sep 28 2011

El guateque: Risas, pero nada más

¿Puede ser una película más divertida que esta? Creo que no. Las hay parecidas, al mismo nivel, pero más divertida es imposible. Porque está concebida para eso, para hacer reír. Ni más ni menos. Nada de guiones sesudos, ni frases de una inteligencia fuera de lo normal. El Guateque es una sucesión de situaciones completamente disparatadas que arrancan con facilidad una carcajada a cualquiera. El camarero borracho destrozando la fiesta y la paciencia de la anfitriona, es inolvidable. Y el personaje que interpreta Peter Sellers lo mismo.
Hrundi V. Bakshi (Peter Sellers) es un actor indio con muy mala suerte. Todo lo que toca lo destroza. Después de hacer explotar un decorado gracias a su torpeza, es invitado por error a una fiesta en la casa de Fred Cutterbuck (Fay McEnzie) que es el director de los estudios cinematográficos. Llega a la casa y con él el desbarajuste. Cada movimiento se convierte en una situación cómica que se resuelve con algo que provoca un caos mucho mayor. Conoce Bakshi a la chica más guapa de la fiesta (Claudine Longet) y terminan gustándose mientras la dueña de la casa (Kathe Green) se vuelve tarumba, Cutterbuck intenta matar al culpable y todo el personal termina borracho o involucrado en un desastre absoluto. Les aseguro que no hay más. Es así de sencillo. Y, de verdad, muy divertido.
El director fue Blake Edwards. Tal vez sea uno de los realizadores que con menos esfuerzo ha conseguido más apoyo de la crítica y del público. Rodó películas más que sobrevaloradas en una época en la que el espectador quería olvidarse de guerras frías y de los peligros monstruosos que le tocaban vivir. Edwards entregaba entretenimiento y todos lo agradecían. Para ser justo, diré que esta película tiene un poco de eso. Para hacer esta película tomó prestada alguna idea del cine de Jacques Tati con astucia y buscando el apoyo de Peter Sellers. Y los guiños al cine mudo son constantes. Desde un comienzo que es una parodia de una escena muy conocida, al uso de la confusión y el error o la cercanía al cine de Chaplin.
Peter Sellers no defiende su papel con la maestría que lo hace en otras películas. Funciona bien porque el conjunto es lo que es. No exige nada del otro mundo. Incluso, llegado el final, el personaje tiende a difuminarse entre el desastre general en lo que se convierte la trama. Pero no está mal. El resto del reparto si está algo más exagerado en sus papeles. Por la misma razón: el conjunto es lo que es y conviene marcar bien el objetivo aunque sea a base de exagerar algunos aspectos. Insisto en que la película no busca otra como que no sea la diversión del espectador.
La música de Henry Mancini, como de costumbre, bien.
Hay algunos detalles que dicen mucho de este tipo de cine. Por ejemplo, aparece un elefante por allí y nuestro protagonista dice que es el símbolo de la India. No lo es. Es el pavo real. Nadie debió pensar en ello o les daba igual. Otro ejemplo. Parece que una pareja es algo inevitable es estas películas. Pues nada, se mete con calzador acompañando la cosa de un final algo estúpido y estereotipado. En fin, que nadie piense que va a ver un peliculón. Eso sí, se partirá de risa.
© Del Texto: Nirek Sabal


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feb 21 2010

La farsante auténtica. Desayuno en Tiffany´s

Parece ser que Truman Capote era una persona difícil de carácter por su extravagancia, traicionero con sus amigos, drogadicto y no sé cuántas cosas más. Y, por si fuera poco, era escritor. No un escritor cualquiera sino un genio de la literatura, lo que significa que cualquiera de sus defectos se verían multiplicados de forma alarmante. Eso seguro.
No me gustan mucho los escritores. Sin embargo siento especial debilidad por Capote. Él sabía que ser eso, escritor, significaba muchas cosas, un gran compromiso consigo mismo y con los demás, una forma de abordar la vida intentando derribarla antes de que ella le derribase a él. Debilidad que viene de la lectura de toda su obra, pero, especialmente, de las sucesivas lecturas que he realizado de su novela “Desayuno en Tiffany´s” desde el año mil novecientos noventa hasta hoy. Cada año la leo. Cada año echo un vistazo a la película dirigida por Blake Edwards. Entre otras cosas porque no tienen nada en común. Cuentan cosas bien distintas y, afortunadamente, Edwards no trato de se fiel a lo escrito. Si lo hubiera intentado y hubiera conseguido lo que nos presentó con la Sra. Hepburn al frente, tendríamos que haber juzgado a ese hombre condenándole a cadena perpetua.
Mientras la película trata de mostrar la cara amable de un mundo refinado y excesivo en casi todo, la novela hace todo lo contrario. Por ejemplo, en la película no se escuchan cosas como “la verdad es que lo eres. Eres una mala puta” o “lárgate a hacer de puta a otra parte”. En la novela sí se pueden leer cosas así. Y mucho peores. Porque la intención de Capote era bien clara. Capote quería hablar de él mismo, de su trabajo como escritor, del mundo real enfrentado a la ficción, del egoísmo, de la falsa amistad y de la cobardía humana. Dicho de otro modo, quería hablar, sobre todo, de literatura utilizando vehículos oscuros y siniestros.
Capote era un escritor de los de verdad, de los que saben qué es eso de escribir. Mirar con cara de estúpido el mundo para poder soñar ese mundo. Eso es a lo que dedicó gran parte de su vida y lo que hace su personaje principal en esta novela. Soñar el mundo para conseguir crear un lugar en el que hasta la mismísima Holly sea capaz de vencer sus depresiones. La realidad le destroza. Un sueño (representado por una joyería de lujo) es la única forma de salir adelante. Y cuando los mundos comienzan a mezclarse, ella huye hasta llegar a otro lugar que le envuelve en su irrealidad, que le protege en su distanciamiento del tiempo y espacio. Se defiende de los demás, de lo que le toca vivir. Holly pasa la mayor parte del tiempo filtreando con todo y con todos. Todo es accesorio, nada importa. Ella va por delante del mundo. Incluso por delante de sí misma. Se siente una criatura salvaje que puede hacer daño, pero desdichada por serlo. La historia de Holly es una de las tragedias más terribles de la literatura del siglo pasado.
Porque Holly es la misma literatura, es la “farsante auténtica” que dibuja Capote en su novela.
Ni la novela, ni la película, deberían pasar desapercibidos para alguien que se quiere acercar al arte de narrar. Sea cual sea. Porque Capote es un genio. Y la película una obra de arte.

Desayuno en Tiffany´s
Truman Capote
Editorial Anagrama
Calificación: Imprescindible
© Del Texto: Nirek Sabal