dic 30 2010

Casino: Cuando los muertos hablan

El que quiere contar algo tiene la obligación, al menos, de hacerlo bien. Una mala historia bien contada podría llegar a colar. Una magnífica historia mal narrada se convierte en una lacra que te acompaña para siempre.
Martin Scorsese hace un cine de alto nivel en muchos aspectos. La puesta en escena de sus películas es notable, suele trabajar con una iluminación perfecta, la dirección de actores es siempre sobresaliente y se rodea de profesionales que hacen su trabajo con solvencia. Pero debe ser que cuando le entregan el guión para leer no se entera de algunas cosas, o se deja aconsejar mal, o no le importa gran cosa el asunto. Y le ha pasado, en más de una ocasión que su película se ha quedado a medio camino por esta razón.
Imagine que le encargan (sí a usted, a usted) narrar la historia de un loco y que ese loco está loco de remate. Ha de tomar la decisión de elegir la voz narrativa, el punto de vista (es la misma cosa). Decide que un compañero de hospital (otro loco de remate) será el encargado de soportar la exposición narrativa desde su punto de vista. Su novela o película se acaba de convertir en un disparate. Locos hablando de locos no parece la fórmula narrativa más creíble salvo que quieras juntar cosas graciosas o algo así. La credibilidad de la narración se evaporaría si esta fuese la decisión final. Pero, tranquilo, usted es persona de recursos. Se da cuenta del error. Da marcha atrás. Ahora elige a un psiquiatra para hacer de narrador. Voilà. Ahora sí. El espectador o el lector dará una credibilidad muy elevada. Y usted comprobará que con este narrador se pueden hacer muchas más cosas. Incluso ser gracioso y divertido.
Sin voz no hay nada. Con una voz equivocada tenemos un producto final que se aleja de lo buscado. Eso siempre es así. Un desastre absoluto, vaya.
En Casino de Martin Scorsese asistimos a un milagro inquietante. ¡Un muerto es capaz de hablar! Pero, además, lo hace como si no pasara nada, como si tal cosa. Uno de los narradores está enterrado en el desierto (sin móvil ni nada, no crean), pero él va contando lo que hace falta para que el relato parezca más coherente. Milagroso. Esto que les digo se descubre al final de la película. Y el que se fija en estas cosas (deberíamos ser todos) se siente estafado. Como, además, el guión está lleno de frases vacías que no llevan a ninguna parte y todo se intenta arreglar a base de tacos, de fuegos de artificio llegados desde lo espectacular de algunas imágenes, de escenas violentísimas y poco más; el cabreo del espectador es absolutamente monumental. Pero lo peor de todo es que el asunto es gratuito. Desde la subjetividad hubiera sido posible contar lo mismo y el resultado de la película mucho mejor (sin modificar la esencia de lo que se quería decir). Seguro. Martin Scorsese utiliza hasta cuatro puntos de vista diferentes de forma explícita. Mezclados como le da la gana e imponiendo la subjetividad de la cámara cuando la cosa comienza a tambalearse peligrosamente. No falla: guión flojito + batiburrillo de voces = desastre narrativo que se lleva por delante lo bueno que tenga el conjunto. Pero (aunque a usted le parezca mentira aún quedan peores noticias) con todo esto lo personajes no avanzan ni un milímetro. Lo hacen por otras razones. Igual que la acción se mueve de forma histérica entre tiros y cabezas rotas. En definitiva, lo que podría haber sido una buena película aparece convertida en casi tres horas de cierto sopor, salpicado de cosas horribles que te hacen remover en el sillón y poco más.
Con esto debería ser suficiente. Pero creo que es justo señalar los aspectos positivos de la cinta que la convierten en una cosa pasable. Robert De Niro está bien. Sharon Stone está bien. Joe Pesci está más que bien (sin llegar al nivel que alcanzó en Uno de los nuestros). El vestuario es impecable. El montaje es, francamente, bueno. El casting espléndido (parece que todos los que podrían haber sido mafiosos se hicieron actores). La banda sonora es una maravilla (si algo destaca en la película es eso, cómo se colocan los temas elegidos para acompañar la acción).
En fin, una película sobre la mafia italiana en Estados Unidos, sobre los problemas del mestizaje dentro de esa organización; sobre el poder, el dinero, la traición y la lealtad; vehículos que nos llevan al asunto central que Scorsese nos quiere mostrar: la ambición. Una película violenta hasta el exceso y que no deja opciones a que la imaginación del espectador trabaje y se involucre. Es lo malo de lo explícito. Una película que se queda por el camino por la ambición de la propuesta en su conjunto sin considerar lo fundamental como eje motor (qué paradoja hablar de la ambición y que sea tu propia lacra).
¿Le gusta el cine de Scorsese? Pues le echa un vistazo y asunto arreglado. ¿Le interesa saber cosas sobre los bajos fondos? Pues se mete tres horas de mafia y listo. ¿Tiene poco tiempo para ver cine? Pues ya tendrá tiempo de ver Casino. Aproveche esos momentos libres para ver cosas importantes como, por ejemplo, Buda explotó por vergüenza. Esa película sí que es una maravilla. Ahora bien, no aparece ni un mafioso italiano. Usted sabrá lo que hace.
© Del Texto: Nirek Sabal


Imagen de previsualización de YouTube


dic 29 2010

Buda explotó por vergüenza: Cine cristalino


Bajo presupuesto, ni una estrella del cine, todo como casi de andar por casa, una claridad expositiva difícil de encontrar hoy en día y autenticidad por todos los lados. Con eso se puede conseguir una película entrañable, deliciosa y, al mismo tiempo, inquietante.
Cada uno puede hacer la lectura que le apetezca de cada cosa de este mundo. Pero si el que narra sabe lo que tiene entre manos, poco a poco, nos veremos obligados (sin violencia alguna, salvo la que ejerce una voz narrativa coherente) a mirar y entender. Cada mirada con sus matices, pero ejerciendo de lo que es, de mirada.
Hana Makhmalbaf (siendo jovencísisma) rodó la película Buda explotó por vergüenza. Cuenta parte de un día de una niña pequeña que quiere ir a la escuela. Cómo intenta conseguir un cuaderno y un lápiz, cómo se va encontrando con un cosmos completo en un kilómetro cuadrado. La mujer frente a los talibanes, la mujer frente a las leyes religiosas entendidas por fanáticos, la mujer frente a la mujer, la mujer frente a un destino que parece labrado en piedra y que poco podrá modificarse. Y digo la mujer porque, aunque nos cuentan las cosas desde el punto de vista de una niña (una preciosidad llamada Nikbakht Noruz), el espectador adulto se encuentra (sin darse cuenta) mirando a través de los ojos de esa niña sin dejar su condición de persona formada. La niña ve a niños malos haciendo cosas que no le gustan y a las que no quiere jugar; el adulto se inquieta porque sabe que eso, al pasar unos años, será un terrible infierno para ella. La película presenta dos posibles lecturas simultáneas. Y cada una de ella es maravillosa.

Hacía muchísimo tiempo que no disfrutaba tanto viendo una película de cine. Cercana al documental; rodada, buena parte de ella, con la cámara sobre el hombro; desde lo exquisito de la sencillez; Buda explotó por vergüenza, es una cinta que puede gustar a cualquiera, que se puede ver en familia, que dejará poso en el espectador y podrá servir para entender lo que sucede en países como Afganistán.
Me ha encantado. No exagero. Me ha encantado, de verdad.
© Del Texto: Nirek Sabal


Imagen de previsualización de YouTube