jun 13 2011

Lo excelente, lo bueno, lo malo y lo catastrófico

Siendo jovencito dividía casi todas las cosas en buenas o malas. Incluidas las películas de cine, a sus directores o a los actores y actrices que trataban de defender sus papeles. Ya no. Ahora (me centraré ahora en los directores) lo que hago es meter en un pequeño grupo a los grandes de verdad (Woody Allen, Andrei Tarkovsky, Billy Wilder, Akira Kurosawa, Alfred Hitchkock o Quentin Tarantino, por poner un ejemplo, aunque no pasan de quince). En otro a los buenos directores que, si bien han logrado muy buenas películas, no terminan de convencerme por una cosa u otra (Steven Spielberg, Martin Scorsese, Pedro Almodóvar, Oliver Stone, por poner un ejemplo. Aquí se quedan sin nombrar muchos). El tercer hueco lo reservo para los directores del montón. Estos no me dicen ni fu ni fa. No nombraré ninguno porque no me acuerdo de sus nombres o me da pereza escribirlos. Un último grupo lo forman los directores desastrosos (a estos no los nombraré por pura prudencia aunque no creo que merezcan este privilegio).
Parece que es una forma algo más lógica de dividir las cosas. No es posible meter en el mismo saco a Jack Nicholson y a Will Smith. Las carencias de este último convierten en una injusticia la agrupación. Y, además, echando un vistazo a cada grupo, puedo sacar conclusiones sobre el tipo de cine que gusta a un grupo de espectadores u otro. Por otro lado, permite entender el desastre en el que se ha convertido el mundo del cine. Piensen en un director, en una película o en algún actor que les parezca horrible. Ahora busquen en la red, por ejemplo, la taquilla de esa película. Millones. Incomprensible ¿no? Ahora piensen en Tarkovski. ¿Quién le conoce de sus amigos? ¿Cuántas veces le han invitado a pasar la tarde en casa viendo una película de él? ¿Cuántas veces lo han hecho para ver una de Bruce Willis? Si dividimos la cosa entre buenos y malos tendemos a equivocarnos.
Pues bien, todo esto que les he contado no era más que una excusa para que vean un cosa que me parece excelente. Es de Federico Fellini. Este director está en el primer grupo sin duda alguna. Y, para el que quiera sufrir, dejo una muestra de eso que llamo desastre. Es un poupurri de un director actual que gana una pasta, que malgasta un dineral haciendo que el cine sea una risión y que es reflejo de lo que pasa hoy por hoy. No hace falta que les explique nada. Comprueben ustedes mismos que es cierto y verdadero.
© Del Texto: Nirek Sabal

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oct 3 2010

Con faldas y a lo loco: La divina comedia

Lo dijo Fernando Trueba, y yo, dentro de mi modestia, rubrico, Billy Wilder es Dios.
Una de las mejores comedias de todos los tiempos es sin duda Con faldas y a lo loco. A mí, en particular me gusta mucho más su título original  Some like it hot, por el doble juego de palabras que supone y que la misma película nos pone enfrente. Este doble juego, provocó que en su estreno en el año 1959, se optara con un título mucho más aséptico.
El argumento de Con faldas y a lo loco todo el mundo lo conoce. Dos músicos, Joe (Tony Curtis) y Jerry (Jack Lemmon) presencian la Masacre de San Valentín en el Chicago de los años 20 A partir de ahí, en un continuo huir de la mafia que quiere terminar con ellos, idearan disfrazarse de mujeres para sortear a sus perseguidores e ingresarán en una orquesta femenina, como contrabajistas y saxofonistas, Josefine y Dafne. Allí conocerán a Sugar Kane (Marilyn Monroe) la sexy y tontita cantante de la orquesta. A continuación, las mil anécdotas del film que la hace una de las mejores obras del cine. Una mezcla de farsa, crimen, música y romance que nos va a tener clavados en la butaca durante dos horas.
Hace unos días fallecía Tony Curtis, uno de los protagonistas de la película. No queda ya ninguno de ellos. Jack Lemmon, Marilyn Monroe, ni siquiera Billy Wilder que falleció en 2002, a los 95 años de edad, quedan ya sobre la tierra para ofrecernos espectáculos tan graciosos como este. De ella se ha dicho absolutamente todo y repetirlo me parecería absurdo. ¿Criticarla? Imposible.
Por otro lado, yo no cuestiono los trabajos de Dios y en este caso, menos todavía. Como he dicho, me parece una de las mejores comedias de todos los tiempos. Hacer reír no es fácil y con esta película, Wilder nos ha hecho reír mucho a muchos. Los gags son de antología, los diálogos desprenden chispa en todo momento y la película no baja de ritmo ni en un solo instante.
Dicen que el rodaje tuvo mil anécdotas, entre ellas una que dice que Marilyn era incapaz de recordar una sola frase de sus textos y que fue necesario llenar el estudio de notas con sus fragmentos, lo cual no deja de ser curioso si tenemos en cuenta que probablemente sea una de sus mejores interpretaciones. Otra que Tony Curtis dijo que besar a Marilyn era como hacerlo con Hitler (lo cual, más tarde, se ocupó de desmentir por activa y por pasiva). Se tuvo que buscar un doblador porque curtis no podía mantener el timbre de voz para su personaje femenino durante toda la sesión de rodaje.
Ya no se escriben comedias como las de antes, ahora la gente se desternilla de la risa con cuatro tipo borrachos soltando tacos y palabrotas a diestro y siniestro. Lo escatológico ha sustituido en el mundo del humor a lo inteligente e insinuado. Se ha perdido la magia de las argumentaciones de enredo, en las que todo es posible. Por eso, siempre acabamos volviendo a las películas de hace mil años, esas que no sólo tenían una historia que contar, sino que la historia era redonda, sus protagonistas estaban sensacionales y nos devuelven la risa limpia. Me quedo sentada a la diestra de Dios.
Para concluir este texto, una de las castañas más grandes que he escrito nunca, voy a hacer mía la frase que cierra estar maravilla de película y es que Nadie es perfecto. Sin embargo, volviendo a Billy Wilder, en Some Likes it hot, él no sólo estuvo perfecto sino divino. No se la pierdan.
© Del Texto: Anita Noire


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ago 1 2010

Cine en la playa o cerca de ella

En verano tendemos a perder el tiempo. De lo lindo. Una forma de fingir que se pierde sin que sea verdad (así no tendremos que dar explicaciones a los que lo pierden a conciencia y nos pueden tachar de raros) es ver películas con un reproductor portátil que podemos llevar incluso a la playa. En el apartamento por el que nos han cobrado una pasta corremos el riesgo de dormirnos y pasar a engrosar las filas de perdedores de tiempo incontrolados.
Hay muchas películas que ver. Pero yo voy a recomendar unas cuantas que no son especialmente conocidas o están algo olvidadas por si alguien quiere echarles un vistazo durante las vacaciones. Escribiré sobre ellas durante el verano aunque (como ya habrán podido observar) mi opinión no les será de gran ayuda.
Si quieren dejarse llevar por un plató y llegar a intuir como funciona esto del cine, no tienen más remedio que ver la película que Cesc Gay dirigió y tituló V.O.S. Pasarán un rato muy agradable. Muy divertida.
¿Les gusta Woody Allen? Pues busquen una copia de La comedia sexual de una noche de verano. Si ya les gustaba su humor se lo pasarán en grande. Si nunca terminó de convencerles su cine, esta vez, caerán rendidos a sus pies.
Recomendar algo de Billy Wilder es algo que puede hacer cualquiera. Da igual la película que sea. Siempre se acierta. Supongo que ya han visto un millón de veces Con faldas y a lo loco o El apartamento. No estoy tan seguro de que hayan tenido ocasión de disfrutar con una película deliciosa que incluye un tema musical inolvidable (Senza Fine de Gino Paoli). Se titula ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre? (lamentable traducción del original Avanti). Exquisita y divertida.
En verano nos podemos poner exquisitos como si fuera invierno. Parece que es obligatorio liarse a beber cervezas y comer bocatas olvidando lo que nos gusta. Si tienen tiempo y ganas agarren la copia de Solaris. La que firmó Andrei Tarkovsky. Inolvidable. Una buena alternativa podría ser Sacrifio del mismo autor. Si les pescan viendo esto puede que les tomen por loco. No pega nada con la arena de playa este tipo de cine.
Si quieren probar cosas nuevas y no conocen el cine de Michael Haneke pueden hacerlo con Caché. El concepto que maneja este director no deja indiferente a nadie. Se enamoran de él, le quieren asesinar por estafador o le hacen un monumento que cuando se inaugura es derribado por otros que echan espuma por la boca. Una tarde de calor que no quieran salir a sudar pueden aprovechar. No les confesaré en qué bando estoy hasta que pasen unas horas.
Y una última recomendación. ¿Recuerdan aquella película con estética de cómic en la que trabajaba Leonardo DiCaprio, Cameron Diaz y Daniel Day-Lewis? Sí, esa en la comienzan peleándose y terminan peleándose, esa en la que todo se resuelve a guantazos, esa que nos trataba de enseñar los orígenes de Nueva York. Gangs of New York. No es una mala opción. A mí me pareció fascinante. Ya les contaré el porqué.
Pues con estos títulos tienen suficiente para pasar los primeros días del mes de agosto. Prometo comentar cada una de ellas a lo largo de la semana. Mientras, disfruten de la arena, del mar y del cine. Sean buenos.

© Del Texto: Nirek Sabal


abr 11 2010

Sueños de un seductor: La comedia en tiempos de Orfidal


McCOY TYNER TRIO – High Flight

Hoy voy a probar una cosa. Verán.
Decía Billy Wilder que en todas las épocas que estuvo deprimido hizo comedias. Y, cuando se sentía realmente feliz, rodó temas más bien trágicos. Quizás, probablemente, en un intento inconsciente de compensar sus estados de ánimo.
Pues bien, a mí ayer me diagnosticó un psiquiatra “recaída en cuadro depresivo ansioso”, ¿saben?, y, ante terrorífico dictamen, yo tenía tres opciones:
1ª: Un buen chute de Lorazepam y benzodiacepinas varias, que ya saben ustedes que es pan para hoy y hambre para mañana.
2ª: Hacerme de una botella de Bombay Shapire, una tonelada de Nordics y unos buenos chorros de agua del Carmen, que, como diría mi amiga Anita, es el mejor cocktail molotov para sucumbir mortalmente al sopor de TODO, pero que mis años y mis delicadas transaminasas ya no toleran un mililitro más.
O 3ª: Hacerle caso a Billy Wilder, y canalizar mis ansiedades escribiendo comedia. Cosa que se me da fatál…
Después de muchas intoxicaciones en vano de Bombay Shapire e infinitos, inútiles y comatosos letargos de Orfidal, esta noche no me queda más remedio que optar por la comedia, por Billy Wilder, por Woody Allen, por Bogart, que también me hace mucha gracia…
Entonces busco esa “absurda” cinta “Sueños de un seductor” (“Aspirinas para tres” en teatro), dónde un Allan Félix desastroso como yo, un fanático cinéfilo afectadísimo por su divorcio, busca desesperadamente a una sustituta con la ayuda del espectro de Humphrey Bogart, el perfecto consejero sentimental… (Sonrío).
El tal Allan, a pesar de perfumarse hasta la exageración, de exhibir sus impecables americanas, sus evocadores vinilos y atractivas tendencias artísticas, no consigue deslumbrar a nadie, excepto a Linda, la mujer de su mejor amigo. Una disyuntiva fatál, claro.
Bogart, su confesor, aparece constantemente envuelto en esa nebulosa secreta blanca y negra que evoca, sin remedio, a la inefable llsa Lund. El amor y la virtud. El dilema entre el deseo y el deber.

De pronto veo a Allan ligando en una galería. Contempla un Jackson Pollock precioso fuera de cuadro que ratifica la absoluta negatividad del universo, el odioso vacío solitario de la existencia, la nada, el predicamento del hombre dedicado a vivir en una desierta eternidad sin Dios como una diminuta llamita que relampaguea en un inmenso vacío dónde sólo hay desperdicio, horror y degradación formando una inútil camisa de fuerza que aprisiona un cosmo absurdo. (Sonrío).
-¿Qué hace el sábado por la noche?- pregunta un dudoso Allan a una repipi anoréxica en la galería.
-Me voy a suicidar- replica la repipi anoréxica.
-Pués el viernes por la noche- insiste un desesperado Allan fatalmente aconsejado por un Bogart de humo.
(Sonrío).
¿Se acuerdan ustedes? Allan, finalmente, acaba locamente enamorado de Linda, la mujer de su mejor amigo. Sin embargo, la deja marchar en una húmeda pista de aterrizaje como el Bogart de humo deja marchar a llsa Lund, con la ayuda de un gendarme francés, iniciándose así el principio de una gran amistad…
Bien. Yo, en calidad de depresiva ansiosa, de rendida ya ante cualquier consejo de seducción y atisbo de grandes y húmedas amistades, me atrevo a aconsejarles a todos, incluyéndome a mí misma, que no hagan ningún caso de Allan Félix, de ningún espectro de Bogart, de ningún gendarme francés en la niebla.
No dejen ustedes nunca escapar nada ni a nadie en ningún aeropuerto. No se fíen ustedes de la niebla. Y ante una situación extrema, tomen ustedes Orfidales y Bombay Shapire, pero nunca, nunca se olviden de compensar sus estados de ánimo con la comedia. Nunca. (Sonrío).
© Del Texto: Sonia Hirsch


mar 2 2010

Testigo de Cargo

Creo en pocas cosas, en muy pocas. Una de las pocas que tengo coincide con otra de Fernando Trueba. Ambos afirmamos que Bill Wilder es Dios y una de las pruebas que lo demuestra es (también lo afirmamos ambos) “Testigo de cargo”.
Esta tarde, en casa, hemos preparado unas estupendas tazas de café, bajado la persiana del salón hasta dejarlo en penumbra, nos hemos sentado en el sofá, y tras contar: uno, dos, tres, he apretado el botón de “play”. Comenzaban una hora y cincuenta y dos minutos de buen cine, de buena trama judicial que, supongo que debido a la deformación profesional de esta casa, es disfrutada de lo lindo.
“Testigo de cargo” es una obra maestra del cine de suspense. En Londres aparece muerta una viuda millonaria. El presunto asesino, Leonard Vole (Tirone Powell), un hombre sin oficio ni beneficio, de afable carácter, a quien la viuda en cuestión conoció poco antes de morir, hereda su fortuna, lo que le convierte en el único sospechoso del asesinato. El nudo de la película se encuentra en la celebración del juicio en el que la brillante intervención del astuto abogado Sir Wilfrid Robards (Charles Laughton)es espectacular por su despliegue de inteligencia y conocimiento procesal. Como figura contrapuesta al inicial histrionismo de los personajes de Vole y Robards, nos presentan a la calculadora esposa de Volde (Marlene Dietrich), quien mantendrá hasta el final la intriga sobre su posición ante el Tribunal.

Debo reconocer que esta película consigue que esté sin parpadear durante muchos minutos. Es una película inteligente, muy entretenida, divertida por sus golpes de humor increíbles dentro de una trama de suspense tan acusado. La intervención de Laughton es espectacular y la de Marlene Dietrich, a mí en particular, me mata, pues ella es la verdadera testigo de cargo. Un final inesperado, sorpresivo, que no sólo deja a los personajes del film totalmente descolocados, sino que desbarata las tesis que maneja el propio espectador Sólo debo ponerle una pequeña pega, el final, que si bien es sorpresivo, es, también, poco coherente con el hilo argumental.
Ahora bien, que nadie se lleve a engaño, el que espere ir a un Juicio y encontrar ese despliegue de oratoria, medios, y conocimientos del medio va aviado. Lo que en la película se ve nada tiene que ver con nuestro sistema judicial. Pero ese es otro tema.
En cualquier caso, si quieren ver cine del bueno, del que les tendrá pegado en la silla durante casi dos horas, no dejen de pensar en “Testigo de Cargo”, salvo que tengan peligro de urticaria al ver cine en blanco y negro.
Ah! Y disculpen, el final de la película ni mentarlo, ya en la propia cinta se sugería no contarlo a nadie. En la campaña publicitaria de la película, se afirmaba que los actores rodaron el filme sin las últimas páginas del guión o incluso que la Casa Real Británica, que disfrutó de un preestreno privado, había firmado un contrato comprometiéndose a no desvelar el final. Así que ya saben, si les da por verla y comentarla con los suyos, chitón sobre el final.
© Del Texto: Anita Noire