abr 29 2013

Ayer no termina nunca: Idea deliciosa, ritmo desesperante

Ante la pérdida, ante la ausencia, el mundo se detiene. Todo se concentra en un instante que servirá de salvavidas. La realidad como acumulación de momentos irrelevantes deja de tener importancia. Podemos olvidar algo que pareció asombroso e imprescindible cuando ocurrió. Podemos recordar lo que es intrascendente ahora y lo fue en el momento de ocurrir. Pero el anclaje al universo, a nosotros mismos es intocable e invariable. Podría ser el dolor más intenso o la alegría más brillante. Depende de las personas. Y lo que sigan haciendo en apariencia, lo que muestren y aporten a lo que conocemos por realidad, no será más que cosmética inútil. Esto colocado en un mundo sin posibilidades es lo que cuenta la última película de Isabel Coixet. Ella dice que es una película sobre la crisis. Creo yo que la crisis es una excusa para hablar de dos personajes desde su interior y su postura ante una realidad agotada.
Resulta deliciosa la idea que funciona como motor del relato de Coixet. Pero llegar hasta ella es una especie de prueba imposible hasta para los mejores y más fieles seguidores de la realizadora. La película es un larguísimo diálogo entre dos personajes. Se intercalan las consciencias de ambos con imágenes en blanco y negro. Sabemos lo que dicen, sabemos cómo piensan, sabemos más que ellos. Pero claro, en este tipo de diálogos encontramos zonas inverosímiles por completo; territorios faltos de interés que provocan algún bostezo; y algunas repeticiones innecesarias de ideas que se desgastan a base de ser repetidas.
El ritmo de la cinta es desesperante. Lento, lento, lento. Las interpretaciones de Javier Cámara y de Candela Peña están bien aunque a veces se les haga imposible sacar adelante tanta inmovilidad, tanto intimismo y tanto minimalismo. Tal vez, por esta razón, parecen algo fuera de control en escenas concretas. Dos excelentes profesionales sin exprimir a fondo. La fotografía de Jordi Azategui es lo mejor del trabajo. Los colores, el mundo entero, pierde su brillo. Eso sólo existe en el recuerdo de los personajes, sólo es lo que los personajes quieren recordar.
Ayer no termina nunca resulta agotadora al girar su trama alrededor de dos o tres cositas, por su teatralidad exagerada. Se enfrentan el norte y el sur, el hombre y la mujer, la realidad y el recuerdo, la felicidad y la amargura movidos por el registro utilizado que agota y se agota. La información que llega desde el diálogo también extenúa y se deprime.
Las ideas pueden ser extraordinarias. Esta de Isabel Coixet lo es. Bella, emotiva. Pero esto no es razón suficiente para que, pudiendo contar las cosas con tres escenas alguien se invente una película de largo metraje. Porque termina siendo soporífero aunque se añadan ingredientes a los que deberíamos ser sensibles. Una lástima.
© Del Texto: Nirek Sabal


abr 13 2013

Una pistola en cada mano: Un silencio en cada frase

Lo sugerido, lo implícito, lo que no se dice de forma directa, es un recurso narrativo tan difícil de utilizar como impactante, expresivo y efectivo. Complicado de usar y extraño en los creadores actuales que buscan más hacer caja y ser famosos que cualquier otra cosa (me refiero al 80% de los que se mueven en los circuitos más comerciales del mundo de la creación. El resto son rarezas muy necesarias o no les conoce nadie).
Siempre he defendido que la idea de que los diálogos en una película son fundamentales. Si son malos no hay nada que hacer aunque el reparto sea impresionante, aunque la fotografía o los efectos especiales sean una maravilla. Pero esa idea incluye el silencio, la evocación o la expresión llegada desde la palabra que esconde detrás de su aparente superficialidad toda una forma de entender el mundo. Lo que no funcionan son las frases rimbombantes o pretenciosas, la falsa ironía o un discurso rodeado de cosmética que es una enorme pata de gallo.
Cesc Gay es un excelente realizador. Sus películas son una demostración de lo que debe ser la dirección actoral, el movimiento cuidadoso y elegante de la cámara o la inteligencia al desarrollar personajes. Una demostración, también, de originalidad y de vocación por hacer buen cine. Con Una Pistola en cada mano se adentra en la franja de edad de los hombres en la que todo se puede venir abajo si no se asume como lo que es. Lo hace desde una serie de encuentros entre distintos personajes que apenas dicen nada aunque hacen explotar sus universos o lo que queda de ellos. Es curioso que, en esta película, cuanto más se habla de asuntos importantes más se roza el tópico y el personaje que lo hace se asoma al precipicio del ridículo. Cuanto más se silencia mejor se entiende lo que sucede, con qué ánimo se enfrenta el personaje a la realidad. Narra el realizador cinco encuentros en los que los egos chocan, los logos rozan provocando situaciones inaguantables para el personaje; cínicas, divertidas , patéticas, tristes casi todas.
El reparto es excepcional. Y el trabajo de Cesc Gay con él es impresionante. Es verdad que con este elenco la cosa es más sencilla de lo normal, pero que todos estén sobresalientes no es fácil. Ricardo Darín, Luis Tosar, Javier Cámara, Leonor Watling, Eduardo Noriega, Leonardo Sbaraglia, Cayetana Guillén, Candela Peña, Clara Segura, Alberto San Juan, Eduard Fernández y Jordi Mollá. Casi nada. Por si era poco, la fotografía de Andrés Rebés cuida hasta el último detalle y todo parece estar diseñado para que no deje de encajar una sola pieza.
Tan sólo la escena final desentona. Demasiado traída de los pelos, demasiado aparatosa para que un personaje diga pues estamos buenos lamentándose entre un grupo de hombres que viven diferentes situaciones a cual más trágica. Y, quizás, Gay se arrima más de la cuenta a algún tópico que no deja de serlo a pesar de enfrentarlo desde la zona inteligente. Alguien podría pensar que la película quiere decir que los hombres son más tontos que pichote y las mujeres muy, muy listas. Y algo de eso hay. Pero hay muchas más cosas. Hay universos enteros que explican situaciones, por ejemplo, de desventaja en las que alguien puede parecer eso, más tonto que un cubo, aunque lo que sucede es que la desesperación es grande y los errores acompañan muy bien en esos momentos. Se enfrentan personas en situaciones distintas en las que las desventajas son muy severas.
Cesc Gay hace buen cine. Cada uno de sus trabajos es una grata sorpresa. Un excelente realizador que ha madurado su cine y terminará triunfando. Es cuestión de tiempo. Y de presupuesto.
© Del Texto: Nirek Sabal