ene 28 2013

Viaje a Darjeeling (The Darjeeling Limited): Los colores del alma

Todo lo que se sale de lo convencional suele ser mal entendido, rechazado y apartado hasta la esquina en la que duermen genios de todos los colores, las nuevas ideas o lo que incomoda a lo establecido. Por eso, casi todo es convencional; porque todo el mundo lo hemos construido sobre lo que no causa problemas en occidente.
No hay menos convencional en occidente que la cultura oriental. En concreto, todo lo que venga de la India se ve con la ceja alzada. Eso y el cine de Wes Anderson. Humor bizarro, un guión compuesto para que se descomponga a lo largo de la acción, lo pequeño que soporta el universo de los personajes (como ocurre en la vida real; todo se sujeta en lo insignificante; lo enorme es cosa del marketing, de los gobiernos y de los banqueros), un toque surrealista y salvaje que nos lleva de la mano durante un rato sin que rechistemos. El cine de Anderson es otra cosa (aunque se aproxime peligrosamente al circuito más oficial).
The Darjeeling Limited es el título original de la película. Viaje a Darjeeling es el que hemos conocido en el mercado español. Supongo que se debe al completo desconocimiento del traductor sobre la película. Si alguien pone este título es que no ha visto ni la primera escena. Seguro.
Wes Anderson cuenta el viaje de tres hermanos a bordo de un tren que cruza la India (propiedad de The Darjeeling Limited). Tras la muerte de su padre buscan a la madre. Son diferentes, sienten celos unos de otros, apenas tienen relación, sus objetivos no tienen nada que ver. Intentan un viaje espiritual que no lo es hasta que toman contacto con la realidad. Viajar en primera clase a través de la India es como estar ajeno al mundo.
Owen Wilson (con Anderson pilotando siempre alcanza niveles notables de interpretación), Adrien Brody (agradable sorpresa al moverse en el mundo Anderson con naturalidad) y Jason Schwartzman (magnífico en la expresión corporal) son los actores principales. Anjelica Huston defiende un papel muy secundario aunque lo hace de forma explosiva. El resto son papeles sin apenas importancia aunque los nombres son archiconocidos (Bill Murray o Natalie Portman, por ejemplo). Además de la calidad individual de todos ellos, Wes Anderson hace un trabajo formidable de dirección actoral.
La fotografía es espléndida. Robert D. Yeoman aprovecha toda la gama de colores imaginable para presentar un trabajo preciosista. El viaje espiritual de los personajes tiene mucho que ver con esos colores, la trama completa se pega a esos colores.
El movimiento de la cámara es especialmente interesante. Marca con total exactitud el estado en el que se encuentran las relaciones entre personajes. Va y viene de uno a otro. La separación entre ellos lo marca la cámara. Mientras dialogan o estando en silencio. La sintonía que hay entre un hermano u otro lo comprendemos desde el encuadre y el movimiento de la cámara. Algunos travellings son muy meritorios ya que son la herramienta que utiliza Anderson en las zonas expositivas más complejas y originales.
Viaje a Darjeeling (vaya traducción desafortunada) no es una comedia. Al menos no es lo que esperamos que sea una comedia. La inclusión de asuntos tan serios como la muerte o la falta de amor y comunicación, hacen que sea más un drama. Lleno de ironía, humor negro y grandes dosis de originalidad. Pero un drama.
Esta película cuenta un viaje entrañable en el que las personas se unirán o separarán para quedar más unidos después, un viaje en el que los fantasmas se irán para siempre, en el que nadie tendrá que renunciar a ser lo que es, un viaje al son de una banda sonora extraordinaria.
No es una película que vaya a gustar a muchos. Algunos dirán que no hay quien entienda algo así. Pero para otros representará una forma de reconciliarse con el cine.
© Del Texto: Nirek Sabal


ene 22 2011

Delitos y Faltas / Match Point: Los genios entremezclados

Mientras un delito no puede confesarse, las faltas deben hacerse públicas (aunque sea a una sola persona), porque todo delito procede de faltas que se mantuvieron en secreto, por miedo o estupidez. Son el génesis de algo mayor.
Esto es de lo que trata la película Delitos y Faltas firmada por Woody Allen. Esto es de lo que trata (más o menos) la película Match Point firmada por Woody Allen. Todos los artistas terminan repitiendo lo que ya contaron aunque el maquillaje se modifique ligeramente. Y no está nada mal que eso pase. Los nuevos matices, la evolución de la mirada del creador, hace que los parecidos sean una anécdota si el producto final es bueno.
Delitos y Faltas o la insignificante frontera entre el hombre y el asesino.
Desde el comienzo todo se llena de contrastes. Amor frente a desamor; lo superficial ante lo trascendente; la percepción de la realidad del hombre frente a la de la mujer; la mirada clara de un niño frente a la ceguera del adulto; el arrepentimiento frente a la ausencia de sensación de culpa; el amor a Dios frente al miedo que genera la justicia divina; lo inevitable frente al libre albedrío; la comedia frente a la tragedia.
Tengo la sensación de que no es la más recordada de las películas de Allen. Y tengo la terrible certeza de que, con un cine ramplón y vacío, algunos están haciendo dinero fácil mientras este tipo de películas van quedando en el recuerdo de algunos y en el olvido de casi todos. Y se trata de una excelente película.
Como casi siempre nos encontramos con personajes a los que les ocurren cosas corrientes, las mismas que le podrían suceder a usted o a mí. Y se desesperan con y por la misma falta de fuerzas que cualquiera de nosotros. Pero los personajes de Allen tienen alma; piensan y sienten; viven y mueren; toman decisiones equivocadas y evolucionan. Como usted o como yo. Por eso las películas de Allen se convierten en ríos llenos de meandros que hay que transitar cuando se buscan respuestas o preguntas cada vez más difíciles de contestar. El sentido se encuentra en la desembocadura. No hay atajos posibles. Cualquier cosa que pudiera parecerlo (un atajo) lleva hasta la falta y, más tarde, al delito inconfesable que hará del equipaje de la persona una carga insoportable.
Las obsesiones de Woody Allen se encuentran recogidas en la película. Todas. En este blog ya se ha hablado mucho sobre ello (Annie Hall, Interiores, Manhattan, Hannah y sus Hermanas o Misterioso Asesinato en Manhattan, por ejemplo) y repetir lo mismo parece estéril.
Los actores y actrices del reparto defienden más que bien sus papeles y Allen realiza un trabajo de dirección con ellos notable. Él mismo forma parte del elenco interpretando al personaje que aporta ingenio y algo de buen humor en una trama oscura y profunda. Ese es uno de los aciertos de Allen. Sabe manejar diferentes registros dentro de una misma trama sin que se pierda intensidad narrativa y sin crear confusión en el espectador. Personalmente me quedo con el trabajo de Anjelica Huston. A pesar de que Martin Landau es el principal y el que soporta toda la carga dramática, Huston sobresale por su naturalidad y credibilidad. Esto no quiere decir que Landau no esté muy bien. Lo está.
Bueno, detrás de todo este lío encontramos al genio ruso de la literatura Fiodor Dostoyevski. Su obra se detecta en cada rincón de la película. Y no sólo Crimen y Castigo. Algo más: lo universal de toda su obra, la construcción de las consciencias, la fluidez en los discursos, todo Dostoyevski.
Match Point o la insignificante frontera entre el azar y el determinismo.
Lo mismo ocurre en Match Point. Aquí tenemos al ruso de principio a fin. Aquí tenemos Delitos y Faltas de principio a fin.
La gran diferencia que presenta Woody Allen en Match Point es que toda la realidad se enfrenta (o llega) a la tragedia. Además, indaga más que otras veces en ese territorio del deseo que el ser humano transita para convertir los caminos en difíciles o casi imposibles. Si el amor va por un lado, el deseo y la pasión van por otro distinto. Si la vida va por un lado, el deseo va por el suyo. Incluye buenas dosis de frivolidad, de dinero, aburrimiento burgués y vidas ajenas a la realidad por su duplicidad como ya hizo en Delitos y Faltas.
El guión, aunque forzado en algunas zonas, es una muestra clara de cómo se debe utilizar un recurso narrativo en cine. Por ejemplo, las elipsis (son abundantes) están traducidas con una maestría espectacular al lenguaje cinematográfico. No deja que el personaje evolucione para que sólo lo haga pasado ese tiempo enmarcado en el recurso y con la aparición de otro personaje que aporta sentido al relato (fundamental la relación del personaje para crecer y que tato se olvida). Del mismo modo, la focalización de la acción es la exacta. Un foco más restringido o más grueso desvirtuarían la intención de la voz. Por supuesto, la lección de elegancia en la puesta en escena y al elegir la música es descomunal (la ópera, piezas trágicas que expresan la sensibilidad del ser humano ante situaciones difíciles como no se puede hacer de otra forma, son protagonistas del trabajo. Donizetti, Bizet, Verdi. Impresionante). Este hombre se rodea de profesionales magníficos y eso se deja notar.
Allen nos dice que, una vez eliminado el problema, el mundo puede seguir adelante. Con todas sus miserias a cuestas. Eso nos dice. Y nos lo dice bien. Con oficio y rigor cinematográfico. Pero (ahora llegan un par de malas noticias) todo se empaña ligeramente por unas interpretaciones algo justas (Jonathan Rhys Meyers forzado, Scarlett Johansson forzada como siempre), un casting que no se entiende muy bien y un error de partida en la idea principal. El azar. Se enfoca mal, se resuelve peor y se confunden cosas que nada tienen que ver. Allen cree que entre el azar y el libre albedrío no hay distancia; y que entre esas y el determinismo no hay distancia. Aquí es donde hace aguas la película.
En cualquier caso, hablamos del cine de un genio. Y el aburrimiento es casi imposible.
© Del Texto: Nirek Sabal


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ene 19 2011

Dublineses: Recuerdos muertos, personas moribundas

Basada en el relato de James Joyce titulado Los Muertos e incluido en el volumen Dublineses, la película de John Huston se presenta como una obra sólida, profunda y rematada con maestría. Podría parecer sencillo el trabajo de un director de cine que parte de un relato como este, de una calidad inmensa. Y no lo es. Siempre he pensado que las adaptaciones suelen arrastrar más sentido literario de lo deseable. Sin embargo, Huston traduce este relato al lenguaje cinematográfico con admirable oficio y buen gusto, haciendo una lectura muy exacta de lo que dice el texto original. Tan sólo, al finalizar la película, el discurso del personaje masculino principal es absolutamente literario y se ciñe mucho al texto de Joyce. Pero claro, es de una belleza tan abrumadora que sirve de cierre al trabajo dando más lustre (si es que eso es posible) al conjunto.
Se celebra una reunión de familiares y amigos burgueses en Dublín. Año 1.904. La película de Huston (del mismo modo que el relato de Joyce) trata de ser una fotografía de lo que eran esas reuniones y esas gentes. Decadencia, vivir de los tiempos pasados porque fueron mejores, de recuerdos, con miedo a cualquier tipo de variación en el entorno. Todos opinan sobre asuntos superficiales y cuando toca hacerlo sobre lo importante procuran no hacerlo. Lo fundamental se arrincona y allí nadie mira. Frivolidad y aislamiento respecto a otras gentes, respecto al continente, ajenos al mundo entero. Los hombres beben y desprecian los elementos cultos con los que las mujeres flirtean como si fueran juguetes.
Me gusta, especialmente, un momento en el que vemos cómo un hombre recita un poema. Para la época es vanguardista, arriesgado y extraño. Nadie entiende nada. Hasta la poesía ha llegado lo nuevo. Y conmociona a todos. El poema, por cierto, es de una belleza inmensa.
Todo parece moverse alrededor del pasado, de frases hechas que perdieron su sentido mucho antes de ser pronunciadas, frases elevadas a los altares por su ignorancia y su frivolidad.
Es verdad que aparecen algunos destellos de modernidad. Una mujer sufragista que abandona la reunión pronto, un borracho que relata lo que ve durante sus salidas pegando al mundo una reunión que roza el patetismo. Pero son sólo destellos.
Para los personajes el mundo es adorable porque lo necesitan. Pero es un deseo difícil de cumplir.
Y, finalmente, el discurso de Gabriel (Donald McCann) que habla sobre su esposa Gretta (Anjelica Huston) y sobre todo lo que ha sido su pasado. Aquí llega el gran mensaje de la película. Todos somos ahora. Y eso es tan cierto como que pronto todos seremos. Porque entre los muertos que nos precedieron y los que nos seguirán, están nuestros cadáveres jugando a vivir.
Las interpretaciones de McCann y Anjelica Huston son el ejemplo de lo que el director busca con su película. Se ven difuminados entre una fauna compuesta por iguales. No es que los trabajos se defiendan sin eficacia. Al contrario. Se logra ese efecto con un ejercicio de contención muy bien llevado.
La película (esa es la verdad) es muy lenta. Aunque su brevedad ayuda a que ningún espectador (incluso los amantes del cine de acción más exagerado) pueda llegar a aburrirse. Al contrario, la emoción arrastrada por unos diálogos muy bien construidos va creciendo según pasa el tiempo. Y a esa lentitud le acompaña una banda sonora (Alex North) exquisita y muy a juego con la decadencia que se dibuja en pantalla.
Muy bien el vestuario. Muy bien el guión. El mundo se va desnudando frase a frase sin remedio. Sin vuelta atrás. Muy bien casi todo, puesto que la puesta en escena es espartana en exceso y es ese casi.
Desde luego es una película necesaria. De un excelente director. Una película madura, exquisita. Si tienen un momento no dejen de echar un vistazo a Dublineses. Les gustará.
© Del Texto: Nirek Sabal


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ene 18 2011

Misterioso Asesinato en Manhattan: Enredo sin grandes profundidades

La relación entre adultos -la relación de pareja- es uno de los asuntos recurrentes de la obra de Woody Allen. La rutina, ese no tener nada que decir porque no pasa nada de lo que se pueda hablar, se presenta como la causa de desencuentros entre maridos y esposas que intentan convertir la fragilidad de su relación en algo sin la menor importancia. Y esto es lo que mueve la máquina creativa de Allen en cierta medida.
Misterioso Asesinato en Manhattan es una comedia que trata, desde el enredo, el problema de la pareja. Un hecho extraordinario convierte el día a día en algo, también, extraordinario. Carol es ama de casa (Dane Keaton). Larry, su marido es editor (Woody Allen). Carol tiene un amigo escritor que está dispuesto a ayudarla en la investigación de lo que parece un asesinato (es Alan Alda). Larry tiene una amiga escritora que quiere ligar con él (aunque Larry quiere que lo haga con el amigo de su esposa Carol para quitárselo de encima puesto que siente celos y cree que su relación peligra). La mujer termina involucrada en la investigación delirante del crimen (Anjelica Huston). El acontecimiento sirve para activar emociones olvidadas, para hacer que la vida de todos se acelere de forma súbita.
El guión de la película es muy divertido, muy ágil y queda bien rematado. Le acompaña una banda sonora que, si bien no es la mejor de las que Allen ha elegido para sus películas, no desentona con la trama. Nada destaca de forma especial, pero el conjunto funciona con eficacia. Tal vez lo que más sobresale es esa trama en la que no hay espacio para reflexiones profundas ni para las obsesiones que el director cuela en cada uno de sus trabajos.
Uno de los ejes de Misterioso Asesinato en Manhattan (esas obsesiones de Allen se limitan a esta) es la tensión sexual entre los personajes que se resuelve con maestría desde la contención y la insinuación constante que escapa de lo evidente y tanto desmejora el esfuerzo narrativo que muchos piensan aún como lo fundamental de eso que llamamos contar historias. De este modo, los personajes progresan para llegar completos hasta el final del trabajo. Esa tensión sexual viaja acompañando a cada uno de los que aparecen en la película y se desvanece mientras que Carol, Larry y sus amigos quedan colocados en el lugar exacto. Por supuesto, las escenas divertidas llenas de frases ocurrentes salpican cada minuto de proyección.
Misterioso Asesinato en Manhattan se queda a medio camino entre las primeras comedias de Allen y su cine más reflexivo y profundo. Este Allen que busca el divertimento en el cine para el espectador es más que agradable.
Pues si quieren saber lo que significa una novedad excitante en sus vidas matrimoniales ya saben lo que tienen que hacer. Estoy seguro de que disfrutarán de lo lindo.
© Del Texto: Nirek Sabal


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