nov 19 2013

Una cuestión de tiempo: Todos felices y eso

Richard Curtis es experto en filmar películas amables y simpáticas. Los padres son lo más; todo el mundo vive en lugares estupendos; los finales son felices; bodas divertidas; y la parte más sensiblera del espectador, siempre, sale a flote entre alguna lagrimilla emocionada. Richard Curtis hace cine para ser aplaudido. Curtis escribe guiones para ser aplaudido. Y, supongo, que el Sr. Curtis reza todo lo que sabe con el fin de evitar que alguien piense algo, por poco que sea, sobre sus trabajos. Qué cosas tiene este Richard.
Una cuestión de tiempo es una comedia simpática y llevadera. Eso sí, mejor no pensar en la propuesta del guionista y director.
El tiempo, la posibilidad de viajar a través de él, es el motor de la trama que plantea Curtis sin hacer demasiados esfuerzos. La cosa queda bonita y todos tan contentos. Pero si el espectador reflexiona sobre lo que le cuentan no entiende nada y se puede sentir estafado.
Seré buena persona y fingiré no haber pensado sobre ello. Así podré soportar mejor el asunto.
Un chico conoce a una chica -tal vez la escena del primer encuentro y la de la boda sean lo único que se puede salvar- se enamoran y son felices. Aquí todos son felices, damas y caballeros. Ya está. Eso es todo. Bueno, el chico puede viajar a través del tiempo si cierra con fuerza los puños y a oscuras. Pero esto es mejor no tenerlo encuenta como ya he dicho. Qué bonita es la vida y eso. Pero el cine no está ni se le espera.
Richard Curtis, además, acompaña la acción con una banda sonora que no pega ni con cola. Yo diría que pensó primero en los temas musicales y luego escribió el guión. También creo, viendo el resultado, que tardó algo más en elegir la música que en escribir el libreto. Quizás meter los chistes con calzador le entretuvo algo. No lo sé. La partitura original que firma Nick Laird-Clowes es bastante empalagosa y sosa.
Rachel McAdams es lo mejor en Una cuestión de tiempo. Tranquila, contenida y muy guapa. Domhnall Gleson es un actor algo cargante que necesita poner cara de algo para que la cosa funcione (eso si funciona, claro). No remata bien un papel que le habría servido para lucirse. A Bill Nighy no hay quien se lo crea. Muy forzado. El resto pasa desapercibido.
La película se llena de cosas muy, muy, bonitas. Todo es una maravilla. En fin, representa eso que quisiéramos que fuese la realidad. Momentos tiernos, momentos cómicos o que quieren pasar por serlo, momentos emocionantes (sería más adecuado decir que son un pastelón y de una sensiblería apabullante). Y el motor de la acción, el tiempo, maltratado. Porque el vehículo argumental se trata como si fuese una caja que abierta colorea todo de rosa. El amor. Claro, claro.
Es demasiado poco lo que ofrece Richard Curtis. Un rato frente a la pantalla olvidando las preocupaciones. Pero eso es casi nada. El cine es mucho más que un antidepresivo. Carísimo, por cierto.
© Del Texto: Nirek Sabal


sep 17 2012

Total Recall: Refrito desquiciante

Esta película no es un remake. Es un refrito.
Blade Runner, pero en cutre. Yo, robot, versión desastre. El quinto elemento sin gracia. Si me apuran una gotita de Star Wars. Y un recuerdo al Total Recall original. Todo ello debidamente agitado por unas manos torpes y destrozonas.
Desde el principio de la película todo parece excesivo. Todo parece una mala copia que trata de ganar puntos a base de enloquecidas persecuciones, efectos visuales y especiales desmesurados (están muy bien aunque son como una apisonadora para lo poco que ofrece la película), diálogos estúpidos que nos los podría escribir ni Lucía Etxebarria en estado de plenitud, una trama que destroza todo a su paso, unas interpretaciones sosas y una música propia de banda de pueblo. Hacía mucho tiempo que no me arrepentía tanto de ir al cine.
La película se llena de pantallitas como las de Minority Report que inundan un mundo demasiado deudor de Blade Runner. El director, Len Wiseman, entiende que llenando de chinos, japoneses o coreanos el escenario ya está todo bien. Pero se equivoca porque no viene a cuento. Por cierto, el diseño arquitectónico es de lo poco que se libra. Y con eso comienza a contar una historia completamente absurda. El director también equivoca el concepto de ciencia ficción. Cree que cualquier chorrada cuela. Como la cosa es futurista todo vale. La vulgaridad con la que se enfrenta cada asunto de la trama es alarmante, aburrida e irritante. La pregunta es ¿para qué hacer una cosa así?
Lo poco bueno que tiene la película se queda en nada. Bien porque una chapuza lo oculta, bien porque prevalece en exceso sobre lo que debería ser fundamental. Un espectador normal y corriente, nada de exigentes, se pregunta qué le están contando sin tener una respuesta cerca a la que agarrarse. Y eso poco bueno no es el trabajo de Colin Farrell, Kate Beckinsale, Bryan Cranston, Bill Nighy o Jessica Biel, que parecen más aburridos o de vacaciones que defendiendo un papel. Lo poco bueno es visual. Bonito y vacío.
Total Recall es una película prescindible. Si pueden evitar perder un par de horas (además de prescindible es excesiva en el metraje, una especie de tortura sin fin) elijan otra cosa en la cartelera.
© Del Texto: Federico de Vargas y Expósito


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dic 25 2011

Love actually: Todo tipo de amor en navidad

Es navidad y hay algunas películas que, aunque pueden verse en cualquier época del año, no hay nada como echarles un vistazo estos días para que las disfrutemos más allá de lo normal, de lo que lo haríamos en pleno mes de agosto. Nada puede sustraerse al influjo navideño, de esas corrientes dulzonas que nos arrastran a lugares que una vez creimos conocer y que, a los que hemos cumplido algunos años, nos parecen que dejaron de existir allá por el pleistoceno. Así que si deciden sumergirse en alguna de estas películas que les digo, no intente alejarse de la melaza con la que vienen impregnadas.
Siguiendo la anterior consigna, me he rendido y, un año más, caigo en la redes de la encantadora Love actually, una historia de historias de amor. Sí, de esas maravillosas historias de amor que, durante unas horas, nos transpotan hasta una felicidad e ilusión ajena.Y es que Love actually, como la propia banda sonosra nos indica con el Love is all arround de Bill Nighy, anuncia que el amor está en todas partes, en una película que, podría parecer un tueste romanticón y se convierte en una de las mejores cintas sobre la navidad. Partiendo del disparate que son algunas de las historias, las tramas que en ellas se suceden son historias de amor, de felicidad enlatada que encuentra su contrapunto en dos historias que nos muestran el punto amargo del desamor. Pero es navidad y por tanto la felicidad debe prevalecer e incluso lo más dramático debe quedar eclipasado por los seres tan absolutamente maravillosos en los que nos transformamos cuando nos acompaña el amor.
Dicho lo anterior y por centrar un poco, decir que corría el año 2003 cuando Richard Curtis y Ben Elton, guionistas de la televisión británica escribieron esta película que, a modo coral, fue interpretada, entre otros, por Hugh Grant, Liam Neeson, Colin Firth, Rowan Atkinson, Claudia SchifferKeira Knightely. Un buen plantel de actores que podemos encontrarlos trabajando juntos en otras producciones. Un plantel de actores en una ambientación totalmente británica que nos subyuga y nos deja sentaditos esperando que la pantalla nos engulla y pasemos a formar parte de esa gente maravillosa que dentro de sus vidas corrientes y vulgares reencuentran, descubren, buscan el amor. Historias cruzadas de amor, de toda clase de amor, del amor de hermano que renuncia a todo por hacerse cargo del que lo necesita, del amor del amigo que renuncia a él precisamente para que no ceje la amistad, por ese amor al infiel que atormenta pero no cede a nada; el primer amor, ese inocente que se descubre en la infancia; el amor de los amigos, de la compañía querida. Porque el amor duele, pero casi siempre nos hace explotar el corazón de alegria.
Hay muchas opciones para comerse los polvorones y los turrones, una puede ser viendo cine y, si deciden que esta última es una buena opción, no descarten Love actually, porque es navidad, porque hay personas maravillosas y porque, aunque a veces cueste creerlo, si tienen dudas y se preguntan si aquello que desean es posible, no duden en contestarse “¿Por qué no? Es casi navidad.
Sean felices.
© Del Texto: Anita Noire


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