ene 21 2014

Lo duelistas: La magnífica semiolvidada

Los duelistas es una de las mejores películas de Ridley Scott y, al mismo tiempo, un de las menos recordadas, Es curioso que esto sea así cuando, junto con Alien y Blade Runner, este trabajo es el mejor del director.
Los duelistas es una adaptación de la novela de Joseph Conrad. El guión fue firmado por Gerald Vaughan-Hughes y es muy fiel al texto original. Los añadidos son menores. Lo que nos cuentan es la relación entre dos militares, Feraud y D’Hubert, que se baten en duelo a lo largo de su vida en varias ocasiones. Por distintas razones van sobreviviendo a cada encuentro; duelos que se desarrollan de forma distinta. A caballo, a espada, breves, sangrientos. Durante el desarrollo de la trama comprobamos que, en realidad, lo que nos van contando es cómo conviven y salen adelante dos formas de vida. Lo duro, belicoso, descortés y primitivo de Feraud se enfrenta a la clase aristocrática, a la calma, a la cultura exquisita de D’Hubert. Aunque, a decir verdad, dado que el punto de vista utilizado es el de D’Hubert, el carácter y la psicología de Feraud queda algo desdibujado.
Ridley Scott, influenciado (sin duda) por la película de Stanley Kubrick, Barry Lyndon, busca encuadres con distintas iluminaciones que nos enseñen algo parecido a lo que son los lienzos de la época romántica. Esa iluminación, lógicamente, naturalista, toma especial relevancia con el uso de velas y sombras en interiores. Los exteriores repiten una idea que desde el principio, Scott, quiere hacer llegar: cómo es la relación entre los protagonistas. El fotógrafo Frank Tidy hace un trabajo espléndido.
Los personajes protagonistas son encarnados por Harvey Keitel (llegaba de un intento fallido por interpretar el papel principal en Apocalypse Now) y Keith Carradine. Ambos están muy bien dirigidos y consiguen una actuación sobresaliente.
Los duelistas es una excelente muestra del cine que se filmaba en esa época (1977) y está a la altura de las mejores películas de Scott. No dejen de prestar especial atención a cómo el director va utilizando a los personajes femeninos para que las personalidades de los duelistas vaya dibujándose con coherencia. Eso y un montaje que va en busca de lo mismo, son aspectos especialmente interesantes.
© Del Texto: Nirek Sabal


sep 14 2011

Acción Mutante: Palitos de cangrejo en el espacio


Acción mutante, ópera prima de Alex de la Iglesia, fue muy, muy aplaudida. El director estuvo nominado en los premios Goya. La película, además, fue nominada en cinco categorías más y consiguió premio en tres de ellas. La crítica recibió, en general, la obra de De la Iglesia con grandes aplausos y entre mimos. En taquilla funcionó divinamente. Todo fue la mar de bien.
Pero qué quieren que les diga. La película no es para tanto. Y, desde luego, vista hoy da para muy poco. Los años no han pasado sin dejar hecho un solar el espacio que se quedó ocupando esta película que satirizaba sobre una sociedad que ha ido a peor. Como ella misma. Tiene sus cosas buenas. El maquillaje está logrado. Algunas escenas resultan graciosas y está llena de topicazos que se intentan desarmar con un ingenio más cercano al chistecillo que a la fina ironía (la escena del pescador vasco espacial y su cargamento de palitos de cangrejo es buena de verdad). No hace falta decir que el guión, con la excusa de entrar en la ciencia ficción hispana y cutre, derrocha licencias por todos lados. El reparto defiende sus trabajos mejor que peor. Pero claro, defienden trabajos que se quedan lejos de lo que es un personaje con un mínimo de profundidad. Salvo el que interpreta Antonio Resines (nada del otro mundo) el resto de personajes son el límite de lo que son, es decir, una exageración sin más pretensión que llenar un hueco entre disparates.
La violencia de la película (muy al estilo del director) es extraordinaria. Y, ni hace torcer el gesto al espectador cuando debería, ni provoca la carcajada esperada. La trama es delirante. Claro, como los personajes son delirantes, los escenarios son delirantes y el espectador debería delirar desde el minuto uno, la trama tiene que serlo también. Y eso no funciona así. Eso es hacer trampas.
Vale, la película la ves y sonríes en algunos tramos. Pero en conjunto es un pequeño desastre que está en el lugar que le corresponde. Dentro del saco en el que se puede leer: olvidados.

El cine de Alex de la Iglesia ha evolucionado mucho. Ahora, es infinitamente mejor. En Acción mutante ya se dejan ver las constantes que este director ha ido utilizando sin descanso en todas sus películas. En ese sentido, la película presenta cierto interés. Pero no se hagan ilusiones. Si ya resultaba algo extraña y no gustaba a todo el mundo, me temo que hoy resulta muy ridícula y no gustará a casi nadie. Tengo dudas con los jovencitos. Igual este rollo cyberpunk sí les hace pasar un buen rato. Aunque no apostaría más de un céntimo de euro por la película. Puestos a que nos cuenten las cosas con esa estética, mejor ver Blade Runner. Vamos, digo yo.
© Del Texto: Federico de Vargas y Expósito


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jul 7 2011

Blade Runner: El triunfo de una puesta en escena fatántisca

Rick Deckard es un veterano Blade Runner. Dedicó su tiempo a retirar seres fabricados  a través de la ingeniería genética denominados Nexus 6. Esos seres son réplicas humanas con una inteligencia y fuerzas muy superiores a los propios humanos. Está semiretirado, pero es llamado por su antiguo jefe (Bryant) puesto que media docena de Nexus 6 han llegado a la tierra procedentes de colonias interestelares. Dos de ellos ya han muerto. Quedan cuatro considerados altamente peligrosos por su violencia. Aunque es reacio a aceptar el encargo, bajo presión de Bryant, dice sí al trabajo.
Estamos en Los Ángeles. Noviembre del año 2019. La ciudad se ha convertido en un laberinto de mercados interminables, en una mezcla de razas delirante, en una ciudad caótica y decadente en la que siempre cae una lluvia plomiza. Todo ser vivo puede fabricarse y son casi imposibles de distinguir  de los verdaderos seres vivos.
Deckard persigue a los Nexus 6 que tienen como objetivo llegar hasta su creador para que les otorgue la posibilidad de vivir más tiempo (fueron fabricados para que pudieran vivir cuatro años y, además, están faltos de empatía y sentimientos). Han desarrollado la capacidad de crear sus propios sentimientos al plantearse la posibilidad de morir. Por el camino Deckard irá eliminando a los Nexus 6 y correrá peligro de muerte frente a ellos cada vez que se cruza en su camino. Conocerá a Rachael, otro ejemplar de replicante que no sabe que lo es. Esta, al contrario que el resto, le salvará la vida y terminará enamorada del Blade Runner. Igual que Deckard de ella.
Deckard termina su trabajo eliminando a los replicantes (uno de ellos, el lider Roy le perdona la vida) aunque no termina con Rachael. El Blade Runner y Rachael terminan huyendo hacia un futuro incierto y desconocido para ellos (y para el espectador) puesto que  Gaff (ayudante de Bryant) les permite escapar en el último momento.
Este podría ser el resumen argumental de la famosísima y algo sobrevalorada Blade Runner del director Ridley Scott. Me temo que muchos dejarán de leer este análisis después de encontrarse con el sacrilegio que consiste en decir que está sobrevalorada. Pero estoy convencido de ello y, por eso, lo digo.
En dos de los diálogos de la película se concentra buena parte del tema principal que Scott quiere tratar.
La conversación entre Tyrell (director de la compañía que crea los Nexus 6) y Roy Batty (lider de los replicantes) es, con seguridad, la que expresa mejor el objetivo temático de la película. Es este:
RB: No es cosa fácil conocer a tu creador.
T: Y ¿qué puedo hacer yo por ti?
RB: Puede el creador reparar lo que ha hecho.
T: ¿Te gustaría ser modificado?
RB: ¿Y quedarme aquí? Pensaba en algo más radical.
T: ¿Qué es lo que te preocupa?
RB: La muerte.
El creador, Dios, frente a lo creado. Un replicante o un ser humano. El silencio de Dios. Lo inaccesible que puede llegar a ser. ¿Puede Dios cambiar las cosas? El tiempo que se acaba con la muerte y hace preguntarse a los seres vivos (¿lo es un Nexus 6?) sobre su futuro. El miedo a lo desconocido. La necesidad de encontrar respuestas en la filosofía y en la teología.
Sobre esto es sobre lo que se ordena el fondo ideológico de Blade Runner. Y, a decir verdad, lo deja enunciado, pero no termina de profundizar. Plantea, pero no resuelve casi nada.
En otra intervención de Roy Batty se enuncia el problema del tiempo que corre sin parar hacia la nada:
RB: Es toda una experiencia vivir con miedo ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo.
Hace referencia a la llegada de la muerte, a la imposibilidad de modificar la fecha de caducidad que un replicante tiene, que un hombre tiene aunque no sepa cual es. Es muy interesante el planteamiento que hace Scott sobre la falta de pasado (a los Nexus 6 se les implantan recuerdos falsos) que lleva a la imposibilidad de un futuro cualquiera y que convierte el presente en algo sin sentido, vacío de cualquier contenido y torturador.
El resto de la película no deja de ser una historia de amor, una historia policiaca con un antihéroe (el Blade Runner) que lucha contra el que se convierte en héroe desde su villanía y el relato de una sociedad que puede terminar con su esplendor al vaciarse de humanidad
En la película todo es afixiante, tétrico y oscuro. El mundo se ha convertido en una masa informe decadente en la que se mezclan columnas griegas y pirámides con escaparates iluminados por neón y edificios que fueron estandartes de un progreso que desapareció. Las luces de la policía aparecen en cualquier habitación de la ciudad puesto que los vehículos no dejan de sobrevolar todo el espacio. Es un mundo que se sobreprotege de sí mismo.
Blade Runner presenta una estética cyberpunk (esto no era novedad aunque alguno piensa lo contrario) que encaja muy bien con el escenario y la puesta en escena de la película. Los Sex Pistols ya habían tomado como suya la expresión no hay futuro. Y es eso lo que parece defender Scott durante todo el metraje.
Conviven en la pantalla los grandes edificios que representan la modernidad con los viejos que representaron lo mismo y ahora se caen a trozos. Y dentro de ellos, viven los representantes de eso mismo.  Las calles se llenan de personas que mezclan un vestuario muy parecido que les hace similares entre ellos, parecen uniformados y carentes de personalidad.
Scott es un gran director, pero lo que mejor hace es convertir la idea en imagen. Su puesta en escena es magnífica. Por ello, crea un clima perfecto para desarrollar lo que quiere decir. Y es esto uno de los grandes logros de Blade Runner.
En Blade Runner el tiempo es un contador que te hace saber o intuir cuanto te queda para morir. Ni más ni menos.
Los seres humanos viven en un espacio lleno de individuos que parecen formar parte de una sociedad, pero, en realidad, están solos, hartos de un mundo del que terminan huyendo a bases construidas fuera de la Tierra. No parece que vivan ilusionados por un futuro puesto que allí no cabe nada ni nadie (esto es literal puesto que nos encontramos con una superpoblación inmensa y todo lo que había se deshace por una decadencia absoluta. Tan sólo brilla aquello que es ficticio y ajeno al propio ser humano). El tiempo es un viaje a ninguna parte.
Los replicantes son creaciones de los hombres. Incompletos. Carecen de pasado, sólo tienen presente y con ello no pueden imaginar un futuro. Además, ese futuro tiene un límite temporal puesto que fueron diseñados para que vivieran durante cuatro años.  El tiempo reside en un contador que suma segundos y les resta existencia de forma irremediable. El tiempo, otra vez, es un viaje a ninguna parte.
Los humanos van perdiendo su condición y, cansados, no parecen temer a la muerte.  Nada tiene sentido. Los Nexus 6, al contrario, cuando desarrollan la capacidad de sentir, cuando se van pareciendo a lo que es un hombre, comienzan a necesitar tiempo para vivir. El temor a la muerte aparece para amargarles la existencia. Viene bien un poema de Rubén Dario en el que se expresa esa sensación de vértigo que sólo el ser humano es capaz de sentir. Se titula Lo fatal y dice así:
Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
/y más la piedra dura porque ésa ya no siente,/
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
/ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
/y el temor de haber sido y un futuro terror…
/¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,/
y sufrir por la vida y por la sombra y por
/lo que no conocemos y apenas sospechamos,
/y la carne que tienta con sus frescos racimos,
/y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos/
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos…
Parece que los Nexus pueden llegar a ser personas en el momento de tener alma (esto queda representado por la paloma que Roy tiene en las manos justo antes de morir y que suelta justo antes de que ocurra; una imagen gastada y bastante flojita) y eso sólo se consigue si aman, odian, se enternecen, perdonan o sienten miedo ante la muerte. Sólo pueden ser hombres cuando se preguntan si lo son. Los seres humanos de la película parecen haber olvidado esa pregunta y se dejan llevar. Se desintegra y con ellos la sociedad. Tal vez sea al revés. Eso en la película no queda claro. El caso es que el problema se plantea en términos de destrucción individual y colectiva cuando desaparece la humanidad de las personas.
Es curioso que sean los replicantes los que representan la búsqueda filosófica y teológica del sentido de la vida, los que se hacen la pregunta que se hace el hombre desde que lo es: ¿qué soy?
La puesta en escena que lleva a cabo Scott es espléndida, Ya estaba dicho. Las interpretaciones, salvo la de Rutger Hauer que está soberbio, son el reflejo de lo que debió ser el rodaje de la película. Algo aburridas. Sean Young guapa y sosa. Harrinson Ford hasta las narices. La estética es deudora excesiva de Metrópolis. La música de Vangelis algo excesiva dependiendo de los tramos. Y el ritmo es desigual en exceso, tanto argumentalmente como en su carga de contenido.
En definitiva, una muy buena película, sin duda. Pero que se queda a medias en sus propuestas filosóficas y en la que no encontramos nada que la puedan convertir en esa obra maestra indiscutible que muchos dicen que es.
© Del Texto: Nirek Sabal


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dic 19 2010

Tron Legacy: En el hombre del hijo

Son las 19.30 del viernes 17 de Diciembre de 2010. Estoy sentado y completamente solo en una sala de cine en versión original subtitulada. Agarrado a la butaca tras dos horas. Empapado en lágrimas. Lágrimas que me siguen hasta mi casa. Incluso cuando escribo estas líneas. Llevaba un tiempo en el que el cine no me daba realmente ninguna alegría, ninguna satisfacción a nivel personal, ningún espectáculo que hiciera que mi sensibilidad se pusiera a flor de piel como ha pasado hoy. Un espectáculo visual, sonoro y narrativo como el que propone: Tron Legacy. Sí, esa secuela de la archiconocida película de culto que la factoría Disney creara en los años 80, una secuela de la que muchos no se esperaban gran cosa, de la que muchos me han llegado a decir que sería un fracaso y un auténtico castañazo. Muchos lo dicen y se reafirman en ello. Realmente me la suda lo que digan.
Se equivocaron. Sí, eso pienso.
El argumento nos sitúa veintisiete años después de la cinta original, exactamente la edad que tiene nuestro protagonista, Sam Flynn (un desconocido Garrett Hedlund que va a dar mucho que hablar, o eso espero) que es el hijo del archimillonario e informático que ha levantado un imperio de la nada, Kevin Flynn (Jeff Bridges, increíble como siempre). Su vida se ha echado a perder literalmente desde que su padre desapareció, dejándolo como el rico heredero de una de las mayores empresas de tecnología llamada Encom. Siendo tan joven, la empresa acabó presidida por otros socios y accionistas, viciando el mensaje primario del que Kevin Flynn quería hacer gala. Así, Sam ha pasado su vida dando tumbos, sin objetivo, pagando los pecados del padre, obstruyendo la mercadotecnia de la empresa gracias a la que vive, perseguido y odiado por todo el mundo, solo, huyendo de responsabilidades, de sí mismo. Un día, un antiguo amigo de su padre y el segundo de a bordo del negocio, Alan Bradley (Bruce Boxleitner, que también aparecía en la original, esta vez ya con unos cuantos años de más), creador del juego Tron, recibe un mensaje en su busca, un aparato que no usaba desde los años 80, desde los recreativos que regentaba Kevin. Un mensaje que no duda en comunicar a su hijo, que acudirá intrigado y descubrirá a lo que se dedicaba su padre todas las noches. Allí, en un sótano oculto, como si bajara por la madriguera de conejos en Alicia en el País de las Maravillas, nuestro héroe será transportado al universo onírico digital llamado La red, donde un programa llamado Clu hecho a imagen y semejanza de su padre y que gobierna de manera totalitaria. En su periplo se encontrará con su verdadero padre, recluido en un exilio en compañía de un programa llamado Quorra (Olivia Wilde, un bellezón de mujer) que es el último superviviente de un hecho grave llamado La Purga y por la que Kevin quedó encerrado veinte años allí. Nuestro trío de protagonistas intentará hacer caer el mundo de Clu desde sus cimientos.
Una película llena de referencias, compleja y simple a la vez, que aunque pudieran pasar desapercibidas para el público en general, están presentes:
-Literarias: como ya he mencionado la obra de Lewis Carroll, ese joven huidizo de la realidad y las responsabilidades que se evade en un mundo virtual que acabará agarrando el destino con sus manos; o Viaje al centro de la Tierra de Julio Verne; están claramente introducidas en algunas escenas de la película, entre otros relatos de otros autores.
-Religiosas: la Santa Trinidad, Padre-Hijo y Espíritu Santo. Kevin, Sam y Quorra respectivamente, y es que ésta última sirve como el elemento salvador de nuestros protagonistas, una fuente pura, inocente y llena de sabiduría, un eje al que agarrarse cuando todo va mal. Y esa referencia al número tres en múltiples elementos del decorado o el vestuario, que aunque subliminal, aporta una descripción a ese mundo y esos personajes. O la oposición cielo-infierno y cómo se plasma la división con tonos azules y blancos, y tonos cálidos y naranjas respectivamente para diferenciar unos personajes de otros.
-Filosóficas: el eterno retorno de Nietzsche como elemento de causalidad, un principio y un fin que a su vez genera un nuevo principio, una nueva era, un traspaso generacional de padre a hijo que tiene su mayor simbología en el aro o círculo que llevan los protagonistas a sus espaldas, que simboliza lo infinito. Es curioso como una película con un trasfondo religioso se contrapone con esto que acabo de decir. Bueno, no tanto…
-Cinéfilas/musicales: Aunque bebe de su propia fuente estética creada hace más de dos décadas, se reverencia u homenajea (algunos dicen que es una parodia barata, en fin…) a películas como Blade Runner (esa ciudad virtual sumida en una oscuridad latente y decadente bajo luces de neón, humo y lluvia constante), 2001: Una odisea en el espacio (en lo que se refiere a decorados interiores), Star Wars (Jeff Bridges recuerda a Sir Alec Guinness haciendo de Obi-Wan Kenobi; es casi anecdótico) por poner ejemplos conocidos. Y en música ese magnífico tema Sweet Dreams de Eurythmics en un momento dado, o la referencias a obras de Vangelis y Hans Zimmer.
-Sociales: Una crítica, aunque superficial, a empresas que no tienen en cuenta a los usuarios y que monopolizan el mercado con productos de dudosa calidad, como una que todos conocemos y saca un sistema operativo cada tres años;   reflejada en el cinismo de los accionistas e informáticos (curioso el cameo de Cillian Murphy) que no dudan en vender mierda para hacerse ricos. Una crítica a la ambición desmesurada que acaba convirtiéndose en un monopolio, en un régimen totalitario, por culpa de la búsqueda de una perfección utópica, infantil, pero que existe en nuestra realidad. Una crítica a la sociedad que hemos creado, de la herencia de valores de padres a hijos, del qué estamos aportando a nuestros jóvenes (que no es más que odio y miedo y que acaba derivando en la evasión de la realidad a través de alcohol, drogas y un largo etc.). De la enorme magnitud y lo complicada que puede ser nuestra infancia y cómo un hecho determinado puede ser la causa y el principio de grandísimos complejos que derivarán en nuestros actos cuando seamos mayores de manera casi inconsciente. De la aceptación del yo como una entidad individual y no grupal (al contrario que los regimenes totalitarios). Para ser claros, del perdón entre una generación y otra.
Técnicamente la película es sublime, aunque creo que me quedo corto con este adjetivo; con una estética que ya es una marca en sí misma, una franquicia generadora de todo tipo de merchandising; un diseño de vestuario y de elementos del decorado brutal, con identidad propia; con una fotografía espléndida a pesar de que prácticamente toda la película son efectos especiales y chroma, pero si os doy mi sincera opinión, en la que los personajes están tan perfectamente integrados con lo que ocurre en pantalla que uno se mete de lleno en la acción; incluso revoluciona el hecho de ver a Jeff Bridges (el papel del doble maligno, Clu) hecho totalmente por ordenador con aspecto de joven; no quiero pensar cómo será el cine de aquí a veinte años, da hasta miedo, es demasiado real; una banda sonora original creada por el famoso grupo de ritmos electrónicos Daft Punk que es una absoluta maravilla; y un apartado sonoro en general absolutamente genial. La gente que le motive todo esto, disfrutarán con el espectáculo. Quizás falle la frialdad de las actuaciones, y alguna cosilla de guión, pero no creo que sea para tanto, su objetivo es entretener, y lo consigue con creces. Y un consejo, véanla en V.O.S., el doblaje a nuestro idioma es más que patético, por no decir de risa.
En definitiva, puedo equivocarme, puede ser una película más del montón y haber hecho mella en mí la nostalgia de mi niñez y haber visto una paja mental que me ha encandilado de principio a fin. Puede que incluso dentro de unos años, cuando la vuelva a ver no la mire con los mismos ojos. Pero sí que puedo decir una cosa, he sido feliz durante dos horas, y eso no me lo va a quitar nadie. Debo dejar de ser tan moralista. No va conmigo.
© Del Texto: Gwynplaine Thor

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sep 8 2010

Repo men: ¿Pero qué?

Lo admito, esta película la he visto porque siempre me ha caído bien Jude Law, aunque sea un maldito cabrón fuera de la pantalla, y en parte porque su alopecia me está recordando a cómo me voy a quedar cuando llegue a su edad, cosa que me asusta cuando me miro al espejo y veo unas entradas como túneles. No sabía nada de este film y la he visto de milagro, ya que creo que ni se ha estrenado en España o simplemente ha ido directa al mercado del DVD. A lo que voy. ¿Es buena o no la película?
Sí y no. Es un quiero y no puedo en toda regla. Empieza cojonudamente bien, con un humor negro que a más de uno/a espantaría, con unos primeros veinte minutos impecables hasta el primer giro de guión, donde inexplicablemente la historia se la toman tan en serio que roza lo pedante y decae en un aburrimiento supino para llegar a un final cogido por los pelos.
La historia trata sobre un Repo Man (un recuperador de órganos) que trabaja para una empresa llamada The Union, especializada en el reemplazo de órganos por unos mejores y mecanizados y así alargar la vida del sujeto. La trampa está en que el paciente que firma un contrato con la empresa tiene que pagar una ingente cantidad de dinero, casi siempre a plazos y cuando el sujeto se convierte en moroso, mandan a los recuperadores de órganos para quitárselos, sea donde sea y dando igual si uno muere o no. Remy (Jude Law) es un Repo Man que trabaja junto a su amigo de la infancia, Jake (Forest Whitaker). Remy llega a un punto en que empieza a replantearse su trabajo debido a la situación en su hogar (una mujer disgustada por el trabajo al que se dedica, y un hijo que lo quiere mucho), y en su último trabajo recibirá una descarga eléctrica que le hará tener un transplante de corazón. Dicho corazón es de la empresa para la que trabaja. Viendo que pasan los días y no puede trabajar como antes y que tampoco puede hacer efectivo los pagos, de la noche a la mañana el cazador se convierte en presa. Y es en este punto cuando el film decae soberanamente hasta llegar a la mediocridad.
Por lo demás, decir que alguien vio mucho Blade Runner, y en los primeros minutos nos encontraremos con planos de la ciudad parecidos a los de la película de Ridley Scott, eso si, sin la trascendencia que tenía la primera. La música original de Marco Beltrami no destaca en ningún momento pero acompaña perfectamente a las imágenes, y la selección de algunos temas como Feeling good de Nina Simone, o temas de The Mamas and the papas, Moloko, Dave Stewart, etc., le dan un toque especial a algunas partes del conjunto. Muy pocas partes.
La idea, como ya he mencionado, podría haber seguido con ese humor negro e irreverente durante toda la película, pero no sé si alguien de los estudios, o los mismos guionistas desvariaron, que se tomaron la propuesta demasiado en serio, cayendo en la mera sucesión de escenas carentes de emoción, con una falsa profundidad, girando hacia el dramón más estúpido. Y es que… ¿quién se toma en serio lo de recuperador de órganos?
Y a todo esto… ¿Qué pinta Alice Braga en toda la película? ¿Y Liev Schreiber?
No pierdan el tiempo con esta película, y si lo hacen, solo vean los primeros minutos.
© Del Texto: Gwynplaine Thor

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mar 12 2010

Unicornios falsos. Blade Runner.

Entro en mi oficina masticando un Orfidal. Mi crisis nerviosa dura ya varias semanas.
Todo me provoca taquicardias. El café me da taquicardias, el hombre me da taquicardias, el gazpacho me da taquicardias, los autobuses, las matemáticas, las farmacias…
Enciendo el ordenador, apago todas las luces, descuelgo el teléfono, me quito los zapatos mojados y me tapo los oídos con dos bolas rosas de algodón.
No pienso trabajar hoy. No podría concentrarme. Así que despejo mi mesa de papeles, plantas inútiles y calendarios caducos. Odio los calendarios. Me recuerdan el tiempo que me queda. Eso también me da taquicardias. En su lugar pongo una pila de libros y apuntes sobre “Blade runner”. Pretendo escribir sobre ella. Siempre quise escribir sobre ella.
Miro fijamente al monitor del ordenador. Aparecen agendas de médicos de todas las especialidades, listas de pacientes en espera, en proceso, en histórico, y miles de actos médicos por facturar.
Pienso en un ático en Islandia, en semi retirarme, en que me dejen en paz, como decía el poeta. Estoy perdiendo la memoria, el juicio, la fuerza de voluntad, el intelecto…

Bostezo, y a los pocos segundos mi cabeza cae sobre el teclado dando varias vueltas de campana.
Entra una luz brillante, cegadora, por la ventana. Son naves de ataque ardiendo a espaldas de Orión. Distingo a mi padre que me observa desde una ventana del edificio Bradbury. Él fue quién me diseñó.
Una oveja eléctrica trata de psicoanalizarme sometiéndome una y otra vez al mismo test de empatía. Todos los resultados son positivos, claro. “El tiempo de reacción es primordial”, me advierte.
Me pinto las uñas de rojo delante del espejo, me hago un recogido retro-futurista mientras fumo a destajo y un buho de mentira me mira fijamente desde la ducha.
Ahora todo es art decó. Ahora siempre son las 4:30 de la madrugada. Ahora yo vivo sola en un hotel. Ahora llueve sin parar. Ahora, de la trituradora de papel surge un “Love theme” delicioso, sublime… Ahora, la fotocopiadora escupe sin descanso antiguos fotogramas que sobrevuelan mi oficina. Son mis recuerdos. Intento conservar alguno, pero es inútil. Me he pasado la vida intentando olvidar. Ahora mi memoria está en verde. No hay implante posible ya.
Una luz cálida, vieja, amarillenta, ilumina toda la oficina. Un precioso unicornio de mentira cabalga a cámara lenta sobre la moqueta azul. Pisotea todos mis recuerdos, se sacude, me mira, se aleja. Abro los ojos. Veo la pila de libros intacta a mi lado. No he podido escribir sobre “Blade runner”.
Cuando levanto mi cabeza del teclado, éste, está inundado en lágrimas que no sé si son las mías, o las de la sobrina de Tyrell, el desastroso ingeniero que me diseñó…
© Del Texto: Sonia Hirsch