mar 30 2012

La noche de los girasoles: Una buena película española

Dicen que el cine español suele ser una castaña. Y lo que creo yo que debería decirse es que el cine español que es una castaña es, eso, una castaña pilonga. Porque no todo el cine producido en España es malo ni es mediocre. Es verdad que se subvencionan proyectos más que discutibles que acomodan a los autores mediocres en un territorio penoso, pero, del mismo modo, algunas películas son estupendas, trabajos que no tienen nada que envidiar a lo que se hace en Francia, Estados Unidos o Argentina.
La noche de los girasoles es una de esas películas que manejando un presupuesto modesto termina siendo una excelente muestra de lo que debe ser el cine. Y es un producto español. Dirigida por Jorge Sánchez-Cabezudo (nominado en los Goya del año 2006 como director novel y como guionista), la película logra narrar una historia inquietante, con una tensión narrativa notable, muy bien estructurada desde el punto de vista narrativo. Es verdad que los personajes no quedan bien perfilados en todos los casos porque hay demasiados que van tomando relevancia según avanza la acción, pero podemos perdonar este problema ya que queda, más o menos, camuflado por los aciertos. Por ejemplo, la dirección de actores es estupenda para tratarse de un primer trabajo de gran metraje.
Carmelo Gómez defiende el papel con facilidad. El suyo es un personaje sencillo y requiere una interpretación que se hace fácil para alguien de su experiencia. Celso Bugallo igual. Este es el que sobresale sobre el resto. Manuel Morón, soso como siempre, interpreta un papel que parece pensado a la medida y, claro, está estupendo. Vicente Romero muy bien. Incluso Mariano Almeda (le enseñan poco, todo hay que decirlo) parece que tiene tablas. No puedo decir lo mismo de Judith Diakhate. Sosa y falta de expresividad absoluta. He dejado para el final a una pareja que protagoniza una historia dentro de la película que resulta hilarante, amarga al mismo tiempo y muestra la España profunda: Walter Vidarte y Cesáreo Estébanez. Soberbios los dos.
La noche de los girasoles es un thriller emocionante e inquietante. Gracias a un montaje de la película en la que se juega con el tiempo histórico (recuerda a la técnica utilizada con tanta precisión por Tarantino) que trae y lleva la acción de un sitio a otro utilizando repeticiones de parte de la trama, la película invita al espectador a integrarse en el proceso narrativo. La única pega que se le puede poner es que es algo previsible en alguna de sus partes y una pizca tramposa puesto que trata de escatimar alguna información para que la intriga sea de más potencia.
En cualquier caso, esta es una película notable, de un director que tiene cosas que decir, sin duda. Y es española. Ya va siendo hora que dejemos el victimismo provinciano para valorar nuestras cosas. Lo que es bueno lo es. Lo malo lo es. Da igual del lugar del que proceda.
© Del Texto: Nirek Sabal


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dic 18 2011

El método: Terror profesional

El terror llega cuando los límites no se encuentran. No saber dónde puedes llegar, qué es lo que te espera, desconocer lo que podrías llegar a hacer; son las cosas que más miedo provocan en las personas. Aunque es mucho peor conocer algunos de esos límites.
Eso es lo que intenta explicar Marcelo Piñeyro en su película El método. Nos coloca ante siete candidatos a ocupar un puesto de trabajo a los que reúnen en una misma sala. Entre ellos hay una persona que pertenece a la organización que debe contratar a la persona más idónea. Y entre ellos, entre los siete, deberán elegir quién es esa persona.
La película se desarrolla, casi en su totalidad, dentro de una sala de reuniones en la que se disputan el futuro. O en el baño de las instalaciones. Sólo unas pocas secuencias en exteriores, al principio y al final. Los personajes van sufriendo el desarrollo preciso (al menos el que precisa el director de la película) a medida que van pasando pruebas eliminatorias aunque, desde el principio, el carácter de todos ellos intenta fijarse con un par de rasgos característicos e importantes. Ayuda mucho que la elección de los actores fuera más que buena. Eduardo Noriega tiene pinta de pijo insoportable y su personaje también; Najwa Nimri tiene pinta de sosa con punto zen y su personaje resulta igual de soso y de perdido entre deleites intelectuales; Ernesto Alterio podría pasar por ser una persona frágil por su aspecto y su personaje es el arquetipo de lo pusilánime; Eduard Fernández muestra un aspecto duro y de posiciones claras ante cualquier asunto igual que su personaje; Carmelo Gómez y Adriana Ozores son la normalidad del problema diario de supervivencia en un mundo de lobos jóvenes; en fin, todos están bien elegidos para sus papeles. Incluso a Natalia Verbeke le encontraron un perfil de secretaria estúpida que hace las cosas de forma dudosa. Como ella hace su trabajo delante de la cámara. Sin duda el casting es de lo mejor de la película.
El diálogo es lo que hace que la acción avance con bastante fluidez. La pena es que el guionista tiende a repetir más de la cuenta algunas cosas como queriendo remarcar el carácter de los personajes. Alguien le debería haber advertido que lo había conseguido muy pronto y que tanta reiteración era innecesaria. La película pierde mucho en su conjunto debido a esto. Además, carga la importancia de los diálogos sobre los dos personajes peor interpretados y que más lejos llegan en el metraje. El de Noriega y el de Nimri. Una pena, sí, porque algunas intervenciones aparecen excesivamente forzadas y traídas por los pelos (por ejemplo, cuando el personaje de Noriega recuerda al de Adriana Ozores su edad y la desventaja que supone) y una buena interpretación podría limar el problema. Aquí no, aquí se agrava. El guión es mejorable aunque, hay que decirlo, no está nada mal.
Ya digo que las interpretaciones son desiguales. Eduard Fernández está estupendo, muy contenido y utilizando el lenguaje corporal como muy pocos actores europeos son capaces; Alterio se presenta creíble y solvente. Pero Noriega y Nimri se mueven en la pantalla aburridos y desganados. Tal vez no hay más cera de la que arde. El resto, salvo la señorita Verbeke que está horrenda, se desenvuelven con corrección.
El montaje es correcto aunque algo tramposo. Chirrían algunas cosas que aparecen al final de la película y que deberían haber aparecido mucho antes. Más que nada porque ya las sabemos a los cinco minutos.
En cualquier caso, la película es entretenida. Me interesa mucho ese miedo, ese terror profesional, al que miles de personas se enfrentan diariamente. Hay escenas que son tremendas y con ellas llegan las preguntas lógicas: ¿Sería yo capaz de algo así? ¿Hasta dónde estoy dispuesto a llegar? Porque estamos acostumbrados a pensar que lo violento tiene que ver con las armas y nada más, a que lo sucio de la vida es cosa de países lejanos y gentes extrañas. Y si nos dicen que no, que podemos ser nosotros mismos los que construimos un mundo salvaje, nos entra un terror difícil de controlar y asumir.
Una buena opción para pasar una tarde en casa frente a la pantalla. Con palomitas y todo. En casa no se molesta a nadie.
© Del Texto: Nirek Sabal


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