dic 26 2011

A casa por navidad: Una bonita chapuza

Durante la navidad somos capaces de olvidar las cosas más inverosímiles. La familia roza la perfección, los malos momentos quedan aparcados durante unos días y las chapuzas se pasan por alto. Parece que nada está descolocado. Y lo que está fuera de su sitio ni se mira.
Hacer cine no es fácil. Hacerlo mal ya es otra cosa. Bent Hamer intentó hacer buen cine al rodar A casa por navidad. Pero la chapuza fue descomunal. Es verdad que esta película se deja ver y que el espectador no se encuentra obligado a salir pitando. Pero ni el intento de convertir algunas situaciones patéticas en cómicas, ni el que hace Hamer para escapar de momentos lacrimógenos y tópicos, resulta efectivo entre tanto desastre cinematográfico y, sobre todo, narrativo.
Elige el director una serie de relatos de entre los que aparecen en Bare mjuke pakker under treet (Dejad regalos suaves debajo del árbol) y los trata de convertir en uno solo. Pero sin tener en cuenta algunas cosas fundamentales. Por ejemplo, que los personajes se le quedan a medio camino y, por ello, el espectador no termina de entender qué pintan allí. Un futbolista que ahora bebe como un cosaco y que se encuentra con una mujer en su viaje de regreso (que aparece y desaparece sin dejar rastro ni huella en el espectador); un chico y una chica que miran el cielo estrellado y que sólo sirven para que Hamer nos intente demostrar que en navidad no hay diferencias étnicas, ni religiosas (aunque me pregunto a qué viene esto y cómo encajarlo en el conjunto); un médico que atiende a una parturienta y regala el coche a la pareja (parturienta y marido) para que sigan su viaje; un tipo de se disfraza se Santa Claus para poder ver a sus hijos; un hombre (que se la juega a su mujer) y no está dispuesto a dejar su vida atrás con el evidente disgusto de su amante. Cosas así. Y Hamer intenta ubicar cada cosa en un espacio común. Sin lograrlo, claro. Si no hay personaje no hay nada que hacer. Es verdad que el toque sarcástico de la película hace que algunos momentos sean tan divertidos como patéticos. Es verdad que Hamer juega a enseñar la navidad desde perspectivas diversas. Pero también es verdad que la cosa se presenta caótica y con difícil solución.
No hay personajes. Y no hay actores ni actrices. Todos están muy limitados en sus interpretaciones. El guión, no crean, es poco exigente en ese sentido. Pero un mínimo de calidad siempre es necesario. Trond Fausa Aurvåg, Fridtjof Såheim o Reidar Sørensen son algunos de los intérpretes. Ya sé que estos nombres no les dicen nada. Y, salvo hecatombe en el mundo del cine, seguirán sin tener mucho sentido para ustedes por siempre jamás.
Por salvar algo de todo esto, podría (siendo muy generoso) señalar que el director noruego arranca de algo muy interesante y que preocupa a más de uno: un gesto cambia el mundo. No hacer algo o hacerlo puede provocar enorme felicidad o un desastre de proporciones espectaculares. Por ejemplo, no filmar una película mientras el guión no esté preparado y maduro puede hacer muy feliz a los que ven cine con regularidad.
La navidad es tiempo de pasar cosas por alto, de hacerse el muerto ante lo que no gusta. Pero hay cosas que no se pueden consentir. Si quieren ver una película sobre la navidad tienen muchas opciones. Esta sólo entretiene sin dejar el más mínimo poso. Y no despierta ese espíritu navideño que tanto buscamos.
© Del Texto: Nirek Sabal

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dic 9 2010

Factotum: Las vidas desperdiciadas

Charles Bukowsky, escritor de la generación beat, el año 1945, escribió su novela Factotum. En el año 2005, Bent Hamer, cineasta de origen noruego, escribió, dirigió y produjo la película basada en la novela de Bukowsky, y le mantuvo el título, FACTOTUM.
Hank Chinaski (Matt Dillon) es escritor, (en realidad es el propio Charles Bukowsky, su alter-ego). Su vida es la literatura, malvive con cualquier trabajo que se le presente y le permita observar el mundo que le proporcione las historias, las imágenes que plasma en sus poemas y relatos. No le importan los trabajos que va consiguiendo para sobrevivir de cualquier manera. Escribe incansablemente y envía todos sus escritos a las distintas revistas literarias que sistemáticamente rechazan sus trabajos. Su vida es una perfecta confusión de alcohol, apuestas y sexo. La relación con las dos mujeres a las que ama Jan (Lily Taylor) y Laura (Marisa Tomei) es tortuosa a más no poder. Para Chinaski la vida no vale nada si uno no está dispuesto a jugárselo todo hasta el final para llegar a lo que quiere. Una vida turbulenta en la que Jan, la mujer a la que ama, acabará abandonándolo por otro hombre. En medio de la crisis, cuando parece que todo se hunde, recibe la llamada de una prestigiosa revista literaria.
Es cierto que la película se parece poco a la novela que escribió Bukowsky, pero desde luego el director ha conseguido transmitir el mismo ambiente sórdido que nos llega con la novela y la filosofía del autor que entendía que el mundo apesta, pero que no queda otra que sobreponerse una y otra vez a la constante adversidad de una sociedad podrida. La propia película consigue transmitir la autentica pasión del escritor por la literatura y su anclaje a aquello en lo que creía, pese a que nadie y nada reconociera su trabajo. Algo nada extraño en este mundo. La transmisión del dolor en forma pura que Bukowsky nos lo transmite con una pluma afilada y Hamer con una acertadísima elección de actores y un guión perfectamente tramado para conseguir mostrarnos quien fue este escritor que, con el tiempo, se ha convertido en un icono.
Una reflexión sobre cómo desperdiciamos nuestra vida con cosas de lo más intrascendentes, en aquello que nada nos importa, relegando al espacio de lo onírico lo que en realidad nos llena. Vivimos como borregos ante las servidumbres de una sociedad que no nos tiene en cuenta, pero que hemos creado con esfuerzo y que alimentamos a base de convertirnos en caricaturas de nosotros mismos.
Una excelente película. La interpretación de Matt Dillon, aquella promesa del cine, despunta como un actor con una actuación brillante en su personaje, al igual que Lily Taylor. Ambos están perfectos. Su elección fue desde luego todo un acierto. La fotografía superior y no se pierdan la banda sonora de Kristin Asbjornsen.
Abandónense a la película, sentirán que el mundo es una mierda, una gran estafa, pero es que en definitiva, eso es lo que es, por mucho que de vez en cuando lo tiñamos de rosa y le pintemos una sonrisa Profident.
© Del Texto: Anita Noire


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sep 22 2010

Home for Chrismas: Humor ácido y grotesco… del bueno

HOME FOR CHRISMAS (A CASA POR NAVIDAD) – BENT HAMER – NORUEGA/SUECIA/ALEMANIA – SECCIÓN OFICIAL A CONCURSO

Lo de hacer una película con historias cortas y sin conexión unas con otras, que se van contando en paralelo, ya lo conocíamos, a mí personalmente, no es el tipo de cine que más me guste.
También conocemos el juego del cuento de Navidad, donde se mezcla lo agridulce, lo melancólico y se focaliza lo más tierno de los sentimientos. Y la nieve y todo eso.
Lo que no sabíamos es que hay ingenio suficiente para seguir explotando ambos asuntos sin complejos, ni tampoco que los noruegos tuvieran un sentido del humor tan ácido y tan grotesco.
Puesto que son varias narraciones paralelas, que Bent Hamer no ha caído en el error de intentar cuadrar como un rompecabezas, son bastante irregulares en tono e intensidad, pero todas funcionan.
La película, además, nos permite, gracias a una dirección artística y una iluminación naturalistas, -y como suele ocurrir en los festivales- viajar por el mundo y que las personas ignorantes de Noruega, como es mi caso, podamos conocer que lejos de la sociedad perfecta y opulenta que imaginamos, con casas como tiendas de muebles de diseño – o además de esa sociedad- hay una comunidad austera que debe de estar horrorizada con el despilfarro de las tramas de la Europa del Sur, que deberían darnos vergüenza.

El filme exalta la solidaridad y la amistad y denuncia la hipocresía, el engaño y la dureza de corazón, como debe de ser en cualquier buen cuento de navidad.
El final es un poco cursi, pero la clausura de alguna de las historias roza la genialidad. Hay dos o tres momentos sublimes, para recordar en casa y llorar de risa.
El público aplaudió por compromiso.
A mí me ha gustado verla y he pasado un buen rato.
© Del Texto: Ivor Quelch