mar 26 2013

007 Al servicio secreto de su majestad: Las lágrimas de Bond

Esta entrega de la serie Bond (estrenada en 1969 siendo la película número seis) es, posiblemente, una de las más amadas por unos y de las más repudiadas por otros.
Por primera vez, se producía un cambio de cara en el actor principal. Sean Connery dejaba su puesto a George Lazenby (la edad no perdona y el aspecto de cuarentón del actor no casaba con el aspecto del agente británico). Lazenby no tenía experiencia delante de la cámara (era modelo) y esto es algo que se deja notar en algún episodio de la película. Eso sí, porte no le faltaba. Y estupendo. Es difícil no hacer el ridículo cuando te pones un traje escocés y estás frente a la cámara rodando con bellas señoritas. Ese porte, también, ayudó mucho a que las coreografías de las escenas violentas luciesen verosímiles. Aunque a decir verdad, este 007 era algo sosito, algo despistado.
En cualquier caso, Lazenby es más risueño que su antecesor y defiende un papel que se ajusta al personaje de Ian Fleming (la película es adaptación de la novela On her majesty’s secret service), lo que significa que aparece el personaje en plenitud. 007 siente tristeza, pena, se enamora, es irónico, valiente aunque temeroso cuando es necesario. Y, ni siquiera, utiliza gadgets. El resultado es, a pesar de las eternas discusiones, mucho más completo de lo que algunos dicen que es. Es verdad que la interpretación de George Lazenby estuvo por debajo de la de Diana Rigg, pero, lejos de ser un problema, aporta un toque desconocido a la saga. Rigg es la chica Bond más valiente, intrepida y fascinante. Tal vez sea porque encarna a la hija de un criminal. Tal vez por ser capaz de enamorar locamente a James Bond. Su personaje, Tracy, es muy completo. Igual que el trabajo de la actriz. La pareja Tracy-007 funciona a la perfección y, por suerte, la importancia de ambos queda a la par.
007 Al servicio secreto de su majestad, nos presenta a un Bond rechazado por M. Termina aliándose con un criminal ( Marc Ange Draco, padre de Tracy, interpretado por Gabriele Ferzetti) para que le facilite el paradero del villano más buscado. A cambio, Draco le pedirá que salga con su hija. El objetivo es acabar con las maldades de Ernst Stavro Blofeld, líder de Spectre. Telly Savalas encarnaba este personaje y lo hizo más que bien. Le acompaña como villana su inseparable Irma (Ilse Steppat). En esta película, los villanos corren riesgos al participar de forma activa en las persecuciones y atentados.
La trama de la película se desarrolla con buen ritmo. La fotografía es excelente y busca distintos planos para realzar las características de los personajes con acierto o generar sensaciones ajustadas al momento narrativo (sobre todo planos cenitales).
La partitura de John Barry es espléndida e incluye la última canción que grabó Louis Armstrong (We have all the time in the world).
Los efectos especiales y visuales son de gran nivel. Del mismo modo, los efectos de sonido convierten cada escena violenta en un momento de gran brutalidad.
Moneypenny vuelve a ser Lois Maxwell (la mejor de la historia); Q. fue Desmond Llewelyn; y M. Bernard Lee. Peter R. Hunt, a pesar de su falta de experiencia en ese momento, hizo un excelente trabajo. Quizás, el único borrón importante es la escena en la que Bond comparte mesa con un grupo de chicas en la clínica de Blofeld.
007 Al servicio secreto de su majestad es una de las mejors películas de la saga. Un buen 007, una chica Bond extraordinaria, un villano malo malísimo, Moneypenny llorando, una trama bien tratada, una música exquisita, un final nada convencional. Una película que ha envejecido mucho mejor que otras que no han sido tan criticadas siendo peores.
© Del Texto: Nirek Sabal


mar 3 2013

Operación Trueno (Thunderball): Los mismos mimbres

Si elegimos unos buenos mimbres para hacer una cesta es posible que consigamos una cesta preciosa. Si la deshacemos y utilizamos esos mismos mimbres para hacer otra cesta, tal vez, consigamos una cesta diferente aunque igual de preciosa. Pero no apreciaremos tanto el trabajo. Intentándolo, una y otra vez, lo que tendremos como resultado es una cesta que nos aburre por muy bonita que sea. Por otro lado, los mimbres se estropearían por el uso. Pues esto mismo pasa cuando con los mismos materiales narrativos tratamos de contar historias que tratan de ser originales.
Operación Trueno no es una mala película. Ni mucho menos. Contiene en su estructura todo lo que hizo famosa la saga de James Bond. Aunque, a pesar del altísimo presupuesto con el que se realizó, no terminó de funcionar del todo bien. Quizás por la repetición del formato, quizás porque la sensación es la de saberse la película de principio a fin, quizás porque la novedad era un fondo del mar repleto de buceadores repartiendo guantazos sin que se llegase a saber a quien había que aplaudir o llorar (los trajes que utilizan los buceadores impiden que sepamos si se trata de uno u otro personaje; a pesar de los colores la cosa se pone difícil).
Operación Trueno es la cuarta entrega de la saga. Se estrenó en 1965. Las tres anteriores habían resultado sorprendentes. Parecía necesario un argumento muy original para conseguir un gran resultado. La mejor idea fue rodar un cuarto de la película bajo el agua. Con ello la acción se hizo más lenta de lo deseado. Esa era la gran novedad y falló. El resto era muy parecido a lo ya visto.
Sean Connery es James Bond. Bien en su interpretación aunque algo arrogante (no Bond sino Connery). Misógino, irónico, valiente, inteligente. 007, vaya. Aunque el 007 del cine porque está algo alejado del personaje de las novelas de Ian Fleming. Las chicas Bond fueron Molly Barker (divertida), Luziana Paluzzi (sosa) y Claudine Auger (una de las mejores de toda la saga, por su belleza, por su trabajo notable y porque su personaje toma parte activamente de la trama siendo decisiva).
El villano interpretado por Adolfo Celi se queda a medio camino. Su confrontación con el agente británico no termina de cuajar. El guión no ayuda mucho a que eso ocurra cuando les hace aparecer en escenas juntos que más parecen trocitos de Love Story. En este sentido, hay que decir que resulta algo incomprensible la razón por la que uno no acaba con el otro mucho antes.
Bernard Lee repite como M., un jefe del MI6 que tiene que arreglárselas como puede en plena guerra fría. La colección de gadgets es, esta vez, muy extraordinaria. Bond huyendo con cohete a la espalda (por mar y aire), Bond ingiriendo cápsulas gracias a las que podrá ser rescatado allá donde esté, cacharros que sirven para hacer cosas improbables y su Austin Martin.
Además, la música de John Barry presenta una factura sobresaliente. Tom Jones interpretó el tema con el que se presentan los créditos Thunderball.
Todo igual o muy parecido a lo que ya había funcionado de maravilla. Pero una cesta es una cesta. Por lo que, si está fabricada con los mismos materiales, el problema debe estar en la forma. En este caso, el exceso de secuencias marinas, un malo no demasiado malo, excesiva confusión en los enfrentamientos violentos, lo original que se convierte en tópico, Connery sin estar a gran altura y una organización criminal (Spectre) de mercadillo en la que son más malos entre sí que con el resto.
A pesar de todo, Operación Trueno es una buena película. Si alguien la viese sin conocer el resto de la saga, seguramente, le gustaría mucho.
Ya sé que las comparaciones son de mal gusto, pero no puedo evitar hablar de esta película pensando en las tres joyas anteriores.
© Del Texto: Nirek Sabal