jul 25 2012

Qué esperar cuando estás esperando: Risas baratas made in Hollywood

Algunas películas están hechas para entretener, sin ninguna vocación artística, un producto de consumo rápido, fácil de digerir y rápido de olvidar. Tan rápido que, como es mi caso, quieres escribir sobre esas películas, debes hacerlo antes de que transcurran 48 horas pues, de lo contrario, corres el riesgo, más que seguro, de olvidar no sólo los detalles de lo visto, sino de olvidar incluso la existencia de esa película que durante un par de horas te tuvo sentado frente a una pantalla.
A este grupo de películas pertenece Qué esperar cuando estás esperando. Ustedes me disculparán si no puedo darles demasiadas explicaciones en relación a la misma, pero es que hoy es martes y servidora fue al cine el sábado por la noche, por lo que mi memoria cinematográfica está a punto de expirar.
Qué esperar cuando estás esperando es una película graciosa, mucho, que muestra cuatro maneras de esperar la llegada de un hijo. Wendy (Elisabeth Banks), una mujer desesperada por quedar embarazada, que calcula al segundo su fertilidad y que, una vez conseguido el embarazo, ese estado ideal que tanto ansía y centra su vida, descubre que el lucimiento de una barriga considerable y unos pechos portentosos como pasaporte a una maternidad ambicionada se acompaña de rampas en las piernas, flatulencias incontroladas, cambios de humor dignos de convertirse en una montaña rusa, una auténtica tortura. Jules (Cameron Díaz), una entrenadora personal, estupenda, fibrada, directora de un programa de adelgazamiento y participante en un exitoso programa televisivo de baile, queda embarazada sin pensar en ello de su pareja de baile y descubre, con su estado, que la autosuficiencia y la independencia nada tiene que ver con la compañía y la responsabilidad a la hora de tener un hijo. Rosie (Anna Kendrich), una joven que en un mal polvo (o bueno) queda embarazada de quien la dejó plantada años antes en el baile de fin de curso. Un embarazo sorpresivo que une aparentemente lo poco sólido y cuya pérdida pondrá a prueba la solidez de unos sentimientos que retornan casi por sorpresa. Holly (Jennifer López), una fotógrafa sin un duro y sin apenas trabajo que se embarca en una adopción ante la imposibilidad de tener un hijo. Y junto a ellas, las respectivas parejas que en la película (Matthew Morrison, Brooklyn Decker, Ben Falcone, Rodrigo Santoro, Dennis Quaid), tienen un papel colateral del que se podría prescindir totalmente y que, si el director les da cabida, es para mayor lucimiento de las actrices que, de modo coral, muestran estos embarazos tan poco naturales. Sin embargo, lo cierto es que, el papel segundón que el factor masculino tiene en la película, es al que los mismos personajes se relegan en su papel de padre en la misma filmación. Lo anterior, sin embargo, no priva de que algunos de los momentos más graciosos en el desarrollo de esta trama (más simple que el mecanismo de un chupete) se produzca precisamente en la reunión que cada sábado tienen un grupo de padres en sus encuentros en el parque.
Una comedia dirigida por Kirk Jones (Todo está bien) que no pasará a los anales del cine, pero que les ayudará a pasar una tarde/noche entretenida, que les arrancará alguna que otra carcajada pero que pone en evidencia que con cualquier cosa se hace una película y que Cameron Diaz empieza a estar un poco marrajita y comienza a estar cansina en su eterno papel de madurita buenorra, que Elisabeth Banks es una auténtica fiera un tanto desaprovechada.
Pese a todo, véanla, con que está cayendo no vienen mal unas risas aunque sean tan efímeras como las de esta peliculita made in Hollywood y a fin de cuenta estamos en verano.
PD.: Lo que estas esperando cuando esperas es dejar de esperar. Sólo eso.
© Del texto: Anita Noire


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nov 30 2010

Noche y Día: San Fermín es en Sevilla…ojo al dato

Tras el excelentísimo remake que supuso 3:10 to Yuma, el director James Mangold nos propone una película como Noche y Día, una historia tontorrona y absurda de un espía (Tom Cruise, pasado de rosca aunque gracioso) que protege un valioso secreto que no es más que una nueva fuente de energía concentrada en una especie de pila; en su periplo se encontrará con la típica mujer sexy que interpreta Cameron Díaz (aunque ya ni sexy ni nada, normalita, se le está notando el peso de los años y el photoshop ya le ha abandonado; lo siento por sus fans) que se verá envuelta en toda esta trama sin que ella quisiera por tan solo embarcar en un avión (grandísimos primeros minutos, lo mejor del film sin duda). Ambos viajarán alrededor del mundo visitando muchos sitios como por ejemplo, una Sevilla mezclada con los San Fermines, algo así como lo que ocurrió en Mission: Impossible 2 (vaya, también salía el mismo actor), que mezclaban las Fallas con la Semana Santa. El completo ridículo. Para mear y no echar gota la imagen que tienen estos americanos de nuestro país. Así les va y así nos va. Sinceramente, la película empieza bien, incluso entretiene hasta un cierto punto y ese punto es cuando uno mira el reloj y solo ve que ha pasado una hora, el humor de los primeros minutos decae hasta prácticamente no existir, la acción apenas se da y todo decae en el eterno bucle del aburrimiento, un castañazo que dura dos horas, ni hora y media ni hora tres cuartos, dos malditas y bochornosas horas. Un film que acaba siendo un despropósito por su vacío argumental, un guión paupérrimo que no busca en ningún momento la complicidad y la empatía del espectador con lo que sucede en pantalla, sobretodo con esa historia de amor forzada entre los dos protagonistas, en la que sucede el típico conflicto de la mujer sexy que se plantea quién es el hombre que tiene a su lado aunque la salve de todo tipo de situaciones, contado de una manera completamente infantil, estúpida, y predecible. Técnicamente se le nota el presupuesto, con buenas secuencias de acción y fuegos de artificio y poco más, nada destacable; ni siquiera la música de John Powell, que pasa completamente inadvertida y sin ningún score para recordar. Una película hecha a desgana con el único fin de recaudar dinero gracias a dos grandes estrellas de Hollywood, una lástima que James Mangold, director del western antes citado, o Walk the Line o la grandísima Cop Land se rebaje a esta memez salida de un niño de parvulario que vio Charada de Stanley Donnen y jamás la entendió. © Del Texto: Gwynplaine Thor


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nov 21 2010

Los regalos de la prensa

Los viernes me acerco al quiosco (nunca lo hago salvo si quiero comprar cromos a mis hijos porque lo que dicen los periódicos me da exactamente igual), me acerco y pregunto sobre las películas que acompañan a las publicaciones. A veces merece la pena comprar un ejemplar y, por poco más dinero, llevarte una copia de la película que toca. También, a veces, me llevo el pack completo sin saber lo que me espera. Películas que no he visto y/o de las que sé alguna cosa que he leído aunque me apetece comprobar, por mí mismo, si es cierto o no.
El desastre suele ser monumental. Y la pérdida de tiempo lo más doloroso de esas hecatombes.
Lejos de la tierra quemada es una película escrita y dirigida por Guillermo Arriaga. Es una película previsible repleta de personajes inverosímiles, de situaciones estúpidas e incomprensibles. Es una película ventajista en la que la información se le escatima al espectador para que esa chapuza de guión que escribió este Arriaga aparezca como algo original y preciso (por supuesto que no lo consigue). Charlize Theron está fría y aburrida en su papel. Kim Basinger está sosa y aburrida en el suyo (todo en este trabajo es aburrido). El resto de personajes son pura anécdota o un amasijo de idioteces. Lejos de la tierra quemada no es una película de cine. Es un desastre. La música pasa desapercibida (tal vez por los bostezos que no dejan escuchar nada). La fotografía está algo descuidada y es muy repetitiva. La dirección de actores nula. Cada cual con su talento hace lo que puede. El vestuario es espantoso sobre todo porque el tiempo que separa las distintas escenas es amplio y allí todo el mundo viste de la misma forma. Arriaga cree que descubre el mundo de la narrativa al contar la historia de forma fragmentada y desordenada. Y lo que hace es presentar como algo original un auténtico desastre que ya nos sabemos de memoria. Un petardo de gran calibre.
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Cómo ser John Malkovich es una película que propone cosas muy interesantes. Eso sí, durante los diez primeros minutos. Luego ya no. Spike Jonze se olvida de propuestas y deja la cosa en una comedia de enredo que va de mucho a nada, desconcertante, desordenada y bastante estúpida. Había leído que esta es una cinta inclasificable. Pues nada, ya lo arreglo yo. Es una película fallida en su propuesta, es una estafa y un insulto. No se pueden abrir expectativas y luego olvidarse de ellas como si nadie hubiera dicho esta boca es mía. Rebusca este Jonze en lo superficial para hacernos creer que las cosas importantes son una parida sin pies ni cabeza. Poco más. No me explico el ruido que hizo en los festivales de cine.  John Cusack, Cámeron Díaz y Catherine Keener son los protagonistas de esta cosa tan absurda. Por supuesto, el señor Malkovich está. Todos bien revueltos, ninguno haciendo nada del otro mundo, sin intentar defender sus papeles (creo yo que no creían en el proyecto y por eso dejan ver una desgana insólita). Se habló mucho de Catherine Keener después de esta película. No crean que hace nada especial. Normalucha como el resto. Se lo digo yo. Y lo peor de todo es que, todavía, no sé que es lo que querían contarme. En serio.
© Del Texto: Nirek Sabal


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oct 26 2010

Los ángeles de Charlie o las cosas que nunca deberían cambiar

Ondas en el pelo, pantalones de campana, pistolas al cinto. Todas queríamos ser Los Ángeles de Charlie; bueno no, debo confesar que yo en realidad me moría por ser Los hombres de Harrelson. Originariamente Los ángeles de Charlie fue una serie concebida para la televisión. Tres mujeres que abandonan el cuerpo de policía para ponerse al servicio de una agencia de detectives privados capitaneada por el invisible Charlie que tenía como intermediario a Bosley. La serie fue un exitazo, durante casi tres años; nos amenizaba las noches de los sábados o las tardes de los domingos. Las tres Ángeles de Charlie:  Sabrina Duncan, Jill Munroe y Kelly Garret, hicieron archifamosas a las actrices: Kate Jackson, Farrah Fawcett y Jaclyn Smith. La primera y la tercera quedaron como actrices de películas de serie B, de esas que vemos los domingos en la sobremesa. Sin embargo, la segunda, Farrah Fawcett (fallecida hace muy poco tiempo) se convirtió en un verdadero mito erótico. Con posterioridad, a medida que cada una de los ángeles iba desapareciendo de la serie, por el motivo que fuera, se incorporaba una nueva actriz pero, sinceramente,  no era lo mismo.
Un exitazo en su momento que quedó residente en la mente y el recuerdo de muchos.  Así que en el año 2000, para gozo y solaz de los que crecimos a su sombra, imitando ante los espejos a las reinas de la pistola, se rueda la versión cinematográfica de Los ángeles de Charlie, (hubo una segunda parte), protagonizada por Cameron Diaz, Drew Barrymore y Lucy Liu.
Vi la película, las aventuras de estas muchachas pero, que quieren que les diga, no fue lo mismo. Es cierto que en pantalla gigante todo es mucho más espectacular, que los efectos especiales pueden ser especiales, pero, yo, aunque parezca una verdadera cutrez, me quedo con aquella serie de finales de los setenta, principio de los ochenta. No sabían artes marciales, ni sus armas eran tan sofisticadas, pero eran mucho más auténticas.
Una película entretenida pero tan alejada de las verdaderas Ángeles de Charlie que bien habrían hecho en llamarlas de cualquier otro modo. Hay cosas que están bien como están, que en su momento fueron geniales, no hace falta volver a ellas, su tiempo pasó y su fórmula también. Poca imaginación demuestran los que intentan volver al pasado haciendo un machambrado de cosas que no pegan ni con cola.  Yo me quedo con Farran Fawcett y esos pistolones gigantescos que no había manera de esconder en los pantalones con pata de elefante, y me quedo con un Charlie que se le presumía un señor pese a su invisibilidad permanente.
© Del Texto: Anita Noire


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ago 5 2010

Gangs of New York: Cuando escribí “me ha gustado”

Lo peor de ver una película más de dos o tres veces es que terminas olvidándolas. Puedes llegar a saber los diálogos de memoria, dónde hay gazapos casi invisibles o el color exacto de la ropa que usa el personaje en cada secuencia, pero olvidas lo esencial, lo que sentiste al ver esto o aquello, lo que evocó una frase determinada al escucharla por primera vez o ese gesto que te pareció único e inimitable.

He visto muchas veces Gangs of New York de Martin Scorsese. Y, seguramente, he perdido por el camino buena parte de lo esencial. Hasta aquí las malas noticias. Las buenas: En su momento anoté todo aquello  que supuso ver la película en una cuartilla de papel que aún conservo. Me parece mucho más interesante reproducir (tal como están) esas notas que buscar profundidades en lo que puedo ver ahora. Nunca es lo mismo. Es un poco semejante a esos experimentos que se suelen hacer con la música de, por ejemplo, Bach. Intentan interpretar con los instrumentos usados en la época, en una iglesia en la que ya se escuchó al estrenarse sus piezas y bla, bla, bla. Pero ¿Y el oído del publico, ese dónde se podrá alquilar? ¿No puede entenderse que esa forma de escuchar ya no existe, que la devoción por la música sacra es otra muy distinta? Nunca es igual. Ni ordenadores ni programas informáticos, ni historias. Nunca es igual. Así que copio esa nota que existe desde el año 2.002.

Este DiCaprio nunca parecerá mayor. Tendrá problemas de credibilidad cuando toque hacer papeles de adulto. Lo intenta arreglar todo poniendo cara de tipo de duro. Si pelea, si intenta ligar con la chica o si va a cantar a coro con sus amigos. Muy por debajo de Daniel Day-Lewis. Incluso de Liam Nesson que aparece un rato por la pantalla para llenarla del todo.

Daniel Day-Lewis es la película. Entera. No su personaje sino él. Amsterdam (DiCpario) y Bill El Carnicero (Day-Lewis) están a la misma altura en cuanto a importancia narrativa. Pero este actor está muy por delante del resto. Cameron Díaz es muy guapa. No puedo decir mucho más. Esa interpretación podría ser la de doscientas actrices cualquiera y no desmejorarían la de ella. Pero son más feitas.

Estética cercana al cómic. No aporta gran cosa a la película. Con otro registro hubiera conseguido efectos similares. Más que nada porque los personajes son muy de cine aunque sus aventuras pudieran cuadrar en el cómic o su vestuario sea, especialmente, extravagante. Los diálogos son más cercanos a lo literario que a los que se utilizan en la novela gráfica. No casan bien. Está gracioso el intento, pero poco más. Tengo la sensación que Scorsese lo usa más para meter de clavo alguna cosa que con una estética más convencional no colaría. Muy bien el vestuario. No podría haber imaginado mejor (yo) lo horteras que pudieron llegar a ser los norteamericanos de esa época. De algún sitio tendría que venir su aspecto actual.

El origen de la ciudad de Nueva York es (parece) lo que quiere ventilar el director. Centro del mundo civilizado, mezcla de razas y culturas de las que procede el nuevo mundo. Elige para ello el lugar más infecto de la ciudad. Five Points. Lo peor de lo peor para explicar lo mejor de lo mejor. Huele a patriotismo estúpido. Y más cuando resalta que aunque eran violentos, ladrones y analfabetos (los chicos de Five Points) tenían presentes los valores más universales y más puros. No cuela.

Sin embargo, la película me ha gustado mucho. No faltan buenos personajes, un intento por crear un clima exacto, unos diálogos que escapan de la pedantería y no caen en lo soez (con esos personajes era más que difícil), los actores y las actrices hacen lo que tienen que hacer y el que peor está lo hace bien. La propuesta en conjunto es atrevida y divertida.

Cuando escribo “me ha gustado mucho” tiendo a preguntarme el porqué. Todo lo anterior ya sería suficiente, pero hay algo más, algo mucho más importante que todo eso. El guión visto como un todo. La estética se acerca al cómic. El guión no. Roza lo literario y, justo cuando se va a mezclar con ello, el guionista se contiene sabiendo que tiene que hacer cine. Pero arrastra, por ejemplo, un concepto del tiempo narrativo, del tiempo histórico y del tempo más que notable. Con ese tempo acelera la acción o la pausa de modo que el tiempo histórico casa a la perfección con el narrativo. Una cosa que me ha llamado la atención son las dos elipsis que incluye ese guión. La primera que va desde el final de la primera pelea hasta que Amsterdam regresa a Five Points se justifica con la primera secuencia de Dicaprio saliendo del reformatorio. Funciona bien. La última más que chapucera la usa el director para explicar lo que ha estado contado durante la película. Sin embargo, evita, con ambas, cualquier especulación innecesaria del espectador. En ese sentido tenemos enfrente una película honesta. Y me gusta el cine honesto.

© Del Texto: Nirek Sabal


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ago 1 2010

Cine en la playa o cerca de ella

En verano tendemos a perder el tiempo. De lo lindo. Una forma de fingir que se pierde sin que sea verdad (así no tendremos que dar explicaciones a los que lo pierden a conciencia y nos pueden tachar de raros) es ver películas con un reproductor portátil que podemos llevar incluso a la playa. En el apartamento por el que nos han cobrado una pasta corremos el riesgo de dormirnos y pasar a engrosar las filas de perdedores de tiempo incontrolados.
Hay muchas películas que ver. Pero yo voy a recomendar unas cuantas que no son especialmente conocidas o están algo olvidadas por si alguien quiere echarles un vistazo durante las vacaciones. Escribiré sobre ellas durante el verano aunque (como ya habrán podido observar) mi opinión no les será de gran ayuda.
Si quieren dejarse llevar por un plató y llegar a intuir como funciona esto del cine, no tienen más remedio que ver la película que Cesc Gay dirigió y tituló V.O.S. Pasarán un rato muy agradable. Muy divertida.
¿Les gusta Woody Allen? Pues busquen una copia de La comedia sexual de una noche de verano. Si ya les gustaba su humor se lo pasarán en grande. Si nunca terminó de convencerles su cine, esta vez, caerán rendidos a sus pies.
Recomendar algo de Billy Wilder es algo que puede hacer cualquiera. Da igual la película que sea. Siempre se acierta. Supongo que ya han visto un millón de veces Con faldas y a lo loco o El apartamento. No estoy tan seguro de que hayan tenido ocasión de disfrutar con una película deliciosa que incluye un tema musical inolvidable (Senza Fine de Gino Paoli). Se titula ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre? (lamentable traducción del original Avanti). Exquisita y divertida.
En verano nos podemos poner exquisitos como si fuera invierno. Parece que es obligatorio liarse a beber cervezas y comer bocatas olvidando lo que nos gusta. Si tienen tiempo y ganas agarren la copia de Solaris. La que firmó Andrei Tarkovsky. Inolvidable. Una buena alternativa podría ser Sacrifio del mismo autor. Si les pescan viendo esto puede que les tomen por loco. No pega nada con la arena de playa este tipo de cine.
Si quieren probar cosas nuevas y no conocen el cine de Michael Haneke pueden hacerlo con Caché. El concepto que maneja este director no deja indiferente a nadie. Se enamoran de él, le quieren asesinar por estafador o le hacen un monumento que cuando se inaugura es derribado por otros que echan espuma por la boca. Una tarde de calor que no quieran salir a sudar pueden aprovechar. No les confesaré en qué bando estoy hasta que pasen unas horas.
Y una última recomendación. ¿Recuerdan aquella película con estética de cómic en la que trabajaba Leonardo DiCaprio, Cameron Diaz y Daniel Day-Lewis? Sí, esa en la comienzan peleándose y terminan peleándose, esa en la que todo se resuelve a guantazos, esa que nos trataba de enseñar los orígenes de Nueva York. Gangs of New York. No es una mala opción. A mí me pareció fascinante. Ya les contaré el porqué.
Pues con estos títulos tienen suficiente para pasar los primeros días del mes de agosto. Prometo comentar cada una de ellas a lo largo de la semana. Mientras, disfruten de la arena, del mar y del cine. Sean buenos.

© Del Texto: Nirek Sabal


jul 16 2010

Cosas que diría con solo mirarla: Al llegar a casa dejando el mundo fuera

Si en alguna ocasión he tenido la sensación de ser una voyeur (en el sentido de observar las intimidades de otros que nada tienen que ver con lo erótico festivo) fue viendo Cosas que diría con solo mirarla.
Debo reconocer que llevo varios días pensando en qué escribir sobre esta película y que me muevo por la ciudad, arriba y abajo, con una copia en mi bolso. A día de hoy, no sé por dónde empezar.
Tal vez me he transformado, sin apenas darme cuenta, en un personaje que podría aparecer en esa misma película. Una mujer que llega reventada a su casa y desconecta, de todo y de todos, viendo películas que nadie más quiere ver, que las madura mientras pone la lavadora o el lavaplatos y las escribe en una servilleta de papel de una cafetería cualquiera mientras piensa si debería someterse a un chequeo médico o deja que la naturaleza haga su faena, si visita a un abogado o a un psiquiatra, si lleva a sus hijos de colonias o los deja encerrados en su casa durante semanas, si asesinar a su jefe o  aumentar las filas del paro.  Cosas tan sencillas, como esas, que construyen la vida de la gente corriente.
Transformar lo cotidiano, lo normal o las cosas pequeñas en algo enorme, alejado de los grandes “conceptos”, es lo que ha conseguido Rodrigo García con su opera prima.
Cinco historias de mujeres, unidas por sentimientos de soledad y tristeza y por el barrio en el que discurre la acción. Cinco historias (que tienen un principio y un final) con momentos concretos de la vida de unas mujeres que las transformará, no sé si a mejor o a peor, pero que en todo caso las colocará en un universo que a partir de ese momento va a ser distinto.
No nos mostraran grandes acontecimientos, todo parece muy cotidiano pero es que, en realidad, nada lo es.

En un barrio de Los Ángeles, el Valle de San Fernando, un grupo de mujeres está reordenando sus vidas. Una doctora (Glenn Close) una frialdad aparente como coraza ante una inseguridad afectiva vital. Una solitaria detective de policía busca pistas sobre una tragedia junto a su ególatra hermana ciega (Cameron Díaz). Una madre soltera se siente profundamente atraída por un nuevo vecino del barrio, un hombre nada común. Una directora de banco (Holly Hunter) descubre que está embarazada después de una historia con un hombre casado y tratará su aborto como si de una cuestión de negocios más, hasta que llega el derrumbe. Una pitonisa (Calista Flockahart) que cuida de su pareja que sufre una enfermedad irreversible y reviven a base de relatar su amor.
Creo que una buena película, además de los artificios técnicos, precisa tener algo que contar y que quien nos lo cuente sepa hacerlo. El elenco de actrices que protagonizan esta película no puede ser más variopinto: Glenn Close, Cameron Díaz, Calista Flockahart, Valeria Golino, Elpidia Carrillo, Amy Brenneman, Holly Hunter, pero,a pesar de ser muchas y distintas, desde luego lo bordan. Una fotografía calida, cercana. Una banda sonora (Ed Sheamur)  que acompaña a lo íntimo, estupenda.
Una serie de historias cruzadas, donde los personajes se encadenan unos a los otros a través de sus vivencias, consiguiendo con ello un todo global que da sentido, a su vez, a las historias de cada una de sus protagonistas. Donde las víctimas de unas vidas se convierten en verdugos de las que tienen a su lado.
Una película que consigue contarnos muchas cosas, todas a través de gestos menudos, pequeños sucesos.
No a todo el mundo le gustará, pero ahí radica precisamente su secreto, en las cosas corriente, las que nos pasan todos y en conseguir, a través de todo ello, tocarnos de lleno.
© Del Texto: Anita Noire


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