sep 5 2010

Predators: El fin del entretenimiento

Ya no tengo esperanzas en el cine palomitero, ni de entrenimiento o de masas (elijan cualquiera de las tres concepciones, me da igual). O el mundo ha cambiado mucho, o cada día vamos a peor. Y es que este tipo de cine, aparte de que ya no es original (lejos quedan los magníficos 80, lo sé), está tocando a su fin, o eso pienso. Porque viendo las carteleras me siento insultado intelectualmente con propuestas que bien podrían pasar por alguien de la edad de un niño que ve los Teletubbies.
Para ser claro y directo, ahórrense lo que vale la entrada de cine para ver esta película. Todavía no sé cómo semejante despropósito de historia ha llegado a ver la luz. La Twenty Century Fox cada día se supera más, ya lo hizo cargándose el mito de Alien y Predator con sus versus, y encima dos películas… y no contento con eso, querían hacer resurgir una tercera entrega de la saga Predator. El proyecto en un principio se perfiló como algo a tener en cuenta ya que una de las cabezas visibles era Robert Rodriguez (esta vez como productor ejecutivo), aunque la dirección de Nimrod Antal, y el guión de unos desconocidos Alex Litvak y Michael Finch daba que pensar. Conforme fue pasando el tiempo, y desvelándose la lista de intérpretes y demás parafernalia, se fue desinflando la idea de un renacimiento de la saga, acabando en lo que ya se sabe: una completa bazofia que no hay por donde cogerla.
El argumento: Una serie de mercenarios son secuestrados para llevarlos a un planeta lejano que en realidad es un coto de caza para los Predators. Ya sabéis, muchos tiros, sangre, gritos, carreras y poco diálogo. Todo esto estaría muy bien si el guión tuviera algo de original, pero la trampa reside en que para los que nos gustó la primera Predator con Arnold Schwarzenegger y sus camaradas con músculos en las cejas y humor macarra, esta secuela se intenta adueñar de la nostalgia del espectador para crear situaciones que son prácticamente un plagio, pero un plagio malo, horrible, basura, mal dirigido y escrito. Y es que Nimrod Antal intenta copiar la dirección de John McTiernan y no le llega ni a la suela de los zapatos. Lamentable. Como lamentable también es el reparto…¿quién se cree que los protagonistas, salvo Danny Trejo, son mercenarios?

Un médico psicópata, una francotiradora, un yakuza, un simple mercenario, otro de Sierra Leona, un presidiario, etc…forman un elenco que podría haber dado más de sí si por lo menos este engendro tuviera un guión medianamente decente. Diálogos estúpidos, situaciones absurdas hasta rozar lo patético, actuaciones bochornosas…No, esto no es un resurgir, esto es un enterramiento en toda regla. A esto hay que añadirle una fotografía horrible, y una dirección artística que deja que desear, por no hablar de la música de John Debney, que en un alarde de originalidad, copia descaradamente la partitura que hizo Alan Silvestri para la primera película y que es uno de esos scores que pasados 20 años no se te olvida.
En definitiva, una película aburrida en toda regla, que no llega a sorprender como la original en ningún momento. ¿Esto es cine de entretenimiento?
Un aviso a los incautos, viendo el trailer… no se crean que a Adrian Brody lo apuntan miles de Predators, no, porque en la película solo lo apunta uno y dad gracias. Otro de los trucos para llenar las salas… un tocomocho en toda regla.
© Del Texto: Gwynplaine Thor

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ago 18 2010

The Expendables: Viejas glorias desaprovechadas

Barney Ross es el líder de un grupo de hombres estrechamente unidos que viven al margen de la sociedad. Cuando el misterioso Sr. Church les ofrece un encargo que nadie más aceptaría, Barney y su equipo se embarcan en lo que parece ser una misión rutinaria: derrocar al general Gaza, el dictador asesino de la pequeña isla de Vilena, y poner fin a años de muerte y destrucción inflingidas a su gente. Pero las cosas no son lo que parecen y se verán atrapados en una peligrosa red de engaños y traiciones.
Qué decir, hoy estaba perezoso para sinopsis y no he hecho más que copiar de una web de cine y pegarla tal cual en esta crítica. Aunque se podría resumir aún más… Hay que derrocar a un general y para ello llaman a una panda de viejales llenos de testosterona que resulta que son mercenarios. Ostias, explosiones y más ostias. Creo que esta última sinopsis se aproxima mejor a la idea que le vendió y coló Stallone (director, guionista y actor de este film) a la productora porque, sinceramente, esta película no hay por donde cogerla. Yo soy fan devoto del cine de acción ochentero, y sobretodo de Stallone, que aunque presume de musculitos y mirada perdida, siempre ha sido un buenazo, y esperaba que su nueva película me hiciera saltar de la silla con una risa maligna ante tanta sangre y ostias como en John Rambo(cuarta parte de dicha franquicia) que junto a Rocky Balboa fue el resurgir de sus cenizas. Esperaba ver a Dolph Lungdren, Stallone, Arnold Schwarzenegger, Bruce Willis, Mickey Rourke junto con nueva carne como Jet Li o Jason Statham repartiendo a diestro y siniestro. ¿Y qué veo?
Directamente no veo nada. Una película pésimamente rodada, unos cameos aquí y allá, unos diálogos que dan más pena que gloria (si es que los hay… porque no recuerdo ninguno), un movimiento de cámara digno de alguien con un parkinson exacerbado, planos de menos de un segundo al estilo Michael Bay, un guión que dan ganas de llorar, una música inexistente y podría seguir… una absoluta decepción, para fans ochenteros, del cine de acción y de Stallone. ¿Dónde está esa ‘’macarrada’’ que nos prometía el director/actor? ¿Y la violencia? ¿Y la sangre? Y ya que estamos…¿El argumento (aunque sea mínimo)?
Analizando cada personaje/actor… Dolph Lungdren es el que más pena me da, porque de entre esa maraña de anabolizantes, es el único que tiene cara de auténtico psicópata y su papel se reduce a una mera mueca, dos escenas y un gag final absurdísimo. Mickey Rourke es el más natural de todos, es el ‘’guay’’  atormentado del grupo, un tatuador de poca monta que sabe lanzar cuchillos y tiene alguna conversación en la que tiene que dar pena, desaprovechado. Statham es prácticamente el co-protagonista de la cinta, su conflicto es simple, su mujer le pone los cuernos con otro, este otro la maltrata, ella acude a Statham, el otro recibe paliza. Simple, ‘’porque yo lo valgo’’ como dice en un momento dado. Jet Li no sé qué pinta en todo este entramado de musculitos, solo quiere más dinero. Bruce Willis pasaba por allí como agente de la CIA… Arnold entra y sale andando como Terminator, y junto a Stallone tienen una escena cuanto menos surrealista. En fin…voy a dejar de destripar la película, aunque lo mejor ya se ha visto en los trailers, para qué mentir.
Es una película hecha por amor al arte, es como si yo cojo mi cámara, me hago un argumento simplón, y me grabo con mis coleguis de profesión. Pues eso es The Expendables. Ni más ni menos.
Un consejo, vayan a verla con un litro de cerveza en vena, se lo pasarán pipa, reirán, y hasta saltarán como yo. Luego vuelvan a sus casas, y si piensan en escribir una crítica pasadas unas cuantas horas, comprobarán que solo pueden salir improperios por su boca debido al estado de sobriedad que ya se deja sentir. Es tan mala que te hace llorar de la risa.
Y Stallone dice que ya está ‘’escribiendo’’ la segunda parte…
© Del Texto: Gwynplaine Thor

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mar 29 2010

Pequeña Miss Sunshine: La conversión de los sueños en ciencias exactas.

Un abuelo cocainómano y aficionado a la pornografía al que han acabado echando de la residencia. Un hermano adolescente que odia a todo el mundo y lee a Nietzsche sumido en un riguroso voto de silencio hasta que consiga entrar en las Fuerzas Aéreas. Una sufrida madre sobrepasada por el diario de su vida a pesar de lo cual consigue mantener a su familia unida. Un tío, el mayor experto en Marcel Proust de los Estados Unidos, que lleva las muñecas vendadas después de no haber sido capaz de superar el desengaño amoroso con uno de sus alumnos. Y un padre que fracasa en su intento de editar un libro de autoayuda sobre cómo conseguir el éxito en sólo nueve pasos.
Esta es la familia de Olive Hoover. Una niña con gafas de pasta y unos cuantos kilos de más por la que todos emprenden un viaje a contrarreloj de 1.300 kms. hasta California para que Olive participe en lo que es el gran sueño de su vida, un concurso de niñas belleza: “Pequeña Miss Sunshine”.
He leído que Michael Arndt, el autor de este guión se inspiró en unas declaraciones de Arnold Schwarzenegger afirmando que le daban asco los perdedores y que los despreciaba profundamente. Arndt quiso ahondar en esta idea vacía de contenido y digna de ser satirizada en una cultura en la que se premia el éxito por encima de ninguna otra cosa y a cualquier precio. Para ello, se sirve de unos antihéroes que nadan a la deriva en el fracaso de sus vidas y que acaban siendo vencedores de una pequeña historia personal.
- “Abuelo, tengo miedo de fracasar”, dice Olive.
- “Un fracasado es alguien que tiene tanto miedo de no ganar que ni siquiera lo intenta”.
No existen ganadores y perdedores. Lo importante es el afán de superación, saber hacia dónde vamos y no dejarnos en el camino las pequeñas cosas que son lo más valioso de la vida; una afirmación que ya no habría que discutir y que debería ser declarada como una ciencia exacta. Arndt firmó algún ejemplar de su guión con la siguiente dedicatoria: “Divertirse es mejor que ganar”. Me sumo: sin duda, a veces es mejor perder.


Viendo Pequeña Miss Sunshine tengo la impresión de que aún sin tener un abuelo cocainómano o un tío suicida, mi familia es tan atípica como los Hoover, y que al final, si hurgas un poco, todas las familias acaban siendo disparatadas y tragicómicas en algún momento. Antes o después unas y otras se ven abocadas a atravesar situaciones surrealistas igual de merecedoras de recibir el Oscar al mejor guión original. Una vez que aceptamos nuestras propias historias de fracasos y siniestros, cualquier familia de frikis se convierte en única, entrañable, y normal.
Pequeña Miss Sunshine es algo más que un canto a la libertad. Es un descomunal corte de mangas a los estereotipos, al sistema, a los convencionalismos y a las buenas costumbres. Pequeña Miss Sunshine es el road movie de una familia tan normal como otra cualquiera a bordo de una desvencijada furgoneta amarilla en la que a través de las ventanillas solo entra aire, aire, aire fresco.
En cuanto a Arnold Schwarzenegger, me alegro de que dijera esa idiotez que ha dado lugar a esta joya. Me encantan las películas de perdedores.
© Del Texto: pyyk

Zoot Sims – Low Life