jul 24 2012

El caballero oscuro: la leyenda renace

Cuando preparo artículos sobre películas de cine suelo escribir en una cuartilla lo que me ha parecido notable y en otra lo que he recibido como desastroso. Generalmente, uno de los papeles suele quedar lleno de anotaciones y el otro escaso. A veces, en uno está todo y en el otro nada. Hoy, los papeles están completos. Debe ser que El caballero oscuro: la leyenda renace, al ser el final de una trilogía hace que me sienta entre dos aguas; la pena por dejar atrás buen cine, la alegría de saber que esto se acaba y no va a ir a peor. Debe ser que me siento obligado a hablar de cine con seriedad y que, al mismo tiempo, sigo la obra de Christopher Nolan con mucho interés y, tal vez, tiendo a no querer ver los defectos de su cine. Debe ser algo de eso. Porque no es normal que una película te deje clavado en el asiento y, al mismo tiempo, te chirríen cosas por aquí, por allá, por delante y por la espalda. Casi tres horas de proyección en la que se acumulan todo tipo de cosas. Eso sí, tres horas sin dejar de mirar la pantalla.
La película es previsible en su conjunto. Cualquier espectador sabe lo que va a ocurrir. Eso pueden darlo por seguro. Y, mucho peor, cuando no se intuye la acción es porque el giro en la trama es desproporcionado, casi pueril y una vuelta de tuerca que no deja satisfecho a un espectador que necesita una mínima coherencia en la propuesta que le presentan. Por ejemplo (no teman, no pienso desvelar nada) el villano, que durante gran parte de la película funciona muy bien, se diluye gracias a uno de esos malabares en el guión que quieren llenar de luz y de color la película. Se quieren solucionar problemas narrativos con artificios que no sirven para remediar nada de nada. Es este un problema que se arrastra desde el diseño de los personajes (muchos y nuevos en la trilogía) que quedan más bien planos. El sentido, que llega siempre desde ese dibujo del personaje y desde lo que dice o escucha (otro problema de la película son los diálogos) se resiente haciendo que la cosa se tambalee peligrosamente. Pues bien, todo esto convierte la película, por momentos, en cine que se llena de lo que ya sabemos que va a pasar.
El montaje no termina de cuajar. Destroza el ritmo narrativo con acelerones que llevan a paradas excesivas. Las elipsis son muy numerosas e innecesarias. Otro defecto y este es importante.
Como ya digo, los diálogos son excesivamente superficiales. Aunque es casi una buena noticia porque los intentos de profundizar terminan siendo tediosos y el discurso de los personajes se convierte en una clase sobre lo que hablan que resulta un chiste. Lo que quieren los hermanos Nolan (hablo en plural puesto que comparten el guión) es plantear una bajada a los infiernos del que el ser humano no es capaz de escapar y, de paso, intentan mezclar eso con el desastre que vivimos en el mundo real gracias a la especulación. Pero todo queda a medias y tierra de nadie. La fuerza del diálogo no aparece para ayudar en el intento. Una pena.
Un buen número de pegas, como pueden imaginar, que convertirían cualquier película en un fracaso rotundo. Pero hablamos de Batman y hablamos de Nolan. Ahora las buenas noticias.
El espectáculo es fascinante. Y el cine debe serlo.
Se ha dicho que la música es repetitiva y excesiva. Falso. Hans Zimmer hace un excelente trabajo. Muy en la línea de lo que suele presentar. Es verdad que en algunos momentos la resonancia de la partitura no deja escuchar lo que dicen los personajes (afortunadamente), pero eso es un problema de sonido. Acompaña bien la acción y logra algo fundamental en esta película: construye (ayuda mucho) un clima excelente. Esta es una de las fortalezas de la propuesta. Desde el principio el universo se construye sin fisuras. La lástima es que el guión se enrede sobre sí mismo buscando zonas faltas de interés o artificiales.
Vestuario, maquillaje y peluquería, estupendos.
Efectos visuales y especiales grandiosos. Lógicamente, la película se llena de ellos. Más que nada para tapar las faltas que he apuntado. Les garantizo que estos efectos dejan boquiabierto a cualquiera.
Nolan no abusa de movimientos nerviosos de la cámara. En todo momento podemos apreciar lo que pasa. No deja que lo alocado de algunas escenas impidan poder seguir la acción desde las imágenes. Y era algo difícil de conseguir. Hay escenas muy largas y muy complejas que remata con acierto.
La dirección actoral no está mal. No es que sea una clase magistral, pero todos están bien en sus papeles. Christian Bale parece haber entendido que una película de acción es algo muy concreto y se deja llevar para conseguir una buena interpretación. El resto correctísimos. Ahora bien, he de decir que Anne Hathaway está maravillosa. Las Cats anteriores que se vayan buscando otra cosa. Sensual, sexy, guapa e interpretando su papel sin dejarse llevar hasta el histrionismo de una coreografía que hubiera desembocado en él si no fuera por esta mujer.
La puesta en escena es grandiosa. Y la fotografía es muy buena.
Como ven no faltan las buenas noticias. Y son buenas de verdad. Les voy a confesar una cosa: no me importaría volver a ver esta última entrega de la trilogía. Porque es divertida y son tres horas disfrutando del cine. No de una obra maestra, pero de cine.
Una última cosa. El final de la película abre la puerta a más. Ya verán a lo que me refiero. A mí no me importaría en absoluto.
© Del Texto: Nirek Sabal


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oct 14 2011

Amor y otras drogas: La mente en blanco

Hay cinco o seis temas sobre los que se estructuran todas las narraciones que existen. Se han repetido sin cesar desde que el hombre se dedica a ordenar la realidad a través del relato. Es decir, todas las películas hablan de los mismos asuntos. Con mayor o menos fortuna, profundizando o no en el tema elegido, utilizando un género u otro, pero con el asunto que se quiere ventilar elegido entre media docena.
Y hay tópicos que sirven de vehículo para poder contar. De estos hay muchos más. Por eso vemos, cada año, películas que se parecen tanto a las anteriores; películas que nos sabemos de memoria porque transitan los mismos territorios que las anteriores.
Amor y otras drogas es una comedia romántica que no indaga en lo que es el amor; tan sólo se limita a vivir a su costa. Amor y otras drogas es una película previsible y contada mil y pico de veces. Es una película que se construye desde los tópicos que se dan en el amor, desde los tópicos que hacen (o intentar hacer) de una historia algo divertido y casi disparatado, desde los tópicos del final feliz que merece cualquier ser humano enamorado. No le falta ni uno solo. Tópicos, digo. Enamorados hay dos nada más. Es una película que trata de encontrar en la lágrima fácil una posible salida aunque no la termina de ver (ni el espectador ni el que hizo la película) puesto que la emoción es sensiblera y baratucha.
Amor y otras drogas se deja ver. Si el objetivo es olvidar los problemas y tragarse lo que sea, se deja ver. Uno sonríe tres o cuatro veces y poco más, pero no hay mejor manera de perder el tiempo que escuchando o viendo una historia.
Jake Gyllenhaal hace de él y Anne Hathaway de ella. En este tipo de película se puede decir poco más de actores y personajes. Él tiene algunos ratos divertidos. Ella hace un papel bastante sosito y cuando quiere entrar en el terreno más trágico queda poco creíble la cosa.
Y se puede decir poco más. Que la tesis manejada es que el amor es la droga más potente que se conoce. Que el amor lo puede todo, que es capaz de soportar lo insoportable, la mayor de las tragedias. Y que nos pongamos como nos pongamos no podemos escapar de ese amor mientras sea puro y verdadero. Ya ven que es lo mismo que defendía Homero hace unos añitos.
La película se vacía de sentido por los cuatro costados en el momento en que el espectador decide pensar sobre lo que le están contando. Su superficialidad es alarmante. Pero se deja ver si dejamos la mente en blanco y estamos dispuestos a tragarnos lo que nos echen.
Cuando no tenga nada que hacer, incluyendo eso de pensar, siéntese y mire la pantalla. Pero si quiere cambiar eso por un buen libro o cocinar, no se lo piense.
© Del Texto: Nirek Sabal


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jun 28 2010

Alice In Wonderland: Ni pasen ni vean, por favor.

Alice In Wonderland de Tim Burton es una película mala y grotesca. Yo nunca llevaría a unos niños a verla porque tiene un mensaje bastante negativo, porque aparecen en ella muestras de crueldad escatológica e innecesaria que no creo oportuno que presencien a los menores. Como me parece aburrida tampoco la recomendaría a los adultos que no van a encontrar en ella nada de su interés. Quizás algún adolescente desequilibrado sea capaz de aumentar la perturbación de su mente con este despropósito de historia.
Estéticamente es pobre, oscura, casi gótica y aunque nada tengo en contra de los góticos no me parece que sea el tono adecuado para esta historia. Visualmente es más cercana a un videojuego no demasiado innovador que a cualquier otra cosa. Las únicas partes que no son oscuras, las que pertenecen al mundo de la llamada Reina Blanca son cursis hasta la caricatura y ninguno de los guiños con los que guionistas y director pretenden divertirnos funcionan.
No se salva nada. El trabajo de las actrices no merece la pena ni ser comentado y todo es desacertado hasta la exageración. Anne Hathaway está para quemarla en una hoguera (artística y metafórica, que no se me malinterprete. Yo no soy como ellos) y Helena Bonham-Carter ha encontrado definitivamente su registro como cabezudo malvado.
No merece la pena compararla con las obras que se supone que la inspiran. Todo es una burda utilización comercial y hasta los retazos que quedan de aquellas han sido pervertidos y despojados de su naturaleza.
Es rebuscadamente difícil hacer algo tan mal con tan grandes antecedentes y tan ingentes recursos. Resulta inconcebible cuando son tantas las cabezas que piensan y deciden en una producción de ese tipo. ¿Cómo se habrán convencido unos a otros de lo que estaban haciendo? ¿O será más bien que nadie hizo nada confiando en que los equipos de efectos especiales iban a resolver el desaguisado? Pues hasta la postproducción y los efectos digitales requieren un planteamiento previo y serio.

Una película ínfima. No es de extrañar que estuviera yo solo en el cine. Ni siquiera la reinvención de las tres dimensiones (por cierto que no son tres, son cuatro) le aporta nada.
Es previsible, burda, llena de tópicos sacados de los peores filmes de hadas y con un tufo a mundos medievales desquiciados y mal interpretados. Un totum revolutum infame. Es seria candidata a competir, desde mi humilde punto de vista, en los Razzies 2011 como peor película, peor secuela, peor director, peor guión y peores actores y actrices, protagonistas y de reparto.
Cuando descongelen a Walt Disney le va a dar algo.
Lo único que se salva es la interpretación de Madonna en el papel de Mad Hatter…
¡Ah, que no era Madonna!
Me hubiera ido del cine.
© Del Texto: IVOR QUELCH


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