidos. El resultado es una fina ironía que cubre el mundo.
Esta es una película que nunca falla. Los jóvenes se divierten, los adultos se divierten. Puede verse en familia y disfrutarse en cualquier momento.
Posiblemente se puedan decir cosas mucho más profundas sobre Con la muerte en los talones. Se han escrito libros completos sobre la película. Sin embargo, yo lo dejo aquí. A veces, lo mejor es tomarse las cosas con calma, sin tanto interés por el fondo de las cosas, sabiendo que tanto pensar puede quedar en nada por un despiste del lector o del que escribe, por un pequeo detalle que lleve a la confusión total. Lean esos libros. Yo me conformo con recordar que esta película es estupenda, que hay que verla y, sobre todo, disfrutar con ella. Es algo que estamos perdiendo de vista con tanta palabrería: el cine hay que disfrutarlo.
© Del Texto: Nirek Sabal.


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abr 18 2010

Historias de Filadelfia: Todo se hace mayor



scott joplin – ragtime

Cada uno con sus debilidades. Una de las mías, el cine americano de los años 40 y 50. Eso no es nada significativo. Mañana puedo darme un atracón de Nouvelle Vague y decirles que no puedo resistirme al cine francés, que Alain Resnais, Jean-Luc Godard y François Truffaut son la Santísima Trinidad y si pasado me doy un paseo por el panorama nacional soy capaz de jurar que no hay nadie mejor que Luis Escobar, Alfredo Landa y Gracita Morales.
Pero si bien no es significativo, si que puedo decir que “Historias de Filadelfia” es una de mis películas favoritas. Lo tiene todo, una historia que me divierte, unos actores que lo bordan y la capacidad de dejarte un buen sabor de boca sin empalagar.
La trama se centra en 1939, durante el transcurso de 24 horas, en una mansión señorial de Filadelpia (Pensilvania). Narra la historia de Tracy Lord (Katharine Hepburn), hija de una familia acaudalada, muy conocida en la ciudad, divorciada de C.K. Dexter Haven (Cary Grant). Tracy es indómita, caprichosa, vanidosa, con un fuerte temperamento. Trascurridos dos años del divorcio de su primer marido C.K. Dexter, está a punto de contraer matrimonio con George Kittredge (John Howard), un hombre oscuro, aburrido y mediocre.
El hilo conductor de la película lo conforma el carácter obstinado de Tracy y las ganas de desquitarse de Dexter que, para fastidiar a su exesposa, se pondrá de acuerdo con una revista del corazón (“Spy”), para que un periodista Macauley “Mike” Connor (James Stewart), junto con la fotógrafa Elizabeth “Liz” Imbrie (Ruth Hussey), tengan acceso a la mansión de Tracy, el día antes de la boda.
A lo largo de esa única jornada que discurre en la mansión de Tracy Lord, comienzan las situaciones confusas en las que la protagonista llegará a creer que tiene que elegir entre un novio del que no está enamorada, un admirador entrañable y un exmarido que la irrita con sus desaires pero del que en el fondo sigue enamorada.
Estamos frente es una comedia romántica basada en la obra de teatro del dramaturgo Philip Barry “The Philadelphia Story” escrita en el año 1939. Esta película le valió a James Steward el primero de los dos Oscars que recibió a lo largo de su carrera. Por otro lado, Katherine Hepburn (la mejor) bordó su papel de millonaria caprichosa e indolente en apariencia.
A modo de anécdota contar que Howard Hughes, compró los derechos de la pieza teatral como regalo para su amiga Katherine Hepburn, para que pudiera interpretar un papel lo suficientemente femenino que la ayudara a deshacerse de su fama de mujer poco femenina y descaradamente osada. K. Hepburn intentó desde un principio “colar de rondón” a sus amigos Clark Gable y sobre todo a su querido Spencer Tracy, pero finalmente recayó el papel en Gary Grant, por imposibilidad de agenda de los anteriores, lo cual, en realidad, fue una gran suerte para la propia película.
En este sentido puedo decir que la estrategia de Hughes falló estrepitosamente. Para mi la Hepburn siempre será esta mujer encantadoramente descarada en la que mirarse. La fuerza, personalidad y genio que trasmite esta actriz ha sido pocas veces superada. Nada voy a decir en cuanto a su fama de mujer poco femenina pues, posiblemente, eso obedezca a los cánones de las épocas, pero siempre he pensado que nadie como ella lució unos pantalones de talle alto y una camisa de hombre. Si no me creen busquen sus fotografías en Internet tienen miles) y verán como terminan dándome la razón.
La película es una comedia romántica de enredo, en la que desde el inicio se intuye la lucha de sexos y crítica social a ese grupúsculo ocioso que conforma la alta sociedad americana de la época.
En la primera escena del film, el punto y final del matrimonio de Tracy y Dexter. La primera rompiendo, en la puerta de la mansión, un palo de golf de Dexter y éste, irritado, la empuja hasta tirarla al suelo. Hoy en día, esta imagen no pasaría el filtro de lo políticamente correcto, por aquello de la violencia sobre la mujer. Sin embargo, pese a ello (quizás porque no soy nada correcta políticamente hablando), es muy buena por lo graciosa que resulta y porque no deja de ser el reflejo de lo que en aquellos momentos podía hacerse y hoy en día continuamos deseando hacer cuando se monta la marimorena matrimonial. No pasa nada.
Sin embargo, es cierto que el tiempo no pasa en balde para nadie, ni siquiera para las películas y lo que en su momento podía parecer desternillante, a la vista de hoy puede no parecerlo. No nos resulta extraño que actualmente tenga un carácter fuerte e indómito de una mujer, que eso nada tiene que ver con la feminidad. Pero en los años 40, cuando se rodó el film, estas circunstancias no acostumbraban a ser lo habitual.
Hepburn, con su personaje y en definitiva con su vida (vale la pena empaparse de su historia junto a Spencer Tracy), demuestra que los convencionalismos sociales sirven de poco cuando uno es como es. A eso me apunto, aunque a veces tenga que hacer grandes esfuerzos para ello.
Por último, destacar la música de este film, en concreto a Franz Wazman con “Main Title”, “MGM Fanfarria” y”The True Love”. Añade 2 canciones ajenas (“Lydia, The Tattooed Lady” y “Over The Rainbow”) y la marcha nupcial de Mendelssohn.
Si quieren ver una buena película, de cine clásico, con una trama no sólo inteligente, sino bien resuelta, no dejen de ver esta película. y si quieren conocer a una actriz como la copa de un pino no olviden leer y ver, todo lo que puedan de mi adorada Katherine Hepburn.
Que la disfruten.
© Del Texto: Anita Noire